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Mostrando entradas de noviembre, 2008

El vuelo del colibrí...

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De vuelta en el puerto, vuelve la tranquilidad, busco el espacio para detenerme y pienso...... Hoy estaba sentado en el jardín de la plaza de armas, mucha gente revoloteaba por el lugar. Los elegantes sombreros de copa alta y los sombreros de las damas, pintaban de hermoso colorido el lugar. Los casquillos de los caballos que tiraban de las victorias, marcaban el compás del lugar. Era una hermosa mañana primaveral, los jazmines y rododendros ponían esa nota de fragancia tan particular. Los jardineros de la municipalidad, regaban y arreglaban los frondosos árboles del lugar, todo transcurría en un tiempo cansino. La tierra mojada aceleraba los sentidos, sólo el táctil y el sabor no se habían echo presente. Curioso, pero no tardaría en llegar. Sentado en la banca de la plaza, dejaba que el tiempo se detuviera envolviendo de escenas brillantes el lugar. Un vuelo caprichoso de un colibrí llenó el lugar. Este revoloteaba afanosamente entre los azahares del lugar, Las Fucsias le coque...

Malena....

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" Algún día escribiré un poema que se limite a pasar los dedos por tu piel"... eso leía cuando sentí erizarse mi piel, ahí, detrás de la barra estaba ella... de rostro cabizbajo ... de ojos cristalinos y una sonrisa entre lágrimas. Entre sus dedos, una boquilla de mentolado aroma a tabaco inglés. Alguien me habló alguna vez de una mujer de sensual mirada, poeta, y que se pasaba los días tarareando algún tango encontrado por ahí, en alguna vieja fonola de quizás que bar..., al otro lado de la barra..., su procedencia no la sé, le llamaban Malena, aquella que alguna vez inspiró un tango...Me acerqué a ella y........ Las luces de Buenos Aires se apagaron de una vez, el bar a oscuras dejaba escapar lamentos de los parroquianos que estaban allí: - Muchachos el toque de queda a caído una vez más...- Las farolas de la entrada al bar fueron encendidas para proteger la salida, y los ánimos se calmaron, voltee para mirar a Malena, ahí sólo unas brazas de un cigarrillo aún anunciab...

El Hotel de la Barriada...

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Una vez que logré recuperar la libertad, viaje a la capital para tomar un carro, que me llevaría a buenos aires. El frío de Santiago me hacía tiritar, aunque esta ciudad me fascinaba, no dejaba de pensar en aquellas calles fuertemente iluminadas, la humedad del ambiente que se apoderaba por las noches de esa bella ciudad, las tanguerías, los arrabales, los bares copados de cristianos enardecidos por el bullicio de la gran capital. Al llegar allá buscando la libertad, me encontré nuevamente un mundo que vivía de noche,calles adoquinadas como mi puerto querido, faroles a medio encender, ese aroma rústico del café fuerte, el ron, los perfumes que maleaban el ambiente, los choros tirados sobre el pavimento mojado gruñendo las desgracias del mundo entre sus nudillos, ese vaso medio vacío, y el particular bandoneón que no dejaba de tocar, las pibas de cortas faldas a media luz y aquellas porta-ligas que nos hacían soñar, aquellas que ahogaban los muslos blancos de brillante carnosidad, ese...

La brisa del mar....

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Por fin había logrado escapar del mundo de barrotes, ella había dejado la puerta abierta, la oscuridad se disipaba y yo corría por los pasillos mientras los demás gritaban como locos. Aferrados a los barrotes gemían como verdaderos simios, otros ladraban como los perros. Entre gritos divisé la luz, los muros parecían juntarse al fondo, pero corrí sin mirar atrás , hasta que por fin de un golpe se abrió la última puerta de barras de fierro alemán fundido en canteras germanas. La brisa del mar golpeó mi cara, y aunque oscuros los adoquines brillaban mojados por las lloviznas que se dejaban caer sobre el puerto. Ese olor a tierra mojada me gritaba que estaba en libertad, y las nalgas redondas de la última enfermera, habían dejado un aroma a jazmines sobre mis labios y nariz, un sabor profundo me impregnaba la boca. Era dulce y fuerte, fragante como un amanecer en primavera. Estaba desnudo, ella se había guardado mis ropas para no olvidar esa última noche. Esa que había decidido que s...