" Ese día en el claustro una aroma envolvía la capilla donde las religiosas acostumbraban a orar. El cristo de madera, de tamaño natural que tanto amaban las religiosas sangraba de sus manos envolviendo de un cálido aroma el ambiente. Al entrar Socorro a la capilla, sorprendida por el sangramiento de las manos del Cristo, se acercó para orar y en sus oraciones le hablaba con pasión.- ¿Porqué mi señor de tus manos cae sangre? -
Los labios de la religiosa se abrieron para recoger el hilo de sangre que corría por el cuerpo de la imagen de madera sin dejar de repetir:
-déjame recoger tu sangre, purifica mis palabras, yo que te amo, deseo beber de tu carne el sabor sagrado de mi sacrificio y de tu amor eterno.
A medida que la sangre corría por el vientre de madera, Socorro lamía la sangre, y sin detener su pasión por la imagen, no se detuvo hasta caer y recoger sobre el género que cubría los genitales de la imagen, la sangre que por ahí corría. La cálida imagen de madera empezó a tranformarse lentamente en carne, y la sangre se fue convirtiendo en sudor, sudor de Cristo. La religiosa sorprendida, levantó sus brazos e incrédula, posó sus manos sobre el pecho vivo, donde el corazón de la figura se podía sentir palpitar agitado.
Su pasión por cristo lo traía a la vida para convertirlo en carne, beber del sudor de su cuerpo. Los labios de la monja circundaron los pezones del Cristo. La religiosa extasiada por la aparición demostraba su adoración bajando con su boca por el cuerpo que no dejaba de temblar entre sus dedos, hasta colgarse del genero que cubría el sexo sagrado de aquella imagen, que tantas veces había imaginado en sus sueños. El vientre de Cristo entumecido por los labios de la monja se convertía en agua, mientras su sexo erecto se dejaba ver sin pudor en gloria y majestad. La monja temblando entre sus dudas, lo rodeó con sus dedos para sostener el sagrado miembro del que nunca se había hablado, y menos , alguna vez blasfemado. Tirando de la delicada piel que le cubría, lo besó con pasión y deseo, mientras que de los labios del Cristo hecho carne, se escapaban delicados gemidos. Con ternura y amor, casi mágicamente, los dedos de la monja liberaron, clavo a clavo, las manos y pies del Cristo, que ya habían dejado de sangrar, y apoyando las perforadas manos en sus pechos, dejó que los delgados y finos dedos la desnudaran. La monja mordía sus labios dejando que el amor que le profesaba, hinchara sus senos y emergieran sus pezones levantados por el deseo, los que se fueron endureciendo entre los delgados dedos de Cristo. El hábito que cubría su cuerpo se fue deslizando por sus hombros has
ta mostrarse en completa desnudez ante los ojos llorosos de la imagen convertida, ella se arrodilló, acercó su rostro hasta el sexo endurecido, para delicadamente tragarlo con deseo. Las piernas separadas de la monja clamaban mojadas con néctares biscosos que se convertían en lágrimas de deseo al engullir el sexo de su amado, al deslizar sus labios por el duro miembro erguido, enredado en venas verdosas e hinchadas por las caricias de la religiosa. Cada embestida de sus labios iban doblando las rodillas del cristo del madero, hasta que porfín liberaron todas sus bendiciones en la boca de la monja, la que al sentir el caliente líquido que la enmudecía, caía extasiada sobre el frío suelo de roca, dejando abiertas sus piernas para ofrecer su púrpura interior santificado por las promesas de celibato y virginal sacrificio. Al despertar del extasiado momento, sintió como el sexo endurecido del cristo que alguna vez fue de madera, le poseía. Angustiada por los años de deseo, dejó que su cuerpo aceitado por sus líquidos internos, se entregara en suave penetración, y entre abriendo sus labios gimió su nombre:- Cristo, mi amado Cristo, seré tuya para siempre......
Los delicados y celestiales movimientos en su interior, fueron sofocando su corazón, y entre contracciones y gemidos el aire se fue de su vientre para explotar en gritos de placer, espasmos y sonidos.... hasta que su corazón se detuvo para siempre.....
Dicen que la encontraron al otro día muerta, abrazada a la imagen del Cristo de madera, mientras sus dedos se perdían bajo el hábito que la envolvía ya hace siete años."
La historia habría las puertas de viejas converzaciones que se tejían tras las gruesas puertas de un convento, quizá la historia que rompería con todo lo que alguna vez sentí al querer tomar los votos.
Gustab, fuera de lugar.

Traté de consolarla dándole besitos en las heridas, y mojando sus yagas con saliva... y nuevamente sentí la misma sensación, mi sexo se paraba una vez más... entonces avergonzado, me metí a su cama y nos acurrucamos para hacernos cariño... y ese día di mi primer beso en los labios de una mujer... pasó mucho tiempo, años, hasta que nos volvimos a ver... teníamos ya como 16 y ese día nos arrancamos al estero y perdimos juntos la virginidad... pero esta vez nadie se enteraría... hasta hoy la amo, y cada vez que nos vemos nos acordamos de lo mismo, pero ya es tarde para nosotros, y cada uno ha tomado un rumbo diferente...y lo nuestro no puede ser..."





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Hoy estaba sentado en el jardín de la plaza de armas, mucha gente revoloteaba por el lugar. Los elegantes sombreros de copa alta y los sombreros de las damas, pintaban de hermoso colorido el lugar. Los casquillos de los caballos que tiraban de las victorias, marcaban el compás del lugar. Era una hermosa mañana primaveral, los jazmines y rododendros ponían esa nota de fragancia tan particular. Los jardineros de la municipalidad, regaban y arreglaban los frondosos árboles del lugar, todo transcurría en un tiempo cansino. La tierra mojada aceleraba los sentidos, sólo el táctil y el sabor no se habían echo presente. Curioso, pero no tardaría en llegar. 



Al entrar, Malena estaba tendida en la cama desnuda, el humo se disipaba por la comisura de sus labios, la vista de la piba se clavó en la mía, y de ahí .... Me acerqué a ella, su cuerpo desnudo me excitaba, mis dedos se dejaron caer sobre sus dedos de los pies, estos se deslizaron por la delicada piel, mientras mis pasos recorrían su cuerpo extaciados. Su piel fue armando el camino, y mis dedos fueron dibujando su cuerpo hasta llegar a su vientre, sin antes enredarse en los crespos bellos que cubrían su entrepierna, al tocar ahí, su vientre empezó a dibujar pequeñas olas, y sin detenerse, mis dedos siguieron su camino. Estos se detuvieron en sus redondos y carnosos senos, para terminar en su rosado casquillo endurecido por el candente recorrido.




















desgarrar cada uno de mis deseos. El frío rápidamente seso, y mi 

Melancólica tras la barra de un bar la vi por primera vez, el vaso del fuerte licor mantenía su mirada extraviada en algún punto lejano. Fijos, herejes, apasionados, rebeldes, extraviados, irreverentes, amenazantes, sugestivos, extraños, pero bellos sus ojos iluminaban el bar, no había nadie que no los hubiera notado. Teresa era así, tras sus pupilas se agolpaban las ideas más revolucionarias, su vanidosa personalidad la convertía en estrella donde iba. Los hombres y las mujeres solían enamorarse de ese ser luminoso que las seducía con esos verdes manantiales de infinita profundidad, hasta la languidez de su mirada ocupaba los sentidos que poseíamos, atrapaba cada uno de los ojos que revoloteaban a su alrededor.










Al bajar por su espalda, pude sentir las nalgas de la mujer, heladas por el frío, su carne cubierta por la piel de gallina, se sentía curiosamente exquisita. Al rato las piernas de una mujer, abiertas, se posaban sobre mi boca obligándome a lamer, mientras las fuertes manos de un hombre me inmovilizaban.
Los rostros desgenerados por la pastilla me parecían lindos. La locura me atrapaba para no dejarme escapar de esa cárcel de piel que me apresaban. De pronto sentí correrme sin control, sentí labios y lenguas de muchas mujeres sobre mi cuerpo alimentándose de la lujuria oscura y fría del lugar.












































Al terminar la faena, las sirenas del puerto anunciaban el fin de un día más en el puerto, mientras yo con las chicas de la Japonesita, elevábamos los vasos que se golpeaban entre ellos, para brindar con agua ardiente, la partida de un amigo más que se va....










" Ella se apoderaba de todo lo que palpitaba en él, su atracción por aquél desconocido no la dejaba pensar, lo quería todo, pero él había nacido libre, y quería escribir, nada era más importante para él, de sus atractivas letras nacían las atracciones que sentían por él, pero cuando quería hablar, se convertía en uno más de sus personajes, y escondiendo su deseo y personalidad, se dejaba querer, sólo el temor y la adrenalina lo llevaban al orgasmo, el seguiría seduciendo no importaba si por ese hecho algún día tendría que morir."

Gustab trata de escribir sus mejores lineas, un libro que Hablará de los gitanos, 




Ellas se juntaron en torno a sofá de terciopelo, algunas desvistieron sus escotes sin pudor, hasta mi lente llegaba el envolvente aroma de sus escotados senos, y ese olor tan particular que suelta una mujer cuando se sienten admiradas por su sensualidad. La imagen me parecía, 


















