Los nísperos del pavo.
Por las mañanas, temprano, llegaban bandadas de loros a comer de sus frutos, ensordeciendo mis mañanas; mucho rato después, eran los zorzales los que venían a picar de las mismas frutas que habían dejado abiertas los dichosos loros. Así era el níspero que cargados de frutas esperaba la navidad, ofreciendo su dulzor a quien lo requiriera. Por las tardes, mi madre sacaba los nísperos más maduros, para rellenar el pavo que comeriamos en noche buena... y otros caían en una olla, para convertirse en mermeladas. Yo sabia que ella vendría por encargo de su madre a robar algunos nísperos al caer la tarde, para rellenar el pavo en la cena. Eramos solo unos niños; Ella esperaba un encuentro romántico como el de sus novelas que leía; yo solo quería verla, escuchar su suave voz acariciando mi oído, sentir su piel erizandose a mi abrazo, su aroma que bañaba mis sueños y robarle todo su sabor en un beso... Su madre se enojaba por su tardanza, regañandola por los nísperos del pavo. Impregnado de ell...