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viernes, 16 de noviembre de 2007

Encierro.

Llevaba días perdido, no sabía donde me encontraría. El encierro del departamento, las fragancias asomagadas y el olor del cigarrillo me habían envuelto, la hoja enquistada en la royal no se había teñido´, ni una sola tecla había golpeado sobre su cara. Las hojas alrededor del papelero se amontonaban formando cerros de desconcentración, cerros de mudas letras. No quedaba ni una pieza de loza limpia en el repostero de madera labrada de la cocina centenaria.
La grasa en los platos ocupados una y otra vez me estaban envenenando. Pasé días divagando en mi memoria buscando alguna frase que hilara con otra. La verdad el laberinto que se formaba en mi cabeza no me dejaba pensar. Recorrí cada rincón de mi mente buscando algo que contar o escribir. Pero en mi mente sólo se dibujaban cuerpos desnudos haciendo el amor. Los corsé y los labrados sostenes en telas, las bombachas y enaguas, no me dejaban ver nada más. Mi mente divagaba sin rumbo. Los enormes senos de las chicas del bulevar me envolvían en recreaciones inútiles. Mi sexo prendido no me dejaba respirar. Cuando abrí la puerta del apartamento, un halo fresco recorrió mis entrañas, mientras mis pulmones se volvían a abrir. Sentí que el aire del puerto rebasaba mi tolerancia al aire, y entre vaíos cruce la calle adoquinada para entrar en la intimidad del Bulevar, y las fragancias Francesas revolucionaron mis hormonas hasta hacerme caer a los brazos de Vanessa, una rubia con rasgos salvajes, y unos ojos verdes que te penetraban hasta desenterrar tus más oscuros secretos. Los corsé ahora los podía tocar, y las tibias carnes iban perfumando mi nariz hasta hacer desaparecer el olor a tabaco y moho que me inundaba al interior de mi departamento.
Luego un viaje me llevó a las nubes, y entre aromas sentía como mi cuerpo liberaba la energía acumulada que arrebataba las ideas de mi cabeza. Sentí que la vida volvía a tomar sentido y que las ideas volvían a brotar. Pero me dejé arruyar por la cuna de las pasiones.

Gustab

martes, 6 de noviembre de 2007

El dolor y el deseo.

A la distancia, más allá de los almendros, entre los olivos, donde el mar baña con las olas del deseo, un cuerpo se agitaba en las arenas desnudo, desamparado y con las carnes trémulas. Su piel erizada por la brisa del puerto, acariciado por el aire marino, la soledad embargaba sus sueños. Sus ojos perdidos en el horizonte anunciaban la llegada de la soledad. El sol se escondía allá donde se pierde el mar. Unas manos recogían los senos hinchados por la pasión, los dedos de un extraño la acariciaban de lejos, su cuerpo se estremecía, temblaba, y el frio se apoderaba de todo. Sus sueños, sus padeceres, su soledad.
Ella no sabía que el amor y el deseo duelen, y ese dolor brota de lo hondo. El vientre arde desde su interior, la tranquilidad que fue creada para acoger a un niño se transforma en fuego, los músculos se contraen sin control enloquecido por los dedos que agitados buscan provocarlo, el torrente se desata, el sexo se lubrica con rapidez, mientras la imaginación va dibujando la cara del deseo. Ese amor que le fue esquivo hoy la atormenta creando sensaciones e ideas que no debían de despertar, lo que había empezado como un juego, hoy terminaba quemando desde adentro, las orejas ardían, los ojos se irritaban, los pezones se disparaban en frenética dureza, sus propios dedos los pillizcaban y giraban provocando agitadas sensaciones en su estomago.
Su cabeza no quería separar sus deseos de la realidad. Sus cabellos caían desordenados sobre su rostro, y ese fuego interior emergía hasta su cabeza haciendo estallar sus ideas, su vientre se contraía y caía fetalmente entre sus rodillas, la saliva resbalaba por sus labios cayendo a gotas sobre los sudados senos que escapaban de su compostura para ser batidos por el orgasmo que nacía desde su interior. Hasta caer jadeando su halo de vida y apagarse en llanto.
Las olas mojaban su cuerpo desnudo mientras la arena se iba introduciendo por todos aquellos lugares donde se había generado el deseo y la pasión. Las pequeñas piedrecillas insaciables buscaban el origen del descontrol, raspaban causando un dolor que parecía exquisito, pero que raspaba en su interior, agitando las últimas replicas de aquel terremoto que la había transportado a ese lugar y a aquellos brazos que no la podían alcanzar. Desde el malecón entre las rocas el rostro de un niño la miraba sin entender cual era la enfermedad de aquella mujer, que le causaba tanto dolor, que le hacía doblarse con tanta locura, y porque su cuerpo sudaba arena, porque esta se adhería al cuerpo, ni porque estaba desnuda. Sin entender, tomo el anillo de la vieja carreta, y agitándolo con un palo lo hizo girar cuesta arriba, mientras las escaleras se esforzaban en devolverla hacia la playa, pelo el ágil palo, no la dejaba volver. Dos viejas mujeres agitaban su cabeza en señal de rechazo, nadie sabía si era por la actitud de la mujer o la insistencia del niño.
¿En que iría pensando ese niño cuando subía por las escaleras del paseo peatonal?, mientras lo miraba subir pensaba en cuantas cosas yo habría hecho a su edad por ver lo que sus ojos recién descubrían, .... el deseo y la pasión.
Los adoquines se cerraban a la distancia, aunque yo sabía que nunca sus puntas se iban a juntar.

Gustab.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Los Ángeles cantan para tí....

Muchas veces he amado. Ese día en la misa del difunto encontré a muchas caras que hacía tiempo no veía, retrocedí muchos años a mi infancia, me gusto volver a verlos.
Desde el pasado florecía una voz, el coro que acompañaba la misa del difunto, ellos me miraron y dijeron..." Los ángeles cantan para ti" ... si dije yo, y si son esos ángeles me iría con ellos ahora mismo.

La voz del coro era muy conocida, si muy conocida. Hacía años que no la escuchaba. Patricia, aquella niña que alguna vez ame como no he amado a nadie en el mundo. Del pasado una flor volvía a florecer, y como imán volví a encontrar sus ojos chispeantes, como hace 34 años atrás. Si eran esos ojos los que una vez me enamoraron, y para siempre.Todos sabían de mi amor por ella, todos sabían que amaba ese tono pastoso de su voz, aquella que me trasladaba cada vez que la escuchaba. Si, ella seguía siendo un ángel. De aquellos ojos me enamoré, y nunca los olvidé.
Cuando me acerqué a ella, sus ojos sorprendidos me miraron como esa primera vez. Sus rostro no había cambiado, su voz seguía siendo un cristal rozado por mis dedos. Y aunque no me conoció, sólo tuve que decir lo mismo que había dicho alguna vez a estos amigos que reían diciendo: "los ángeles cantan para ti"
¿No me conoces?... y yo que te he amado toda mi vida. Sólo sonrió, y esperó a que terminara la misa para hablarme.
Muchos salmos pasaron entre canción y canción, hasta que por fin salimos para encontrarnos fuera. Fumaba un cigarrillo tras otro, hasta que estuvo frente a mí.
Porqué nunca me lo dijiste, porqué esperar hasta hoy...porqué, me reclamó.
Cuando uno ama como yo te amé, nunca dice nada, eramos unos niños y sólo amábamos como creíamos que era el amor, nada había detrás, sólo había amor.
Nunca pude abrir la boca para decirlo, nunca quise correr el riesgo de que me rechazaras, te amaba en silencio y sólo me bastaba con verte para saber lo que era el amor. No había acabado de decir eso cuando sus labios me atraparon para volverme a liberar, dio media vuelta y se alejó de mi, mientras mis ojos la seguían de lejos, hasta que el puerto la hizo desaparecer.
Mis labios se sonrieron, ella había respetado el amor que sentía por ella y dejando el sabor de sus labios en los mios, me dejó como hace 34 años atrás.
Miré hacia los cerros, tenía que volver a mi soledad, y el atardecer me acompaño en mi cansino rumbo a casa. Desde el ascensor de los astilleros se podía ver como hasta el sol se burlaba de mi.
Frente a la Royal estaba desnudo, y con la vista perdida en la noche y las luces del puerto, la hoja enquistada me pedía a gritos que escribiera en ella. Pero mis ojos no dejaban de verla....
De pronto unos golpes en la puerta me hacían despertar.... y el tranvía me volvía a decir que era hora de dormir... aunque parecía saber quien era la que golpeaba a la puerta...

Gustab, "los ángeles cantan para tí..."

jueves, 1 de noviembre de 2007

Cuando un amigo se va....

Venía del velorio, todo parecía más oscuro ese día, las calles se hacían pesadas paso tras paso, piedra que se cruzaba por el camino era pateada sin dirección alguna, hasta que en uno de los rebotes fue a dar a la vidriera del café, y un estruendoso ruido me hizo correr sin dirección.Recién en ese momento me di cuenta que el destino no depende de nosotros, ni siquiera aquel que estimamos que está escrito en algún libro mágico.
Si, un gran amigo de juventud se alejaba de mi sin siquiera avisar su partida, tres años más joven que yo, lleno de vida, pero un gran fumador. Su corazón reclamaba una vida de maltratos, y cayendo en huelga, dejaba de alimentar los halos de vida de un, aún joven amigo. Un paro cardiaco terminaba con años de farra y vida licenciosa. Muchos vasos de agua ardiente se quedaban sin beber, sin nadie que los pagara. Cuarenta cigarrillos menos se fumaban en el mundo, y muchas prostitutas se quedaban con un cliente menos. Como dice el tango cuesta abajo la rodada....tan tan.

Pero ese día, él querría que nadie estuviera triste, el show debía continuar, y sin pensarlo dos veces, entré donde el farol rojo me indicaba que el mundo sigue girando, una vez más como dice el tango:
" Verás que todo es mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa,Giiiiiiiiiiraaaaa Giiiraaaaa, aunque te quiebre la vida , aunque te muerda un dolor, no esperes nunca una ayuda, ni una mano, ni un favoooor.....".
Estaba Susana esperando la visita de Claudio, y era yo el elegido para comunicarle la noticia, desnuda como Dios la hecho al mundo, sensual como nunca, como para recibir la triste noticia del fallecimiento de su mejor cliente. La tomé entre mis brazos, y colocando el fajote sobre la mesa, pedí sus servicios para pasar la pena, y una botella del mejor champagne, para ahogar los malos pensamientos, aquellos que me habían molestado todo el día... y que ahora serían olvidados por las suaves caricias de una bella María Magdalena, nacida para entregar placer, y esconder sus propias tristezas, envolviendo con sus piernas carnosas, las tristezas de otros.

Al terminar la faena, las sirenas del puerto anunciaban el fin de un día más en el puerto, mientras yo con las chicas de la Japonesita, elevábamos los vasos que se golpeaban entre ellos, para brindar con agua ardiente, la partida de un amigo más que se va....

Gustab

( Homenaje a un amigo que se va).