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Mostrando entradas de octubre, 2007

El Angel

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Ese hombre extraño sabía que tenía una misión en la vida. ¿Pero cual era? . Lo dejaron caer entre arrabales y boites, el no sabía que cosas le tenía deparada la vida, pero a cada esquina aparecía un alma errante. El ángel como le llamaban las mujeres siempre estaba para conceder los deseos de quien lo necesitara, se sabía que el se comunicaba de una forma especial con las mujeres sobre todo, ellas veían en él, la imagen del hombre con el que se podía copular dejando fluir la vida. Al caer la noche en el puerto, su alma vagaba entre cafés , boites, bares y encumbradas calles tapizadas de adoquines, su imagen aunque oscura, reflejaba un halo de luz a su paso. Los perfumes que emanaban de su figura, marcaban la ruta a su paso cansino. Siempre con sus manos en los bolsillos del pantalón y el abrigo al viento. Muchas deliraban a su paso, pocas se atrevían a dar el paso que las llevaría a la cama, aquella que rodeada de barrotes de bronce se perfilaba como una cárcel dorada, tan dorada como...

Los demonios.

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Corrí por el puerto buscando refugio, ellos me perseguían, si me detenía ellos se vendrían encima. morderían mi cuerpo, extraerían la poca sangre que quedaba en mi cuerpo. Los adoquines se levantaban a mi paso, como explosiones lunares se venían sobre mi rostro.Los demonios no se detenían, pisaban mis huellas, las iban cubriendo de sangre. Al pasar frente al bar, la figura delgada de madama Ibón se cruzó en mi camino, de bruces calló sobre las piedras mojadas, pero no me podía detener, sería el último paso que daría en mi vida, sin detenerme seguí corriendo, los perros me perseguían cuando pasaba por su lado, los gatos saltaban de los basureros sorprendiendo y llenan do de bullicio los callejones. Todo se volvía confuso, a ratos parecía que los demonios desaparecían, pero no, al mirar atrás las adoquinadas calles se seguían levantando, un poste se cruzó en mi camino, la cabeza azoto el pavimento de las veredas, mi rostro se cubría de un liquido rojo, espeso, negro..... Mis ojos se cerr...

Los tres deseos.

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Esa tarde mi aspecto era triste, acongojado, las culpas por la vida que había elegido me perseguían. Esa tarde decidí que la mejor manera de salir de este estado era bajar a la playa de los pitucos. La lluvia torrencial que acompañaba mi soledad no era un impedimento para tirarme sobre la arena mojada y dejar que la lluvia terminara por lavar mi rostro envejecido por el abuso de estado de bohemia permanente que me perseguía. Por abajo una arena mojada, por arriba una lluvia incesante que amenazaba con las penas del infierno. Sin embargo me tendí sin pensar las consecuencias, por dentro la cálida compañía de la soledad me mantenía vivo. Mi cumpleaños se acercaba, eran muchos años de divagar entre historias, y hasta ese momento me preguntaba que desearía para ese día. No esperaba compañía, el alejarme para escribir del mundo me había dejado abandonado, sin embargo mantenía, curiosamente, mis deseos latentes. Me preguntaba que pediría este año. El vaivén de las olas acompañaba mi intranq...

mademoiselle Ibón

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"Al entrar al bar, ya noche, al fondo de la barra, una bella mujer fumaba con una larga boquilla un cabaña, uno de esos cigarrillos que van dejando a su paso una gran estela de humo, denso, de olores fuertes. Han pasado diez años, Madame Ibón, una francesa que vivía de sus recuerdos en el Beaudeville, una actriz de exuberante belleza, de platinados cabellos y unas ojeras, que de largas, se podían pisar, le conversaba al mozo de la barra de sus tiempos de estrella, delante de ella, las copas de ginebra llenaban el mesón. Ibón era una francesa que venía de París. Cuando ya su fama se apagaba como los faroles de las viejas calles adoquinadas, decidió viajar y recorrer el mundo, hasta que su marcha se detuvo en este puerto lejano, lejos de su París, y lejos del Beaudeville, terminando en los espectáculos del viejo burdel, donde cantaba con su voz gastada, y vestida de viejas cedas y demás, quería revivir su época de oro en la ciudad luz, y entre borrachos se hacía escuchar acom...

Libertad.......

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" Ella estaba obcesionada por él, maldijo tantas veces su belleza y seducción, que se alejó de todos sus principios, la moral se había derrumbado, el deseo había superado todas sus creencias, casi para renunciar a su vida, y darle todo a él, más la sombra cubrió el camino a su corazón, y escuchando el cerrojo que salía de su pecho, quedó vacía, y aún así seguía viviendo por él." "Ella se apoderaba de todo lo que palpitaba en él. Su atracción por aquél desconocido, no la dejaba pensar, lo quería todo, pero él había nacido libre, y quería escribir.  Nada era más importante para él, de sus atractivas letras nacían las atracciones que sentían por él, pero cuando quería hablar, se convertía en uno más de sus personajes, escondiendo su deseo y personalidad, se dejaba querer. Sólo el temor y la adrenalina lo llevaban al orgasmo, el seguiría seduciendo no importaba si por ese hecho algún día tendría que morir." "Luego al entrar nuevamente a su cuarto daba vuelta el t...

Caos en el puerto.

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Entre ojos verdes y pañuelos artesanales. Entre voces sensuales que liberaba el auricular, Gustab divaga día a día, Tan lejos y tan cerca.Venus siempre se presenta en su vida extasiando la mente lujuriosa del escritor. "Hoy la hoja enquistada fluye. En la vieja casona de Arturo Prat, Las cintas amarillas no dejan entrar, Las balizas invitan a los mirones a alejarse del lugar. El descendiente de los Belmar sigue escondido tras las puertas de prostíbulos y bares de baja monta. Las gitanas del puerto tiran las cartas tratando de averiguar que paso con el extraño de vista perdida, de ojos divagadores. Los enrojecidos ojos del poeta maldito delatan su locura, y su propia maldición." Gustab se pierde entre las teclas de la vieja Royal. El tranvía hace rechinar los rieles que están incrustados en los adoquines, el café no deja pensar. Los Músicos del Gato viudo no dejan escuchar. Las prostitutas de aguzados tacos golpean sobre las piedras de la vieja calzada, los burdeles cierran ...