Su fuente en mi boca, telarañas en la pared, un espejo que atrapa... Un tiempo sin tiempo, un gemido que se escapa en el silencio, sin darnos tiempo a parar.
Malditos sus caudales que no dejan respirar, malditos sus senos que no dejan de vibrar, maldito el tiempo que no me deja despertar. Malditas sus caderas de carcelera, que no me dejan escapar.
Gustab
Pablo Neruda
Queman tus versos en prosa...
ResponderEliminarMaldito y bendito ese ahogo que no deja respirar.
ResponderEliminarErotismo que te nombra.
Bella imagen como escrito, me ha encantado hasta sirve de inspiración.
Besos y bella tarde noche Gustab.
Será que mi comentario fue a tu casilla de spam?
ResponderEliminarEn todo caso te decía, amigo, los versos de tu prosa queman...
Abrazo agradecido.
Maldito ese tiempo en paréntesis entre tu sed y su boca.
ResponderEliminarUn abrazo
Podría seguir tus versos del mismo modo que la serpiente deja su huella sobre la arena. Son tan bellos como malditos.
ResponderEliminarUn beso.