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martes, 3 de noviembre de 2009

Letras de sangre..

Ese Día la inspiración había alcanzado mi cabeza. En el maldito sanatorio había recogido la historia de una monja que había terminado igual que yo al ser testigo de algo que había visto con sus propios ojos, esta que inspiraría el último de mis cuentos, antes de volver a caer en depresión...

" Ese día en el claustro una aroma envolvía la capilla donde las religiosas acostumbraban a orar. El cristo de madera, de tamaño natural que tanto amaban las religiosas sangraba de sus manos envolviendo de un cálido aroma el ambiente. Al entrar Socorro a la capilla, sorprendida por el sangramiento de las manos del Cristo, se acercó para orar y en sus oraciones le hablaba con pasión.
- ¿Porqué mi señor de tus manos cae sangre? -
Los labios de la religiosa se abrieron para recoger el hilo de sangre que corría por el cuerpo de la imagen de madera sin dejar de repetir:
-déjame recoger tu sangre, purifica mis palabras, yo que te amo, deseo beber de tu carne el sabor sagrado de mi sacrificio y de tu amor eterno.
A medida que la sangre corría por el vientre de madera, Socorro lamía la sangre, y sin detener su pasión por la imagen, no se detuvo hasta caer y recoger sobre el género que cubría los genitales de la imagen, la sangre que por ahí corría. La cálida imagen de madera empezó a tranformarse lentamente en carne, y la sangre se fue convirtiendo en sudor, sudor de Cristo. La religiosa sorprendida, levantó sus brazos e incrédula, posó sus manos sobre el pecho vivo, donde el corazón de la figura se podía sentir palpitar agitado.
Su pasión por cristo lo traía a la vida para convertirlo en carne, beber del sudor de su cuerpo. Los labios de la monja circundaron los pezones del Cristo. La religiosa extasiada por la aparición demostraba su adoración bajando con su boca por el cuerpo que no dejaba de temblar entre sus dedos, hasta colgarse del genero que cubría el sexo sagrado de aquella imagen, que tantas veces había imaginado en sus sueños. El vientre de Cristo entumecido por los labios de la monja se convertía en agua, mientras su sexo erecto se dejaba ver sin pudor en gloria y majestad. La monja temblando entre sus dudas, lo rodeó con sus dedos para sostener el sagrado miembro del que nunca se había hablado, y menos , alguna vez blasfemado. Tirando de la delicada piel que le cubría, lo besó con pasión y deseo, mientras que de los labios del Cristo hecho carne, se escapaban delicados gemidos. Con ternura y amor, casi mágicamente, los dedos de la monja liberaron, clavo a clavo, las manos y pies del Cristo, que ya habían dejado de sangrar, y apoyando las perforadas manos en sus pechos, dejó que los delgados y finos dedos la desnudaran. La monja mordía sus labios dejando que el amor que le profesaba, hinchara sus senos y emergieran sus pezones levantados por el deseo, los que se fueron endureciendo entre los delgados dedos de Cristo. El hábito que cubría su cuerpo se fue deslizando por sus hombros hasta mostrarse en completa desnudez ante los ojos llorosos de la imagen convertida, ella se arrodilló, acercó su rostro hasta el sexo endurecido, para delicadamente tragarlo con deseo. Las piernas separadas de la monja clamaban mojadas con néctares biscosos que se convertían en lágrimas de deseo al engullir el sexo de su amado, al deslizar sus labios por el duro miembro erguido, enredado en venas verdosas e hinchadas por las caricias de la religiosa. Cada embestida de sus labios iban doblando las rodillas del cristo del madero, hasta que porfín liberaron todas sus bendiciones en la boca de la monja, la que al sentir el caliente líquido que la enmudecía, caía extasiada sobre el frío suelo de roca, dejando abiertas sus piernas para ofrecer su púrpura interior santificado por las promesas de celibato y virginal sacrificio. Al despertar del extasiado momento, sintió como el sexo endurecido del cristo que alguna vez fue de madera, le poseía. Angustiada por los años de deseo, dejó que su cuerpo aceitado por sus líquidos internos, se entregara en suave penetración, y entre abriendo sus labios gimió su nombre:
- Cristo, mi amado Cristo, seré tuya para siempre......
Los delicados y celestiales movimientos en su interior, fueron sofocando su corazón, y entre contracciones y gemidos el aire se fue de su vientre para explotar en gritos de placer, espasmos y sonidos.... hasta que su corazón se detuvo para siempre.....
Dicen que la encontraron al otro día muerta, abrazada a la imagen del Cristo de madera, mientras sus dedos se perdían bajo el hábito que la envolvía ya hace siete años."

La historia habría las puertas de viejas converzaciones que se tejían tras las gruesas puertas de un convento, quizá la historia que rompería con todo lo que alguna vez sentí al querer tomar los votos.

Gustab, fuera de lugar.