martes 3 de noviembre de 2009

Letras de sangre..

Ese Día la inspiración había alcanzado mi cabeza. En el maldito sanatorio había recogido la historia de una monja que había terminado igual que yo al ser testigo de algo que había visto con sus propios ojos, esta que inspiraría el último de mis cuentos, antes de volver a caer en depresión...

" Ese día en el claustro una aroma envolvía la capilla donde las religiosas acostumbraban a orar. El cristo de madera, de tamaño natural que tanto amaban las religiosas sangraba de sus manos envolviendo de un cálido aroma el ambiente. Al entrar Socorro a la capilla, sorprendida por el sangramiento de las manos del Cristo, se acercó para orar y en sus oraciones le hablaba con pasión.
- ¿Porqué mi señor de tus manos cae sangre? -
Los labios de la religiosa se abrieron para recoger el hilo de sangre que corría por el cuerpo de la imagen de madera sin dejar de repetir:
-déjame recoger tu sangre, purifica mis palabras, yo que te amo, deseo beber de tu carne el sabor sagrado de mi sacrificio y de tu amor eterno.
A medida que la sangre corría por el vientre de madera, Socorro lamía la sangre, y sin detener su pasión por la imagen, no se detuvo hasta caer y recoger sobre el género que cubría los genitales de la imagen, la sangre que por ahí corría. La cálida imagen de madera empezó a tranformarse lentamente en carne, y la sangre se fue convirtiendo en sudor, sudor de Cristo. La religiosa sorprendida, levantó sus brazos e incrédula, posó sus manos sobre el pecho vivo, donde el corazón de la figura se podía sentir palpitar agitado.
Su pasión por cristo lo traía a la vida para convertirlo en carne, beber del sudor de su cuerpo. Los labios de la monja circundaron los pezones del Cristo. La religiosa extasiada por la aparición demostraba su adoración bajando con su boca por el cuerpo que no dejaba de temblar entre sus dedos, hasta colgarse del genero que cubría el sexo sagrado de aquella imagen, que tantas veces había imaginado en sus sueños. El vientre de Cristo entumecido por los labios de la monja se convertía en agua, mientras su sexo erecto se dejaba ver sin pudor en gloria y majestad. La monja temblando entre sus dudas, lo rodeó con sus dedos para sostener el sagrado miembro del que nunca se había hablado, y menos , alguna vez blasfemado. Tirando de la delicada piel que le cubría, lo besó con pasión y deseo, mientras que de los labios del Cristo hecho carne, se escapaban delicados gemidos. Con ternura y amor, casi mágicamente, los dedos de la monja liberaron, clavo a clavo, las manos y pies del Cristo, que ya habían dejado de sangrar, y apoyando las perforadas manos en sus pechos, dejó que los delgados y finos dedos la desnudaran. La monja mordía sus labios dejando que el amor que le profesaba, hinchara sus senos y emergieran sus pezones levantados por el deseo, los que se fueron endureciendo entre los delgados dedos de Cristo. El hábito que cubría su cuerpo se fue deslizando por sus hombros hasta mostrarse en completa desnudez ante los ojos llorosos de la imagen convertida, ella se arrodilló, acercó su rostro hasta el sexo endurecido, para delicadamente tragarlo con deseo. Las piernas separadas de la monja clamaban mojadas con néctares biscosos que se convertían en lágrimas de deseo al engullir el sexo de su amado, al deslizar sus labios por el duro miembro erguido, enredado en venas verdosas e hinchadas por las caricias de la religiosa. Cada embestida de sus labios iban doblando las rodillas del cristo del madero, hasta que porfín liberaron todas sus bendiciones en la boca de la monja, la que al sentir el caliente líquido que la enmudecía, caía extasiada sobre el frío suelo de roca, dejando abiertas sus piernas para ofrecer su púrpura interior santificado por las promesas de celibato y virginal sacrificio. Al despertar del extasiado momento, sintió como el sexo endurecido del cristo que alguna vez fue de madera, le poseía. Angustiada por los años de deseo, dejó que su cuerpo aceitado por sus líquidos internos, se entregara en suave penetración, y entre abriendo sus labios gimió su nombre:
- Cristo, mi amado Cristo, seré tuya para siempre......
Los delicados y celestiales movimientos en su interior, fueron sofocando su corazón, y entre contracciones y gemidos el aire se fue de su vientre para explotar en gritos de placer, espasmos y sonidos.... hasta que su corazón se detuvo para siempre.....
Dicen que la encontraron al otro día muerta, abrazada a la imagen del Cristo de madera, mientras sus dedos se perdían bajo el hábito que la envolvía ya hace siete años."

La historia habría las puertas de viejas converzaciones que se tejían tras las gruesas puertas de un convento, quizá la historia que rompería con todo lo que alguna vez sentí al querer tomar los votos.

Gustab, fuera de lugar.

lunes 27 de julio de 2009

"Rememoransas.."



" Cuando eramos niños, la familia se juntaba todos los domingos después de misa en la casa de los abuelos... fue así como descubrimos la sexualidad. Elena y yo eramos muy compinches desde niños, solíamos bañarnos el el estero que pasaba por los potreros del campo de los abuelos. En ese estero no bañábamos desnudos en cada verano. Y solíamos molestar a las nanas cuando lavaban en la alberca toda la ropa, pues el agua era un bien escaso y el agua potable se debía cuidar. Con Elena solíamos escondernos tras los matorrales para mirar bajo las faldas de ellas, quienes descuidada mente subían sus faldas para esas labores. Si bien eramos unos niños la sensualidad la llevábamos bajo la piel.Cuando nos desnudábamos solíamos quedarnos mirando a los ojos para luego explorar el cuerpo del otro. La fascinación por nuestra piel era evidente, creo que hasta se podía hablar de amor, eramos unos niños libres y sin maldad... Pero la vida avanza y nuestros cuerpos fueron cambiando en esa medida. Mis genitales se hacían más grandes mientras los pechos de Elena crecían con una belleza difícil de explicar, hasta que un día el hombre que crecía dentro de mi, no pudo ocultar su condición, y en esas exploraciones junto al estero, tuve mi primera erección... los ojos de Elena estaban extrañamente confundidos, y su curiosidad no se hizo esperar.Sus manos se acercaron a mi queriendo descubrir que había pasado, y aunque un poco asustada, al igual que yo creyendo que un bicho me había picado, no detuvo su curiosidad. Aunque sentía un poco de pudor, la sensación que sus dedos causaban, daban vuelta mi mente transformando las sensaciones que en ella se acumulaban... le pedí que nos fuéramos y que más tarde conversaríamos. A la hora de la siesta solíamos dormir juntos en la pieza de los tatas, y ese día no sería distinto. Pero la curiosidad de Elena estaba fresca en su mente y me susurró al oído que me desnudara, pues quería volverme a ver... y esa manera de pedirme las cosas, volvió a disparar mi mente creando sensaciones incontratables en mi cabeza, y cuando estaba desnudándome, sentí que una corriente recorría mi cuerpo hasta sentir cosquillas en mi sexo. La condición que yo puse era que ella también debía dejarme explorar en su cuerpo.Fue así como en unos segundos ambos estábamos desnudos y mirándonos a los ojos... pero ya no era igual que antes, algo había cambiado... y nuestros cuerpos temblaban en la soledad de la habitación. Al principio, sentíamos que algo nos hacía mirar de reojo nuestros cuerpos que nunca habían sentido pudor.Mientras ella miraba yo recorría con mucha atención el de ella, estaba más hermoso que nunca, y volvió a pasar... mi sexo se hinchaba sin control. Ella no tardó en tomarlo y su expresión fue un aliciente para ir yo más allá, y mis dedos tocaron el suyo...Mi mente daba vueltas y vueltas hasta causar mareos, y los dedos de Elena, imprimían nuevas sensaciones en mi cuerpo, mi pene pulsaba creando olas en mi vientre, mientras yo no dejaba de tocarla con un poco de tosquedad... sus palabras fueron tan suaves como sus suplicas,- tòcame más suave Rodrigo, me duele...- y yo aunque asustado por las sensaciones, obedecí sin chistar. De ahí, todo fue suave, hasta sentir como su sexo se humedecía y ella gemía raramente, pero lejos del dolor. Además me animé a tocar sus senos, y pude ver con sorpresa que sus pezones crecía entre mis dedos. Yo había visto a las nanas darles de mamar a sus bebés, y tuve la idea de hacer lo que ellos en sus senos. Aunque eran muy pequeños, su suavidad era exquisita, y sus pezones tenía un dulzor especial... sus manos dejaban de ser vergonzosas y sus toqueteos empezaron a crear dolor en mis testículos, además que mi sexo alcanzaba un tamaño y una hinchazón que no había sentido nunca, y me movía el cuero para atrás para ver que había debajo de la piel, en uno de esos tirones, mi pene empezó a sangrar y vi con horror que me había tirado tan fuerte, que mi piel se rasgó dejando una cabeza dura afuera, por lo menos eso creí ese día... - me sacaste la piel deja de tirar, - entonces ella asustada me dijo que no gritara que ella me iba a curar, y dijo que ella cuando le salía sangre, se chupaba la herida y que así la sangre no salía más... y se lo llevó a la boca sin más... la verdad es que el dolor se fue... y la sangre con él. Pero de pronto mi mente se nubló y algo escapó dentro de su boca mientras lo hacía, era blanco y cremoso... espeso.. como pud, como la materia que tira una infección... y eso que me había dado un rica sensación, se convirtió en un problema más grande aún, pues luego de esto, asustados por lo que me había pasado le contamos a su mamá... La reacción fue muy inesperada, la tomó y la desnudó frente a mí, luego con una gran varilla le dio en sus nalgas sin compasión, repitiendo una y otra vez que lo que habíamos hecho era pecado... y que Dios no iba a castigar. Ese día nos castigaron y nos encerraron en un gallinero... estábamos muy asustados y lloravamos sin control... lloramos mucho hasta que llegó la noche y nos mandaron a acostar.Nadie nos habló, y cuando ya se habían acostados todos, yo me arranqué de mi habitación y me fui a la de ella... Elena seguía llorando, y estaba acostada de guata en la cama, pues el dolor de los golpes de la Varilla no la dejaban estar de otra forma... entonces levanté las sabanas y vi como sus nalgas tenían como arrugas rojas de gran tamaño. Traté de consolarla dándole besitos en las heridas, y mojando sus yagas con saliva... y nuevamente sentí la misma sensación, mi sexo se paraba una vez más... entonces avergonzado, me metí a su cama y nos acurrucamos para hacernos cariño... y ese día di mi primer beso en los labios de una mujer... pasó mucho tiempo, años, hasta que nos volvimos a ver... teníamos ya como 16 y ese día nos arrancamos al estero y perdimos juntos la virginidad... pero esta vez nadie se enteraría... hasta hoy la amo, y cada vez que nos vemos nos acordamos de lo mismo, pero ya es tarde para nosotros, y cada uno ha tomado un rumbo diferente...y lo nuestro no puede ser..."

Gustab

miércoles 15 de julio de 2009

Destilando Deseos...

" Hoy el mar amaneció en calma a lo largo de la costa, el puerto esta en silencio, aún se respira la humedad de la noche... algunos ríos de agua bajan por las escaleras del puerto y los ascensores no dejan de subir y bajar por los viejos rieles. Las prostitutas se han entrado a dormir, los marinos vuelven a sus barcos luego de una agitada noche.Yo trato de recuperar la resaca de ese ron que trajo algún navío de la isla... dicen que cuando lo preparan, las viejas comen chocolate y los negros fuman esos puros hechos de hojas secas al sol del Caribe. Su Fragancia es profunda, donde los olores a tabaco y chocolate, se mezclan en armonía con el olor a caña fresca. Te podría decir que hasta los barriles de roble viejo, dejan sus notas en su fragancia sin igual. Otros dicen que el color dorado del ron, lo dejan los sudores de los amantes... amantes si, cuando hacen el ron, los cuerpos de hombres negros, se excitan por el calor del ambiente y los senos de las mulatas al abanicarse. Esa fragancia de sudores y sexos encendidos, pueden sentirse en el licor, ellos no esperan a que llegue la noche para satisfacer sus cuerpos... ellas sólo abren sus piernas para hacer el olor más profundo, y al tocar las narices de sus machos, estos corren a meterse entre sus piernas fragantes y calientes. Ahí, en la destilería, junto al ron, dejan que sus pasiones se liberen... dicen que las gotas de sudor, y los derrames de sus sexos muchas veces van caer junto a los barriles, y que luego de hacer el amor, abren las llaves y beben de las pipas para matar la sed. Cada orgasmo produce explosiones de lluvias doradas en las mujeres, y estos dorados son retenidos por los barriles dándoles ese único color. La fragancia y ese particular color lo veo y lo siento después de beber cada copa.
Amo estos días, una noche en el bulevar rodeado de bellas mujeres, donde ayer conocí una mulata de bellos ojos negros y acaramelada piel, ella cuenta que llegó de polizón en el carguero "Sol Del Caribe", un viejo vapor de tres chimeneas que viene a traer petróleo no muy refinado, para las viejas faenadoras de harina de pescado en Ventanas, no muy lejos de aquí. Ella tubo que pagar el traslado calmando los deseos sexuales del capitán y de tres marineros que la custodiaban para que llegara sin problemas hasta acá. Su piel es hermosa, cristalinamente oscura, donde los sudores tienen un bello brillo natural, y su sexo es tan rojo como un atardecer de invierno... su interior, un manantial de fragancias y sabores caribeños, que al parecer, lo encuentras sólo en estas mujeres, que de pequeñas, son alimentadas de dulces guayabas y frutos tropicales que sólo en esa región puedes encontrar. Sus nalgas de joven textura, son duras, pero tan suaves como la textura de una papaya chilena, pero su sexo,es inigualable cubierto de néctar empalagoso y atocigador... Agradable y suave al paladar... y sus senos tan erguidos y frutosos, tan firmes como la lima, que al igual que esta fruta, dejan brotar casquillos llenos de esencia cristalina y fugaz, que se reflejan como transparentes gotas al apretar y beber de ellos.
Su piel dorada por el sol, sus largas pestañas rizadas negras y su tono a madera en el serpenteante vientre que juega con cada caricia... su calidez en todo su cuerpo, su pasión caribeña me hace sólo desear copular en ella deteniendo el tiempo y cerrar los espacios para que este cuerpo no vuelva a ser tocado nunca más por otras manos que no sean las mías. Pero el tiempo se ha acabado, gaste hasta el último céntimo en una noche loca remojada en ron, y bebido de la copa más salvaje que pude encontrar... lo dejé destilar en su cuerpo para recogerlo a sorbos entre sus piernas, y la borrachera y lo carnal... hoy me pasan la cuenta... Adentro, el olor a madera mojada, y el calor de dos cuerpos satisfechos por la pasión... las murallas desgastadas y mohosas ... afuera, los adoquines están mojados, y el vapor se escapa entre las piedras... las bocinas de los cargueros anunciando el leven anclas, y dejando una estela oscura al zarpar... debo volver a mi departamento, hay un libro que aún no acabo de terminar...."

Gustab, sabor tropical.

martes 26 de mayo de 2009

Soledad...

Hoy todo es soledad en el puerto. Al caminar junto al malecon, las olas parecen conversar con las rocas, la lluvia cae incesante sin dar tregua a los barriales que bajan por las escaleras, el frío es el único abrigo, la noche esta oscura. Intento seguir los senderos donde el agua no quiere pasar, los ascensores están detenidos. Puedo escuchar como los tirantes de acero se tensan al roce del frío, crujen como si se fueran a cortar, el propio peso los exige. Las escaleras se han convertido en caudales, las piedras tratan de contener las aguas... la humedad traspasa la suela de mis zapatos y el frío no deja respirar... es tanta la soledad que puedo escuchar los susurros del silencio conversando con la noche.
La luz de la casona esta encendida, aunque el rojo ya no es tan rojo, el farol ya no tiene el color del día de su inauguración. Al pasar frente a ella diviso un cuerpo al otro lado del cristal, es Rebeca la chica nueva... dicen que tiene 18, y que es virgen... Pero jamás lo podría creer, sus nalgas tiemblan al caminar, y sus senos cuelgan grandes sobre su cintura... y su mirada es alegre...hoy esta apoyada en el muro despintado de una fría habitación, los colores se confunden atrás, miles de brochas han pasado por ahi, esta descascarada, es raro... nunca supe cual era su color original...
Me gusta esa chica, son pocos los morlacos que llevo sobre mi cuerpo, en esos bolsillos gastados donde las chauchas se suelen descolgar, es un café cargado en el bar inglés, o una canita al aire, como dicen por ahí... de mi sombrero cae un chorro de agua intentando mantener mi cabeza seca, tengo frío, y el sólo imaginar la calidez de su piel, y ese fuego que permanece encendido en la vieja estufa a leña me hacen pensar... ¿ Virgen ?... no me acuedo de haber tenido una nunca... sería una gran oportunidad... $ 5.000 pesos... mmmmm. Meditaba cuando sentí que la luz de la ventana se iba, al mirar, el agua que caía por el cristal dibujó unos grandes pezones que se dibujaban al otro lado, el baho de la ventana pintaba aureolas alrededor de sus senos, y sus pezónes parecían soltar el más calido de los placeres, sólo una señal, un dedo en gancho que me invitaba a entrar y dejar el frío afuera... luego sus labios dibujaron un corazón en forma de beso, y de entre ellos, una lengua que lamía el cristal...
Ya adentro, el hambre se esfumó, y mi sexo entró en calor...
- Desvistace hombre que se puede resfriar, yo le haré unos cariñitos, le apetece?...
Sólo la miré a los ojos, y descubrí que sus piernas ya se habían abierto en alguna ocación... Su mirada, no tenía la transparencia, y sus parpados, ya caían sobre sus ojos ... pero que importa, ya estoy aquí.
Empezó soltando el impermeable, y coquetamente se puso el sombrero para empezar a desnudar mi cuerpo mojado y frío... temblaba como un niño, mis piernas estaban entumidas y el agua había traspasado el pantalón... mis zapatos chapoteaban al interior... Sus senos desnudos rozaron mis muslos, y no tardé en entrar en calor... sus tibios labios hicieron que mis rodillas se doblaran, ella estaba agazapada y endureciendo mi dignidad... ni siquiera podía hablar... ¿ sería virgen ?... sentí como esa lengua tibia separaba mis carnes en la punta sin pudor, y como sus labios succionaban con extrema delicadez. Intenté tomarla de sus senos, pero mis manos frías la hicieron alejarse de mi, que estupidez... como tan bruto, debía de saberlo, ella estaba tibia y yo, más frío que un frijider... sin embargo, sentí como su piel dibujaba miles de granos en su piel, y los pezónes se endurecían sin control... un gemido escapó de sus labios, y volví a tomarlos entre mis manos... esos oscuros pezónes eran un espectaculo que prometía ser... luego dejé que mis heladisimos dedos bajaran hasta encontrar el rincón más tibio de su piel... ahí donde la verguenza se convierte en placer, y la dignidad, deseo... La tendí sobre la cama de bronce gastado, y el relinchar de su somière... el aceite era algo que escaseaba en esos tiempos de recesión, y tendida sobre las sabanas amarillentas por la mala calidad el jabón, terminaban por dar un aire gastado a ese momento de degustación... El aroma de su sexo creaba un aire especial, pues el asomagado aroma de las sabanas... le daba un ascento particular. Desde ese momento sólo sentí una calida caricia sobre mi sexo, tan exquisito, que no habría podido pedir nada más... y minutos después un caudal estrepitoso cubrió mi vientre hasta hacerme volar entre luces rojas y puntos celestes que se dibujaban en mi interior. Y sin perder un segundo se montó sobre mi, para ajustar su existencia a la mía, formando un compacto final... y aunque creí que ya mi hombría desaparecería, ella no la dejó descansar...y entre gemidos se dejó llevar hasta el extasis sin pensar si habría un final..."
Gustab... cálido final.




lunes 18 de mayo de 2009

" Perfume"

Era tal el deseo de perpetuar en mi mente los aromas de el cuerpo de una mujer, que ese día desperté con la fija idea en mi mente de seducir aquella mujer que vendía su cuerpo al mejor postor en las puertas del ascensor de los panaderos. Y caminé algunas cuadras, para esa noche satisfacer esa necesidad que alteraba mi mente. Y al abrirse las puertas ella estaba parada ahí esperando su primer cliente. Vestía de rojo y negro, su corsé siempre estaba puesto sobre su ropa, y el escote que aparecía entre las telas anunciaba a viva voz el placer que ella causaría a cambio de unos pocos pesos. Pocos, porque para la belleza y encanto que envolvían esas telas, ningún valor habría sido suficiente.
Su cabellera morena, y esos labios color rubí, eran un llamado al deseo y y éxtasis supremo. Su figura era perfecta, y la sensualidad que expedía, infinita. Hablé por unos instantes con ella escondiendo el oscuro deseo que escondían mis pensamientos. Y antes de negociar pedí probar la mercadería pidiéndole que me dejara recorrer su cuerpo asegurándome de que su fragancia era la que buscaba. Sabía que su cuerpo siempre olía a sexo, era de las pocas mujeres que vendía su cuerpo no solamente por dinero, sino que además disfrutaba del sexo que vendía, y a la hora de escoger daba su tarifa dependiendo del hombre, asegurándose de acostarse con el amante que ella elegiría...Entonces, desabotonó el escote para que yo posara mis narices en sus senos... Mi mente brotó en ideas haciendome evocar aquellas imagines más oscuras de mi niñez que yo creía desaparecidas... En ella podía sentir los pechos de mi madre dándome de mamar, una calidez que sólo un cuerpo podría dar sin pedir nada a cambio... luego pude percibir los olores de la primera vez que había hecho el amor, un cuerpo más se dibujaba en esas carnes que hervían entre las telas... pero había un aroma especial, más allá de mis recuerdos, que fue el que me decidió a tomar el negocio y llevarla a un cuarto que había acompañado gran parte de mi vida, ese cuarto que en el departamento, sólo estaba reservado para ciertas personas, ese cuarto donde mi propio olor me decía cual era mi hogar. Al salir del ascensor, las cuadras se hacían interminables, pero ella dejaba que yo le acariciara mientras caminavamos sobre los fríos adoquines enmarcados en veredas desgastadas y ese olor de la tierra mojada por la salobre brisa del mar que el viento traía hasta los cerros mojándolo todo. Mil aromas invadían mi mente, y ni el frío de la noche lograba enfriar mi cuerpo. Hasta que por fin pude girar el picaporte de la puerta, y sin mediar acuerdo, empecé a desnudarla con mis propias manos, y mientras iba despegando las telas que la envolvía, dejaba que mi nariz fuera rozando su piel en ademán de caricias desfrenadas. y aunque en el trayecto se habían cruzado algunos besos, lo que realmente me importaba era su piel más allá de sus labios. Al abrir el esquivo escote, mi nariz acompañaba el recorrido, y mi boca, buscaba probar cada pedazo de piel desnudo. Por fin su cuerpo estaba desnudo, y le pedí que se recostara sobre la alfombra, la chimenea serpenteaba chispas hacia nuestros cuerpos, y los chasquidos de las brazas acompasaban el ritmo de las llamas. Al verla tendida sobre ella, dejé que mis manos recogieran su perfume para impregnarlas de sus aromas. El movimiento de mis dedos sobre su piel, dibujaban claramente cada cada rincón de su alma, mientras sus senos se endurecían entre mis dedos. Su vientre se movía como el de una serpiente a la búsqueda de una preza de que alimentarse, y sus piernas se habrían y cerraban a cada caricia. Luego vinieron los besos que fueron mojando su piel, y mi nariz que se deleitaba guardando su aroma en mi mente. Mis dedos apenas rozaron la dureza de sus pezones para remojar con mis labios y hacer brotar de su piel pequeñas gotas cristalinas que emergían al encuentro de mis besos. Su sabor era exquisito y su aroma embriagador, turgentes se dejaban acariciar para dejar que piel se embadurnara de ellos. Luego vino el recorrido por su vientre, que como olas movían mi rostro sobre él, como si fuera un barco a la deriva, era ahí donde se concentraba el aroma más puro, el sudor y la sal que emanaban de él, causaban efectos maravillosos en mi cabeza, y bajando fui entrando en el fuerte olor a deseo que salía de su sexo para envolverlo con mis labios extrayendo todo ese fuerte sabor que suelta una mujer excitada, clavado como una espada, mis labios extraían cada gota derramada desde su interior... era muy delicado y de aceites empapado... mi legua disfrutaba del banquete más erótico que pueden sentir unos labios, incluso buscando más allá de su murallas, la lengua fue centrándola para recoger todos los vestigios de su existencia, para bajar luego untando sus muslos temblorosos rogando porque estos labios volvieran a lo más intimo de su ser... Todas las fragancias de mi existencia entraron por mi naríz, y fui arrancando de besos cada gota que su cuerpo exsudaba, hasta sentir como me elevaba sobre el deseo, para sentir el climax de mi existencia, el poder de la pasión. Voltee sus caderas para disfrutar de sus nalgas marcadas por la alfombra mientras sentía como ellas se deshacían entre mis dedos, y ella las levantaba para que mi naríz se enterrara en ella... besé cada rincón de su extasiado culo, arrancando todo su intenso aroma, tan dulce como la miel, y tan fragante como la yerba después de un incendio en la piel. Su espalda no dejaba de confundirse con los aromas suaves de su vientre, hasta ahí sólo gemidos eran sus palabras, y jadeos los temblores de su piel. Mi boca estaba impregnada de ella, y sólo podía sentir amor entre sus piernas abiertas... y fue justamente por su espalda donde busqué entrar abriendo sus labios vaginales resbalando a su interior, tan suave como la brisa se traga la noche. Sólo podía percibir su placer por los gemidos que escapaban de su boca, y la delicia del goce, por los jadeos de su cuerpo que facilitaban una penetración celestial... y fui entrando en su alma, mientras mi sexo rasgaba suavemente en su interior, sin dolor, sólo placer de sentir mi cuerpo dentro de ella. Entonces pude ver como la copulación del macho a la hembra no era más que eso, deseo animal... Mi sexo parecía tocar las fibras más intimas, las zonas más sensibles, sin producir daño, sólo una sensación interminable de orgasmo infinito que no se detendría hasta que pude sacar todo lo que había acumulado en mi corazón... y todo en mi interior, fue derramándose dentro de ella mientras su espalda no dejaba de empujar para retenerme adentro, y luego nuestros gemidos se hicieron uno, los gritos de placer llenaron el silencio del universo y nos absorvimos, tragándose los cuerpos uno al otro hasta desaparecer entre las brazas de la chimenea...
Hoy despierto desnudo y pensando que eso jamás pudo haber ocurrido, pero su aroma esta en cada rincón de este cuarto vacío, donde sólo yo puedo saber lo que pasó...
Gustab, el principio del fin...




viernes 8 de mayo de 2009

Sueños en Soledad...

...Porque la soledad se dibuja en mi vida como un abismo incondicional. Han pasado muchos días encerrado entre estas cuatro paredes que me ahogan y desesperan, y aunque siento pasos en el pasillo no logro abrir la puerta para saber quién anda afuera a hurtadillas... siento que esa persona puede hacerme daño, el pánico se apodera de mi, dejo de respirar para que nadie sepa que estoy aquí.
Hoy escuche unos tacos afuera, el picaporte que se habría rechinando sus mecanismos, y un golpe me hizo pararme de mi cama y mirar por el ojo mágico de la puerta hinchada por la humedad y envejecida por el paso del tiempo, estoy seguro que cayeron las llaves de unas manos nerviosas, que con el apuro de querer abrir la puerta las dejó caer. El pasillo estaba en soledad, y curiosamente la puerta que con tanto apuro habían querido abrir como si la persiguieran, permanecía abierta. ¿ porqué?...
La aldaba que trancaba mi puerta estaba oxidada, vieja y apretada, no podría abrirla aunque quisiera, permanecía encerrado en un mundo que no me dejaba salir. Tras la puerta había alguien que no sabía quién podría ser, pero sentía su perfume que lo invadía todo sin dejar la libertad de respirar otra cosa que no fuera él. Celoso de la piel que cubría, no permitía que otro olor tocara la piel de la que lo poseía. Y me quedé ahí dentro esperando que los tacos volvieran a salir, permanecí horas sentado en el suelo hasta que el cansancio se apoderó una vez más de mi, y mis ojos se cerraron para no volverse abrir.
Sin embargo en mis sueños pude tirar de la manilla y abrir la puerta y acercarme a esa puerta que permanecía abierta invitándome a entrar. Todo en su interior tenía un aroma a frutillas, y al entrar pude divisar la puerta de la recámara abierta, los muslos torneados de una mujer permanecían cerrados como un candado sobre la colcha de raso de color azul y blanco... el sol que entraba por el oriente caía cálidamente sobre su piel, y le iba acariciando a medida que entraba por la ventana... no pude evitar acercarme y mirar como un fizgón su cuerpo semi desnudo tirado mientras dormía. Sobre el pequeño velador había una fuente de frutillas cubiertas de almíbar, y su fragancia envolvía mi cabeza haciéndola girar dentro de mi... e imaginé que al comerlas esta mujer, sus flujos vaginales olerían del mismo modo, y que al pasar mis labios sobre él, su sabor seria tan dulce como el fruto que estaba ahí. Su cuerpo giro abriendo sus piernas como atrapando el sol que ya le alcanzaba, sus vellos del color de la miel, brillaban por el sudor que empezaba a brotar con el calor del astro rey, y sus labios vaginales estaban hinchados por el calor que emergía de su alma. ¿ qué estaría soñando? ¿ que razón tubo para entrar tan apurada y tenderse en esa cama deshecha?¿porqué no tapar su cuerpo y dejar la puerta abierta estando desnuda casi por completo?...Las preguntas golpeaban mi mente, atocigando de pensamientos esquisofrenicos mi cabeza... estaba mudo y me movía por la habitación sin que ella pudiera percibir mi presencia... Y me detuve frente a sus piernas entre abiertas para observar con detenimiento su sexo que empezaba a despegarse por el efecto cálido del sol. Tras algunos segundos el carmesí interior se abrió para mostrar la intimidad más deseada por una amante, y al agacharme pude percibir el brillo que brotaba de su interior, estaba bañado en aceites que se expandían dentro de ella y se contraían a cada giro de sus piernas, era un espectáculo que no podría interrumpir, todo se veía tan claro y transparente, que mis ojos no dejaban de orvitar en su interior. Ese aceite que parecía empalagoso a la vista y espeso, no dejaba de maravillar mi sentido más preciado, era tan transparente como una fuente virginal, sin duda la perfección misma creada por las manos de Dios, hecho para acariciarse , oler y degustar. Al acercarme a su piel, mi teoría de las fragancias se cumplía a cavalidad... su fragancia era a frutillas o fresas, como le llaman en otras partes, y quise probar la segunda, y rocé levemente con mi lengua el nácar que se abría ante mis ojos invitándole a probar... era una sensación maravillosa sentir el deseo y probar sin despertarla, la adrenalina brotó en mi interior y aunque pude haberlo evitado, pose mis labios sobre la mojada piel, y mi lengua se abrió camino entre sus pliegues... e sabor era increíble, una mezcla de vino burbujean te y un delicado dulzón, sin lugar a dudas, por el efecto de este fruto que traspasaba sus aromas y sabores a la carne, absorbiendo esta todo su sabor que luego le haría brotar a través de su piel... Entre ronroneos y susurros fui creando oleajes en su vientre, tan delicados como el sabor que poseía su piel... y sus senos se fueron endureciendo y formando entre caricias, mientras sus pezones se erigían mostrando su esplendorosa belleza... no sé cuánto tiempo pasó, pero mis labios estaban untados del exquisito sabor y mi mente estaba inundada de su olor... y su cuerpo agónico fue cerrando sus rodillas, y tensando su piel hasta que por fin derramo a caudales ese aceite que cómodamente había visto hace un rato emerger timidamente desde su interior... y su cuerpo se convirtió en infinitas contracciones que hacia que su espalda se despegara de la colcha azul... su cuerpo disminuyó los espasmos y fue relajándose devolviendo la espalda a su lugar... Nada más hice, ese había sido un regalo de Dios y volvía a mi departamento, cuando sentí del fondo de la habitación un susurro afable que decía ...



- Gracias Gustab.......!!!

lunes 20 de abril de 2009

Brutal " libertad "...

He buscado explicación del sentido de ser libre en un país como éste... llevo una semana fuera del hospital, todos los días leo entre los avisos de trabajo buscando una oportunidad y no alcanzo a entender porqué no habría oportunidad para un escritor culto y deshinivido un trabajo decente.
Y no me van a decir que no es humillante golpear tanta puerta para recibir un ¡¡¡NO HA SIDO SELECCIONADO!!!. Tras cada una de estas respuestas y un gracias por postular, de lo único que tengo ganas es de darle una trompada al gil que me agradece... ¡¡¡infeliz!!!... burócrata indecente...¿ que nivel de ignorancia necesito para trabajar?....
El subir y bajar escaleras me trae muerto, dos o tres diarios para una ciudad de 3 millones de habitantes... Mi vida esta en mis letras, en mis libros que no puedo publicar por la escacéz de mente de algunos sujetos...¿ qué debo hacer...volver al hospital y olvidarme de que estoy vivo?...
Ya es tarde. sólo quiero una botella de agua ardiente para emborracharme y olvidarme que estoy vivo.
Los adoquines están rebasados por el agua que no deja de caer, como si el cielo se hubiera ensañado con los escritores, las farolas quieren apagarse, el kerosene no es suficiente para mantenerse encendido, el viento y la lluvia atentan contra el día nocturno de esta ciudad. Los letreros de las viejas botillerías no dejan de acompañar mis pasos, los cigarrillos de las prostitutas siguen encendidos bajo los portales dando calor en las bocas de los amantes... y ese tajo que nos muestra el muslo humedecido por la lluvia ahoga los pensamientos... no tengo un centavo...
Entro al bar de costumbre, donde el botillero me deja beber tres vasos de agua ardiente a cambio de algún cuento picante, cada sorbo derrite mi garganta haciendo entrar el calor a mi cuerpo cansado y tengo que tomar una de esas dichosas pastillas blancas que me dieron en el hospital.
No una no es suficiente, y de tres en tres por cada vaso nublo mis sentidos para olvidarme que en el departamento no hay que comer, ni luz que alumbre mi nostalgia.
Cuando logro salir del bar, una botella a quedado sujeta en mis manos, ¿cuántas historias tuve que contar?... no sé... en la calle una vez más Ibón me espera en la oscuridad... hola pobre escritor, ¿necesitas calor para esta noche?... y tomándome de las manos me dirige a su ínfimo departamento de la escalera del astillero... es el último ascensor de la noche... y nos perdemos en la oscuridad al ascender llenando de gruñidos los viejo rieles y los casi cortados cables de acero... estoy mareado y vomito lo que no he comido en el viejo piso encerado mil veces el ascensor... Al llegar arriba , ibón me arrastra a su departamento, me desnuda, y palmo a palmo recorre mi cuerpo muerto... sube sus faldas y juguetea con su sexo sobre mis carnes, no esta muerto, no esta muerto , repito para mi... y el sexo empieza a tomar volumen entre sus dedos... gemidos...gemidos...gemidos... y siento el calor de unos labios sexuales envolver mi carne suavemente humedecida por los labios de la estrella de antaño... sus senos están erguidos y las medias producen electricidad en mis piernas... y raspa mi sexo con agradable sensación, lo bultos son posados sobre mi boca y yo... sólo bebo sin pensar. Son carnes suaves y endurecidas a pesar del tiempo que ha pasado... aún destilan gotas de miel... a la fricción de mis dedos... su cintura se refriega sobre mis carnes, el hedor del agua ardiente me produce una extraña sensación... quema aún en mi garganta... destroza todo lo que toca al entrar por mis labios,... lo último que recuerdo, es el grito de Ibón... y sus piernas apretadas tratando de impedir que siguiera en movimiento... he dormido muchas horas, y los labios de ibón sorben mi sexo de tiempo en tiempo, su deseo es la vida que la mantiene viva... y son mis fluidos los que la alimentan... esto es un desastre... tengo que vivir para terminar ese libro, pero los labios de Ibón no me dejan salir, es membresìa y ambrosía en su vida.. es deseo, Ibón es vida... los vidrios están sucios y empañados, el frío no llega a esta habitación, y el calor de su entrepierna, me mantiene los labios rozados y no morados como en el exterior. Ibón sigue cocinando... unos huevos fritos al calor de la estufa, y ese arroz pegoteado de la olla... de beber, agua, agua ardiente de 120 º , para cocinar en ella... estoy tratando de salir, pero sus piernas me encierran en este tibio cuarto de los astilleros... los adoquines reclaman mi presencia, la lluvia no deja de golpear los cristales, y el olor a humedad lo llena todo...



Gustab

lunes 13 de abril de 2009

Nacer...

Muchas veces me habían preguntado porque escribía tanto de sexo, no me gustaba responder, o no sabía...porque sería?...
Bueno si regreso en el pasado podría descubrir de donde viene, cuando fue la primera vez que sentí que mi sexo tomaba un curso incontrolable... y Aquí atado a esta cama hoy puedo contestar, tengo todo el tiempo del mundo.
Llevo horas imaginando el principio de todo, las pastillas me adormecen y mi cabeza no quiere pensar. Afuera los adoquines me quieren recordar lo que pasó hace ya mucho tiempo, mis ojos se cierran y mi mente empieza a dibujar.
Alguna vez en mi infancia, tendría unos ocho años, acostumbraba a acompañar a mi madre y una tía a la modista, curioso nombre, pero muy evocador... Uno entraba por un oscuro pasillo que a ambos lados estaba cubierto de pedidos, vestidos encargados por señoras de todos los grupos aristócratas y no tanto, la naftalina inundaba mis fosas nasales, era un olor profundo, que entraba a mis narices rompiéndolo todo. Era algo fascinante ver desnudarse a las mujeres sin pudor. Acostumbraban a cubrirse todo, menos ese pronunciado escote que tan bellas y elegantes las hacían ver.
Esa vez mamá estaba enferma, y acompañaría a una tía a buscar un traje que había mandado a confeccionar para una fiesta de año nuevo. Ella era muy esbelta, y tenía una figura, si bien gruesa, muy bien proporcionada, era elegante y gustaba de la moda de París, en ese entonces vogué unía la moda a un delicado y elegante diseño de revista que pocas veces se podían ver acá, y de ahí nacía un modelo digno de alguna estrella de cine que todas las que tuvieran dinero podrían comprar.
Al entrar al vestidor, la modista me quiso hacer salir, pero mi tía era muy cuidadosa a la hora de alejarse de un niño. Por primera vez, vería a mi tía a solas mientras se cambiaba de vestidos delante de mi. Aunque me hicieron voltear mientras ella se probaba, la curiosidad sería más fuerte. Las escuchaba murmurar tras de mi, y eso me producía cosas dentro. Por un momento sentí salir a la modista del lugar. Era la oportunidad, la tía estaría distraída mirándose al viejo espejo de cuerpo entero de puro bronce, y muchos dibujos a su alrededor. Y sin pararme a pensar en las consecuencias volteé para verla... Enmudecí al contacto de mis ojos con su cuerpo, frente a mí, mi tía lucía hermosa, sensual y muy atractiva, pero no pude evitar detenerme en su pubis oscuro, tan negro como el carbón, y muy , perdonando la vulgar expresión, peludo, muy peludo, y eso provocó una reacción rara en mi, jamás me lo habría imaginado, ¡¡¿pelos ahí?!!...aunque no fue muy agradable, produjo , lo que yo llamaría hoy un morbo... Mi tía no hizo nada por ocultarlo, yo me sentía muy avergonzado, pero impresionantemente atraído por esto. Sus ojos me miraron, y sin mediar palabra, ni provocación, estiro sus manos hacia las mías y dijo en voz baja- ¿Primera vez?- no podía hablar y sólo asentí con la cabeza, entonces sentí por primera vez una sensación en mi cuerpo, algo se agitaba en mis pantalones, hasta el dolor. Ella lo notó, y se agacho para darme un beso en la frente... se sentó en un sofá y abrió sus piernas levemente.. un carmesí brotó de su interior, la luz de la habitación se hacía más intensa, mis manos sudaban a morir, y ese culebreo tras las telas de mi pantalón. Las batió por un rato, yo era una momia, y sin despejar la vista, no dudé en acercarme a ella...- Espera- replicó,- con calma, ¿quieres tocar?-
yo no estaba para cuestionar nada, y esa voz, sentí que mi cabeza estallaría en cualquier momento... Una de sus manos acunó la mía entre sus piernas, era una sensación exquisita. Sus carnes eran suaves, con una curiosa rugosidad, tibia, y sentía como se humedecía y subía la temperatura al hacer que mis manos la rozaran . Esa sensación de tocar y ver, de escuchar su voz tan lejana me transportaba a no sé donde, y esos pelos enredándose entre mis dedos a medida que ella me hacía recorrer. Mis dedos se hundían entre los labios carnosos cubiertos de vellos crespos y oscuros, esa sensación... estaba mojado, resbaloso en su interior... algo corría entre sus carnes, tan rico, tan suave, tan lleno de calor...-mmmmm, seee,así- saltaban sus palabras lejanas a mis oídos, y gemía entre susurros, como una gata en celo...
De pronto los tacos de la modista anunciaron su llegada, yo volteé y mi tía sonreía algo colorada en sus mejillas,.... mis pantalones estaban mojados, nunca supe cuando sucedió... desde ese día, mi visión de las mujeres cambió, y mis ojos la miraban de otra manera, un cura lo llamaría lujuria. Creo que ahí empezó todo....


Gustab...sensaciones.

lunes 6 de abril de 2009

Delirios de placer...

No podía dejar de escribir, no debía, esa era la sensación que me angustiaba. La herida estaba abierta, debía de aprovechar esas gotas que salían. Ellas, ellas tiradas en mi cama, yo en mi rincón, mis ojos inyectados de sangre, ya no dormía. Don Juan de Marco era un hombre que tenía tanto que decir, tanto que contar, el libro debía ser un éxito...ellas desnudas revolcándose en mi cama, bebiendo una del sexo de la otra, mientras ella observaba desde la puerta. Sus senos caídos en el cuarto oscuro, ya sin luz, todo olía a sus malditas inyecciones, ese olor a hospital, esos químico que lo inundaban todo, pegados al muro, sin poder salir. La espalda la sentía fría, había llegado el otoño enfriando las tardes en aquel cuarto oscuro, oscuro... y esa luz del farol que entraba por la ventana, aquel que dibujaba a las dos amantes, se lamían y gemían sobre mis sabanas blancas, revueltas por el deseo de dos amantes que no dejaban de chuparse, besarse y gemir, si gemir sin respiro. Mi sexo estaba duro, dolía de deseo, aquejado de placer, ellas me buscaban todo el día, no dejaban que escribiera... Tomaban las servilletas escritas con sangre y se masturbaban, ellas sabían lo que yo contaba, les excitaba, por eso las pastillas, para que yo no siguiera, sus sexos ardían como el infierno, extraían cada gota de mi pene herido por el placer, angustiado por el deseo... tenía que seguir, debía escribir y ellas no me dejaban...
La de la puerta me pidió que abriera las piernas mientras tiraba de mi calzón... jalaba hasta romperlo y dejarlo echo girones, tomaba si sexo con desesperación, lo agitaba desprendiendo las carnes para dejarlo brillando entre sus dedos y lo movía sin dejar que respirara, lo chupaba y mordía hasta verlo sangrar... una y otra vez trataba de hundirme una pastilla entre mis labios cerrados, no podía dejarme vencer, tenía que terminar esta historia...
De pronto las otras tiraron de mi. Al no poder levantarme, una aguja se enterró en antebrazo... yo quería escribir, pero mis dedos ya no respondían.... los ojos se nublaron y tendido en la cama, sentía como se turnaban para montarse sobre mi, eran locas, locas... se seguían lamiendo sin pudor, apretaban los senos de las otras y ellas sujetaban sus cabezas entre sus piernas... una tiraba de mi piel, mientras la otra bebía de mis testículos los líquidos que corrían por mi piel, los gustos y las fragancias de sus compañeras se mezclaban en él... chupaban y chupaban, me hacían explotar, y antes de que mi sexo se rindiera, se montaba la otra , y para mantenerlo parado entre sus manos, lo agitaban con brutalidad... donde estaba la servilleta, quería alcanzarla, aún corría sangre de mis muñecas, era la única manera de escribir... donde esta.... donde esta... estaban lejos de mi la aguja con la que escribía, el dolor se hacía inmenzo, los testículos apretados y mordidos por sus bocas hambrientas no dejaban de morder, de lamer y chupar... donde está mi libro, donde están mis notas... y gritaban y gemían, azotaban sus nalgas contra mi cara, estaba excitado, muy excitado... donde están mis notas déjeme escribir.
Mi boca tenia un gusto amargo, no dulce, no... salado... no los podría distinguir... ellas a horcajadas se refriegan ahí, mueven sus culos dejando que mi lengua las roce, gritan de placer... trato de morderlas para separarlas, pero parecen disfrutarlo más... me amarran al catre de bronce, dios que oscuridad... y esa luz que había en la calle, y esa tela de araña que colgaba en aquel rincón... donde esta?... Una de ellas sujeta mi sexo , mientras la otra entre angustioso gemidos se entierra en mi, su ojete es pequeño, duro ... apretado... raspan mi piel.. se entierra... anal anal grita desesperada mientras la otra separa sus piernas para beber de ellas... Se levanta y deja caer como una bestia, resopla, sus narices se abren para tomar el escaso aire que hay en la habitación...un grito de placer lo congela todo, cae de fauses sobre las piernas abiertas de su compañera, mientras la tercera se monta una vez más sobre mí... cuando terminará esto ... cuando vendrán a abrir las rejas de esta prisión de deseo y lujuria bestial... cuando caerá otra pastilla en mi boca...

Gustab, encerrado entre sus piernas...

sábado 28 de marzo de 2009

Isolina... ( Mi primera vez en el Burdel.)

Necesitaba escapar de estos barrotes, y la única manera, era a través de mis recuerdos. Y busqué entre mis pensamientos un lugar donde esconderme, y llegó Isolina a calentar mi cuerpo aún atado a los barrotes de la cama y me dormí pensando en ella.

" Isolina era la favorita de los que se querían iniciar en las artes de la sexualidad. Su cabello castaño oscuro y sus ojos profundamente verdes, que jugueteaban detrás de las tupidas pestañas pintadas de riguroso negro, hacían soñar a los jóvenes sélives de la ciudad.
Siempre estaba vestida de negro, guardando riguroso luto por la muerte de su marido, era una mujer joven, debía de tener entre 16 y 18 años, su cuerpo era menudo, delgado, muy suave, de senos pronunciados, nalgas voluptuosas y una entrepierna rigurosamente depilada. Su cara, humm, su cara, piel morena, esas pieles que sólo se ven en los campos chilenos, mezcla de españoles e indígenas, rasgos muy marcados, gruesas cejas y respingona nariz.
Ella fue sin lugar a dudas la que me inspiro, con ella me inicie en las artes de la sexualidad, con ella me hice hombre, todo lo que antes hube de pasar fueron ratos cortos de placer, pero ella era distinta y estaba ahí para hacerme un gran amante.
Cuando se acerco a mi, sentí que mis piernas temblaban, la mujer que estaba al mando de las chicas la había escogido para mi. Sus manos acariciaron mi cara con materna suavidad, sentía como limpiaba mis deseos al roce de sus dedos, largos y suaves como la seda. Me tomó de la mano llevándome a su habitación. Al desnudarme lo hizo con ternura y cariño, dejando deslizar la ropa sobre mi cuerpo. Sus manos frías recorrían mi cuerpo con suaves cariños, sus dedos iban dejando la huella sobre mi piel, mis bellos e erizaban al roce, mi verga se erigía como un bastión, sus labios recorrían mis pechos con dulces besos mientras sus manos iban descubriendo mi cuerpo. Al quedar desnudo, sus labios fueron surcando el camino al deseo, cada pliegue de mi piel se abría al depurado rozar de su piel contra mi piel, hilos de saliva iban vmarcando cuidadosamente su recorrido, como telarañas transparentes, se tejían queriendo atrapar mi sexo en una carcel de seda, palpitante mi verga se contraía a sus caricias, sin ella haberla tocado, como una rama azotada suavemente por las aguas de un riachuelo, que a su paso golpea el follaje de un árbol caído, buscando ser acariciado por las tranquilas aguas.
Su cuerpo se ergía ante mis ojos desnudando su piel, su corsé, que ahogaba sus senos voluptuosos, se habría tira a tira cuando sus dedos desenredaban el complicado laberinto de sujetadores, que con gran esfuerzo lograban contener los abultados senos, dejando ver las aureolas de sus pezones adornados por encajes de flores, que al soltarlo dejó rebotando los senos por un instante, que se remecían como gelatina al ser liberados. Los posó delicadamente sobre mis labios ofreciendo su néctar, semitransparente y blanquecino, dos gotas asomaban sobre sus puntas como perlas lácteas, los que fueron succionados por mi sedienta boca, jugueteaba con sus pezones duros como copas de mármol, oscuros y enrojecidos, las gotas brillaban contra la luz tenue de su cuarto, bebí de ellos succionando gota tras gota hasta liberar sus finos chorros que se disparaban sin dirección mojando mi cara, suave entre sus senos mi cara se retorcía de deseo. Tomando mi cabeza, me deslizó por su vientre, donde la suavidad de su piel acariciaba mis enrojecidas mejillas que se iban humedeciendo entre sudor y deseo, mis labios recogían sus salados sabores, los que temblaban cada vez que se rozaban entre sus carnosas pieles, hasta llegar hasta sus piernas, quise ir a su sexo, pero ella hábilmente me llevó entre sus muslos que deseaban ser besados antes que llegara ahí, - con calma replicó ella, no hay apuro, aprende lo que deseamos las mujeres.- Me desconcertaba, pero a la vez me fascinaba su forma de dirigir.
Su empalagosa piel me agitaba de sobremanera, disfrutaba cada uno de sus granos, cada surco entre sus estrías, que afloraban como delicadas lineas blancas, como marcando la frontera entre el goce y el placer, sus piernas se fueron abriendo lentamente empezando a revelar sus secretos más intimos, sus labios se engrosaban a cada embestida de mis labios sobre su piel, cada surco que dibujaba mi lengua entre la dermis del deseo, sus gotas de sudor bajaban por su cuerpo, las que eran recogidas suavemente por mis labios, como queriendo beber de sus pecados, su piel se erizaba marcando granos en su piel, los que brotaban uno tras otro, suplicando que me acercara a la miel de su intimidad, sentí como su sexo buscaba mis labios intensamente, resarciéndose entre jadeos y gemidos de Glamour, sus labios resoplaban, mientras sus fosas nasales expiraban a cada posible acercamiento, finalmente ante mi, brillaban sus labios vaginales despegándose entre hilos salivales, y densos hilillos de fluidos emergentes de su apretada vúlba, la que dilatándose dejo ver su interior, pardo rojizo, oscuro y bañado en miel, los que mediante sus brillos iban liberando su pequeña cabeza de oro, la que asomaba timidamente entre pliegues humedecidos por el deseo. Mi lengua terminó se romper los hilillos que quedaban vírgenes en su dilatada vúlba, dejando posar los labios deseosos de sorber el liquido empalagoso, rodié envolviendo la delicada cabecilla entre mis labios succionando suavemente, su cuerpo encrespado dejaba correr el sudor que chocaba con mis pestañas provocando un intenso ardor, sus bellos púbicos se enredaban entre mis dedos dibujando el promontorio monte de Venus, donde caían sus deseos palpitando al flujo sanguíneo que de ahí proveía a los inflamados labios vulbáres los que se apegaban mojando los surcos de mi cara, dejándolos untados de baba interior, mientras mi lengua jugueteaba entre sus carnosos deseos separando los labios con cuidado quirúrgico, lamiendo y recogiendo el manantial que emanaba de su interior, entre succiones, jadeos y gemidos su espalda se retorcía clamando para no detener el flujo de placer que brotaba de sus entrañas, sus manos sujetaban mi cabeza entre sus labio aplastando su sexo contra mi rostro, su espalda se dobló bruscamente liberando energía por su columna vertebral hasta reventar entre espasmos y gritos de placer. Me reincorpore enterrando mi sexo en ella, la que empujaba suplicando suavidad, pero embestí con fuerza hasta topar el último rincón de su caverna, separando con violencia sus piernas bañadas en sudor, y me deje caer con mi peso sobre su vientre mordiendo sus labios bañados en saliva seca, succionando lo que encontrara a mi paso, arrancando y ahogando con frenesí cada grito y gemido de sus orgasmos que batían su cuerpo sin piedad.hasta reventar dentro de ella liberando mi energía contenida y mis horas de espera, para aprender de sus muslos los mil secretos que escondían, hasta caer sobre sus pechos hinchados de los que aún brotaba leche a goteos intermitentes, batiéndonos entre jadeos y temblores de éxtasis. Finalmente tranquilizamos nuestros cuerpos entre besos caricias dormidas de placer.
Esa fue mi primera conversación intima con una chica del burdel, de ahí fueron saliendo secretos que les contaré en otros relatos, donde todos somos iguales, donde me fueron revelados sueños eróticos que fueron cumplidos en este burdel."


Gustab, unos minutos de mi vida... grabados en fuego para siempre.

martes 24 de marzo de 2009

De Hormonas y Feromonas...( Entre Barrotes)


Había logrado de hacerme de la aguja de una jeringa como aquella vez, no podía dejar de escribir, y como necesitaba de tinta para escribir, no dude en cortar mis muñecas para que mi sangre ocupara su lugar... siempre había una hoja donde escribir... algo que contar, algo que decir...



Cada dos o tres días los cuerpos de los internos eran aseados por las enfermeras, y ese día era tiempo de sasonar los cuerpos de los enfermos porque era día de visita.

Durante el día, el caluroso verano no daba tregua y los cuerpos se empapaban en sudor. Yo amante del sol y de su alimento de vida, me tendía sobre las frías baldosas para refrescarme y recibir el sol que se colaba entre los barrotes, y el sol incansable, me alimentaba con sus rayos cayendo amorosamente en mi cuerpo, sus cálidas caricias me decían que aún estaba vivo. Por supuesto el sudor se apoderaba de mi piel mojándolo todo, y haciendo que las hormonas despertaran para llenarme de fragancias...

Sentí entrar a los guardias, quienes sin ni una delicadeza, me tomaban para atarme de pies y manos a los dorados barrotes del catre de bronce, dejándome atado de las muñecas a la cabecera de la cama y de los tobillos a sus pies. Aunque la posición no era cómoda, aún los rayos del sol bañaban mi cuerpo... el sudor empastaba mi cuerpo dejando atrapadas a las hormonas en mi piel, especialmente entre los pliegues que formaban naturalmente, pero estos se abrían al ser atados, sin embargo, mis testículos se mantenían como amantes pegados a los muslos sin dejar abierta la posibilidad de ventilación, y era justo ahí donde las hormonas hacían mejor su trabajo... sólo un delantal cubría mis presas, y el sol seguía calentando mis genitales.... para mi era un olor agradable, para otros, había ocasiones en que no tenía ninguna explicación ni excusa. Pero en este lugar no existían esas ocaciones, pues lo único que había que hacer, era estar detrás de estos barrotes esperando a que el tiempo se compadeciera de ti.
La puerta de fierro de abrió por segunda vez, y entraron dos enfermeras con palanganas entre sus manos , paños y algodones... llenaron el recipiente de agua y vertieron en el un liquido jabonoso que echaba mucha espuma, quizás hasta un liquido de yodo para desinfectar los cuerpo en aquellas llagas que se formaban cuando los cautivos se hacían daño profanando sus cuerpos con lo que encontraran a mano.

Una de ellas levantó el delantal para dejarme desnudo, y la otra inmediatamente dejó caer un chorro de la palangana sobre mi cuerpo, el agua busco las formas naturales del cuerpo y corrió sin rumbo cubriéndome de escalofríos, estaba fría como una noche de invierno. Ellas llenaron mi cuerpo de caricias de algodón, haciendo resbalar las fibras suaves sobre mi cuello y rostro, y fueron mojando cada rincón de mi alma... luego un trapo resbalo por mi vientre recogiendo el jabón... y aunque trataba de pensar en otras cosas, las sensaciones que surgían en mi piel no las podía controlar. Evitaban pasar sobre mis genitales, creía que era por pudor, pero luego descubriría que para ellas esto era un juego de sensaciones, y les divertía ver crecer los sexos de los pacientes entre sus dedos... Cuando creí que habían terminado, sentí como las manos de una enfermera rozaba el tronco de mis genitales, mientras la otra bajaba su cara para oler... si para oler, como lo escuchan, y podía sentir sobre la delicada piel su respiración exhalando las fragancias que éste despedía. Sus dedos se deslizaron por los pliegues que formaban mis muslos apegados a los genitales, acariciando cada milímetro de piel, y rodeando los testículos, fueron separando la piel del deseo de aquella que les impedía oler. Parecían extasiadas por el olor y transportadas en el espacio. Mi erección fue inevitable, estaba rendido ante sus caprichos, las ataduras no me dejarían escapar... y una de ellas baño el tronco con el liquido de la palangana mientras la otra posaba sus labios sobre él. El paño había caído de sus manos y eran ahora sus dedos los que agitaban mi sexo con delicadeza y pulcritud, la otra dejaba deslizar sus labios sobre mi piel gimiendo ordenes a la otra que apuraba los movimientos de sus dedos haciéndome retorcer de gusto y humillación... Les pedía en silencio que me soltaran, pero las agradables sensaciones no me dejaban hablar...y pude entender lo que habían descubierto algunos científicos, que se esmeraban en probar que eran las hormonas las que hacían que la atracción que los cuerpos ejercían, era por esta razón. Las enfermeras en su éxtasis, dejaron que sus dedos se liberaran, y una de ellas levantó el delantal de la otra metiendo sus dedos entre sus piernas, mientras la otra sin soltar mis genitales empezaba a gemir. Quise hablar, pero una de ellas puso el paño en mi boca y una tela adhesiva sobre él. Sin detenerse prosiguieron agitando mi sexo, y en ocaciones llevándola a sus bocas para degustarlo naciendo en mi las más variadas sensaciones, había momentos en que sentía que iba a explotar, pero ellas de detenían dejándolo pulsar entre sus dedos y reían en forma estruendosa, para luego de sentirlo calmado, retomar sus sucias jugarretas... Era agradable sentirlas jugar con mi cuerpo, pero angustiante encontrarme sometido a sus caprichos ... Cerré los ojos para concentrarme en el fuerte olor que salia de sus sexos, (lo que esos mismos científicos llamaban feromonas) mientras los dedos de una de ellas, hacía brotar gemidos en la boca de la otra, la que refregaba con delicadeza su vagina desnuda cubierta de vellos enredados entre sus dedos. El germen de sus caricias no demoró en brotar entre las piernas de la sometida, y mientras enjugaba sus dedos entre sus labios, agitó con fuerza y agilidad mi sexo desorientado hasta hacerlo explotar en los labios de su compañera, chupaba cada gota de razón que iba quedando en mi mente... luego ambas se besaron intercambiando el elixir que llenaba sus bocas, y todo delante de mis ojos desorientados y perdidos en el techo quebradizo de la habitación, donde las arañas tejían sus nidos que brillaban al caerles la luz...

Unos dedos regordetes pusieron una pastilla bajo mi lengua, y mientras termiban el aseo de mi cuerpo, mis ojos se fueron cerrando hasta perder la conciencia de lo que pasaba...




Gustab, entre sus dedos.

lunes 23 de marzo de 2009

Sanatorio...( Otra vez)

Llevaba meses sin trabajo, mi mente se secaba entre mis recuerdos, el agua ardiente sobre la mesa de centro y un cigarrillo humeando en el cenicero de cristal...Y el temor que sentía se hizo presente entre los párrafos de la hoja enquistada en la vieja royal. Sentí que mis rodillas se doblaban, y un grito atrapado en mi garganta que quería ser liberado... juro que lo intente... no podía hacerlo... y de pronto todo emergió saliendo a flote, el grito quebró el silencio de la noche, la música de la tanguería dejó de sonar y el farol del viejo prostíbulo se apagó... levanté la vieja royal y la lance por los aires cayendo sobre el mismo escritorio donde estaba, el estruendo de las maderas al romperse por el golpe alerto a mi vecina... la ambulancia hizo sonar la sirena sobre los adoquines de silenciosa calle rompiendo la tranquilidad del lugar...Ella sabía lo que tenía que hacer si volvía a entrar en crisis... de ahi nada supe hasta despertar encerrado entre las cuatro viejas murallas blancas cubiertas por suntuoso cuero para evitar los golpes en la cabeza... y aquellos barrotes que no dejaban escapar la luz... ni los sonidos que hacía mi cuerpo.
El primer rostro que vi, fue el de aquella enfermera de grandes senos, aquella que habría sido madre hace algunos días... aún su cuerpo guardaba las huellas de su cercano embarazo..traía una pastilla blanca entre sus dedos, y abriendo mis labios la puso bajo mi lengua...era una pastilla muy ácida, y parecía deshacerse pero no lograba tragarla...- Bienvenido Gustab... te dije que algún día volverías-, y desabrochó su delantal para dejar sus senos desnudos,- ¿no la puedes tragar?, anda, bebe... mi pobre Gustab-.
Tome el pezón entre mis labios, y de ellos brotó un dulce néctar transparente, y esta leche materna fue disolviendo la pastilla mientras de sus labios germinaban los más placenteros gemidos, luego de tragar, me abracé a sus caderas como un niño, y mi llanto silencioso dejó correr lágrimas sonbre sus pechos, - Mi pobre Gustab - repitió ella acariciando mi espalda desnuda tras las ataduras del delantal que me cubría. - Descansa, yo te cuidaré- y volvió a ofrecerme sus senos para que bebiera de ellos. Mientras yo succionaba sus leche dulzona empapada en húmedas lágrimas, ella subía el delantal que cubría mi sexo para acariciarlo. Luego desabotonó sus delantal para quedar desnuda frente mis ojos, y se tendió en la cama para que mis mejillas recorrieran su vientre excitado y tembloroso- Te necesito mi niño, te necesito- y abrió sus piernas pidiéndome que le chupara su sexo enmarañado entre crespos negros mojados por la ligera caricia que mis besos iban dibujando en su cuerpo. Como un caracol fui soltando una ruta de saliva que alcanzaba sus labios externos, mientras que de sus carnes, una suave cabecita asomaba inquieta... Mientras yo besaba su sexo, ella abría el delantal para tomar mi sexo entre sus dedos y moverlo agitando su piel de arriba abajo, y aunque estaba dormido por los tranquilizantes, despertó sin alboroto a la caricia de sus manos... sabía que ella se estaba aprovechando de mi condición, y de las drogas que había tomado... pero me gustaba sentir sus cálidos dedos en mis carnes, me gustaba el sabor de su cuerpo, y disfrutaba de su compañía en la fría celda del hospital. Me tendí en la cama mientras ella se lo llevaba a la boca, y dejando que el tiempo se detuviera, dejé que ella masturbara mi mente intranquila y enferma. Ella me había dado la libertad, y ahora me la quitaba una vez más... me había convertido en su esclavo en cautiverio y prisionero de sus caricias.
Cuando volví a abrir mis ojos pude ver como su cuerpo se hundía en el mío, y con ligeros vaivenes me fue enterrando dentro de ella, luego un espacio, una parada de sus músculos, y se dejó deslizar aprisionando mi sexo entre sus piernas, mudándose suspendida en el aire. Delicadamente entré en ella ayudado por el peso de mi drogado cuerpo, que no sentía como ella se enterraba. Otra vez estaba detenida, quieta sentada sobre mis caderas y gimiendo dulzona palabras que no podía traducir por mi condición, parecía que mi cuerpo estaba atrapado entre murallas cerosas y titubeantes, esas murallas que se acercaban y se alejaban de mi, luego giraban para achicarse y nuevamente agrandarse ante mis ojos. La visión era desagradable, parecía que mi cuerpo se alejaba por instantes de mi, para luego volver a atraparme. Había momentos en que recuperaba la conciencia, y sólo veía el cuerpo de Natalia moverse sobre mí, y quería safarme de ella tirando de sus caderas, pero las fuerzas me faltaban, y ella volvía a caer sobre mí pesadamente entre jadeos y gritos silenciosos pero descentrados, como si quisiera que nadie nos escuchara, yo no sabía por instantes donde estaba, la pastilla mordía mi mente una y otra vez creando lagunas de conciencia en mi mente, sentía como eyaculaba una y otra vez sin dejar que ella me soltara, su cuerpo se desformaba ante mis ojos y sus senos de pronto parecían gigantescos y un momento después, desaparecían entre mis dedos... no tenía conciencia del tiempo ni del espacio, estaba muerto en vida y sintiendo como un animal me hacía su presa para desarmarme entre gritos y jadeos de sudor, el agua corría por mi cuerpo, y no distinguía su sudor del mío... sentía como sus dientes se clavaban en mi miembro infructuosamente erecto y sin conciencia... luego el cuerpo pesado cayó sobre mi entre temblorosas contracciones sacudiéndose una y otra vez golpeando mi rostro con el suyo. Sentí correr un hilo dulzón sobre mis labios... y me desvanecí, había momentos en que despertaba, y podía ver como una mota blanca recorría mi rostro ensangrentado, pero no sentía dolor... entre nubes la vi vestirse y cerrar la puerta de sonido metálico acolchado por cueros blancos...
No cabía duda, estaba de vuelta entre sus manos...había vuelto mi locura...habían vuelto los abusos, pero estaba caliente y me alimentaban....mi cuerpo estaba semi desnudo tapado por una pequeña cobija blanca, y mañana me darían una nueva pastilla más...


Gustab, entre barrotes.

martes 17 de marzo de 2009

Fragancias sublimes....

En mi vida de adolescente siempre había la imagen de una mujer, siempre desnuda, siempre detrás de una puerta, siempre seductora.Y una de las cosas más desarrolladas y que alimentaban mi imaginación, era mi olfato. Las Fragancias me enloquecían, y las mujeres que se acercaban a mí, lo sabían.
Un día domingo, como todos, mis padres se levantaron muy temprano, pues asistían a la misa de la mañana, tipo ocho o nueve, no me acuerdo, y como siempre, se despedían de mí y salían rumbo a la iglesia. La nana aún no se levantaba, y yo lo sabía, y cuando sentía que la puerta de calle se cerraba, me escurría por los corredores hasta llegar a la puerta de la pieza de servicio, y sin pensar, me arrodillaba para mirar por el ojo de la cerradura. Pero ese día seria más osado que nunca.
Al asomarme, note que en el dormitorio no había movimiento, y luego de unos instantes sentí correr agua en el baño, típico de Isabel, día domingo baño seguro, era su día de salida. Me quedé un rato en silencio esperando a que el agua dejara de correr, sabía que justo en ese instante, ella entraba en la vieja tina de fierro, tan rustica como ella. Sin hacer ruido bajé la manilla intentando que no me escuchara. La puerta del baño estaba entre abierta, y al acercarme, pude ver a mi nana con un paño en la cabeza, y sus senos flotando en el agua semi hundidos. Sus manos se deslizaban por su cuerpo esparciendo el agua que corría en su piel buscando un camino de descenso. Quería ver más, pero el movimiento del agua no me dejaba. Ella ya era una mujer mayor, tendría unos 46 años muy bien trabajados. Sobre la cama estaba tendido el delantal que ella usaba para su trabajo, aquel delantal blanco semi gastado que hacía notar sus pezones cuando no usaba el sutièn. Me acerque semi agachado para que no se notara mi presencia en el dormitorio y tomándole entre mis manos, lo acerqué a mi nariz para olerlo, una mezcla de perfume barato, sudor y comida, algo desagradable, pero tenía su olor. Lo abrí para oler mejor, y mi sorpresa fue grande cuando de él, cayó su calzón y sostén que permanecían ocultos entre sus arrugas. No dudé en tomarlos y llenarme de sus fragancias, los sostenes olían a ese perfume entre dulzón y sudor, quizá a algo más, no sé, un olor muy particular, creo que era la fragancia de su piel. Los encajes eran algo duros, pero al bajar se tornaban más suaves, respiré profundo como queriendo introducir ese aroma en mi cerebro, en lo más hondo, en el rincón más central de mi mente. Pero aún quedaba lo mejor. Al sostener sus ropas intimas, noté que el aroma de su sostén era muy distinto al de su calzón,que era de textura más suave, se deslizaba deliciosamente por mi cara. Éste era más fuerte y profundo, algo así como dulzón y amargo a la vez, como a madera vieja, o como el aroma del moho, húmedo y profundo, pero muy exquisito, tanto como el sudor de los genitales, Algo así como entre sudor y orín, pero más profundo aún, casi imperceptible a los olfatos delicados, o desagradables para otros. Para mi era una fragancia sublime. Pero no sólo con mirar, oler y sentir esa tela, era suficiente. Lo pegué a mis narices repitiendo el procedimiento de sus sostenes, pero esta fragancia me sedujo a probar, si a probar, y dejé que mi boca tomara contacto con la tela, como queriendo recoger su gusto aromático, y mi lengua se deslizó por las telas justo por donde descansa su sexo, y observe todo aquello que toma contacto con ella en el día. Era un gusto a almizcle, un sabor usado mucho en el restaurante de Ziang Chu. Al tocarlo con la lengua, pude sentir su untuosa textura, gruesa y empalagoza, como grasosa, dibujada como pequeñas manchas pardo blanquesinas, y amargo sabor, pero al volver a sentir, tenía tonos dulzones asomagados. Mis sentidos se fueron llenando hasta embriagarme, hasta el punto de no sentir cuando se abría la puerta del baño y mi nana emergía mojada y semi desnuda, con su pelo empapado y goteando el la habitación...Sólo escuche mi nombre y todo se nubló dentro de mi. Al despertar de ese momento extraño, mi nana gesticulaba y profería palabrotas sucias... sólo pude entender un - ¡¡¿ Qué Haces?!!- Yo estaba paralizado y sólo le miraba uno de sus senos que la toalla no alcanzaba a cubrir... y unos negro vellos qué se escapaban por abajo, estuve a punto de orinarme mientras mi sexo crecía al interior de mi pijama hasta escaparse por las telas sin pudor. Luego de los gritos, un silencio se apoderó de todo, mientras sus ojos muy abiertos me miraban fijamente y sus manos trataban de agrandar la toalla para que cubriera todo, pero era inútil, la toalla era demasiado pequeña y no estiraba. Quise bajar la vista avergonzado, pero no podía.
Finalmente, mi Isabel se sentó en la cama y me preguntó si le gustaba el olor, y que qué sentía al hacerlo. Traté de hablar, pero no podía, ella estaba sentada en la cama, desnuda sólo con esa pequeña toalla, mi sexo palpitaba y yo trataba de devolverlo al pijama y no podía. Ella empezó a vestirse frente a mis ojos, se puso su enagua y unas medias de encaje francés que yo sabía que las había tomado del armario de mi madre, se sentó en la silla del tocador de madera vieja, y me miró mientras yo apretaba mi pene con fuerza tratando de contener cualquier accidente, pero mi rostro empezó a encenderse de un rojo muy fuerte, la cabeza daba vueltas y mis gestos se volvieron torpes. Enmudecido la observaba mientras ella se levantaba la enagua para dejar ver algo más de lo que dejaba ver la enagua semi transparente... ella se notaba nerviosa, después sabría que no eran nervios literalmente, pero no dejaba de jugar con sus manos y se tocaba por sobre la delgada tela mientras yo miraba babeante... Hasta que abriendo las piernas me pidió que me acercara a ella. Con sus largos dedos tomó la basta de su enagua y la fue levantando lentamente, una vez desnudo su sexo a mis ojos, abrió las piernas hasta quedar a horcajadas, y se tiró hacia atrás para con sus dedos abrir sus labios vaginales y dejar que brotara toda esa humedad que había adentro, un color rubí se apoderó de mis ojos, casi purpura, brillante por un espeso liquido que brotaba de su interior, y dejó que uno de sus dedos tocara un pequeño ganglio como un pequeño monte en la parte superior de sus labios, hasta abrir su sexo completamente pidiéndome que me acercara, yo lo hice, su piel era tan suave y fragante, tan exquisita que me seducía haciendo perder mis sentidos. Podía sentir su olor más nítido que nunca, mientras esa sábia brotaba entre parduzca y transparente llenando su interior. Me ordenó chupar deliciosamente, amenazando de acusarme a mis padres si no lo hacía. Pero no era necesario, lo deseaba con todo mi corazón y me enterré en esa carne púrpura sin chistar, mientras esos aceites se iban pegando en mi lengua como atraídos por un imán. Mis sentidos se unían en una armonía increíble, mientras ella me decía que me agarrara el pene con fuerza, y que quería sentir como chapoteaba mientras lo movía, y que chupara con más fuerza. Mis papilas gustativas se enredaban en un néctar exquisito, y sentía como mi lengua se ponía trapoza y se empalagaban mis labios sintiendo el mismo olor de hace un rato, pero más puro y cristalino, real gusto meloso y salado. Toda mi boca se llenaba de su gusto, de su sabor, y mi nariz se mojaba dejando salir ese aroma sublime que penetraba en mi cabeza, sus gemidos se volvieron gritos, jadeaba descontroladamente, mi mano masturbaba mi sexo con fuerza, y ella grito ahogando sus gritos y gemidos hacia su vientre que empezó a saltar sin control como el oleaje del mar en una noche de tormenta hasta que sentí como entraba a mi boca un torrente bizcoso que lleno toda mi garganta abligándome a tragar para no ahogarme porque sus manos sujetaban mi cabeza empujándome hacia esos labios hinchados y carnosos endurecidos por el accionar de mi boca.... y chupe y chupe hasta que ella cayó sobre sus espaldas rendida y temblando aún después de varios segundos, hasta que sus manos liberaron mi cabeza dejando que una bocanada de aire entrara por mi boca y nariz. Me puse de rodillas frente a la cama mostrándole como mi mano agitaba mi sexo mientras ella me rogaba seguir, hasta que mi cuerpo sintió que no se controlaba dejando escapar chorros de semen sobre sus medias de seda francesa... caí entre sus muslos aún abiertos respirando sobre su sexo mojado, mientras ella acariciaba mis cabellos desordenados. Luego me pidió que la dejara sola. Se dejó caer sobre el respaldo cerrando sus ojos mientras volvía yo a mi cuarto.
Su olor y sabor quedaron en mi cara, mientras me tiraba en mi cama para dormir. Mis manos recorrían mi cara esparciendo su bizcoso liquido por mi rostro y recogiendo cada gota que quedaba para llevarlo a mis labios, mi nariz guardaba ese olor como un tesoro. De ahí no supe más hasta varias horas después cuando desperté en mi cuarto medio desnudo, pero con una fragancia sublime en mi mente.
Gustab, en recuerdo de Isabel.

martes 24 de febrero de 2009

El Seminario...

Todos tenemos un secreto muy guardado, quizás hasta olvidado, pero hoy ante la pregunta de una seguidora les voy a contar el mío, pues alguna vez se me ocurrió contarle a alguien que jamás supo guardarlo.
Egresé joven de un colegio cristiano, de raíces hispanas, tenía apenas 16 años. Como buena familia de ese origen, todos guardaban un hijo para la iglesia, o soñaban con entregarle un hijo.
Mi vocación empezó un día lluvioso de julio, y durante meses lo oculté a mi familia, pues no era precisamente el perfil de un religioso. Pero antes de que terminara el año conversé con un sacerdote, que como complice, se aseguró que postulara a mis deseos.
Entré un verano caluroso ante la negativa de mi padre, y una madre que no sabía que pensar. Me trasladaron a provincia, muy cerca del mar, Melipilla, y junto con algunos jóvenes algo mayores que yo, entre un 15 de diciembre. Durante meses me aboqué a tareas de la vocación, encerrado entre cuatro murallas frías y sin calefacción, mucha oración y algunos deberes que se me habían asignado.
Tras estas envejecidas murallas se fue generando una historia que hoy voy a contar. Estas eran grises, propias de la vida en claustro, una solitaria y desnuda cruz, adornaba este ambiente de vocación, y el techo era muy blanco, pero muy mal pintado, pues la pintura se había englobado con el pasar de los años. En verano, era muy caluroso, y en invierno, el frío te penetraba sin compasión. Ahí pasé un año, tratando de no pensar en nada que me distrajera de mis labores, pero con un rincón de mi mente que se disparaba en sueños típicos de la libertad. Y llegó un verano más, el calor se apodero de las hasta entonces frías murallas de adobe. Un día desperté desnudo sobre mi cama con una erección que dolía de lo hinchada que estaba. Mi mente dibujaba el cuerpo de una mujer que había visto revoloteando por el seminario, una mujer que recogía moras y luego de la cosecha se retiraba al río para bañarse desnuda, María, se llamaba esta mujer que hoy aparecía ante mis ojos ensoñados en el día más caluroso de mi vida. Nombre bíblico; santo y pecador a la vez.
Algunas veces me la topé en el camino que me llevaba al pueblo, donde compraba los víveres del mes, harina, vino, etc.etc. Ahí estaba, como siempre, con sus manos moradas por el jugo de los frutos, y sus labios color purpura de alguna que otra que no caía en el canasto, sino los dedos la desviaban a la boca. Era muy niña, pero en el campo, la mujer se ve diferente a la ciudad, ella representaba unos veintitantos, cuando sólo alcanzaba los quince o dieciséis. Siempre con el mismo saludo... Hola padre Cristo, como amaneció hoy...- yo trataba de guardar el recato y contestaba, buenos días hija... y continuaba mi camino... Me decían padre Cristo en el seminario, aunque estaba lejos de serlo. El nombre venía de una extraña arruga que se formaba en mi frente cuando fruncía el seño. Y no era nada regular, parecía una cruz, con una vena que al arrugarse formaba algo parecido a un Cristo crucificado.
Ese día del que les hablaba, el calor hacía lo suyo, y la desnudez lo de ella, no quería entender nada, solamente corrí por el campo hacia el río, y como hacíamos con nuestros compañeros encendí un cigarrillo lejos de los ojos del padre Pío, sin antes rodar por una pendiente que me llevaba directamente al río, donde las raíces que sobresalían de la tierra, fueron cortando mi espalda seguidamente. Cuando logré calmarme, y dejar de correr, me senté en una roca mirando las aguas correr de un lado a otro con extraña calma. Ese ruido me tranquilizaba, y el silencio del lugar prendía paz en mi alma. A pocos pasos de ahí sentí chapoteos en el agua, era María. Se bañaba desnuda flotando en el agua a la deriva. Pareció que mi corazón se detenía para siempre, al parecer ella no me había visto, pero luego descubriría lo contrario. En silencio disfruté la vista del pecaminoso cuerpo que flotaba en el río. Su dorado cuerpo acusaba una gran exposición al sol por años, y sus cálidas formas me decían que aunque pareciera una niña, su cuerpo era el de una mujer. Sus senos eran como dos duraznos endurecidos, su cintura era delgada y su columna muy espigada, Larga ... interminablemente hermosa, la que terminaba en unas carnosas nalgas tan morenas como su piel. Creía yo que no me vería si me acercaba un poco más, su nariz respingona y gruesa golpeada por las ínfimas olas que formaba el río, se habrían una y otra vez tratando de mantener fuera el agua. Algo la hizo voltear, y repitió como siempre,- Buenos días padre Cristo, como amaneció hoy?...- y se hundió en el río para voltear y mirarme chispeantemente a los ojos emergiendo del agua. Se quedó con los pechos desnudos flotando con el agua, mientras sus pezones se mostraban duros y jóvenes saliendo una y otra vez. No respondí, estaba paralizado por el miedo, y ella continuó...- ¿ qué son esos nudos que lleva atados a su cordel? ¿ esos, los que afirman la sotana...?...- respondí con temblorosa voz..- no son nudos, son votos, promesas, que no debo olvidar... castidad, pobreza, ... no..no lo entenderías.-y guardé silencio otra vez. - Hay sangre en su sotana.- corría la sangre producto de los golpes que me había dado, quise que se olvidara, pero insistió en curarme. Bajé la sotana hasta la cintura, y dejé que me curara después de mucho ella insistir.
Mojó su calzón para pasarlo por mis heridas, eso dolía, ardía como si cortaran una vez más la piel. Mientras temblaba de dolor ella repetía..- Hay padrecito, que piel más suave tiene...- hasta que sentí como su lengua limpiaba mis heridas...tibia y juguetona, las recorría una y otra vez, y sin resistir la tentación, me dejé caer sobre sus piernas desnudas...hasta que sus labios se posaron sobre los míos...... mi cabeza ardía, mi corazón latía sin control y mi sexo... mi sexo... Más cerca del infierno que del cielo, mi cuerpo dejaba escapar el alma, para dejarse llevar por la carne y sucumbir al pecado... Los rostros de miles de personas pasaron por mi mente, pero ya ardía en el fuego y dejé que mi alma se perdiera entre sus caricias, besé, bebí y comí de su cuerpo por mucho tiempo, hasta que sentí como sus piernas se habrían para dejarme beber de su cáliz, mientras ella bebía del mío...
Perdón por el caliente relato, pero si no lo cuento así, no sabrán porqué renuncié a mis votos, para llegar a convertirme en el escritor que hoy les cuenta este secreto...
El sabor que soltaba su sexo se convertía en el más sabroso de los bocados, en el elixir sagrado, en el secreto pecado. Sus caricias encendían cada retazo de piel sana que había quedado, mi sexo pulsaba como el demonio mismo, mientras sus gruesos labios sacaban toda la pasión contenida, hasta que se desíso entre sus dedos botando todo aquello que hasta ese día conocía y además creía, como aquella primera vez en casa de mis abuelos. Luego vinieron sus gemidos cortando el silencio con encantadora precisión, mientras los ruidos del agua y el piar de las aves, desaparecían para llenarlo todo de bramidos salvajes. Su boca soltaba el aire entre pequeños gritos, mientras yo seguía bebiendo de ella, hasta que sus manos cayeron al suelo apoyando el desvanecimiento que se hacia inminente. Entre resoplidos fue a caer a mi lado, mudándose quieta sin decir palabra alguna. Luego de un rato de escuchar al río, le pedí que se montara sobre mí, y mientras observaba sus bellas caderas moverse cadenciosas sobre las mías, mis manos recogían sus senos con extraño placer hasta ese día desconocido, para deleitarse con sus redondeadas y carnosas formas, mientras mis labios recogían esas gotitas de néctar biscozo que salía de ellas. Durante unos instantes se movió con tranquila ligereza, hasta que el demonio le entró en el cuerpo enterrándose en mí, hasta que mi cuerpo soltó con fuerza una vez más todo el jugo de la vida, para llenar cada rincón en su interior con precisión absoluta, jadeando sin control una y otra vez, y quedamos vacíos y sin sueños, sin vida espiritual alguna, pero con un inmenso placer que me alejaría para siempre de las palabras y juramentos que alguna vez había dicho o hecho.
De vuelta en el cuarto de oración, sentí que ya nada era lo mismo, que las oraciones no tenían sentido, y que el perdón no era algo que ocurría por ser un religioso, sino que por ser un ser humano, y valga la redundancia, un ser humano.
Me saqué y doble la sotana con delicadeza, besé los cordones y desaté los nudos con cuidado, y me alejé de ese lugar para siempre renunciando a todo por un largo tiempo. Mientras me miraba al espejo y tocaba las arrugas de mi frente, me preguntaba porqué...

Gustab, En reconciliación.

sábado 21 de febrero de 2009

Morena.




Había descubierto su soledad. Cada mañana subía a la asotea, se quitaba la ropa, y miraba al puerto. Su cuerpo ya no era el de una adolecente, pero mantenía intacta sus facciones de mujer, y aunque ya nada estaba en el mismo lugar, no dejaba de seducir a una simple mirada.


Sólo me acerqué, no estaba sorprendida de verme, y su cuerpo despedía un fuerte aroma. Sus ojos cabisbajos no dejaban de mirarme, mientras su piel se desprendía en granos al sentir la brisa del viento en su cuerpo, la sal se prendía en su cuerpo, el sudor de la noche anterior, aún permanecía en su piel, el sol seguía quemando su figura morena, y sus cabellos se mecían con el viento. Oscuros sus ojos, no dejaban de mirar al mar, el puerto la saludaba con las sirenas de los barcos en esa fría mañana de neblina. Las gotas de humedad se iban adhiriendo a su cuerpo frío.


Respiré profundamente y me acerqué para rozar su piel, la que agitada por el roce de mis dedos, parecía desprender un aroma aún más fuerte. Olía a sexo, profundo, voraz. Hormonas les llaman, pero ese lenguaje técnico, no le hace honor a ese aroma. Mis dedos subieron desde su vientre hasta sus senos disparados y duros. Levantó su cabeza y miró a mis ojos. Mirada permisiva, candente y deseosa. Sonrió, mientras mis dedos volvían a bajar para recorrer su exquisito vientre, éste serpenteaba a cada desliz de mis dedos, hasta que se perdieron entre sus bellos púbicos, los que se enredaban entre mis dedos. Luego como un gran equipo se unieron todos para bajar entre sus muslos humedecidos por el rocío de la mañana y el espeso néctar que fluía desde su interior, excitada, impúdicamente atractiva, hasta hundirse entre sus labios hinchados. Empalagosa sensación, resbalosa, lúdica, suave como la miel y resbaloza como el aceite. Luego busque la primorosa cabeza que asomaba entumecida. Ahí estaba, asumida como un atractivo cuerpo de mujer. Fueron mis dedos los que hicieron que sus rodillas temblaran mientras se escondían en la tupida y salvaje selva de sexo y deseo. Gemidos bañaron la soledad de la asotea, y sus cuerpo empezó a moverse al ritmo cadencioso que le inyectaban mis dedos. Su boca babeaba de placer hasta que sus piernas no resistieron el peso de su propia humanidad y cayendo de rodillas ante mi, dejó que su boca se apoyara sobre mi sexo. Sus manos no tardaron en buscar mi desnudez, y desabrochando mi pantalón, dejó que éste cayera, para tenderse de espaldas en el frío cemento de la construcción. Me acercó tomándome de las caderas para que mi cuerpo se enterrara en ella. De ahí sus manos hicieron todo el trabajo. Aferradas a mis nalgas me insinuaban el movimiento que ella quería, mientras sus labios sólo se dedicaban a gemir palabras de deseo. Deliciosa sensación, ese cuerpo sabía exactamente lo que quería, y mi cadera giraba produciendo contracciones en sus muslos que no dejaban de aferrarse a mi espalda. Sin darme cuenta de como pasaba el tiempo, me dejé llevar....


Las convulciones no demoraron en llegar, su interior fue bañado entre sabrosos quejidos de mi boca, mientras mi vientre convulcionaba a cada pequeño movimiento que ella producía, y no dejé de convulcionar hasta sentir como sus piernas me ataban para no dejarme escapar de sus deseos y en ese momento me apreté a sus sexo dejando salir todo aquello que le aprisionaba su corazón, y temblando entre jadeos, nos fundimos como una pieza de metal forjada a fuego vivo.


No quise levantarme cuando ella se fue, ahí desnudo en el frío suelo, la vi salir del lugar, mientras sus muslos iban dejando escapar un suave néctar que goteaba entre sus carnes y sus nalgas se remecían a cada paso que daba. Al verla como se agachaba a recoger su ropa, no pude dejar de mirar el brillo que tenían sus vellos al caer el sol que emergía para iluminarlos, morenos, crespos y deliciosos. Me miró, sonrió y desapareció por la pequeña puerta de la asotea.

Gustab.

martes 27 de enero de 2009

La dama del tranvía...

No recuerdo cuando dejé de ser feliz, no recuerdo cuando fue la última vez que le alcance las nalgas a una mujer sólo para probar cual sería su reacción. Y aunque las he tocado toda mi vida, esas que tocaba antes por deporte, ahora, siempre actúo a la segura.
No recuerdo cuando deje de seducir con mis palabras y crear en las mujeres ese deseo oculto que esconden todas. Ellas que siempre se sonrojaban y luego soltaban una cachetada para decir que no, pero que luego se cruzaban en tu camino para que las volvieras a pellizcar.
Eso volvió a ser. Hoy se cruzó una de estas señoras en mi camino, mayor, tan mayor como seductora.
Las delgadas telas de su vestido me animaron como en esos tiempos. Al subir al tranvía, la vi del principio del vagón. Tan señora y compuesta como su facha. Me acerqué para mirarla de lejos, su delgada blusa oscura delataba la piel desnuda al otro lado de la costura. Ahí me quedé, fijos mis ojos en el escote de su vestido, y esos pezones que acusaban una excitación por esa mirada. A cada frenada del carro, sus senos temblaban como gelatinas, pero no perdían su hidalga figura. Carnosos y redondos como dos balones de basket. Era tan exquisita esa imagen que no tarde en caer en trance, mientras otros empujaban atrás para abrir espacio en el carro. Su cuerpo se fue acercando al mío produciendo temblores en mis manos, hasta que estuvo al alcance de mis manos. Sudadas por la imagen de esa mujer, deje que estas cayeran hacia abajo quedando al alcance de sus nalgas. Lo demás es sabido. No demoraron en perder la tranquilidad y se posaron delicadamente sobre sus carnes duras pero blandas a la vez, o debo decir firmes. Pude sentir como su piel se acomodaba a la forma de mis inquietas extremidades, y las dejé ser. Posada sobre el delgado vestido, la diestra fue recorriendo sus voluptuosas formas, y sin apartarse, dejo sus glúteos descansar en ella. Sentí como sus nalgas se habrían entre mis dedos, nada había entre ellas. Desnudas bajo el oscuro vestido, se dejaron acariciar eternamente, hasta que una frenada del brusco carro, dejó que estas se apretaran contra mis genitales haciéndolo crecer como aisberg que emerge del artico mar. Sentí el roce de su carne que envolvía deliciosamente el erguido miembro oculto, también desnudo tras las telas, moda que había adquirido en Buenos Aires cercano al mar del plata, de turistas europeos que alivianaban sus maletas para recorrer el mundo de la forma más liviana y menos trabajosa. Este tiritaba entre sus nalgas, que curiosamente, como ventosas, envolvían mi sexo hasta sentir el calor de su piel. Nada demoró en tomar un curioso vaivén la compuesta dama. Las frotaciones se fueron intensificando sobre mi verga como una segunda piel, mientras mis manos distraídas iban levantando sus faldas entre el congestionado carro del tranvía. Su perfume entraba por mis fosas nasales hipnotizando mi mente que se dejaba llevar por los acontecimientos. Cada roce era una provocación para seguir adelante. Por un momento parecía que perdía el conocimiento. Y no resistí más. Mis manos se dejaron llevar, deslizándose por su ligero rozando suavemente su piel, y recorriendo sus caderas alcancé sus senos, para estrujarlos entre mis manos. Ella se apretó a mí, y sin inmutarse, llevó sus manos hasta alcanzar mi sexo embrutecido, y bajando el cierre, se introdujeron, para con ligeros apretones y caricias , hacerlo explotar en sus manos. Luego limpió el resultado en el interior de mi pantalón, hasta que unos curiosos ojos de una colegiala se clavaron en sus senos, que eran recorridos descaradamente por mis manos sin vergüenza. No demoró en voltear para soltar su mano desocupada sobre mi rostro, al momento que mi sorprendida mano se agarraba entre sus piernas para no caer, y tan bien agarrada quedó, que su cuerpo se estremeció, para soltar con sorpresa, un chorro que corrió por sus piernas.
Lo sub-realista de la imagen en el tranvía, hizo que las otras damas que iban en el carro, gritaran como locas escapando del manicomio, a la vez que sobre mí, caían una lluvia de manotazos de los supuestos caballeros que nos rodeaban, hasta dejarme caer peligrosamente sobre la loza del paradero.
Todo fue muy loco, pero la adrenalina que liberé, fue tan agradable como la sensación de haber tocado esa piel lozana de mujer llena de experiencia y seducción. Me pregunto ahora, ¿ qué estará sintiendo en estos momentos esta señora?....

El tranvía se alejó golpeando los rieles, mientras que los duros adoquines enfriaban los golpes que sentía.


Gustab, atrevido.

martes 20 de enero de 2009

Seducido por la muerte.



Son las 4:30 de la mañana, no he logrado pegar un ojo. Soñoliento me asomo por la ventana, el puerto esta en calma... Escucho algunos tacos golpear sobre los adoquines, van rápido, como huyendo de la oscuridad. tomo mi cuaderno y un lápiz, salgo de amanecida. Mis pasos se apuran en alcanzar las escaleras de piedra, no quiero mirar hacia atrás. Por los cerros busco el camino a los acantilados.
Hoy me siento tan débil, tan frágil... tan frágil, que un alfiler me quitaría la vida. Un simple alfiler. Estoy desnudo, hace frío, y el mar deja escapar su estruendoso vozarrón golpeando las rocas abajo, como si quisiera llevarlas mar adentro. Desnudo, si,... porque uno se viste cuando tiene que cargar algo en los bolsillos, yo no tengo nada que cargar. La soledad me acoge, si, muchos otros en estos momentos quisieran estar con sus padres, o algún ser querido, yo no. Me siento tan sólo Dios mío, hay tanta rabia en mi corazón, tanta frustración, tanta soledad. Vacío, si vacio..
Al acercarme a los acantilados, siento como el viento penetra mi piel. Silva sin compasión,... o con pasión... no sé. Me siento en una húmeda roca bañada por el rocío del mar, aquel que sueltan las olas cuando golpean y se levantan más allá de tu imaginación. Voraz, el mar esta voraz, ruge con fuerza bajo mis pies... el silencio de la mañana me embarga, más las olas no dejan escuchar nada más. El mar seduce, abajo los remolinos se tornan verde profundo, gris, y la espuma lo cubre todo.
¡¡¡Dios, que soledad!!! ... que triste soledad.
Se levanta niebla a lo lejos, en los cerros, allá, donde el acantilado cambia de nombre. Algo camina hacia mí, una silueta hermosa. Entre nubes la logro distinguir, es una mujer morena.
Viste un neglillé negro, su pelo negro flota en el aire, el viento la peina y despeina, sus redondas caderas, sus grandes senos, su piel salpicada de gotas , rizada por el frío. Sus grandes ojos negros, y las pestañas que los cubren. Sus rojos labios brillantes, su apagada voz.
El viento silva, y va levantando las telas delante de sus piernas, dejando entrever los vellos pubianos, su escondido sexo.
Majestuosa soledad,... y yo desnudo sentado en estas mojadas rocas,heladas, frías como la nevera del viejo café.
Al llegar a mi, se detiene, mientras el viento, sigue jugando con su vestido negro. Sus traslúcidas telas dejan ver los endurecidos pezones, sus firmes senos, y su delicado vientre moreno. El viento la dibuja como un pincel, y sus labios vaginales se asoman tras las jugarretas del viento. él trae su aroma hasta mis narices, mientras mis dedos se deslizan por sus pantorrillas tratando de alcanzar su sexo. Al llegar a sus muslos, puedo sentir la tibieza que arranca de su interior.
El mar me llama, me acerco a los acantilados, ella me toma de la mano y me invita a saltar. Puedo sentir el agua bajo mis pies fríos, ella sonríe... no siento mis genitales... mil rostros saltan a mi mente, mis dedos se cierran, siento como mis uñas se clavan en mi piel. Algo nace en mi vientre,sube por mi cuerpo agolpándose en mis pulmones, mi garganta no lo deja salir.... de pronto mis labios se abren y un grito quiebra el silencio...........
Estoy sólo, sólo... vuelvo a los acantilados ... miro el mar... abro mis brazos, y vuelvo a gritar... siento como mi cuerpo tambalea, se mece con el viento...siento la sal entrar por mis poros y el frío por mis huesos...tomo vuelo y me voy hacia el vacío.... mi cuerpo se moja tirándome hacia atrás y un golpe cierra mis ojos, mientras mis labios guardan silencio, todo es oscuro, todo silencio... ya no hay frío, no hay dolor............
No siento mis genitales....no, no los siento... sin embargo puedo sentir que a lo lejos, ellos están tibios.... y un gemido los acompaña.
Escucho algo, si, dos palabras... que es...que...

-Estuvo cerca.
Vuelvo a sentir tibio mi cuerpo después de un tiempo indeterminado... mis genitales vuelven a latir, una suave caricia lo despierta...una mano suave lo calienta, unos dedos largos los dibujan.
Mis ojos se cierran... sólo puedo escuchar los latidos de mi corazón.


Gustab, seducido por la muerte.

miércoles 31 de diciembre de 2008

Crisis económica...

El mundo se encontraba en jaque, wall street caía irremediablemente, las bolsas europeas seguían de lejos los movimientos que se daban en USA, y aquí la cosa no era distinta, los políticos anunciaban nuevas medidas para detener la caída, pero los empresarios locales no esperaban.
El desempleo hizo crisis, y yo no lejos de esa realidad dejaba el diario El magazim el día 31 de Diciembre, como para esperar un muy buen año nuevo. Reducción de personal fue la escusa, noble a mi personalidad, no dije ni discutí nada, entregué mi puesto y me encamine hacia las escalinatas. Ya era tarde, el sol se perdía en la linea del horizonte, y las luces del puerto empezaban a titilar a lo lejos, como un inmenso árbol de pascua se encendían los faroles uno a uno, cumpliendo la trágica frecuencia.
Entré al bar sin decir palabra, pedí un vaso de aguardiente y me dejé llevar por la circunstancia del momento. Al final de la barra había una mujer cabizbaja, un anís mojaba sus labios haciéndolos brillar por el dulce néctar. Mi mirada se perdía y aislaba de los demás parroquianos sin notar que hubiese más gente presente. La vida se venía encima, tendría que pensar como sobrevivir a este momento sin cargar una bala en el viejo colt heredado del abuelo. Ella hizo el intento de levantarse, pero la fila de vasos que se alineaban en el mesón no la dejaron, yo ya llevaba unos cuántos en el cuerpo. Me acerqué a ella y la levanté de un brazo, le pregunté donde vivía y salimos del bar sin rumbo fijo, una botella de ron se escondía en mis bolsillos. Caminamos cerro arriba buscando un lugar donde sentarnos. Caminamos largo rato hasta que enfrentamos la puerta de un viejo hotel, el Riviera, conocido por los revolcones de marineros y prostitutas de la ciudad.
Al entrar, el olor a encierro se pegó a nuestras narices, el portalón de madera y lata, nos presentaba una vista desordenada, la cama estaba aún desecha, nos tiramos en ella mirando el oscuro cielo del cuarto, donde en los rincones las telarañas adornaban la vieja pintura enmohecida, y con rasgos de hongos por la humedad.
El ron salió rápido de mi bolsillo, lo abrí para sorber un trago, el cuerpo de ella estaba tirado a todo su largo sobre las brazadas, y sus vestidos enrollados por la dura y descentrada caída en la cama, dejaba sus enaguas a la vista, mientras sus muslos separados mostraban su sensual secreto escondido entre costuras corridas por la incomoda posición.
Mis manos no se detuvieron ante el espectáculo, y se deslizaron bajo su falda para sentir la suavidad de su piel. Hasta alcanzar las bombachas de delicada seda. Las yemas de mis dedos pudieron sentir como sus vellos se escondían bajo la delicada tela, crespos y enredados, fueron escapándose al roce de mis manos, mientras mis manos despejaban los elásticos para ver su moreno color. Mis uñas se enredaban entre los cabellos rizados de su intimidad, hasta sentir la piel viva dejando escapar el jugo de su interior. Bajé la delicada tela para hundirme en su humedad, y sorber del interior el fuerte sabor. Sus gemidos se perdían entre las cuatro viejas murallas del cuarto. Luego ya desnudos ambos y borrachos por el alcohol, nos dejamos amar libremente. Su rozada piel era como la seda de oriente, tan suave como el aceite de miel que cubría su piel para mantenerla joven. Los sabores y la fragancia, nos hicieron olvidar lo patético del lugar. Los cuerpos enredados por la pasión y el sexo se fueron prendiendo en fuego , hasta enterrarse en uno dentro del otro, las manos urgaban entre sus plieges haciendo brotar de sus labios gritos de placer, y desenfrenada, engullía con su boca cada pedazo de prendida carne que erguida entre mis piernas clamaba ser devorada por sus labios. Volví a enterrarme entre sus carnes para saciar mi fuerte apetito sexual, hasta que los jugos del intenso momento lo inundaron todo para caer rendidos sobre las rasgadas sabanas del hotel.
Esa noche se volvió eterna, no había mejor manera de pasar la depresión, los vaivenes de nuestros cuerpos incendiaron de calor la fría habitación, y los gemidos y sútiles quejas acompañaban el silencio del lugar. De pronto las luces de los fuegos artificiales iluminaron el oscuro y nublado cielo del puerto, para convertir esa noche en la última del año.
Al despertar el puerto ya escondía otra historia más de amantes desconocidos, que ni siquiera, el nombre de cada uno conocían.




Gustab, sin trabajo y en depresión.



jueves 27 de noviembre de 2008

El vuelo dulce del colibrí...

De vuelta en el puerto, vuelve la tranquilidad, busco el espacio para detenerme y pienso......






Hoy estaba sentado en el jardín de la plaza de armas, mucha gente revoloteaba por el lugar. Los elegantes sombreros de copa alta y los sombreros de las damas, pintaban de hermoso colorido el lugar. Los casquillos de los caballos que tiraban de las victorias, marcaban el compás del lugar. Era una hermosa mañana primaveral, los jazmines y rododendros ponían esa nota de fragancia tan particular. Los jardineros de la municipalidad, regaban y arreglaban los frondosos árboles del lugar, todo transcurría en un tiempo cansino. La tierra mojada aceleraba los sentidos, sólo el táctil y el sabor no se habían echo presente. Curioso, pero no tardaría en llegar.

Sentado en la banca de la plaza, dejaba que el tiempo se detuviera envolviendo de escenas brillantes el lugar. Un vuelo caprichoso de un colibrí llenó el lugar. Este revoloteaba afanosamente entre los azahares del lugar, Las Fuccias le coqueteaban a lo lejos, abriendo sus pétalos e invitándolo a probar.

La vista se aferró a su vuelo, y lo seguí entre las flores sin despegar la vista de él. Se detuvo frente a una flor, sus alas se batían mientras su cuerpo permanecía inmóvil.... que destreza...que habilidad. De pronto una imagen se disparó en mi mente. Podía entender porqué había tantas mujeres insatisfechas en este mundo. Yo muchas veces me había detenido a observarlas, la manera en que se acercaban a una flor, como eran capaces de detenerse en el tiempo y el espacio, la manera que agitaban sus alas creando ligeras ventiscas en la flor... Esta avecillas invitaban a las flores a abrirse ante ellas para recibir la más exquisita de las caricias. Su lengua entraba en ellas con tanta delicadeza, que hacían gemir a las flores. Éstas soltaban su fragancia para abrirse a las caricias susurrantes de su habilidad. Los pétalos entregados al roce de sus picos, dejaban escapar el exquisito olor, para luego soltar el néctar de su interior, para que estas aves bebieran de ellas los más sabrosos sabores que le iban regalando a cada sorbida de la afanosa lengua de delicada suavidad. La clave a mis ojos estaba, en la menera que agitaban sus lenguas, nunca era igual hasta que estas empezaban a soltar el sabor. Sus primeros movimientos eran rectos, directo al centre de la flor, luego esa lengua se agitaba en todas direcciones, una vez en diagonal, luego vertical, después en círculos exquisitos, hasta que la flor se rendía a sus deseos, hasta extraer de ellas todo lo que soltaba su interior... ese espectáculo era hermoso, y de ellas aprendí a acariciar a una mujer, a beber de ellas, a extraer todo el jugo que pueda haber en su interior, es así como me acercó a ellas, lentamente, luego soltando el aliento tibio entre mis labios, las invito a separar sus piernas para entregarse a mis deseos y a lo más íntimo de sus fantasías. Luego el banquete que hago de esa labor las invita a soltar su ternura, a abrir su flor para que suelten el aroma que de ellas escapa, el sabor que sus gotas intimas derraman, la suavidad que ese néctar va dejando sobre su piel... me alejo para mirarlas abiertas, me acercó para hacerlas temblar, para que mi lengua suave roce su piel, luego las olas se apoderan de su vientre, y el mar de pasión se vuelve tormentoso y agradable para sus caderas. Finalmente ellas lo dejan escapar todo, y como el colibrí, lo guardo entre mis labios para besarle su boca y devolverles su sabor.... de ahí siento y veo como sus ojos se cierran, el mar vuelve a la calma y busco una nueva flor....

Las campanas del tranvía me despiertan de este trance, es la hora del café... su aroma golpea mis narices, ¿con qué le iré a acompañar hoy?.....

Gustab, alma libre.... como el colibrí.

martes 25 de noviembre de 2008

Malena....



" Algún día escribiré un poema que se limite a pasar los dedos por tu piel"... eso leía cuando sentí herizarse mi piel, ahí, detrás de la barra estaba ella... de rostro cabizbajo ... de ojos cristalinos y una sonrisa entre lágrimas. Entre sus dedos, una boquilla de mentolado aroma a tabaco inglés. Alguien me habló alguna vez de una mujer de sensual mirada, poeta, y que se pasaba los días tarareando algún tango encontrado por ahí, en alguna vieja fonola de quizás que bar..., al otro lado de la barra..., su procedencia no la sé, le llamaban Malena, aquella que alguna vez inspiró un tango...Me acerqué a ella y........

Las luces de Buenos Aires se apagaron de una vez, el bar a oscuras dejaba escapar lamentos de los parroquianos que estaban allí:

- Muchachos el toque de queda a caído una vez más...-

Las farolas de la entrada al bar fueron encendidas para proteger la salida, y los ánimos se calmaron, voltee para mirar a Malena, ahí sólo unas brazas de un cigarrillo aún anunciaban su presencia, le quise hablar, pero de la oscuridad se escucho la voz de un tango ensordecedor, el bandoneòn inundó el lugar, volví la vista para mirar, era Carlos, un joven que recién empezaba a cantar, pero con una voz que enmudeció al lugar, impávidos escuchamos la música y la voz que parecía llorar los viejos amores perdidos de algún cristiano enamorado...Volví para entrar en conversaciòn con la morena de la boquilla mentolada, pero ya no estaba allí.
La soledad se apoderaba de mi alma y mis lánguidos ojos no dejaban de buscar. El opio nublaba la mirada, y ella no estaba.
Una canción tras otra fue mareando el lugar, la vista nublada no dejaba escapar ni una sola mirada más, pero volvió la luz a la capital, y en un rincón del bar, la chica Malena levantaba sus vestidos para sacar una nota del portaligas envuelto en encajes, un mozo la tomó, y ella se perdió tras las cortinas de terciopelo azul. Al rato el mismo muchacho se acercó para entregarme la nota en mis manos, y se alejó sin decir nada, la mano estirada quedó arrugando un viejo billete sin poder entregar una propina.
Al leerla sólo pude descifrar un número, el 202, y tres letras que terminaban una palabra ...ero. y alguna T perdida entre las arrugas húmedas que hacía el papel. Quebrada la nota por el sudor de sus piernas se volvía ilegible, pero supuse que se trataba del número de una habitación y que la T y el ...ero, era un te espero.... corrí por el pasillo que llevaba a las cortina de terciopelo y una escaleras me hicieron tropezar. Al llegar al segundo piso, divisé el dichoso número, 202, y una puerta comida en parte por las termitas y su olor a humedad, estiré el puño para golpear, pero algo me decía que sólo debía entrar... mis manos se aferraron a la vieja manilla de bronce, y la puerta se abrió sin esfuerzo alguno. El humo choco con mis narices y el olor a tabaco inglés mentolado me anuncio , que mi instinto me había llevado al lugar correcto. Al entrar, Malena estaba tendida en la cama desnuda, el humo se disipaba por la comisura de sus labios, la vista de la piba se clavó en la mía, y de ahí .... Me acerqué a ella, su cuerpo desnudo me excitaba, mis dedos se dejaron caer sobre sus dedos de los pies, estos se deslizaron por la delicada piel, mientras mis pasos recorrían su cuerpo extaciados. Su piel fue armando el camino, y mis dedos fueron dibujando su cuerpo hasta llegar a su vientre, sin antes enredarse en los crespos bellos que cubrían su entrepierna, al tocar ahí, su vientre empezó a dibujar pequeñas olas, y sin detenerse, mis dedos siguieron su camino. Estos se detuvieron en sus redondos y carnosos senos, para terminar en su rosado casquillo endurecido por el candente recorrido.
Las brasas del cigarrillo se desaparecían hasta caer al cenicero de cristal y apagarse para no volverse a encender. Su espalda se arqueó para alcanzar mi sudado pecho, y abriendo los botones de la camisa, su boca y labios se apegaron a mis pezones, sus dientes se clavaron en ellos al límite del dolor.... Luego estábamos acostados dejando que nuestros besos y caricias se explayaran con libertad. Me dejó caer sobre la almohada, y desnudo, montó mis caderas a pelo para dejarse llevar por el apasionado encuentro en la 202.....


Gustab, Amando a Malena.







lunes 24 de noviembre de 2008

El Hotel de la Barriada...



Una vez que logré recuperar la libertad, viaje a la capital para tomar un carro, que me llevaría a buenos aires. El frío de Santiago me hacía tiritar, aunque esta ciudad me fascinaba, no dejaba de pensar en aquellas calles fuertemente iluminadas, la humedad del hambiente que se apoderaba por las noches de esa bella ciudad, las tanguerías, los arrabales, los bares copados de cristianos enardecidos por el bullicio de la gran capital. Al llegar allá buscando la libertad, me encontré nuevamente un mundo que vivía de noche,calles adoquinadas como mi puerto querido, faroles a medio encender, ese aroma rústico del café fuerte, el ron, los perfumes que maleaban el hambiente, los choros tirados sobre el pavimento mojado gruñiendo las desgracias del mundo entre sus nudillos, ese vaso medio vacío, y el particular bandoneón que no dejaba de tocar, las pibas de cortas faldas a media luz y aquellas portaligas que nos hacían soñar, aquellas que ahogaban los muslos blancos de brillante carnocidad, ese mundo del cual habían tratado de alejarme encerrándome entre rejas, pero ese sería sólo unos días mientras en el puerto algunos me buscaban para hacerme regresar a ese lugar. Me gustaba el mundo que se habría a mis ojos, alguna vez teresa me había hablado de un barrio muy especial, En Buenos Aires, al este de la plaza Miserere, en la calle Junín, conocida como "La tenebrosa", se instaló una sucesión interminable de prostíbulos, donde los parroquianos dejaban volar su desenfrenado pensamiento carnal. En ese lugar Teresa decía que se acariciaban las más suaves y hermosas pieles de sudamérica, en ese lugar no se tenía sexo ni religión, y los colores políticos se mezclaban en orgías interminables.
Los enfrentamientos frecuentes de tauras y malevos trenzados en duelos criollos, chistidos de yiras y taqueras resonando en las calles surcadas de marineros entregados a los paraísos de la droga y del alcohol, homosexuales, fumaderos de opio regenteados por chinos y que motivaban la adhesión de un alto número de adictos, y algún tango rezongón sirviendo de música de fondo.
Existían los cafés de camareras, particularmente en La Boca; las mujeres que atendían las mesas, que vestían de negro, bailaban con los parroquianos, entre café y café, o entre copa y copa. Y también... en el mismo lugar se hacía el amor detrás de las cortinas, desde donde de vez en vez, se asomaban algunas piernas, que entre movimientos dejaban caer la bombacha negra con piedras incrustadas entre las telas, y los movimientos rítmicos de las cortinas, indicaban que la mina se agachaba para servir algún galán con laboriosos y apasionados labios de seductor grosor. Las nalgas se dibujaban en las livianas telas de aquellas cortinas, y el vaivén de la tela, indicaba el principio y el fin de una acalorada relación carnal. Más de algún malebo, se aprovechaba para tirar las manos a cada sacudida de cortina, para tocarle las carnes a las chicas del burdel, que sin distraerse, seguía en su apasionada labor.
En los cabaré de Buenos Aires, que no eran similares a los europeos, había reservados donde se hacía al amor; había algunos famosos, en el mismo centro de la ciudad. En uno de esos fuí a dar buscando las rosadas pieles que alguna vez habían servido de bocado para los hábidos labios de Teresa, donde, según describía ella, las chicas desnudas se paseaban en los oscuros pasillos del lugar buscando algún embriagado amante de bondadosa riqueza, para llevarse a un rincón a medio oscuras para sacear su sed y recibir algunos morlacos a cambio.
Al entrar, una chica de delicado cuerpo y hermosa piel, rozó mis labios susurrando sus servicios al oído de este escritor galán. Dejé que sus dedos se escurrieran por mis bolsillos, mientras sus manos de diestra habilidad, iban levantando el miembro entre las telas. Sus suaves manos me hacían vibrar, mientras las mías se deleitaban en sus redondos senos coronados por rosados pezones, y la otra entre sus muslos, deliciosamente perfumados, iban soltando una falsa humedad producida por aceites de vaselina estrategicamente untadas en aquellas partes que olían a aromas cítricos o jazmines en flor. Que delicia de piel, que delicada consistencia, que ricas carnes para degustar. Y fuimos a dar entre cortinas que olían a sexo y placer.
La maravillosa textura de sus labios, fue sasonando mis carnes desnudas que brotaban entre manos de delicada ternura y suavidad, hasta tocar sus amigdalas no dejaba de tragar, y entre ahogos y sofocos fue liberando toda el néctar salado que había acumulado por semanas dentro de mi piel. La corrida más exquisitamente trabajada me llevó a tocar el centro mismo del infierno, y a desear cremarme entre sus labios de ardiente pasión. Luego me pidió que me arrodillara, y sentándose en el borde de la mesa, me invito a hacerle sexo oral. Que consistencia más dulcemente salada, que carnes tan llenas de suavidad, ese era el paraíso de más singular escencia que jamás había visitado..... y así transcurrió mi primera noche en la ciudad luz del fin del mundo.

Sólo al día después desperté en la fría habitación de un pobre hotel de la barriada.

Gustab, en Buenos Aires.

martes 18 de noviembre de 2008

La brisa del mar....

Por fin había logrado escapar del mundo de barrotes, ella había dejado la puerta abierta, la oscuridad se disipaba y yo corría por los pasillos mientras los demás gritaban como locos. Aferrados a los barrotes gemían como verdaderos simios, otros ladraban como los perros. Entre gritos divisé la luz, los muros parecían juntarse al fondo, pero corrí sin mirar atrás, hasta que por fin de un golpe se abrió la última puerta de barras de fierro alemán fundido en canteras germanas.
La brisa del mar golpeó mi cara, y aunque oscuros los adoquines brillaban mojados por las lloviznas que se dejaban caer sobre el puerto. Ese olor a tierra mojada me gritaba que estaba en libertad, y las nalgas redondas de la última enfermera, habían dejado un aroma a jazmines sobre mis labios y nariz, un sabor profundo me impregnaba la boca. Era dulce y fuerte, fragante como un amanecer en primavera.
Estaba desnudo, ella se había guardado mis ropas para no olvidar esa última noche. Esa que había decidido que sería su última vez. Me dejó tendido en la cama luego de introducir la última pastilla blanca bajo mi lengua, luego besó mis labios y se despidió. Cuando sentí los fríos adoquines bajo las plantas de mis pies, pude reconocer la vida nuevamente.
Corrí sin rumbo por varias horas en la oscuridad de la noche, muchos de los faroles a Kerosene sólo soltaban un horrible olor que se mezclaba con el aroma a mar. En el puerto, un carguero alemán hacía sonar sus bocinas roncas en la soledad de la noche, todo me hacía volver a la realidad, a mi mundo, a mi alma... de pronto escuche una voz en el fondo de un callejón, era Ibón, la argentina que venia de Buenos Aires envuelta en elegantes abrigos de pieles, en sus manos una botella de agua ardiente que ella me ofreció. ¿Se acuerdan de ella?, alguna vez les hablé. A sus 50 y tantos, aún era una mujer hermosa, de gruesos labios, y voluminosos senos. Se sacó el abrigo de piel y lo puso sobre mis hombros. Me acarició lentamente, recorriendo mis pechos de rizados vellos castaños entre canos, luego me besó y preguntó que me había hecho. Le conté mientras servía de la botella. Ella sólo acariciaba mi piel enchida en granos de frío dolor, mi piel se erizaba a cada caricia que ella daba, y fue besando desde mi cuello para terminar en mi sexo endurecido por sus labios, y mientras disfrutaba del sabor que él retenía, decía:
- Pobre Gustab....- y hacía desaparecer mis gozos entre sus labios.
Yo bebía el agua que quemaba mi garganta mientras sentía sus gruesos labios gozando de mi cuerpo y el mezclado sabor de mi piel con las fragancias de la enfermera que había liberado mi vida tras un cobró que no podría eludir...
-Pobre Gustab...- repetía una y otra vez.
Cuando logró extraer la última gota de placer, dejó que me fuera sin dejar de decir esas dichozas palabras. Corrí escaleras abajo hasta llegar al mar, donde dejando caer el abrigo me sambullí para nadar desnudo entre las saladas aguas me mi mar......luego de un rato, volví por fin a mi departamento, donde el polvo lo cubría todo, la llave que escondía bajo el macetero, me sirvió para abrir.... ahí estaba la vieja royal con finas telarañas cubriéndolo todo, y una hoja enquistada entre el rodillo y el metal, que hablaba de Don Juan De Marco, y su última mujer... la que no lo olvidaba, pues su fragancia y temblor de voz, habían quedado grabadas en su alma para siempre. Pero no estaba terminada, me senté frente a ella desnudo, cubierto por el abrigo de piel, mientras mi cuerpo azulado temblaba por la humedad que guardaba mi cuerpo mojado... pero mis dedos endurecidos, temblaban ante las teclas de metal, sin poder golpear nada....... Ante mis ojos dos luceros verdes iluminaban mi cuarto, que aunque no estaban allí, calentaban mi alma.
Las voces del hospital, seguían golpeando mis oídos, no podía distinguir entre la realidad y la fantasía de mi libertad.


Gustab, después del infierno...

viernes 24 de octubre de 2008

Mi cárcel de cristal...

Siento el ardor por dentro, siento como el fuego va quemando mis vísceras, mi cuerpo se encoge con gran dolor… quema… quema… hoy la sangre brota desde adentro, sin aviso, sin sentir, el púrpura cubre mis desechos, y siento como la angustia se apodera de mi. Mi alma sangra por dentro, mis ojos lloran angustias, pero al caer la noche , la brisa del mar me alcanza, la brisa del puerto entra fresca entre los barrotes, pareciera que las olas golpean bajo mi ventana. Al encaramarme sobre la ventana, veo las luces del puerto titilantes a lo lejos, los neones se reflejan en los adoquines mojados y una que otra mujer de cortas faldas y portaligas negros me miran, sus caras llenas de angustia reflejan su desazón, ellas quisieran liberarme, pero saben que estoy preso de mis sentimientos, ellas quisieran responder a mis gritos de auxilio, pero los gritos se van ahogando en la noche porteña. Sangro en silencio, y las caricias de aquellas manos suaves que me atienden, suelen recorrer mi pecho desnudo, y cada caricia se convierte en dolor. Adormecido por las pastillas siento como bailan los adoquines en la noche.
A lo lejos, la luz de boulevard sigue prendida, como esperando que ese grito de angustia se pierda entre sus murallas.
Mi piel sigue prendida, mi estomago vuelve a arder… las gotas color rubí no dejan de caer, una tras otra se llevan mi vida, y los tachos que han puesto para recogerla se desbordan cubriendo las baldosas blancas del lugar… las enfermeras escuchan tras de las paredes blancas, la luz el puerto se refleja en el cielo de mi celda de cristal.
Siento como las aldabas de mi puerta rechinan en la oscuridad, una pastilla más en la noche, luego unas manos que van recorriendo el velludo vientre que se quema por dentro, hasta alcanzar con increíble ternura mi sexo que empieza a crecer entre sus dedos. Muere mi cordura, y me dejo llevar sin poder detener el recorrido frenético de las suaves manos que no dejan de tocar. Luego la humedad rodea la delgada piel que lo cubre, y el vaivén de aquel cuerpo de prominentes caderas, y el dolor apaciguado por los besos tiernos de aquella que poco a poco me empieza a matar. Su cuerpo arde como el mío, pero no sangra, sólo gime en la oscuridad de mi celda de cristal.

Gustab , sangra mi vientre...Quema.

miércoles 22 de octubre de 2008

Entre los barrotes...

" A través de la pequeña ventana,un cálido rayo de luz,calentaba el cuerpo desnudo de Gustab. Sus ojos semicerrados se dejaban acariciar por el cálido resplandor. Fija la mirada entre los barrotes buscaban liberarse, de aquella blanca habitación en la que vivía recluído desde hacía días. El sueño que le producía la blanca pastilla, le hacía caer minuto a minuto en sueños de resplandeciente belleza. La aguja cortaba sus muñecas para sacar la tinta que aún brotaba de las heridas.
Uno tras otro los poemas se ensangrentaban en las servilletas. Gustab, perdido en la depresión y la soledad esperaba que algún alma caritiva le liberara. ¿Cómo hacer para que sus notas se convirtieran en alas que le ayudaran a salir volando por los barrotes?, ¿Cómo hacer para que su propia sangre se convirtiera en el combustible para cargar la nave que lo llevaría a los brazos de aquel señor del que tanto le habían hablado cuando niño?.
Hoy atrapado por la soledad sólo espera el momento para volar y atravesar las nuves que le van a alejar de este orate mundo en el que fué a parar sin su consentimiento, arropado por frazadas de desconzuelo, y el cuerpo de alguna enfermera desnuda que había entrado por él."


-¿Porqué tanta indiferencia amigo Gustab? ¿ porqué tanto desconzuelo?


- Sueño con cerrar mis ojos para que no se vuelvan a abrir jamás, y no producir dolor a quienes algún día me amaron.


Gustab, para Gustab.

viernes 26 de septiembre de 2008

La ventana...


"Dejame entrar como cada noche por tu ventana, deja que sea la brisa que recorra refrescando tu cuerpo. Sentirás mi presencia cuando los vellos se ericen en tu piel.
Como cada noche abriré tu ventana, sin despertar tu sueño tranquilo. Me acercarè a los pies de tu cama, tiraré de la colcha que cubra el tesoro que vine a buscar. Sentirás como tu cuerpo se refresca al bajar las telas deslizándose por tu piel, serena y tranquila, tus ojos cerrados me esperaràn llegar."
Como un delirio, y detràs de las gruesas rejas de la prisión, deliraba Gustab, tras la atenta mirada de las enfermeras, mientras el cuerpo desnudo del escritor, dejaba que sus manos les posehieran.
" Abriré tus piernas y dejarè que mi sabor te recorra, que tu piel se abra entre telarañas de deseo, el jugo de la vida correrá por tu sexo càlido y abierto, beberé del manantial que florezca de èl..."
Así escribía en la pequeña servilleta, el la que la sangre de las heridas, servía de tintero para los poemas delirantes del escritor, y de pluma, una vieja aguja que habìa logrado esconder entre sus ropas roidas por el desengaño y la soledad.
Luego, las enfermeras dejaban caer en su lengua la blanca pastilla, que lo harìa desaperecer por una noche más, de la vida poco cuerda que le ayudaba a sobrevivir. Una de ellas comentaba el sabor de su semen, y el glorioso aroma de su deseo.
Gustab, tràs su ùltimo delirio.

sábado 30 de agosto de 2008

Colapso....

La angustia del frío y sombrío invierno en el puerto habían sumergido a Gustab en una profunda depresión. Las reiteradas embriagadas con agua ardiente y el fuerte tabaco que fumaba día a día, habían deteriorado la salud del escritor. Un mundo repleto de desenfreno erótico habían llevado al personaje a un mundo oligofrénico, casi tan distante como su razón. La soledad que le acompañaba lo iba arrinconando en un pasaje de su vida, donde los laberintos se sucedían uno tras de otro, donde las puertas se iban cerrando a su paso, hasta sumergirlo en una angustia que le arrancaba de cuajo cualquier atisbo de creatividad.
La empolvada Royal, con hoja enquistada, parecía predecir el rumbo donde el desaparecería hasta convertirlo en un alma delirante y congestionada de ideas inconclusas. Un alma sin rumbo determinado.
Sensuales imágenes ocupaban su mente, cuerpos desnudos que habrían sus piernas para ofrecerle cálidas caricias húmedas. El mundo del bacanal encuentro amoroso con el erotismo y la vulgaridad, lo convertían en un cuerpo sin alma, en un cerebro seco y sin vida. El prostíbulo mantenía las puertas abiertas para recibir noche a noche a este cuerpo ungido en sudor de hormonas que revoloteaban sin dirección determinada, listo para satisfacer las excentricidades de este lunático escritor. Las chicas se peleaban la figura indómita y salvaje para recrearse en los más bajos instintos que su mente pudiese crear. Dos, tres y hasta cuatro damas acompañaban sus locas noches de desvarío y desazón. Sus deseos eran cumplidos por difíciles y raros que pareciesen. Tres a cuatro bocas que recorrían su cuerpo haciendo temblar su alma, seis a ocho manos dispuestas a acariciar todo cuánto el cuerpo invalido les pidiese. Las chicas eran traspasadas en el límite de su imaginación, mientras la noche caía sobre el muelle maltratado por las olas tormentosas que se peleaban por romper, castigando los viejos tablones de roble enmohecido.
Sumergido en su erotismo desenfrenado, Gustab no dejaba de acudir a las vigilias orgiásticas del burdel. Buscaba respuesta a su loca necesidad de amar sin compromiso, de justificar su descuidada vida y su sequía literaria. Sólo los ojos verdes de aquella escritora lograban calmar su sed cuando se dignaba a acceder alguna de las invitaciones que el escritor le hacía. Pero su cuerpo siempre pedía más, terminando sin conciencia en las puertas del puterío local que se escondía entre las estrechas calles adoquinadas del puerto.
Una vez más me encontré sin rumbo al bajar las empinadas escaleras de piedra, donde perdí el paso, caí entre piedras afiladas rodando sin parar, ni poder defenderme de los golpes que se sucedían cortando con afilada precisión cada rincón de piel que no estaba protegido por alguna prenda de ropa. Los cortes y la sangre me bañaron de rubí el rostro curtido por el frío y la descarriada vida que llevaba. No entendía nada, la vida pasaba frente a mis ojos reflejando cada momento con exquisita precisión. Mis ojos ensangrentados, bañaban las imágenes de mi vida, dándole un marco rojo a cada momento....... desperté entre sabanas blancas, mientras los ojos de Teresa me miraban con desconsolada pena. Su escote abierto me dejaba ver la redondéz de sus endurecidos senos, donde una gota transparente, resbalaba hasta perderse en el infinito, aquel que no terminaba de sorprenderme. Su mano bajo desde mi rostro, recorrió el velludo pecho y se perdió entre mis piernas. Al cerrar nuevamente mis ojos, pude sentir sus cálidos labios acariciando mi endurecido sexo. Mi cuerpo tembló por unos instantes hasta caer en la inconsciencia absoluta.
Hoy entiendo que mis dedos no se pueden detener, ni la royal dejar de teclear. Trabajo en un nuevo libro, le titularé, "Don Juan De Marco, romanticismo y sensualidad sin límites".
Gustab.

lunes 4 de agosto de 2008

Irónico Placer....



Estaba angustiado, muchas veces había sentido mi cuerpo hervir, ese día la lluvia caía incesante sobre los adoquines, y los faroles se oscurecían tras la cortina de agua que no dejaba de caer. Mi cuerpo mojado, no resistía el frío anochecer. Caminé entre callejas viejas, donde el agua cubría las escalinatas cayendo como cascada por las frías piedras de caliza cortada a pulso por quizá que cantero, pero estaban ahí. Alguien las había puesto para que alguien las pisara, y resbalara por los duros escalones. El barro lo cubría todo, el frío congelaba mi piel.
El farol del prostíbulo aún ardía en el callejón, y entre sin titubear a ese mundo que me acogía cuando la angustia y la depresión se apoderaban de mi. Golpe a golpe fui anunciando la visita de un cliente más, que todo lo que deseaba era el cuerpo tibio de una mujer. El portalón de roble se abrió de para en par para recibirme, mi cuerpo se encendió al entrar, eso era lo que buscaba, un mundo impúdico, grosero y blasfemo, que me acogiera sin preguntar. La vieja comadrona, miraba tras de su bastón, y apoyando la pera en la cabeza del bastón me ofreció entrar.
Las imágenes se agolparon a mis ojos. Muchas mujeres semi desnudas y desnudas se paseaban sin pudor frente a los invitados, algunas no esperaban siquiera un cuarto para atender a los caballeros de corbata y sombrero que se agolpaban en el lugar. Los sillones eran una cama más dentro del vulgar mundo que me rodeaba.
Hechizado por las curvas de las voluptuosas mujeres me deje tomar de la mano y fui arrastrado al comedor, en un rincón, un chico era iniciado por la más bella del lugar. Ella con sus polleras arremangadas se dejaba penetrar por el inexperto amante. Ella disfrutaba cada pedazo de virginal piel, y le ofrecía sus nalgas para que éste se regocijara de ella. El joven era rápido para eyacular, pero la bendita juventud le favorecía, su miembro erecto no dejaba respirar a la joven prostituta, y no terminaba de acabar, cuando la giraba para penetrarla por donde ella se le ofreciera. En un rincón, su padre se jactaba de su hijo, y golpeaba las nalgas de otra mujer.
Otras chicas jugaban entre ellas riendo a carcajadas, mientras otra chica, les abría las nalgas para recoger el fruto de la intensa orgía que en ese lugar se vivía. Los vasos de agua ardiente, quemaban los labios de los presentes mientras se cogían a la que pasara por delante de ellos. El espectáculo de los cuerpos desnudos impúdicos, alimentaban mi imaginación. Sobre esto me gustaba escribir, sobre la desvergonzada vida del bulevar, donde obreros y políticos follaban sin distinguir rangos o deseos. Nadie preguntaba nada, sólo follábamos para satisfacer nuestros cuerpos ávidos de placer.
La chica que me acompañaba tirando de mi mano, arremango su falda para ordenarme chupar. Sus crespos vellos púbicos eran hermosos y bien cuidados, tupidos como la selva del amazonas, ella rubia y blanca como el paraíso, y arrodillándome, sin pudor, sin vergüenza, abrí sus piernas para hundirme entre sus muslos y desgarrar cada uno de mis deseos. El frío rápidamente seso, y mi cuerpo ardiendo en fiebre se dejó poseer por cuánta chica quisiera probarlo. Entre muslos, nalgas y regordetes cuerpos, me dejé llevar, alcanzando una y otra vez el paraíso. Los sabores mezclados de los diferentes sexos que probaba me drogaban sin poder pensar en que era lo correcto, o que me había inculcado mi madre. Nunca me pare a pensar que hacía, sólo disfrutaba de cada rasgo de piel, de cada pliegue que se habría a mi ser. Sudaba sexo en el lugar, los cuerpos desnudos no dejaban de excitar mi cuerpo, y una y otra vez, como el jovencito, dejaba que mi sexo volviera a empezar.
Así pasó la noche, entre agua ardiente, senos, nalgas, dulces y saladas flores que se abrían o eran abiertas por mis labios. Penetraba cada puerta que se abría, el sexo oral, los besos dulces de las doncellas, las nalgas ardientes enrojecidas por las nalgadas que daban todos a diestra y siniestra, hacían más poderosa la experiencia del desenfreno irracional que se vivía en el lugar. Al entrar las luz del sol por la ventana, la comadrona del lugar iba abriendo cortinas, una tras otra. Un chico negro la seguía, mientras ella sujetaba sus faldas para que el oscuro hombrón le lamiera el sexo una y otra vez. Hasta que se tiró en un viejo sofá enmohecido por el tiempo y la humedad del lugar, para que este hombrón negro la lamiera y penetrara según ella le iba indicando una y otra vez. Sus labios murmuraban palabras déspotas y agresivas, el negro bajaba la cabeza y volvía a chupar. Luego los gritos de la veterana despertaron a los invitados. Ordenándoles que se vistieran y salieran del lugar. Los cuerpos desnudos de las chicas brillaban a la luz del radiante sol que cubría el puerto. Yo me vestí rápidamente mientras salía del lugar. El chico seguía dándole sexo a dos chicas jóvenes que borrachas se habían entusiasmado con él.
El chico ya no era virgen, y a mi, de caballero, nada me quedaba, mi cuerpo aún ardía sin bajar la fiebre que acumulaba ya desde hace varios días. Una chica me detuvo en el dintel de la puerta, bajo el marrueco desgarrado, y metiendo mi sexo en su boca, replicó....
- te vas a ir sin despedirte de esta perra?
Mi sexo no lo pudo aguantar y reventó una vez más entre los labio de esa mujer.... el sol se reflejaba en los adoquines ensegeciendo mis ojos, y el agua ardiente no me dejaba caminar, rodé por las escaleras, y ahí mismo me quede dormido para no despertar hasta tres horas después, el dolor de cabeza era inaguantable, y la farra, no me dejaba de sorprender.

Gustab........

sábado 5 de julio de 2008

Los ojos de Teresa...

Melancólica tras la barra de un bar la vi por primera vez, el vaso del fuerte licor mantenía su mirada extraviada en algún punto lejano. Fijos, herejes, apasionados, rebeldes, extraviados, irreverentes, amenazantes, sugestivos, extraños, pero bellos sus ojos iluminaban el bar, no había nadie que no los hubiera notado. Teresa era así, tras sus pupilas se agolpaban las ideas más revolucionarias, su vanidosa personalidad la convertía en estrella donde iba. Los hombres y las mujeres solían enamorarse de ese ser luminoso que las seducía con esos verdes manantiales de infinita profundidad, hasta la languidez de su mirada ocupaba los sentidos que poseíamos, atrapaba cada uno de los ojos que revoloteaban a su alrededor.

Ese día Teresa tramaba algo, tras el humo del cigarrillo y los brillos del dorado licor, las ideas se iban dibujando en su mente, cada detalle parecía pensado con detención, las horas no pasaban por la pausada existencia de esta joven escritora. Sus ojos verdes dejaban entrever una profunda melancolía, parecía que el amor y su pasión por vida, por los hombres, y la seducción de los placeres terrenales, las llevaba por caminos desconocidos, abstractos, casi sin sentido para aquellos que la observaban desde lejos. Quizás por que temían al carácter de esta mujer tan irreverente, tan rebelde como la fuerza de la naturaleza, esa que fijaba sus propias reglas para enfrentar la vida, sin temor a las consecuencias que ella le trajera.
Me senté al otro lado de la barra, pedí un agua ardiente y encendí un cigarrillo. Mis ojos no dejaban de mirarla, como un deseo incontrolable. Al pasar mi vista a través del humo del espeso escenario, iba desnudando su cuerpo. El imaginar su piel blanca, sus nalgas carnosas, y la sublime forma de sus senos, la angustia se apoderaba de mi ser. Ella era magnifica, sus ojos embriagaban cada vez que se alejaban de la superficie del mesón, la intensidad de sus ojos llamaban a seducir a esa extraña mujer,, que sin modificar su postura, no dejaba escapar la mirada de un extraño que la intentase seducir. Ella jugaba con su belleza, encarcelaba la mirada de los don Juan que se quisiecen seducirla. Ella era un torbellino de pasiones desenfrenadas, de abismos interminables, ella era una marejada que se llevaba todo lo que iba encontrando a su paso. Ella era pura pasión.

En un momento me transmute a algún lugar donde era difícil escapar de sus caricias, sentía que mi alma se envolvía entre enredaderas, que unos barrotes me aprisionaban sin poder escapar. El agua ardiente me hacía volver a la realidad, la garganta se quemaba tras cada sorbo y despertaban mi onírica existencia. Aunque no estaba cerca de ella, nuestro dialogo parecía fluir, sus pensamientos me alcanzaban queriendo decir algo, que aunque no lograba deducir, me cubrían de gemidos y palabras susurradas a mis oídos. Podía sentir la caricia de sus labios, las tibias manos resbalando por mi rostro, y su sexo tan cerca, que no cabía ni una hoja de papel entre nosotros. Y estábamos lejos, tan lejos como nuestras miradas y nuestras vidas enajenadas por el alcohol y el opio que solíamos consumir antes de entrar en aquellas fiestas donde los cuerpos desnudos de hombres y mujeres se enredaban entre orgías. Saltábamos de un cuerpo a otro experimentando la pasión en todo su ámbito. Los sabores de las distintas pieles, la dulzura de los distintos labios , sus fragancias y sabores en cada rincón de la piel. El opio adormecía tu cuerpo reventando los sentidos haciendo que nuestros deseos se volvieran más intensos. Todos los cuerpos buscaban el placer y experimentar a fondo las sensaciones. Esas fiestas de opio y alcohol eran una moda fascinante. Todo era lujuria y placer. Luego corríamos a nuestros escritos para empezar una nueva historia o terminar algunas que iban quedando inconclusas, así nuestros nombres iban resaltantando en los círculos literarios.Eramos una estirpe sin nombre y sin identidad. Así terminó nuestro encuentro en aquel café, sin haber sentido en carne propia el rose de nuestra piel. Con una vaga sensación de soledad y de una vida sin rumbo ni final determinado. Teresa se levantó de su silla y desapareció en entre los cuerpos que seguían excitados por el bullicio del lugar. Mi cigarrillo se había consumido del todo junto con mi sueño de la imagen de Teresa. Los ojos verdes más brujos de la bohemia porteña.

Al salir, los adoquines me envolvían entre fríos pensamientos, y el alma comprimida por los sueños de soledad.

Gustab.

viernes 4 de julio de 2008

La esencia, Teresa.

Hay miradas que a uno lo pueden transportar al infinito o a esferas que van más allá de lo comprensible. Pero hay otras (las menos) que aparte de llevarlo a uno lejos, definitivamente lo matan, lo hacen replantearte este viaje llamado vida como un nuevo ser, como un iniciado. Cuando me enfrenté por primera vez a la mirada de Teresa Wilms, en esa preciada fotografía tomada en Buenos Aires en 1916, comprendí realmente lo que significaba conocer una mujer con esa clase de mirar, a una "mujer fatal". En ese momento pasaron a mi olvido voluntario mujeres como Matta Hari, Isadora Duncan, Anais Nin o las hembras de Gustav.
Pero esta mujer, tan poco conocida, pitonisa de las letras, generadora de tantas pasiones e incluso de un suicidio, ha sido una heroína olvidada por el pueblo chileno, como suelen decir acá, en la patria del sur: Ha recibido "el pago de Chile". Intentando resarcir, en parte mi olvido, de tantos años.Esta primigenia Marilyn Monroe, arquetipo verdadero de la mujer fatal, mito de la intelectual maldita y bohemia de los albores del siglo XX, que a larga su vida se convirtió en la joya para cualquier artista o profano del arte, cosa que finalmente detestó.
Su alma inquieta comenzó a manifestarse desde la cuna de ébano, sus ojos se paseaban por el paisaje dejando una estela de melancolía que la acompañó hasta su muerte, su mirada dejó en todos lados un rastro como el que dejan los focos de los faroles sobre los adoquines mojados por la lluvia. Sus días de infancia transcurrieron entre la literatura, el bordado, el cuestionamiento, los sueños, la elegancia, el aprendizaje para el matrimonio y el Santo Rosario. Al cuidado de severas institutrices extranjeras, entre las que se cuenta una antigua actriz francesa, de gran sensibilidad que, sin dudas, influyó en la personalidad de Teresa.
Los años fueron generosos con Teresa, la transformaron en una mujer de espolón de proa, en una mujer escultural y lozana, de gráciles movimientos y profundizaron su mirada nostálgica con una luminosidad desconocida hasta entonces para la raza humana. "Ella era un cóctel sanguíneo de Venus catalana y Elsa germánica, con la tristeza de las ciudades nórdicas en sus enormes ojos verdes". En esos ojos cayó Gustavo Balmaceda Valdés, con quien recorría el cielo hablando de literatura y de óperas, estos dos se casaron cuando Teresa tenía 17 años, sin el consentimiento de sus padres.

Santiago bullía por la celebración de los 100 años de la independencia de Chile, pero la muerte de su pariente don Pedro Montt, Presidente de la República, estuvo a punto de suspender todas las actividades, pero el ánimo fiestero y nuestra idiosincrasia se impuso: primero fiesta, después lloramos un rato. La capital del Reino se transformó rápidamente en la "ciudad luz" del fin del mundo: en las plazas destellaban las bombillas. Se organizaron actividades para el vulgo; hubo tómbolas populares, funciones nocturnas del biógrafo en la calle, concursos de cachacascán y de canto, juegos deportivos en general, y por cierto, de fútbol. El vino hacía olas por las calles capitalinas, los intelectuales veían que su ambiente nocturno se poblaba cada día más de herejes, parapetándose en tertulias y ateneos privados. Ese fue el ambiente que encontró Teresa, comenzó a frecuentar la bohemia artística, esa tan pesada a veces y tan leve en otras; ese mismo hecho hizo que su dualidad se convirtiera en unidad y comenzó a sentirse plena, la noche fue suya, el alcohol también. Se mezcló con músicos, literatos, artistas plásticos e intelectuales locos, por primera vez no se sintió sola en el mundo, pensó que habían más de su especie. Craso error.
La bestia que llevaba en su interior se potenció en estas tertulias, los intelectuales se hipnotizaron y descontrolaron a raíz de sus sobrenaturales encantos; le dedicaban escritos, versos, canciones, melodías, pinturas, dibujos... Las mujeres envidiosas no tenían la altura moral siquiera de maldecir a una virgen. Balmaceda, su marido, comenzó a incomodarle la situación, sumando además que los comentarios sobre la bella mujer, rápidamente recorrieron las calles de la urbe como una mala noticia; y de todos lados venían los hombres, mujeres y niños a contemplar en directo a la musa-vate-diosa-heroína. Para Balmaceda ya no era divertido ver a los hombres y a algunas mujeres perder la cabeza por ella, así comenzaron las discusiones, los celos, los excesos de alcohol que derivaron en golpizas que lo único que hicieron fue mantener firme el espíritu libertario de esta mujer.
Gustavo, mientras tanto, se entrega de lleno al alcohol y a la literatura.

Hoy, como hace bastante tiempo no puedo dejar de pensar en ella, recuerdo esas fotos que vi, esas hechas en Buenos Aires en 1916 y me avergüenzo algunas veces de ser hombre, de verla como un premio, como un regalo, como una presa, como un símbolo sexual y sensual, como una virgen deseada; así como todos los hombres de su tiempo, que fueron incapaces de amarla como ella hubiese deseado, alguien que la mirara a los ojos y no cayera en su embrujo, alguien que no la tratase como la mujer más importante que haya pisado la tierra, sino como la única de la historia.




GUSTAB... Amores que matan.

jueves 26 de junio de 2008

El maestro de violín....

En mi vida he pasado por muchas cosas, entre ellas en la juventud, estudié música en el conservatorio, mi madre me había obligado a estudiar violín desde niño, y mi padre insistió en que siguiera en el conservatorio.


Tenía 16 años cuando me presentaron con el maestro Paolo, un maestro italiano que había dado su vida por el estudio de uno de los instrumentos más complejos que pueda existir. Obsesivo y proteccionista hasta la muerte. En esos años el ser músico era tan importante como tener un hijo sacerdote, y así me fui perfeccionando a través de los años hasta convertirme en un mediocre músico de bar.

Éste maestro era conocido por su esquisofrénica mirada a la música y el perfeccionísmo. Tenía como alumna a una chica de 18 años, Slova Kusinka, una soviética hermosa y talentosa, a la que venía preparando muchos años para el día de su debut, eramos compañeros, y muy competitivos, pero los años de practica hacían de esta chica una eminencia de las cuerdas. Exquisita mezcla de músico sinfónico y salvaje intuición para el instrumento, casi una autodidacta. Sus características la hacían ser deseada por los más importantes músicos de la época. Todos querían ese diamante en bruto para pulirlo y hacer de sus escuelas un símbolo de la burguesía. pero sólo había uno que la podría convertir en la estrella que llegó a ser con los años.El día de su debut en el teatro Opera del puerto, había creado las espectativas más altas del maestro, quién orgulloso mostraría su obra de arte llevada a la maxima expresión.

Al abrirse las cortinas Slova, dio un pequeño tirón de cuerdas que hizo enmudecer a los que habíamos ido a escucharla, el silencio se apoderó del lugar, la cuerda vibró por algunos segundo creando una tensión que nunca habíamos sentido en nuestras vidas. El arco bajó lentamente hasta las cuerdas, posándose en ellas, y un gran arqueo de brazos hizo llorar al violín, las notas fueron tomando altura a cada movimiento de esos angelicales dedos, el arco desaparecía a la vista, haciendo que el violín flotara en el aire ensegueciendo a los ojos de quienes la veíamos.

Mozart, inundó nuestra mente, hasta la locura. Pero la pasión con que tocaba, en unos de los momentos más cruciales, hizo que unas de las cuerdas se cortara creando un momento de tensión sin igual, pero sus dedos no pararon de tocar, el arco jamás se detuvo, y la música siguió brotando de las maderas, el silencio en el público era aterrador. Una segunda cuerda saltó entre las maderas dando un golpe en el rostro de la intérprete, el corte y la sangre, hizo del espectáculo algo sobrenatural, .... y la música no se detuvo hasta que la última nota que arrancó de las cuerdas diera el gran final. Al terminar la sangre rodaba por las maderas del violín, como si éste llorara la furia y la pasión de la mujer. La ovación no se hizo esperar, pero tras las cortinas, los ojos del maestro mostraban su furia por los errores de su pupila, y sacando los brazos la tiró hacia las cortinas, y sin dejarla disfrutar de los aplausos se la llevó a una sala lejos del escenario.

Yo sabía que la esquizofrenia del maestro, su obsesión por la perfección, le traería conflictos a Slova. corrí tras de ellos tratando de alcanzarlos, pero para cuando logré alcanzarlos, ya era tarde. El maestro esgrimía el arco en contra de las nalgas de la chica dándole de golpes hasta hacerla sangrar. Ella, con sus bombachas en las rodillas, gritaba de dolor, sus nalgas redondas sangraban hasta manchar el suelo y la ropa del artista. Me abalance contra el maestro logrando liberar a la chica, mientras ella corría por las salidas de emergencia hasta el oscuro callejón, que iba a dar al muelle, donde se dejó caer de rodillas para llorar por su injusto castigo.

Me acerque a ella cuando la pude hallar. Trate de subir sus bombachas, pero el ardor que ella sentía no me dejó terminar, no pude llevar la delicada prenda de vestir a su lugar, y sin poder contenerme, acaricié su carnosas carnes tratando de aliviar su dolor. Ella gemía, mis manos no se podían detener. Al pasar mi mano entre las hermosas nalgas, pude sentir que la humedad entre sus piernas brotaba con intenso calor. Sus manos desabotonaron mi pantalón, mientras sus dedos buscaron mi sexo, el que no tardó en florecer entre sus caricias, luego giro su cuerpo, y tomando el hinchado sexo, lo acomodó entre sus nalgas, para dejar que yo me enterrara entre sus carnes ensangrentadas, los gemidos y quejidos de dolor y placer, se perdieron entre el ruido de las olas.

Lentamente fui abriendo el espacio hasta entrar por completo en su interior. Sus caderas sujetas por mis manos fueron creando el más exquisito de los bamboleos, hasta que el climax nos alcanzó, y nuestros cuerpos se enredaron hasta sentir que el dolor desaparecía reemplazado por el placer de dos cuerpos salvajemente unidos, dos cuerpos que no dejaron de agitarse hasta que el sol de la mañana nos cubrió, y alcanzado por los ojos de los curiosos nos hizo saltar al mar y desaparecer entre las aguas, para volver a salir cerca de los roqueríos.

Un beso sello nuestros labios para siempre, juramos nunca decir como había terminado la noche, y cual había sido la última nota del recital.

Gustab

sábado 14 de junio de 2008

La ventana del sanatorio...

La lluvia caía intensamente, las bajadas por las escalas de piedra eran verdaderas cataratas, sentía mis pasos inseguros. Me apegue a las murallas para no resbalar, y cuando pasaba frente a la ventana alguien golpeaba adentro. Su rostro detrás de los cristales era extraño, su mirada perdida en le lejanía me perturbo los sentidos. Sus ojos eran tristes, su mirada extraviada, sus gritos de auxilio pasaban los cristales.
No se que me hizo entrar, pero pidiendo resguardo a la lluvia, me introduje en un mundo muy extraño. Miles de caras se agolparon sobre mí. Sus cuerpos estaban desnudos, el frío parecía no existir ahí. La morfología que escondían estas murallas me transmutaron a otra dimensión, una dimensión que no me dejaría escapar dócilmente.

Una mujer mayor empezó a desnudarme, cuando traté de impedirlo, otros se vinieron encima, sin poder escapar, perdía la cordura entre rasgados trapos que apenas cubrían mi cuerpo.
Los ojos estaban puestos sobre mi, impúdico me paseé desnudo entre esos cuerpos amorfos y maltratados. Estiré mi mano a una mujer que trataba de cubrirse los ojos, mientras una de sus manos se aferraba firme a mi sexo, dejaba su estado de inconsciencia, y entre los dedos arrugados de la mujer tomaba dimensiones desvergonzadas. No podía negarlo, el extraño lugar producía morbo en mi. Otra mujer, gorda y desnuda metió una pastilla en mi boca. Mi mente se llenó de sensaciones, temblaba de frío, pero estaba excitado. Ya esos cuerpos me parecían tan familiares como cualquiera. Mis manos se detenían en los senos de las internas; chicas jóvenes, ancianas delgadas, los pezones de una gorda me invitaron a tirarlos sin misericordia, hasta hacerlos arrugar entre mis dedos.
Reía sin razón aparente, las figuras se desformaban a mis ojos, los rostros se borraban, hasta que caí sobre las rústicas piedras que hacían de piso. El suelo estaba helado, pronto sentí el roce de unas manos suaves sobre mi pecho, y otras que estiraban mi pene hasta hacerlo doler, pero no dolía con terror, era un dolor que quería y me gustaba sentir. La humedad de unos labios lo cubrieron, sentí como gozaba mi mente con eso. Mis manos se deslizaban por su piel gruesa, y se juntaban sobre la carne de unos generosos pechos que estaban coronados con grandes y llenos pezones.

Al bajar por su espalda, pude sentir las nalgas de la mujer, heladas por el frío, su carne cubierta por la piel de gallina, se sentía curiosamente exquisita. Al rato las piernas de una mujer, abiertas, se posaban sobre mi boca obligándome a lamer, mientras las fuertes manos de un hombre me inmovilizaban. Los rostros desgenerados por la pastilla me parecían lindos. La locura me atrapaba para no dejarme escapar de esa cárcel de piel que me apresaban. De pronto sentí correrme sin control, sentí labios y lenguas de muchas mujeres sobre mi cuerpo alimentándose de la lujuria oscura y fría del lugar.
Al día siguiente amanecí tirado sobre los mojados adoquines. Frío y medio desnudo, me levanté para volver a mi departamento.

Abrí la ducha tratando de pulir mi piel de una sensación que me asqueaba, pero no podía dejar de excitarme cada vez que pensaba en ella. Mis manos no dejaban de tirar mi sexo erecto, hasta sentir dolor.

El agua caliente fue lavando mi cuerpo, mis párpados pesados me llevaron hasta mi cama donde caí, para no despertar en muchas horas.


Hace frío, el sanatorio retumba en mis oídos como gritos desesperados, y la angustia se apodera una vez más de mi.




Gustab

lunes 9 de junio de 2008

La chica del tren...



Muchas veces había tomado el ferrocarril, generalmente este iba vacío hacia el interior. Ese día al subir me sentía acorralado entre mis sentimientos, debía escapar, de ese mundo que me aprisionaba.
En el último asiento, a un costado del baño una chica de ajustada falda blanca insistía en buscar entre los árboles que alcanzaba ver, algo... no se qué, su vista se perdía en la intencidad del paisaje, aquel que raudo pasaba frente a sus ojos. Era extraña. En un momento se paró de su asiento, y recorrió el largo pasillo, mis ojos la seguían. Tras la delicada falda se distinguía claramente su derriére dibujado, tan avesadamente redondo y delicado, como si la falda fuera su segunda piel. Entre los azotes contra los durmientes, y el banboléo del tren, sus nalgas se iban de un lado a otro, ella trataba de mantenerlo en equilibrio, y con delicados movimientos de cadera, hacía del espectáculo algo casi irreal.
Esas nalgas eran la perfección misma, Holiwoodences. Parecía la reencarnación de Marilyn Monroe. Mis ojos se cerraron imaginando que escondían esas caprichosas telas. Que tan blanca sería su piel, y de que manera estas se abrirían al tratar de alcanzar la hebilla del zapato de tacón que traía puesto al intentar
sujetar el dichoso tobillo tallado a mano. Como se vería al acomodar el ligero de las medias para prepararse a seducir. Por supuesto en estas imágenes aparecía en una delicada ropa interior. La imagen era tan fuerte, que podía ver a través de su vestido.
Esas nalgas tan platinadas como sus cabellos, esos vellos púbicos tan blancamente aclarados a fuerza de tintes. Era tal la belleza de esa mujer, que el sólo imaginarla desnuda, me hacía trasladarme en el tiempo y el espacio. Podía sentir las sabanas suaves de su cama de bronce, los delicados cojines de pluma de ganso, y su ropa interior cuidadosamente abierta sobre la cama para encontrar la perfecta combinación entre la seducción y la vulgaridad. Podía ver como sus manos recorrían desde los muslos hasta el tobillo intentando acomodar la sensual linea de sus medias estampadas en delicados lunares que parecían caer desde su sexo hasta alcanzar el suelo. Todo era cuidadosamente preparado para atrapar a un desprevenido amante forrado en dinero, o a algún productor de cine que recorriera la vida buscando nuevos rostros para los treintacinco milímetros.
Al abrir los ojos, observé como entraba al baño, y guiñando uno de sus ojos, me invitaba a vivir una aventura inesperada, sus dedos me indicaban para luego enroscar una visita fatal.
Nada demoré en colocarme el sombrero y aceptar su invitación. La puerta se cerró a mis espaldas, y haciéndome de sus caderas, me apreté a ella hasta sentir como sus pechos se clavaban en mi, mientras mis manos recorrían sus espaldas hasta alcanzar esas delicadas nalgas que hasta hace algún rato, sólo podía imaginar, y ahora se me estaban ofreciendo mientras levantaba sus faldas y ya podía sentir la suavidad de sus medias.
El tiempo se congeló, mis espaldas se enfriaban apoyadas en la metálica pared, mientras ella se deshacía entre gemidos.

Gustab

viernes 6 de junio de 2008

Gemidos...


Susurrando mis dedos abren las puertas del templo para apoderarse de él. Encendidas las mejillas van rosando los tibios muslos que se abren a mi paso, bebo, muero para renacer en su placer, y voy alimentando mi deseo bebiendo del templo que quiero volver a poseer. Limpias las manos buscan la presencia distante, gime a cada abatida, tiembla cercenando sus recuerdos, muere para volver a nacer entre mis palabras.
Gustab
(Dedicada a mis amantes de la blogosfera)

domingo 25 de mayo de 2008

Humillado por el deseo.

Los callejones del puerto eran muy oscuros y peligrosos los días de lluvia. En la sombra, muchos pervertidos sometían las atrocidades más horrendas que la mente humana podrían imaginar.
Esa noche llovía torrencialmente en el puerto, y yo a paso acelerado trataba de correr sobre los resbalosos adoquines buscando refugio. Bajo el portal de una vieja casa por fin encontré refugio, hacia el fondo se dibujaba un oscuro callejón, y entre las sombras cómplices de la noche pude distinguir dos cuerpos de fuerte contectura tironeando las ropas de una delgada mujer. Entre las sombras y la oscuridad pude distinguir la silueta de Yamilet, la prostituta que recorría las calles de noche buscando algún desconsolado amante en la noche. Ella gritaba sus groserías con fuerza pidiendo ayuda. Pero nadie la escucharía, sólo yo estaba cerca, y sin ayudar, me quede ahí viendo lo que pasaba. Su desnudez me excitaba tanto como la situación que ella estaba viviendo, pude ver como las bocas de aquellos hombres mordían a placer sus senos haciendo escapar angustiados gritos, mientras sus manos rasgaban las telas del delicado calzón que la cubría para enterrarse en ella, uno por delante, apoyado en unos cajones mientras el otro habría sus nalgas para poseerla por atrás. La chica gritaba, mientras yo excitado por lo que veía, abría mi pantalón sosteniendo la verga hinchada que reclamaba excitada bajo mi pantalón. Las embestidas de ambos sujetos me hacían sentir placeres extraños, culpables, pero placenteros a la vez, sus gritos me excitaban, hasta que sentí, la fría hoja de una cortaplumas enterrándose bajo mis costillas.....
-Tranquilo, te gusta lo que ves?- dijo suave, la ronca voz de una mujer, mientras otra parecía reírse tras de ella oculta por la poca luz del farol.- hmmmmmmmm, ta rico... me dejás tocar?
Mientras una de sus manos apretaba el cuchillo contra mis costillas, la otra tomó mi sexo con fuerza. -Durito.... caliente e mierda, sácate la ropita- me decía susurrante, mientras a lo lejos se escuchaban los gritos de la mujer, donde parecía que la estuvieran partiendo. El horror se apoderó de mi.
- Te gusta mirar eh?!!! bajate los pantalones y acuestate ahì.- me ordeno mientras la otra tiraba de mi cinturón hasta desnudarme.
-Sácale toa la plata a este wueòn, maricón no más, ahora vay a saber lo que es Wueno.-
Mientras la otra vaciaba mis pantalones, ella subió sus faldas, y abriendo las piernas, se poso sobre mi cara....
- chupa carajo, chupa... y su cuchillo empezó a rasgar mi piel bajo las costillas, la mujer gemía de placer- que riicoo, anda chupa mà..- y se enterraba en mi boca ahogando los gritos que no podía
soltar. Sus caderas se movían como si fuera el mismo demonio, mientras el sabor agrio de su sexo emborrachaba mis labios ....- chupa carajo, chupa... y voh... no vay a querer nà?- le gritó a la otra mujer, la que al escuchar la invitación, arremango sus faldas, y se deslizó clavandose en mi sexo. Ambas gozaron de mis caricias obligadas por un buen rato, haciendome eyacular una y otra vez. El doloroso sexo oral que se turnaban para hacer, la fricción de sus dientes, y el cuchillo que se clavaba a cada movimiento de sus cuerpos, fueron causando un gran dolor hasta hacer que mis sentidos no respondieran y cayendo inconciente perdí la noción de lo que pasaba....
Después de muchas horas desperté tirado sobre los duros adoquines, mojado y sangrando, mientras una mujer me miraba a los ojos tiernamente...
-Pobrecito mi poeta.... también abusaron de usté....- Humillado por la situación, avergonzado por mi cobardía, trate de pararme. Aquella mujer me apoyó sobre sus hombros, la sangre no dejaba de salir bajo mis costillas... desperté nuevamente tirado en una cama, mi cintura estaba vendada, mientras la Yamilet disfrutaba haciéndo sexo oral...
- No se preocupe mi poeta, la Yamilet le va a ayudar a olvidar....
Me dejé llevar, y sólo al día siguiente pude regresar a mi frío apartamento, con algo para escribir, pero destruido en mi interior... corrí el rodillo de la vieja royal para iniciar lo que sería mi nuevo libro, y sin encontrar como titularlo, empecé a teclear.
Gustab.

sábado 17 de mayo de 2008

La verdad...

Años después me enteré que mi abuelo había contratado a esta mujer para que me hiciera hombre, bendita frase.
Esa tarde pasé a la vieja peluquería donde don Peyo, sentí la navaja rasurar mi cuello hasta cortar mi piel. Le conté lo que me había pasado esa mañana, y ahí, como sentencia de muerte me contó lo que mi abuelo había rebuscado en el puerto para encontrar a esa mujer que cumpliría con tan ingrata tarea, aunque siempre pareció disfrutarlo mucho. Lo que ella me enseñó no podría negarlo, pues cada piel que a gozado mi cuerpo, cada caricia que he hecho a alguna mujer, tiene la firma de aquellas que me enseñó " la Nana" en el viejo catre de bronce.
Nunca había entendido porqué mi abuela no había dicho nada después de vernos a los dos desnudos en la pieza. Muchas veces creí que era por vergüenza, por pudor, pero estaba equivocado, mi abuela sólo había comprobado que ella cumpliera con el trato y nada más.Nunca pude olvidar sus rosadas carnes, su olor salvaje, su tupido sexo y la maravilla de sabor que escondían sus senos. La suave textura de su piel, sus sinuosas curvas, y cada rincón salado por el que pasé mi boca. Sus enardecidos besos me hacían erectar cada vez que rozaba mis mejillas, era una mujer sabrosa, tan sabrosa con el más salvaje de los frutos y la fragancia más eterna que ha quedado en mis recuerdos. Su olor esta en todas partes, en cada rincón de la casa vieja de mi abuelo, impregnado en las murallas y cortinas de su habitación, el sólo entrar a ese cuarto me hace evocar, y tirándome en la cama, suelo jugar con la tortuosa dureza de mi sexo hasta explotar.
Ya era tarde cuando salí del bar, la humedad se apoderaba de las piedras que tapizaban mi camino, y los faroles reflejaban su luz, en brillosas chispas que parecían florecer del suelo mojado. El agua ardiente calentaba mis costillas, y a pesar del frío, mi sexo se mantenía erguido bajo el pantalón, lastimado por las costuras, bajé la bragueta de mi pantalón y justo en ese instante,. una voz suave me susurró a mis espaldas. La Yamilet, la prostituta de las calles del puerto pasaba a mis espaldas abanicando sus faldas para mí. Su sexo estaba desnudo, y sin preguntar el precio, la tomé de las caderas empujándola hacia la pared, y deslizándome entre sus muslos, le hice el amor, tan violentamente, como las palabras de Don Peyo cuando me contó lo que mi abuelo había hecho. Cuando por fin el orgasmo llegó a mis sentidos, y lo pude sentir como buscaba la salida, me aferré a ese cuerpo semi desnudo que había recogido en mis pensamientos, para desatar la más explosiva de mis reacciones dentro de él, bañando todo su interior de espeso reposo, hasta caer de rodillas extenuado, mojado por la brisa marina de la niebla que cubría todo, mojado en mi orgullo, mientras el agua corría por su piel. El vestido mojado, los muslos tibios y el intenso sabor de su piel, me mostraban como un hombre puede morir de deseo por el cuerpo de una mujer.
Solté las chauchas que cobraba. Ellos también estaban mojados, pero bien valían la pena para calmar este cuerpo que no dejaba de recordar su olor. Ese olor que despertó al niño, que gracias a su abuelo, pudo cumplir la tradición.
Me quedé apoyado en mis espaldas, los fríos muros que habían sido testigos de lo que acababa de pasar, seguían mudos sin poder hablar. Ella se alejó guardando los billetes en su escote, luego de contarlos una y otra vez. No dijo nada, y se perdió en la niebla que no dejaba de caer.

Gustab

sábado 10 de mayo de 2008

Recuerdos de Gustab.

Era rara la sensaciòn con la que habìa amanecido ese dìa, la cama estaba tibia, sin embargo al abrir las sabanas, el frìo del departamento penetraba mis huesos. No se porque, mi cuerpo estaba excitado, algùn sueño que no recordaba con claridad, me habìa echo retroceder a mi adolescencia, donde la imagen de la empleada de mis abuelos entraba y salìa de mi cabeza. Acurrucado entre las sabanas, deje mi mente divagar, no tenìa ganas de levantarme, el frìo del departamento me congelaba.Con la sabana hasta el cuello, recordè un dìa en la casona del abuelo.
Me acuerdo que ese dìa, me habìa despertado orinado hasta el cuello, tenìa miedo de levantarme de la cama por miedo al castigo. Tendrìa unos trece o catorce años, y el miedo y la vergüenza, me congelaban en la cama como hoy, en eso entrò la nana en la habitaciòn, y abriendo de par en par las cortinas, me alento a recorrer el dìa hermoso que amanecìa afuera. Desistì con la cabeza, mientras ella se abalanzaba sobre mi llenàndome de cosquillas jugeteando conmigo. Al tirar las sabanas hacia atràs, la humedad de la sabana empapò sus manos. Me mirò, y asintiendo con la cabeza, me dijo:
- A su tata no le va a gustar.- mi cara de vergüenza, y las lagrimas que soltaron mis ojos la ablandaron, y abrazandose a mi, me dijo que no temiera, que arreglarìamos esto entre nosotros.
El calor de su cuerpo, y el sentir sus senos sobre mi pecho, encendieron, yo creo que por primera vez mi cuerpo. Entre las telas de mi pantalon, mi sexo se endurecìa, sin poder hacer nada contra eso. De alguna manera ella lo presintiò, y al levantar la vista y mirar el bulto que florecìa, se abrieron sus ojos como si el diablo se apareciera entre las sombras.
Muchas veces la habìa espiado mirando por el ojo de la oxidada cerradura del portalon de su cuarto. Muchas veces entre la tenue luz de las velas que iluminaban su figura, y la estrechez de la cerradura, habìa logrado ver sus senos desnudos, dulcemente bondadosos, carnes que al liberarse del sosten que las atrapaban, se descolgaban sin pudor, hasta entre temblores calmar sus rebotes. Al moverse dentro del cuarto para buscar el grueso camizòn, lograba ver sus carnosas nalgas, como aquellos que habìa visto en los cuadros de algùn renacentista, como la maja desnuda, o la venus del espejo. Carnes blancas y palidas que al verlas, me hacìan sonrojar, era una bella mujer. Tan maternal, como no lo habìa sido nunca mi madre.
- Uf! el niño esta creciendo- me dijo- ya es todo un hombrecito....
Sus regordetas manos, partidas y agrietadas por los lavados de kilos de ropa de mis abuelos al frìo, se hacìan sentir cuando suavemente se deslizaban bajo la gruesa tela de mi viejo pantalon de franela, aùn mojado por la orina de la noche.
- hummm, que celientito esta el señorito, y que duro esta esto, hummmmmmmm.....
Y su gorda mano lo rodeo con tal delicadeza, que lo hizo temblar. Como pude, torpemente metì una de mis manos por su pronunciado escote, donde las blandas carnes me dejaron entrar. Como un tonto aprete sus senos, y tirè de sus botones, aquellos que coronaban su piel. Tirè tanto de la elàsticada tela, que sentì como se rasgaba entre mis manos.
- Tranquilo niño, no se apures en probar.....dejeme a mì.- me dijo entre risas, y tiro de un hilo, que sin esfuerzo alguno, liberò su pecho, hasta dejarlo que se posara sobre mi boca, y tomandome del mentòn, me repitiò...
- Tranquilo mi niño, no vayas a morder, deje que sus labios beban como los de un bebe...
Mientras yo chupaba sus rozados pesones, sus asperas manos tiraban del cuerito de mi sexo, que sin aguantar la maniobra, lo sentì explotar... como si me volviera a orinar. Ella apretò con fuerza, y sin dejar de tirar, lo agitò repetidas veces, hasta hacerlo endurecer nuevamente, ya el liquido habìa brotado caliente, e hizo que la caricia, fuera màs suave.. Yo enloquecido por la sensaciòn, metìa mis manos temblorosas y torpes entre sus piernas, mientras ella apretaba sus muslos tratando de impedir la defloraciòn de sus deseos, hasta que alcance a tocar sus crespos y cortos cabellos que cubrìan su pudor, y entre tibios y suaves liquidos que brotaban entre sus carnes, mis dedos fueron apresados por una suave, pero mojada piel, que no alcanzaba a imaginar como serìa. Resbalò por los bordes de la cama entre gemidos, separando el deseo de la razòn, y llevò a su boca mi sexo para hacerme caer en una sensaciòn que llenò de estrellas mi cabeza, hacièndome caer en un estado casi de inconciencia, para luego explotar una vez màs, mientras mi corazòn agitado se apretaba impidièndome respirar, y soltè entre quejidos, una grata sensaciòn, donde todos mis sentidos se confundieron creando uno sòlo general. Sus labios recogieron hasta la ùltima gota que brotò de èl. Me diò un beso a la altura del ombligo, y sin dejarme reaccionar, se levantò, para sacar unas sabanas del alto ropero, subièndose en una banca de madera que habìa en mi habitaciòn, donde agachàndome, vi como sus piernas brillaban con la humedad que escapaba de su viejo calzòn, que metido entre sus nalgas, dejaba escapar algunos rizados y negros vellos que brillaban al llegarles la luz.
- Ya puè, ya tubo suficiente por hoy, ahora vaya a preparar el agua para que se bañe, ligerito le traigo el agua....
Mi mano se quiso meter por entre sus piernas una vez màs, pero ella apretandolas, y golpeando mis manos con las suyas, me hicieron retroceder...
El sol que entraba por las ventanas de mi departamento, y el aroma que subìa del cafè que estaba justo abajo, me hicieron despertar de mis recuerdos, mientras mis manos humedecidas, soltaban mi miembro, para estirar mis brazos y levantarme con una gran sonrisa en mis labios.
Al mirar por la ventana, una mujer que pasaba por la calle, me hizo recordar, que en una de esas escapadas que hacìa a la pieza de mi nana, una vez mi abuela habìa entrado sin golpear, encontrando a su empleada desnuda en la habitaciòn, mientras yo infructuosamente me trataba de esconder bajo las asomagadas sabanas de el viejo catre de bronce, donde dormìa la mujer que me iniciò. Ese dìa, aunque habìa amanecido frìo, los recuerdos me habìan echo entrar en calor.
Gustab

jueves 8 de mayo de 2008

La noche...

Si, el bar estaba lleno, el cigarro se metía impregnando la ropa, las voces ensordecían, y la música retumbaba en mis oídos. Los gritos de las fulanas me chillaban en los oídos.
Salí del bar como a las 4:oo am buscando en la noche fría y húmeda algo que me limpiara del olor a tabaco barato y perfumes comprados a algún marino de algún viejo mercante. Los cristales se cerraron tras de mi, me escabullí en las sombras de la nublada noche. Los adoquines relucían por la luz de los faroles, y camine camine camine. Sentada en un escaño, una mujer solitaria miraba a los faroles buscando quizás alguna respuesta de la soledad... me acerque, su rostro me perecía familiar, y su forma de vestir no le acompañaba en la oscuridad, parecía la chica del tango, aquella que alguna vez me sedujo y se fue sin decir palabra. Me detuve delante de ella, me miró, sus ojos tristes y llorosos, gemían nostalgia, y la brisa de la noche mojaba sus vestidos. Simplemente tomó mi mano, y me llevó al viejo hotel del final de la calle, "La casa roja". Abrió con unas viejas llaves la cerradura oxidada por los años, la pieza de olor asomagado y frías sabanas, aumentaban la angustia de su rostro. Se acercó a la ventana y sin decir palabra, encendió un trasnochado cigarrillo de mentolada fragancia. Sus manos desabrochaban la delicada blusa mojada, mientras sus senos, tímidos, se dejaban ver al trasluz de la noche. El humo formaba una espesa nube que dibujaba la lùz que entraba por la ventana. Seductora, pero triste, se acerco a mi. Mis manos acariciaron sus muslos desnudos y fríos, se sentía el frio en su piel, un delicado beso sello ese momento de tristeza. Sus labios tristes mostraban su fragilidad, el deseo no estaba, pero nos dejamos caer sobre las roídas sabanas para hacer el amor.
El silencio marco ese eterno momento de caricias y orgasmos lánguidos de un cuerpo que sólo necesitaba ternura y besos que entibiaran su cuerpo. Luego se durmió, la colilla dejaba ver la ceniza que congelada en el tiempo, no terminaba de caer, me puse el sombrero, y el grueso abrigo, me devolvió el calor perdido en la fría habitación. Tape su cuerpo desnudo y frío, deje que mis labios se posaran sobre los de ella.
Sin mirar atrás, baje por la oscura calle que, en silencio, se hacía complice de mi soledad.

Gustab

lunes 28 de abril de 2008

La mujer de la ventana..

Que podía esperar, llevaba horas caminando sobre los desordenados adoquines, las puntas desencajadas se clavaban en las suelas de mis zapatos, eran las cuatro de la mañana. El bar del inglés había cerrado de una vez. La lluvia no permitía que el puerto se movilizara. Las calles vacías me hacían ver en la soledad que me encontraba. El aire marino calaba los huesos y el frío no lo podía detener el inmenso abrigo que me cubría. Era tan largo , que el chapoteo en el agua mojaba el corte donde no se podía colocar una basta. Las rodillas molestaban más que nunca, miles de alfileres se clavaban entre los gastados huesos.
Los faroles iluminaban de una manera tenue, perecía que el petróleo que los alimentaba, no dibujaba la energía que los hacía funcionar. Las puertas cerradas de los locales. Las botillerías que se mantenían abiertas, parecían invitar a que el viento entrara como Pedro por su casa. Los viejos botilleros cubrían sus espaldas con improvisados y gastados mantos de lanas Tomé. Roídos por los años , dibujaban agujeros creados por la acción de las polillas, y el pequeño baso de agua ardiente mantenían el calor de los viejos.
Al cruzar por entre los murallones de la vieja casa, aprisionaban el paso de los solitarios caminantes que iban cantando viejas melodías porteñas. Algún tango tal vez, o un magullado jazz, que al traducirlo no nos decía nada. Al mirar las corroídas ventanas de madera, la ausencia me aplastaba, sin embargo, unas cuadras más allá, tras unas rojizas cortinas de terciopelo, asomaba la silueta de alguien buscando presencia en la noche. Me acerque escondiéndome entre las salientes de las murallas, procurando acercarme a aquella ventana. Al mirar, la silueta de una mujer medianamente mayor, con una copa en las manos miraba hacia la soledad de las calles, la bata que cubría sus hombros, dejaba escapar unos senos redondos, muy carnosos, pero caídos, el tiempo había marcado un pasado glorioso. Sus ennegrecidos pezones resaltaban al trasluz de la gastada ampolleta que iluminaba el cuarto. Al voltear, los respingados pezones negros me excitaron, y salí de la oscuridad para dejarme ver, ella inmutable, dejó caer la bata por sus hombros, y relucientes como noche de luna llena, sus carnosos pechos, llenaron el vacío de la luz. Era bella, impresionante mente elegante, pero era una mujer gastada por la vida. Sus claros ojos brillaron en la oscuridad, la sensualidad de su mirada cautivó mi mirada, no sé cuanto rato pasó, la bata había desaparecido, y tras la caída, sus carnosas nalgas marcadas por los años, se dejaron ver al igual que sus senos. Mi mano amarró la solapa de mi abrigo, el frío no dejaba pensar, y el baho de mi respiración empañó mis lentes, cuando logré que se desempañaran, la luz había desaparecido, pero la silueta seguía allí.
El viento helado me empujo a seguir mi camino, pero la silueta había quedado prendida de mis retinas, y no desapareció hasta que cerré mis ojos para dormir, el frío de mi departamento no me dio tiempo para pensar en ella.




Gustab.


lunes 3 de marzo de 2008

Extraña mujer...

Caminaba por los oscuras callejas del puerto, para variar contaba adoquines a mi paso cansino. La soledad de la noche me cubría del frío que sentía en mis carnes. Una silueta envuelta en sedas y ropajes extraños se cruzó en mi camino, un escalofrío recorrió mi cuerpo, tras el pañuelo que cubría su rostro, dos verdes ojos me miraron fijamente, parecían reconocerme. Eran dos faros que iluminaban mi camino, parecían faros que impedirían que este barco encalara Eran tan hermosos como el mar, tan profundo como el caspio, y tan transparentes como las aguas del caribe.
No pude evitar detener mis pasos y levantar la vista, esos ojos me envolvían como el musgo a la roca, sin dejarme respirar. Nuestras miradas se congelaron por unos instantes, sus dedos bajaron rápidamente a la túnica que cubría sus hermosas facciones, la extraña mujer hizo que mis ojos se cerraran y volaran junto con mis pensamientos.
De pronto ella estaba afirmada el en el viejo muro cubierto de grafitis, y su falda dejaba ver, expuesta por sus manos, el más dulce y brillante sexo empalagoso de deseo... sus dedos desnudaban sus más escondidos secretos, aquellos que como baúl de un tesoro, brillaban dejando escapar la miel de oro que correría por sus muslos, sus dedos iban esculpiendo sus depilados labios, para sacar de su interior el beso mojado de la pasión. Aquel que quise recoger y que no podía alcanzar congelado por la imponente belleza morena de sus carnes. Sus dedos no dejaban de acariciar su sexo, no dejaban de moverse en su piel encendida y enrojecida por la fricción. Sus delicadas prendas interiores eran jaladas con desespero, y se perdían entre las suaves sedas que envolvían como un regalo el hermoso gusano de seda que no la dejaba de mojar. Sus gemidos y palabras seductoras en musulmán, me transportaban montado en olas de cristal, hasta que un jadeo acompasado, la hicieron desaparecer entre sus dedos, y evaporarse en una nube de vapor... hasta quedar los adoquines húmedos y brillantes por efecto del sudor....
Cuando abrí los ojos, ya no estaba, y sin preguntarme que fue de ella, corrí a por las eternas escaleras del puerto hasta llegar a mi departamento, y escribir una nueva versión del cuento que había iluminado mis horas nocturnas en mi Niñez,
Gustab.

lunes 4 de febrero de 2008

La mujer que huele a deseo.




Al cruzar el portal de la vieja puerta el olor a hembra golpeó mis narices.... parecía que llevaba muchos días haciendo el amor. Patricia no concebía la idea de pasar un día con alguien entre sus piernas, sus deseos eran su gran prisión. Golpee muchas veces a su puerta, pero nadie abrió, y al empujar la roída puerta esta se abrió gruñiendo entre sus visagras. Caminé por el largo pasillo, el entrar a su dormitorio, su cuerpo desnudo y apacible dormía en su escamoso colchón. Me detuve en el dintel de la puerta para apreciar su belleza. Las piernas entre abiertas exhibían un pubis espeso, su olor fuerte ocupaba todos los rincones de la habitación, en el velador una vela dejaba de lanzar destellos para extinguirse en la oscuridad. Abrí las persianas para que los rayos del sol dibujaran las sinuosas curvas de sus caderas, maternas y anchas, acunaban cada noche los deseos de algún joven amante. Su bata entreabierta, sujetaba sus senos para dejarlos caer a cualquier movimiento, hasta que por fin la luz del sol lo hizo. Al girar su cuerpo, uno de sus senos cayó hacia un costado, sus pezones emergieron entre los encajes, maduros como cerezas. Su rojizo color me hacía recordar los brotes de azahares al empezar la primavera. Estuve tentado a dejar que mis dedos se dieran un festín, pero su cuerpo estaba tan tranquilo, que me senté para apreciar su desvergonzada belleza. Nunca despertó, pero vi como su cuerpo se regosijaba entre las sabanas, cada linea, cada pliegue de su cuerpo se transformó en un paseo por la sensualidad de la más bella de las mujeres. Me perdí entre las visiones que de ahí surgieron, más allá de mis sentidos, más allá de mis deseos, más allá de la razón. En un momento vi como su cuerpo giraba para evitar la luz, en eses cadencioso movimiento sus nalgas se expusieron como arrancando de las suaves telas que la envolvían, por un instante quise despertarla para por fin conocerla y preguntarle, su historia puesta entre tapas duras se convertiría en un Best seller, pero no, nunca la toque, nunca la desperté, y aunque estuve observandola por horas, conformé mi cabeza con la idea de escribir ese libro sin hablar con ella, pues lo que ella inspiraba podía verse distorsionada con sus palabras. Ella simplemente sería Patricia, la mujer que huele a deseo.
Gustab.

lunes 14 de enero de 2008

La pluma...

Dicen que cuando se le quita una pluma a un ángel de sus alas, ese ángel nunca vuelve a ser el mismo..... pues siento que a este ángel le han sacado más de una.
Las calles están vacías sobre los cerros, los adoquines están gastados, las luces alumbran noche a noche la vida porteña. ¿ qué hace que las mujeres deseen tanto tener la pluma del ala de un ángel?.... pues, generalmente, son ellas las que escogen arrancar toda la vida de la mano de Diablo, siempre escogen la persona equivocada, muchas dicen jamás arrepentirse, pero tengo claro que todas en algún momento se quejan de aquel demonio que han escogido para toda la vida.... pero vasta que se les cruce un ángel, sólo una vez, basta para que ellas le corten una pluma y las escondan entre las hojas de sus diarios de vida. Las mujeres son de una naturaleza extraña, vienen de mundos muy diferentes a los nuestros, pero cuando estas mujeres se nos cruzan en el camino, dejamos que nos corten una pluma, y si quieren más, siempre estamos dispuestos a que sigan usurpando nuestras alas, hasta que estas quedan sin una pluma. El problema está en cuando decidimos recuperar estas alas que les hemos entregado, y si las llegamos a recuperar, anda a volverlas a unir para que funcionen como antes.

He estado divagando sobre esto y otros temas durante toda mi vida, y jamás logro encontrar respuesta a mis divagaciones.

Hay algo que entiendo, cuando decidimos entregar nuestras alas a cuerpos afiebrados por la pasión, no volveremos a ser los mismos nunca más. He acariciado senos de todos los tipos, entre mis dedos se han desecho muchas mujeres como el hielo bajo el calor, he sentido correr sus calientes fluidos entre mis dedos, y mis manos se han extasiado entre las nalgas más hermosas, pero estos delirios siempre se van llevando pluma a pluma mis alas hasta quedar esclavizado entre las mentes más extrañas, más simplemente irracionales. Hoy ya no puedo volar, pero si me dieran la oportunidad de volver a retomar el vuelo, cambiando todo mi pasado por esta causa, creo que no lo haría.

Hoy al mirar al piso siento el rebote de las luces del cabaret, se que alguna me espera adentro, quizás sea ella, quizás no... en realidad da lo mismo, volverán a pedirme alguna pluma, y se que se la daré..... absurdo, pero entre las piernas de una mujer se han perdido imperios, fortunas, familias y muchas otras cosas más, pero ¿hay alguna manera´mejor de perder las Alas?
No, no lo creo. después de mucho caminar, estoy disfrutando del jugo estelar que derraman algunas estrellas sobre mi.


¿Extraño no?
Gustab.

viernes 28 de diciembre de 2007

Los Amantes ( De una escritora, mi amante).-






"Te duermes a mi lado. Caes silenciosamente en ese mundo donde yo puedo ser alguna remota conocida, una compañera de banca de parque o la amante que acabas de dejar para evadirte a esa región donde, mutuamente, nos privamos de la palabra. Me conmueve verte dormido, hundido en las sabanas con el abandono del sueño, enigmáticamente encerrado en tu cuerpo. También yo me dormiré y, entonces quizás te despiertes y pienses esto que yo estoy pensando, tal vez me imaginarás enredada en algún árbol enmarañado de los que sabes que me encantan y me quieras alcanzar tocándome, sacándome del mutismo de estación de radio apagada, volviéndome a traer hacia tu lado, hacia el amor que nos dio el sueño" .-

Siempre he pensado que entre el arte y la sexualidad, más que la sensualidad, siempre ha habido un vínculo que no se puede romper, es como ese vínculo entre padre e hijo. Podrán pasar muchas cosas, pero jamás ha de romperse, y si algún día se rompe, es porque jamás existió.
Cuando yo escribo, logro unir esos dos mundos, tan distante como el amor de los amantes y los convierto en uno, creando reacciones tan fuertes como los sentimientos de obsenidad, muchas se enamorarán de mi forma de escribir, y será en silencio y a la distancia, pero sus dedos me reemplazaran obcesivamente, y hasta el orgásmo. Aunque no sea lo mismo que beber de mis carnes sacándo el sabor de la pasión y el deseo que me esclaviza, aquel que me encierra en la soledad..



Los adoquines siguen mojados en el puerto, dicen que es la bruma matinal, pero yo creo que es el sudor de los amantes, ¿y ustedes?...

Gustab.

lunes 24 de diciembre de 2007

La vida es así....

Ahora, tirado en mi cuarto, a horas de celebrar la navidad, sólo. Alguna vez escuche una canción que decía así:
" A veces ríes, a veces sufres, a veces lloras...la vida es así"
Si es triste que después de haber tenido tantos amigos, la noche de navidad la tengas que pasar sólo. Cuando tube fama y dinero, y hasta una cierta posición social, por abajo de mi puerta pasaban muchas cartas, tarjetas de navidad, recados y hasta algunas tarjetas personales de algunas mujeres de sociedad. Las fiestas abundaban y me daba el lujo de rechazar muchas invitaciones para tener un rato de tranquilidad. Hoy es distinto, al mirar por la ventana de mi cuarto hacia el puerto, veo muchas luces, pero estoy tan lejos de ellas que la melancolía reflota entre las olas. Las luces de mi calle ya no son tan atractivas, hasta aparecen más opacas y menos luminosas. Sobre los adoquines veo pasar muchos pasos solitarios. Madamme Ivonne, quizás esperando que algún porteño la invite a tomar un trago esta noche. El café luce oscuro y solitario. Del cabaré, ni hablar. Sin embargo, los aromas a café, a trago, y algunas corcheas salen de un viejo saxofón. La tanguería luce muy iluminada, muchas parejas de ancianos entran y salen de sus puertas, quizás arrancando de la soledad de sus hogares, buscando alguna pareja para bailar esta noche, pero sus cuerpos lucen cansados. A lo lejos escucho un Bandoneón, interpretando "El mundo fue y será una porquería ya lo sé, en el 503 y en el 2000 también" que razón tiene esta triste canción, el tango suele reflejar los vivíres de un pueblo. Es cierto la música sigue reflejando al mundo.
Mientras tanto, yo sigo detrás de las roídas cortinas de tull. Mi sonrisa no se dibuja como en otros días, y pienso.... que pasará esta noche ... que habrá en la Japonesita... en que estará Amanda, que será de lila, con quien pasará estas fiestas Katty, o mi vecina, la escritora, aquella que alguna vez me invitó a un trago, y que luego de espiarme tras el biombo, salió de ese lugar vestida de lila, envuelta en encajes.... que harán sus grandes ojos verdes esta noche. La verdad que salí a golpear su puerta esta noche, pero de seguro está en alguna reunión de políticos planificando porque protestaremos esta noche. En fin seguiré solitario pensando en que hacer, seguro que Amanda tendrá una chica para mi esta noche.



Gustab.

martes 18 de diciembre de 2007

Camino al cielo...

Venía de ver el mar, debía dirigirme a casa para escribir algo que me hiciera sentir vivo. Al enfrentar las escaleras, miré hacia arriba, era larga, eterna y cansadora.
Puse el pie en el primer escalón de piedra, como las suelas eran blandas, bajo mi pie se dibujaron las piedras, el dolor entró intenso por mis muslos, sentí el calor del día, y una gota que resbalaba entre mis testículos y la pierna, había olvidado que no me había puesto ropa interior. Mi boca se quebró en muecas, el dolor fue intenso, tan intenso como el placer de una eyaculación entre las piernas de una virgen. Me senté para esperar que el dolor se calmara, descubría como la edad hacía lo suyo a cada paso que daba, estaba cansado , y el cigarrillo se conservaba encendido, mire lo que creí que sería mi última mirada al mar. El dolor me traspasaba los huesos, pero mis ojos no dejaban de mirar las piernas, bajo las faldas de aquellas chicas que subían la escalera, hasta alcanzar las media lunas de sus nalgas, hasta una que apareció sin ropa interior, la vista se llegó a a nublar buscando el curioso vaivén de su sexo, donde el sudor y el calor del día lo hacía brillar, casi podía sentir la fragancia de su sexo respirando excitación, también el brillo viscoso de su sexo, hasta que la luz encegeció mis ojos y tube que retirar la vista de tan bello y sensual espectáculo. El erotismo de esa falda, me hacía recordar la primera vez que vi el sexo de una mujer desnuda, y cerrando los ojos divagué entre recuerdos y excitaciones de juventud. Que obra maravillosa la de Dios cuando pensó la forma que debía tener el sexo de una mujer, y lo cubrió de vellos para hacer más atractiva la búsqueda y el deseo que produce dejarse deslizar por un vientre desnudo hasta llegar a él y beberlo hasta que sus sabores y olores se impregnen en nuestros labios, dejando que el salado sabor del deseo nos alimente por minutos, horas o días dependiendo de que tan sólo se amen esos cuerpos.
Al sentir que el dolor se disipaba, volví a tomar las escaleras con el triste afán de alcanzar esas piernas para devorarlas entre las sabanas de alguna cama, entre almohadas de plumas y ahogarme en su sabor. Nunca las alcance, no sé que camino tomaron, pero el deseo de poseerla me llevó a seguir las escaleras hasta que me perdí entre la espesa niebla que iba cubriendo el puerto, las luces se encendieron, y el último tranvía hacía rechinar sus frenos tras de mi.
Desolado, me senté en el descanso de alguna escala de piedra de alguna ruta que jamás había tomado, las frías y húmedas piedras del cual estaba hecha, humedeció mis nalgas, encendí un cigarrillo y fumé hasta que ya no sentí mi cuerpo por el frío del viento helado que se dejaba caer sobre esa calle.
Gustab.

viernes 16 de noviembre de 2007

Encierro.

Llevaba días perdido, no sabía donde me encontraría. El encierro del departamento, las fragancias asomagadas y el olor del cigarrillo me habían envuelto, la hoja enquistada en la royal no se había teñido´, ni una sola tecla había golpeado sobre su cara. Las hojas alrededor del papelero se amontonaban formando cerros de desconcentración, cerros de mudas letras. No quedaba ni una pieza de loza limpia en el repostero de madera labrada de la cocina centenaria.
La grasa en los platos ocupados una y otra vez me estaban envenenando. Pasé días divagando en mi memoria buscando alguna frase que hilara con otra. La verdad el laberinto que se formaba en mi cabeza no me dejaba pensar. Recorrí cada rincón de mi mente buscando algo que contar o escribir. Pero en mi mente sólo se dibujaban cuerpos desnudos haciendo el amor. Los corsé y los labrados sostenes en telas, las bombachas y enaguas, no me dejaban ver nada más. Mi mente divagaba sin rumbo. Los enormes senos de las chicas del bulevar me envolvían en recreaciones inútiles. Mi sexo prendido no me dejaba respirar. Cuando abrí la puerta del apartamento, un halo fresco recorrió mis entrañas, mientras mis pulmones se volvían a abrir. Sentí que el aire del puerto rebasaba mi tolerancia al aire, y entre vaíos cruce la calle adoquinada para entrar en la intimidad del Bulevar, y las fragancias Francesas revolucionaron mis hormonas hasta hacerme caer a los brazos de Vanessa, una rubia con rasgos salvajes, y unos ojos verdes que te penetraban hasta desenterrar tus más oscuros secretos. Los corsé ahora los podía tocar, y las tibias carnes iban perfumando mi nariz hasta hacer desaparecer el olor a tabaco y moho que me inundaba al interior de mi departamento.
Luego un viaje me llevó a las nubes, y entre aromas sentía como mi cuerpo liberaba la energía acumulada que arrebataba las ideas de mi cabeza. Sentí que la vida volvía a tomar sentido y que las ideas volvían a brotar. Pero me dejé arruyar por la cuna de las pasiones.

Gustab

martes 6 de noviembre de 2007

El dolor y el deseo.

A la distancia, más allá de los almendros, entre los olivos, donde el mar baña con las olas del deseo, un cuerpo se agitaba en las arenas desnudo, desamparado y con las carnes trémulas. Su piel erizada por la brisa del puerto, acariciado por el aire marino, la soledad embargaba sus sueños. Sus ojos perdidos en el horizonte anunciaban la llegada de la soledad. El sol se escondía allá donde se pierde el mar. Unas manos recogían los senos hinchados por la pasión, los dedos de un extraño la acariciaban de lejos, su cuerpo se estremecía, temblaba, y el frio se apoderaba de todo. Sus sueños, sus padeceres, su soledad.
Ella no sabía que el amor y el deseo duelen, y ese dolor brota de lo hondo. El vientre arde desde su interior, la tranquilidad que fue creada para acoger a un niño se transforma en fuego, los músculos se contraen sin control enloquecido por los dedos que agitados buscan provocarlo, el torrente se desata, el sexo se lubrica con rapidez, mientras la imaginación va dibujando la cara del deseo. Ese amor que le fue esquivo hoy la atormenta creando sensaciones e ideas que no debían de despertar, lo que había empezado como un juego, hoy terminaba quemando desde adentro, las orejas ardían, los ojos se irritaban, los pezones se disparaban en frenética dureza, sus propios dedos los pillizcaban y giraban provocando agitadas sensaciones en su estomago.
Su cabeza no quería separar sus deseos de la realidad. Sus cabellos caían desordenados sobre su rostro, y ese fuego interior emergía hasta su cabeza haciendo estallar sus ideas, su vientre se contraía y caía fetalmente entre sus rodillas, la saliva resbalaba por sus labios cayendo a gotas sobre los sudados senos que escapaban de su compostura para ser batidos por el orgasmo que nacía desde su interior. Hasta caer jadeando su halo de vida y apagarse en llanto.
Las olas mojaban su cuerpo desnudo mientras la arena se iba introduciendo por todos aquellos lugares donde se había generado el deseo y la pasión. Las pequeñas piedrecillas insaciables buscaban el origen del descontrol, raspaban causando un dolor que parecía exquisito, pero que raspaba en su interior, agitando las últimas replicas de aquel terremoto que la había transportado a ese lugar y a aquellos brazos que no la podían alcanzar. Desde el malecón entre las rocas el rostro de un niño la miraba sin entender cual era la enfermedad de aquella mujer, que le causaba tanto dolor, que le hacía doblarse con tanta locura, y porque su cuerpo sudaba arena, porque esta se adhería al cuerpo, ni porque estaba desnuda. Sin entender, tomo el anillo de la vieja carreta, y agitándolo con un palo lo hizo girar cuesta arriba, mientras las escaleras se esforzaban en devolverla hacia la playa, pelo el ágil palo, no la dejaba volver. Dos viejas mujeres agitaban su cabeza en señal de rechazo, nadie sabía si era por la actitud de la mujer o la insistencia del niño.
¿En que iría pensando ese niño cuando subía por las escaleras del paseo peatonal?, mientras lo miraba subir pensaba en cuantas cosas yo habría hecho a su edad por ver lo que sus ojos recién descubrían, .... el deseo y la pasión.
Los adoquines se cerraban a la distancia, aunque yo sabía que nunca sus puntas se iban a juntar.

Gustab.

sábado 3 de noviembre de 2007

Los Ángeles cantan para tí....

Muchas veces he amado. Ese día en la misa del difunto encontré a muchas caras que hacía tiempo no veía, retrocedí muchos años a mi infancia, me gusto volver a verlos.
Desde el pasado florecía una voz, el coro que acompañaba la misa del difunto, ellos me miraron y dijeron..." Los ángeles cantan para ti" ... si dije yo, y si son esos ángeles me iría con ellos ahora mismo.

La voz del coro era muy conocida, si muy conocida. Hacía años que no la escuchaba. Patricia, aquella niña que alguna vez ame como no he amado a nadie en el mundo. Del pasado una flor volvía a florecer, y como imán volví a encontrar sus ojos chispeantes, como hace 34 años atrás. Si eran esos ojos los que una vez me enamoraron, y para siempre.Todos sabían de mi amor por ella, todos sabían que amaba ese tono pastoso de su voz, aquella que me trasladaba cada vez que la escuchaba. Si, ella seguía siendo un ángel. De aquellos ojos me enamoré, y nunca los olvidé.
Cuando me acerqué a ella, sus ojos sorprendidos me miraron como esa primera vez. Sus rostro no había cambiado, su voz seguía siendo un cristal rozado por mis dedos. Y aunque no me conoció, sólo tuve que decir lo mismo que había dicho alguna vez a estos amigos que reían diciendo: "los ángeles cantan para ti"
¿No me conoces?... y yo que te he amado toda mi vida. Sólo sonrió, y esperó a que terminara la misa para hablarme.
Muchos salmos pasaron entre canción y canción, hasta que por fin salimos para encontrarnos fuera. Fumaba un cigarrillo tras otro, hasta que estuvo frente a mí.
Porqué nunca me lo dijiste, porqué esperar hasta hoy...porqué, me reclamó.
Cuando uno ama como yo te amé, nunca dice nada, eramos unos niños y sólo amábamos como creíamos que era el amor, nada había detrás, sólo había amor.
Nunca pude abrir la boca para decirlo, nunca quise correr el riesgo de que me rechazaras, te amaba en silencio y sólo me bastaba con verte para saber lo que era el amor. No había acabado de decir eso cuando sus labios me atraparon para volverme a liberar, dio media vuelta y se alejó de mi, mientras mis ojos la seguían de lejos, hasta que el puerto la hizo desaparecer.
Mis labios se sonrieron, ella había respetado el amor que sentía por ella y dejando el sabor de sus labios en los mios, me dejó como hace 34 años atrás.
Miré hacia los cerros, tenía que volver a mi soledad, y el atardecer me acompaño en mi cansino rumbo a casa. Desde el ascensor de los astilleros se podía ver como hasta el sol se burlaba de mi.
Frente a la Royal estaba desnudo, y con la vista perdida en la noche y las luces del puerto, la hoja enquistada me pedía a gritos que escribiera en ella. Pero mis ojos no dejaban de verla....
De pronto unos golpes en la puerta me hacían despertar.... y el tranvía me volvía a decir que era hora de dormir... aunque parecía saber quien era la que golpeaba a la puerta...

Gustab, "los ángeles cantan para tí..."

jueves 1 de noviembre de 2007

Cuando un amigo se va....

Venía del velorio, todo parecía más oscuro ese día, las calles se hacían pesadas paso tras paso, piedra que se cruzaba por el camino era pateada sin dirección alguna, hasta que en uno de los rebotes fue a dar a la vidriera del café, y un estruendoso ruido me hizo correr sin dirección.Recién en ese momento me di cuenta que el destino no depende de nosotros, ni siquiera aquel que estimamos que está escrito en algún libro mágico.
Si, un gran amigo de juventud se alejaba de mi sin siquiera avisar su partida, tres años más joven que yo, lleno de vida, pero un gran fumador. Su corazón reclamaba una vida de maltratos, y cayendo en huelga, dejaba de alimentar los halos de vida de un, aún joven amigo. Un paro cardiaco terminaba con años de farra y vida licenciosa. Muchos vasos de agua ardiente se quedaban sin beber, sin nadie que los pagara. Cuarenta cigarrillos menos se fumaban en el mundo, y muchas prostitutas se quedaban con un cliente menos. Como dice el tango cuesta abajo la rodada....tan tan.

Pero ese día, él querría que nadie estuviera triste, el show debía continuar, y sin pensarlo dos veces, entré donde el farol rojo me indicaba que el mundo sigue girando, una vez más como dice el tango:
" Verás que todo es mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa,Giiiiiiiiiiraaaaa Giiiraaaaa, aunque te quiebre la vida , aunque te muerda un dolor, no esperes nunca una ayuda, ni una mano, ni un favoooor.....".
Estaba Susana esperando la visita de Claudio, y era yo el elegido para comunicarle la noticia, desnuda como Dios la hecho al mundo, sensual como nunca, como para recibir la triste noticia del fallecimiento de su mejor cliente. La tomé entre mis brazos, y colocando el fajote sobre la mesa, pedí sus servicios para pasar la pena, y una botella del mejor champagne, para ahogar los malos pensamientos, aquellos que me habían molestado todo el día... y que ahora serían olvidados por las suaves caricias de una bella María Magdalena, nacida para entregar placer, y esconder sus propias tristezas, envolviendo con sus piernas carnosas, las tristezas de otros.

Al terminar la faena, las sirenas del puerto anunciaban el fin de un día más en el puerto, mientras yo con las chicas de la Japonesita, elevábamos los vasos que se golpeaban entre ellos, para brindar con agua ardiente, la partida de un amigo más que se va....

Gustab

( Homenaje a un amigo que se va).

viernes 26 de octubre de 2007

El Angel


Ese hombre extraño sabía que tenía una misión en la vida. ¿Pero cual era? . Lo dejaron caer entre arrabales y boites, el no sabía que cosas le tenía deparada la vida, pero a cada esquina aparecía un alma errante.

El ángel como le llamaban las mujeres siempre estaba para conceder los deseos de quien lo necesitara, se sabía que el se comunicaba de una forma especial con las mujeres sobre todo, ellas veían en él, la imagen del hombre con el que se podía copular dejando fluir la vida. Al caer la noche en el puerto, su alma vagaba entre cafés , boites, bares y encumbradas calles tapizadas de adoquines, su imagen aunque oscura, reflejaba un halo de luz a su paso. Los perfumes que emanaban de su figura, marcaban la ruta a su paso cansino. Siempre con sus manos en los bolsillos del pantalón y el abrigo al viento. Muchas deliraban a su paso, pocas se atrevían a dar el paso que las llevaría a la cama, aquella que rodeada de barrotes de bronce se perfilaba como una cárcel dorada, tan dorada como la sensación que dejaba dentro de sus cuerpos luego de hacer el amor. Las que no se acercaban, dejaban resbalar sus dedos entre los nudos capilares de sus sexos, y maullaban como gata en celo tras los ventanales que las separaban de su figura. Ellas parecían presentir sus pasos cuando sus tacos golpeaban el sonido hueco que soltaban los adoquines.

Esa noche lluviosa, tras las cortinas del bar, ella lo observaba de lejos, y sin mediar causa alguna se acercó a la oscura figura, y dejó que sus labios la llevaran al laberinto sin retorno, posó sus labios sobre los de él, y ahogó su deseo entre los brazos del desconocido. Las manos atrapadas en sus bolsillos, buscaron por abajo de su falda la calidez de sus nalgas desnudas, y empujando el deseoso cuerpo a la oscuridad de un callejón, le hundió su sexo en una sesión tan rápida y fugaz como los deseos de la satinada rubia que había salido del Bar Montebello. Sólo la lluvia desbordante lograba ocultar los gemidos de una más de las favorecidas por las manos delicadas del Ángel. Al alejarse la mujer por las calles, su figura aparecía dibujada por el agua del copioso aluvión, y por dentro una sensación tibia que quedaba atrapada, la bendición del angél corría por sus muslos alborotados, mientras la mujer dejaba bailar sus nalgas carnosas a cada paso que daba.


Gustab.

viernes 19 de octubre de 2007

Los demonios.




Corrí por el puerto buscando refugio, ellos me perseguían, si me detenía ellos se vendrían encima. morderían mi cuerpo, extraerían la poca sangre que quedaba en mi cuerpo. Los adoquines se levantaban a mi paso, como explosiones lunares se venían sobre mi rostro.Los demonios no se detenían, pisaban mis huellas, las iban cubriendo de sangre.



Al pasar frente al bar, la figura delgada de madama Ibón se cruzó en mi camino, de bruces calló sobre las piedras mojadas, pero no me podía detener, sería el último paso que daría en mi vida, sin detenerme seguí corriendo, los perros me perseguían cuando pasaba por su lado, los gatos saltaban de los basureros sorprendiendo y llenan do de bullicio los callejones. Todo se volvía confuso, a ratos parecía que los demonios desaparecían, pero no, al mirar atrás las adoquinadas calles se seguían levantando, un poste se cruzó en mi camino, la cabeza azoto el pavimento de las veredas, mi rostro se cubría de un liquido rojo, espeso, negro.....



Mis ojos se cerraron, mis labios gritaban, los demonios me alcanzaron. Mis brazos cazaban el aire tratando de alejar los demonios, pero volvían a desaparecer, cuando creía que se había alejado, las sombras empezaron a golpearme en la cara. Sangraba, sangraba.... una sirena se escuchó a lo lejos, como eco en el espacio desapareció tal cual como había aparecido, las luces rojas no me dejaban ver, me enceguecían... todo se volvió negro, al despertar del silencio, en medio de la oscuridad, descubrí mi estado de inconsciencia, nunca supe lo que había bebido, ni que sabor tenía, mis labios estaban secos, mi ropa era un asco y el olor me alejaba de mi espíritu.



Al instalarme bajo el chorro de la ducha, sentí que los demonios se alejaban, el agua corría por mi cuerpo lavando mis pecados de inconsciencia. Luego al salir de ella me tire sobre el viejo catre de bronce, y entre temblores cerré mis ojos esperando que el sol de la mañana que entraba por la ventana me cubriera de calor.
Gustab

martes 16 de octubre de 2007

Los tres deseos.

Esa tarde mi aspecto era triste, acongojado, las culpas por la vida que había elegido me perseguían. Esa tarde decidí que la mejor manera de salir de este estado era bajar a la playa de los pitucos. La lluvia torrencial que acompañaba mi soledad no era un impedimento para tirarme sobre la arena mojada y dejar que la lluvia terminara por lavar mi rostro envejecido por el abuso de estado de bohemia permanente que me perseguía.
Por abajo una arena mojada, por arriba una lluvia incesante que amenazaba con las penas del infierno. Sin embargo me tendí sin pensar las consecuencias, por dentro la cálida compañía de la soledad me mantenía vivo. Mi cumpleaños se acercaba, eran muchos años de divagar entre historias, y hasta ese momento me preguntaba que desearía para ese día. No esperaba compañía, el alejarme para escribir del mundo me había dejado abandonado, sin embargo mantenía, curiosamente, mis deseos latentes. Me preguntaba que pediría este año. El vaivén de las olas acompañaba mi intranquila existencia, miré al mar y reprochando la soledad tomé una vela entre mis manos y ejecute el único acontecimiento que acompañaría mi cumpleaños. Tres deseos, sólo tres. Total , en el pedir no hay engaño:
Mi primer deseo fue... La inmortalidad. Cosa que se veía imposible debido a la cajetilla que fumaba a diario, mi licenciada vida, y el compañero más fiel de la soledad, el alcohol.
Pero igual nació en mi mente ese profundo y oscuro deseo. Bueno en cierta manera este deseo sería concedido no como una promesa de vida eterna, pues mis letras inmortalizarían mi alma.
El segundo de los deseos fue ... la riqueza. Cosa que también se vería imposibilitada, pues mi vida no se caracterizaba por el ahorro precisamente, pues entre libro y libro, los tiempos de espera se hacían eternos, y había que sobrevivir mientras el siguiente golpe creativo llegaba a mi mente, que por mis tiempos de divagación no eran cortos. Pero pensaba que el día en que yo muriera, los derechos de autor quedarían en manos de alguien. No importa quién.
Y mi último deseo fue muy cursi, .... el amor. Cosa que tampoco se podría cumplir si seguía en mis andanzas de bohemio trasnochador. Si bien mi personalidad se vuelve atractiva para ciertas señoras de sociedad, ninguna de ellas buscaría unirse para toda la vida con un hombre como yo.
Pero aún esa cursilería tenía salvación. Pues muchas de mis amantes quedarían con esa semilla que había plantado en ellas, nadie podría satisfacer sus ególatras
sueños de snobismo, pues muchas se ofrecían sin mediar seducción alguna por una aventura con este escritor, que todos criticaban, pero que ninguna dejaba de leer. En ellas estaban guardadas las riquezas de aquellos comerciantes y empresarios enriquecidos con el sudor del pueblo, que no escatimaban en recursos ni esfuerzos para satisfacer los caprichos de tan bellas y sensuales mujeres de sociedad.
Los artistas solemos ser chics, al momento de vivir una aventura, y de publicitarlas en alguna peluquería o sauna de sociedad.
Al despertar de mis tres deseos, sólo miraba a mi alrededor, las olas seguían ahí, mi soledad seguía acompañando esa lluviosa tarde. Y sin pensarlo sople la vela. Aún sabiendo que esos deseos jamás se iban a cumplir.
Tomé la botella de licor que aún estaba en mi bolsillo, bebí de ella e hice un estruendoso ...¡ Salud!... Y mojado como Diuca tome las viejas calles para dirigirme al ascensor de los astilleros.
Al pasar frente a la Japonesita las chicas me saludaron....
- Gustab... mi amor cuando vienes por aquí, ....- y sin siquiera mirar a mi alrededor decidí que mi vida era muy similar a la de Madmoiselle Ibón.

Los adoquines se hacían resbalosos a cada paso, las luces se empezaban a despertar en el puerto, y los zorzales comenzaban a anunciar la hora de los amantes. Venessa me esperaba en el Gato Viudo, y su cuerpo envuelto en bata de seda, me anunciaba , que a pesar de todo, cumplir años no era tan grave, ni tanta era mi soledad, aunque costara algunas chauchas la noche.

GUSTAB

miércoles 10 de octubre de 2007

Mad moiselle Ibón...

"Al entrar al bar, ya noche, al fondo de la barra, una bella mujer fumaba con una larga boquilla un cabaña, uno de esos cigarrillos que van dejando a su paso una gran estela de humo, denso, de olores fuertes.
Han pasado diez años, Madame Ibón, una francesa que vivía de sus recuerdos en el Beaudeville, una actriz de exuberante belleza, de platinados cabellos y unas ojeras, que de largas, se podían pisar, le conversaba al mozo de la barra de sus tiempos de estrella, delante de ella, las copas de ginebra llenaban el mesón.

Ibón era una francesa que venía de París. Cuando ya su fama se apagaba como los faroles de las viejas calles adoquinadas, decidió viajar y recorrer el mundo, hasta que su marcha se detuvo en este puerto lejano, lejos de su París, y lejos del Beaudeville, terminando en los espectáculos del viejo burdel, donde cantaba con su voz gastada, y vestida de viejas cedas y demás, quería revivir su época de oro en la ciudad luz, y entre borrachos se hacía escuchar acompañado de un viejo pianista de Jazz, tan negro y gastado como la voz de Ibón. Sus lastimeras canciones hablaban de los días de París, sus amores de aristocracia, hasta de un gigoló Argentino que con las promesas del cielo la convenció para que se fuera a Buenos Aires con él, donde ella volvería a renacer la estrella que era o había sido en el Moulin Rouge, de donde ya no la llamaban por sus gastadas cuerdas vocales que la hacían desafinar. Mademoiselle Ibón, se apagaba como su voz, y de la champagne ahora bebía ginebra en los bares de este triste puerto que la acogía para no dejarla morir, y entre copa y copa, entretenía a los cristianos contándole de su viejo París, y de lo famosa que era. Todos sabían que era la manera de mantenerla viva, hasta que un porteño argentino la recogía al despuntar el Alba, y se la llevaba entre vítores falsos de admiración.
Diez años habían pasado de ese día que abandono las iluminadas calles de París, por estas oscuras calles de adoquines que cuando se mojaban, el brillo de los viejos faroles, la hacían volver a su tierra y divagar....

Madame Ibón, aquella bella mujer, aquella platinada que en sus buenos tiempos hacía suspirar al hombre que se le cruzara en su camino, aquella que enamoraba con sus viejas historias, aquella de escotados vestidos, donde mostraba sus senos que marcaban el paso cruel del tiempo. Aquellos tajos en el vestido, que iban enmarcando las viejas columnas que la sostenían en pie, esos tajos que algún parroquiano aprovechaba para acariciar soslayadamente su tersa piel, que aunque el tiempo pasara, no dejaba de excitar. Cuantas manos habían aprovechado ese estado etílico y aquellas vanidades de mujer, para manosear sin pudor, para luego esconderse en el baño para masturbar sus ahogados deseos de aprovechar...Madame Ibón, madame Ibón.
La lástima me había llenado de nostalgia, y salí del bar medio asqueado y porqué no decirlo, excitado, por aquella imagen que me hacía recordar mis pasos que alguna vez, recorrieron París. Ya no es la flor de París, es la rusia francesa del ginebra y gastada voz. Los adoquines se me hacían difíciles de esquibar, el agua ardiente no me dejaba coordinar, la vieja puerta de mi edificio no había manera que se quedara quieta para poder apuntarle a la gastada chapa dorada, aquella que en honor a la Francesa, la llamaban Mademoiselle Ibón. Cansado de intentar abrir el portalón, me dejé caer pesadamente sobre los escalones de la entrada, y cerrándo mis ojos, la imagen de la madame, acunó mis pesados ojos hasta caer dormido, esperando que algún parroquiano me ayudara a entrar."
Gustab

domingo 7 de octubre de 2007

Libertad.......

" Ella estaba obcesionada por él, maldijo tantas veces su belleza y seducción, que se alejó de todos sus principios, la moral se había derrumbado, el deseo había superado todas sus creencias, casi para renunciar a su vida, y darle todo a él, más la sombra cubrió el camino a su corazón, y escuchando el cerrojo que salía de su pecho, quedó vacía, y aún así seguía viviendo por él."


" Ella se apoderaba de todo lo que palpitaba en él, su atracción por aquél desconocido no la dejaba pensar, lo quería todo, pero él había nacido libre, y quería escribir, nada era más importante para él, de sus atractivas letras nacían las atracciones que sentían por él, pero cuando quería hablar, se convertía en uno más de sus personajes, y escondiendo su deseo y personalidad, se dejaba querer, sólo el temor y la adrenalina lo llevaban al orgasmo, el seguiría seduciendo no importaba si por ese hecho algún día tendría que morir."

"luego al entrar nuevamente a su cuarto daba vuelta el tintero sobre la hoja de papel, la que guardaba celosamente entre ajadas hojas de algún viejo libro de política internacional."

Gustab.......

jueves 4 de octubre de 2007

Caos en el puerto.

Entre ojos verdes y pañuelos artesanales,Entre voces sensuales que liberaba el auricular, Gustab divaga día a día, Tan lejos y tan cerca.Venus siempre se presenta en su vida extasiando la mente lujuriosa del escritor.
"Hoy la hoja enquistada fluye.
En la vieja casona de Arturo Prat, Las cintas amarillas no dejan entrar, Las balizas invitan a los mirones a alejarse del lugar.
El descendiente de los Belmar sigue escondido tras las puertas de prostíbulos y bares de baja monta.
Las gitanas del puerto tiran las cartas tratando de averiguar que paso con el extraño de vista perdida, de ojos divagadores.
Los enrojecidos ojos del poeta maldito delatan su locura, y su propia maldición."
Gustab se pierde entre las teclas de la vieja Royal.
El tranvía hace rechinar los rieles que están incrustados en los adoquines, el café no deja pensar, los Músicos del Gato viudo no dejan escuchar, las prostitutas de aguzados tacos golpean sobre las piedras de la vieja calzada, los burdeles cierran sus puertas para recibir una vez más a los marineros de los viejos petroleros de Panamá, los barcos han dejado caer las anclas, las faenas de las harineras están en paro, vuelve a sentirse el olor del mar, húmedo y mojado, rocía los viejos adoquines mojados por la sal, las calles se van llenando de vidrios de botellas que dejaron caer algunos borrachos, el olor a ron, agua ardiente y sudor, se mezcla con la brisa que al fin dejó escapar el mar, las faenas están en paro, el puerto es un caos, los ascensores no dejan de subir a los desocupados de la ciudad.
A pesar de l terror por el sicópata del puerto, este no detiene su andar.

Gustab trata de escribir sus mejores lineas, un libro que Hablará de los gitanos, " Cuentos de gitanos" lo titulará.

domingo 30 de septiembre de 2007

"Ella sabía"....

"Ella sabia que no debía pero cada noche volvía a ese mismo lugar ella sabia que no debía pero cada vez lo deseaba mas ella sabia que él seria su perdición aquel hombre que le había sido predecido hace un par de años atrás aquel que romperia con su cordura, con su compostura y la convertiría en la hembra que siempre ha llevado por dentro. Ella sabia que debía alejarse de él ya que una vez probado aquel manjar volvería por el a saciar su hambre a saciar su sed... Ella sabia pero no quería dejar de sentirlo entre sus piernas, en su piel y en su corazón, ya era tarde el hombre la había embrujado, la convirtió en parte de su piel."

Cada vez que caía la noche ella hojeaba mis libros, y me fui convirtiendo en su obsesión. Mis letras encendían la noche su cuerpo, cada rincón de su piel se erizaba, su única manera de sobrevivir al vacío que había en ella era hojear una y otra vez esos libros que alguna vez había escrito. Uno especialmente particular, "Dos escorpiones en la noche", un libro que habíamos llenado juntos, donde hablaba de dos amantes que hacían suya la noche en un viejo cuarto arrendado, ahí, a orillas del mar... cada hoja plasmaba encuentros amorosos que se vivían sin pudor ni vergüenza, donde todo era posible, y así hojeando las hojas de ese libro nos hicimos amantes. Cada noche nos juntábamos a amarnos sin ojos vigilantes, sin vidas reales, sólo encuentros con una promesa, placer, si darnos placer mutuamente y cumplir nuestras fantasías que nos hacían temblar y gemir, que hacían que sus manos cada vez que me leía se escurrieran por su cuerpo, buscaran entre sus muslos un acercamiento más a éste amante que sólo estaba en su mente para hacer o dejar hacer lo que su mente creara. Así de los sueños se creó una pasión defenfrenada, Katty sólo sabía que tenía que pensar en ese amante lejano, y él aparecería sin pedir explicaciones, y sin exigirle nada a cambio, me gustaba entrar en sus noches, soplar sobre su rostro y sentir como despertaba su piel, no era difícil seguir con el libro, las letras se iban escribiendo solas noche tras noche, gemido tras gemido, orgasmo tras orgasmo. En el auricular de mi teléfono, esa amante gemía a lo lejos como si mis dedos la estuvieran tocando, sus gemidos se apagaban a la distancia, su cuerpo temblaba a cada susurrante palabra de ese amante que sabía que decir, y cual era el momento preciso en que ella debía explotar, así, y aunque ella sabía, volvía a abrir el libro para leer noche a noche un nuevo capitulo del ajado libro.

Un libro que marcaba su vida a cada paso que ella daba, y ese libro se convirtió en el amante que siempre una mujer quiso tener.


Gustab... a tí.

sábado 15 de septiembre de 2007

La Rolley ....


Cargué la Rolley Flex en mi bolso, esa cámara que tantas veces se había convertido en mi única amiga en mis días solitarios de Artista. Necesitaba un espacio de relax, y nada mejor que buscar un tema de inspiración para mi nuevo libro.... " Eróticas literarias de Don Quijote", un libro que llevaba tiempo en la editorial, hasta que por fin le habían dado el visto bueno. Sin embargo, me pedían que por la escasez del presupuesto, y aprovechando que yo era fotógrafo, buscara la imagen que vestiría las portadas de mi libro.
Recorrí mucho buscando un lugar, una imagen, algo que hiciera de vitrina para que la gente se interesara en él. Después de mucho caminar, al anochecer, en la puerta de la japonesita, el prostíbulo del pueblo, una muchacha me invitaba a pasar. Estaba cansado, y excitado, necesitaba un momento de distensión.
Al entrar, Amanda la regenta, me salió a recibir:
-Y bien Gustab, que aires te traen hasta nosotras....?
- Amanda necesitaba una imagen para mi nuevo libro.... habla de mi vida...
- Ja.... ni un lugar mejor para buscar inspiración.... tu vida empezó aquí......
- Déjeme en paz, quiero un par de chicas, necesito un poco de acción...
- Tan lejos del cielo, amor, y tu chica?
- Vamos, quiero que me las llames quiero verlas...

Una a una fueron entrando en el frío salón, algunas más desnudas que otras, todas igualmente bellas y carnosas, y la chica de la entrada, tan bella como el sol. Si no costo elegir, hoy mis gustos teñían por las carnes opulentas, aquellas imágenes que caracterizan al burdel.
- Mi querido Gustab, hoy vienes muy decidido.
- Amanda, quiero tomar una foto dentro del salón, con todas tus chicas , te parece?.....
-claro, pero a ellas que crees....?....
- Dejelo amanda, dejelo, nunca más tendrá ninfas más bellas que nosotras, cierto chicas?
Ellas querían la inmortalidad, sólo las buscaban para tener sexo con ellas, y conocían mi trabajo, mis libros eran guardados bajo las almohadas para esos ratos de espera, mientras nuevos clientes se decidían a entrar.
Ellas se juntaron en torno a sofá de terciopelo, algunas desvistieron sus escotes sin pudor, hasta mi lente llegaba el envolvente aroma de sus escotados senos, y ese olor tan particular que suelta una mujer cuando se sienten admiradas por su sensualidad. La imagen me parecía, épica, podía sentir que congelaba la historia del prostíbulo para siempre.
Modelos naaaa!!, ellas eran la belleza pura de las perfiladas imágenes que quedarían a través del tiempo y el espacio, una foto que resumiría toda la sensualidad que guardarían estas murallas, aquellas donde tanto niño enfrentó el paso suave la adultés, o las ganas de tantos marineros después de muchos días sin mujer.
Bueno, de ahí al cuarto presidencial, como le llamaban por su fastuosa decoración, y dos carnosas chicas que prometían no sólo hacerme tocar el cielo, sino que además una extasiada tarde de burdel. Los labios más suaves, los senos más carnosos y redondos de todo el puerto, y las nalgas más jugosas de toda la región.
Me fascinaba el olor a sexo que se respiraba en esa casa de remolienda, las hormónas de las muchachas, la sensualidad de los cuerpos rozados, la viveza de sus carnes, su temblar a cada movimiento, la manera en que te acariciaban y no oponerse a nada que tu imaginación deseara, era la vida misma, la fragancia a perfume francés. La carne y la lujuria a tu dispocición, todo el aire bucólico que se respiraba en esa habitación. Dos mujeres, dos historias y distintas maneras de acariciar..... la cream de la cream........
Después de ese anochecer tan placentero, volver a mi departamento por las largas escaleras fumando el más sabroso de los tabacos, aquel que se podía masticar.

viernes 14 de septiembre de 2007

Tango y burdel...

Tango, ligado desde su origen a la danza y a su desarrollo musical. Más allá de su principal labor, las prostitutas bailaban con sus clientes en patios y antesalas del burdel. En los burdeles el ambiente libertino y el alcohol desinhibían a los concurrentes y favorecían improvisaciones, obscenidades y osadías. Las letras de habaneras y milongas se modificaban y adaptaban, generando así un producto que con humor y groserías era un reflejo del ambiente que le daba vida. Era frecuente encontrar en los barrios prostibularios cafés de hombres solos donde los clientes del burdel se juntaban antes o después de asistir al mismo. Estas melancólicas reuniones se acompañaban por conjuntos de dos o tres músicos o solistas de varietés.
Ese día, sin más entré al café, al otro lado de la barra una mujer. Pedí un vaso de aguardiente, y sin más fije mi ojos en los de aquella mujer. Acostada sobre el mesón lloraba las tristezas de un amor. Ella era un farol en medio de una cortina de espeso humo, de ruido y gritos de alcohol. En la oscuridad del escenario, dos bandoneones remecían la sala, de prondo la fijación en esos ojos negros fueron ahogando el hambiente, los ruidos se empezaron a apagar, las voces parecían lejanas, mis ojos se empezaron a cerrar. El tiempo y el espacio desaparecieron del lugar. Entre el humo, una voz emergía invitandome a bailar, y mi cuerpo sin oposición se entregó al baile. Las manos a la cintura, el bandoneon volvía a escucharse, los tajos del vestido exhibieron los brillantes muslos envueltos en seda, y los senos temblaron al primer compás. Al avanzar la música, el calor y la humedad, permitieron a mis manos resbalar por la espalda hasta caer en el derrièrre, las sinuosas formas se entregaron a la pasión, sin defensa alguna, derrotadas por el deseo de dejarse tocar, de volver a sentir que estaban vivas, que alguien las deseaba y que las quería poseer, aquellas abandonadas por algún estupido don Juan. Las nalgas temblaban tras el delgado género del vestido, los sexos se acercaban sin pudor, se rozaban y encendían entre notas fuertes y fragiles a la hora de girar, las piernas se enredaban como amantes desenfrenados, desenfadados, sin temor a quienes gozaban fizgoneando tras las copas a medio beber, mi mano se perdió en la partidura del vestido, y mis dedos gatillaban los elásticos del portaliga, para acceder a la piel desnuda que se desvestía tras cada movimiento sordo, pues los bandoneones volvían a desaparecer trás los pensamientos confusos que develaban nuestras cabezas. Las manos hacían delicias, ella había dejado resbalar su mano de apollo, para perderse en la abultada forma del pantalón, aquel que me acusaba de excitado y perdido escritor. Aquel que no dejaba un instante del día sin pensar en una mujer. Los bandoneones se acercaban al final, sus senos se despegaban de mi pecho, sus labios agradecían con delicado beso mis caricias, y sin decir más se alejó de mi para perderse en la lluvia que empezaba a caer sobre los adoquines del viejo barrio, mientras los faroles la seguían hasta perderse en la oscuridad.

viernes 7 de septiembre de 2007

Seducción...

Camine largas cuadras bajo la lluvia, a pesar del viento que corría ese día, el músico tocaba en la esquina del café, abrí mi paraguas para dirigirme a casa, al pasar frente a él, hizo un guiño con su sombrero, el capriccio n° 7 de Paganini sonaba un poco destemplado, los entumecidos dedos del músico no se rendían aún, solté unas chauchas en el estuche del violín y corrí para guarecerme de la lluvia en el portal del edificio, la maldita cadena del llavero se había enredado una vez más con la cadena del reloj que había heredado de mi padre.

Al subir las escaleras, frente a mi puerta, las botellas de leche que había dejado el lechero en mi portal, destilaban por los suelos el dulce manjar, el gato de mi vecina lo había echo otra vez. Cansado de lo mismo, golpeé en su puerta tratando de exigir una explicación... al abrirse , la vieja puerta raspo los baldosines hinchada por la humedad...

- Gustab... que sorpresa, había esperado mucho por conocerle- Alejandra, la chica de sociedad, de apellidos emperifollados... García Montes, susurraba mi nombre como una canción...- leí su libro "Las manos de Elena".. me sedujo como la miel a la abeja, y desde ese día me propuse conocerle...
- Si, mire, la verdad es que yo quería hablar....
- Claro pase, pase.¿ una copa de Ron?. - La verdad, es que sus ojos verdes me sedujeron desde el primer día en que la vi, acostumbraba fizgonearla por la cerradura de mi puerta cuando salía a recoger la leche cada mañana.
- No, la verdad es que es muy tarde, me iba a acostar-
-No no no no, beba una copa conmigo, me cambiaré, mientras podría dar cuerda a la vitrola...

Se abalanzó sobre el biombo de caoba de tres hojas, mientras yo daba cuerda al aparato, de donde la trompeta de Luis envolvería el ambiente. El departamento olía a perfumes, frascos vacíos y otros en un maletín, liberaban sus aromas hasta la embriaguez... La cola de mi abrigo al pasar hizo rodar algunos frascos.. la torpeza me confundía.. mientras ella agitaba sus ropas tras el aparador.
- ¿A que se dedica Alejandra?- pregunté...
-A la venta de perfumes- la obvia respuesta me hizo avergonzar.

Al salir del biombo, una bata de raso rosa la cubría, tras las telas sus senos bailaban libremente. La imagen era sobrecogedora, su belleza deslumbraba por el sólo echo de existir. El cabello cayó sobre sus hombros luego de una sensual sacudida de cabeza. En sus manos dos vasos de Ron. Al pasar a mis manos a la distancia, su bata no pudo sostener la forma de sus pechos, una rozada aureola se asomó... sin vergüenza alguna, los volvió a acomodar.

-Tome asiento Gustab- Al sentarme, los cojines de cuero soltaron el aire, y algunas plumas volaron de él.
Se acomodó sentándose en el piso sobre el parque, y su cuerpo se apoyo sobre mis piernas suavemente.
- ¿No le importa verdad?- sus ojos me miraron coquetamente, mientras sus labios sonreían luego de morder sugestivamente sus labios.
-n... no!, no se preocupe - respondí temblando de excitación.

Mientras me hablaba, sus manos resbalaban sobre mis muslos sin pudor, hasta que finalmente abrió sus dedos en forma de tijera y los deslizó por mi bragueta, desabrochando cada botón. Su mano tibia se posó sobre mi sexo, hasta soltar el último botón, lo tomó con suavidad, pronto la tibieza de su boca lo envolvió. Caí pesadamente sobre el respaldo del berguier, perdiéndose mi mente en el limbo de los deseos... mis ojos divagaban por la habitación, grabando cada rincón donde se detenían, al caer sobre el biombo pude ver, que de su borde, la delicada bombacha de seda colgaba sin pudor.
Cuando desperté del trance, sus caderas serpenteantes montaban sobre las mías creando ondulantes sensaciones en mí. Su vientre en oleadas ayudaba a empujar hasta hundirse nuestros cuerpos suavemente en el berguier, el que a cada movimiento, liberaba cortinas de plumas de ganso, pero ya era tarde para fijarse en él. Sus gemidos eran delicados, muy sutiles, mis ojos se cerraron dejándose llevar, el silencio se apoderó del cuarto, el disco se había acabado, y la vitrola zigsageaba, sin encontrar un pista que tocar, ella sostuvo mi cabeza apretándola contra sus pechos, y conteniendo la respiración, liberó un sutil gemido, la petit mort le había alcanzado, con la misma sutileza con que me había echo el amor, los fluidos se enlazaron para terminar con la sinfonía que el disco había dejado de tocar.
Luego de un rato sosteniéndola de sus nalgas la dejé caer suavemente sobre el sofá, y abotonando la bragueta de mi pantalón, me levanté para abrir la puerta que me liberaba de cualquier responsabilidad.
Al entrar en mi habitación, me asomé por la ventana, el último tranvía anunciaba la hora de dormir. Encendí un cigarrillo y me tendí en la cama para disfrutar del perfume que me había dejado esa extraña situación.
Alejandra García Montes, lindo nombre para una escritora de marca mayor. Miré una vez la Royal, la hoja seguía esquistada en el rodillo sin una letra que leer.

Magazine... en el Biógrafo.



LLevaba muchos días sin ir al biógrafo. Pero ese día domingo no había nada más que hacer, el invierno nos calaba cada vez más ondo, las calderas del edificio estaban en reparación,cansado de pasar frío, me encamine bajando por colón a la nueva sala del Plaza, la que prometía una gran inauguración con la película "Casa Blanca", la magia del cine acaparaba por estos días toda mi atención. Bajé caminando las interminables escaleras que me llevaban al centro.
La boletería estaba llena, la filas interminables para el gran estreno daban vuelta a la esquina, todos comentaban las elegantes terminaciones de marmol blanco que excibía el frontis del teatro.
Como siempre me escabullí por el callejón, ahí estaba Martín, el acomodador que siempre pedía mil pesos por el mejor lugar. Hicimos a un lado la bella cortina de terciopelo que anunciaba elegantemente el escape, mis pies se undían en la mullida alfombra del Corte Inglés, y ubicandome al centro de la sala me preparé.
Las Elegantes cortinas se abrieron ante mis ojos transportandome en tiempo y espacio, el magazim anunciaba la Inauguración del Nuevo Teatro Colón, y como invitado estelar a dicho evento,el más grande de los tenores, Enrico Caruso, un lujo que en este pais no se podía dar, creo que fué lo más cerca que estube de Caruso en mi vida.
Las calderas del biógrafo me alejaban de mi triste realidad.

jueves 6 de septiembre de 2007

El Burdel....

Esa mañana estaba fría, el frío se colaba por mis vestimentas congelándome, tome el viejo ascensor de los astilleros, las tablas se apretaban gruñiendo al abrazarse, el intenso olor a cera mareaba mi mente creando una suspención en el tiempo. Afuera la intensa neblina no dejaba ver el puerto, un metro quizás de miradas me separaban con el vacío, y si caía jamás sabría de que altura.
Al llegar abajo y tomar el oscuro callejón de luminarias a medio encender, pase frente al burdel de la japonesita, la comadrona empezaba a cerrar las aldabas despidiendo a los marino que habían bajado del Royal, un buque inglés que transportaba desechos radiactivos, hacia el golfo.... Los ojos enrojecidos de los marineros delataban el largo trasnoche de juerga y licor. Al pasar frente al portal su voz susurrante y llena de carraspeos provocados por el tabaco barato que consumía, me invitaban a pasar...

- Mi dulce Gustab, te olvidaste de mi?
-Hoy no Amanda- besé su mejilla y continué caminando para alcanzar el puerto....

Amanda era la dueña del burdel, aquella capaz de llevar a la cama, las fantasías más arrebatadas que podría imaginar la mente humana. Le decían la japonesita por la forma que tomaban sus ojos cuando cumplía el deseo de un hombre al tener sexo anal. Conocida por su preferencia con las mujeres, pero de separar sentimientos a la hora de cumplir eróticas pesadillas... lesbiana por elección ... podía en una noche compartir el bronce de su cama con la chica de moda del burdel coronada con un marinero excitado, y hasta recibir a sus concubinas cuando necesitaran de su ternura... el sólo mirar sus ojos hacía soñar y desear fizgonear sin que ella te viera mientras hacía el amor... yo ya había pagado por eso, y creía que no me quedaba nada por ver... pero sus rozadas carnes me volvían encender cada vez que la veía... ese día en particular, había encendido la mecha al pasar, sabía que esa noche terminaría entre las sabanas de su burdel.
Al llegar a la calle Arturo Prat, frente al viejo caserón me detuve para encender un cigarrillo... miré hacia el campamento y me pregunté... ¿ qué hago aquí, es que me dejaré llevar por las fantasías de una chica que no conozco?
No demoré en contestar a la más estúpida de las preguntas que me había hecho.... y apagando el cigarro en los adoquines, me alejé del lugar para dirigirme a tomar un café negro en el Inglés..... y pensando en que sorpresa me tendría para esa noche Amanda en el burdel.

miércoles 5 de septiembre de 2007

El de la barra....

Muchas ideas salían de mi cabeza, pero no sabía que poner en la maldita hoja. Como siempre cruce al bar, sabía que ahí habría alguien con quien distraer mis ideas, no se porque el fantasma se hacía presente cada vez que quería escribir.
Al entrar sentí el ahogo, el maldito cigarro una vez más llenaba de humo el ambiente, he de reconocer que eso era lo que me gustaba, hacía frío, nada que un buen agua ardiente no solucionara. El hedor que había adentro me gustaba, entre las faenas, el cigarro, el olor a alcohol y los perfumes baratos, hacían de este bar algo muy especial. El jazz golpeaba a mis oídos como los pájaros al amanecer.

Entre en él buscando respuestas que no encontraría.Al fondo de la barra, nuevamente el extraño sujeto maldecía como siempre a cuanto cristiano se le cruzara en el camino, siempre vestido de cuero negro, desarreglado, y con esa barba oscura y a medio cortar..... no había mucho lugar donde sentarse, era tarde, la media noche ya había pasado a la historia, sólo un lugar, al lado del extraño sujeto, que ya batido por el alcohol y en estado semi inconciente, seguía balbuceando maldiciones...

le pregunté al hombre del bar quién era y respondió.....:

- Nadie sabe su nombre, llegó hace algunas semanas a vivir al caserón, cerca de los gitanos, en la calle Arturo Prat...que se va a servir....
- lo de siempre.... haaa, la casa de los Belmar....
- si, esa.... lo conoce?
-no, porqué?
- lleva días tomando....deja diez mil y pide que le sirvan hasta que se acabe.....

El sujeto repetía una y otra vez un extraño nombre.... balbuceaba... era de una mujer y algo de la gitana...para luego decir.... "Malditos Gitanos"..... esa es mi casa....esa....
El Ron brotaba por sus poros, y de vez en vez, imitaba el sonido de la trompeta con su boca, escupiendo sobre el mesón... el aire se hacía aún más pesado a su alrrededor....las risas de los porteños golpeaban el ambiente, haciendo despertar al sujeto y maldecir una vez más.... Al fondo del bar las prostitutas se dejaban acariciar por los marinos y pescadores, el olor se hacía insoportable, el humo se pegaba en la ropa, ese olor que llevaba a mi habitación noche a noche.
Encendí el último cigarrillo, dejé el paquete en la barra, al descuidarme, el embriagado vecino tiró sus manos sin preguntar, quiso hablar, de hecho dijo muchas cosas, pero entre la borrachera y el sonido de la vitrola, solo escuche algo de un incendio en el barrio antiguo del puerto, y que si lo quería ver...no aguantaba más, invadía mi metro cuadrado, cada palabra olía a cigarrillos y ron... me levanté de la barra y salí a respirar afuera, pero el olor de la faena tampoco era agradable, volví para pagar y ya no estaba, salí para ver donde se dirigía.... pero lo perdí ... sólo escuchaba sus maldiciones a lo lejos, la neblina que caía a esa hora ya no dejaba ver, además los lentes estaban empañados por el calor que había adentro del bar y el frío de la noche porteña... me puse el sombrero y me alejé para mirar la bahía desde el mirador... hacía frío... la bocina de la faena anunciaba el cambio de turno, y se escuchaba el chirrear del último tranvía, el piloto anunciaba que se iba a guardar...


-Último treeeennnnnnnnnnnnnnnnn........... nos vamos a la duuuuurma..-


y la curiosa bocina se enredaba con la bocina de la faena hasta ahogarse las dos......

martes 4 de septiembre de 2007

La proposición...

Se hacía tarde, esa noche el frío no dejaba estar en la calle, el bar estaba vacío, sólo un parroquiano dormía su borrachera sobre la barra. Serían como las 3:00 de la mañana cuando salí en dirección a mi departamento, al cruzar la calle. Al abrir el portalón note que no tenía llave, alguien lo había dejado abierto, no se, también podría ser la humedad, la cosa es que nadie se había preocupado.
Al enfrentar la escala de granito, y el oscuro pasillo del hall, sentí a lo lejos, detrás de la puerta de mi departamento, un golpeteo monótono de una de las teclas de la vieja Royal. Subí procurando no hacer ruido, en la medida que me acercaba se hacía más intenso, el moho de las murallas soltaba su particular olor, la sensación de fierro oxidado al tomarme de las barandas de la fría escalera, me hacía tiritar.
Cuando por fin llegué al departamento y pude mirar hacia adentro, logre descifrar la oscura figura de una extraña mujer sentada sobre el viejo y roto sofá. La silueta destacaba del fondo por la luz de los faroles de la calle, y uno u otro flachazo de luz que dejaba escapar algún luminoso cuyos fluorescentes no terminaban de encender.

-¿Quién eres tú? - dije entrando a la habitación..
- Katty......
- ha ... si ...cati....., ¿ como entraste ?
-No es difícil de descubrir donde esconde las llaves un hombre sólo.

Luego, al encender la luz de la mesa de centro, una figura femenina de platinados cabellos y profundos ojos negros, me miraba fijamente. Las piernas cruzadas, el tajo del vestido abierto de par en par, enmarcaban los carnosos muslos encarcelados entre encajes negros, un porta ligas sostenía las medias en su lugar. Sin embargo, un curioso has de luz, alcanzaba mis ojos, algo había sujeto por los encajes, que al caer la luz chocaba para cegar mis ojos.

- ¿ qué tienes ahí?- le pregunte nervioso.
- Una daga....
- ¿qué quieres?-
- quiero que escribas un libro, eres escritor, ¿ o no?
Asentí con la cabeza, pero le dije que no escribía novelas. La habitación estaba extrañamente perfumada, un intenso olor a almendras llenaba la habitación. Sus cabellos estaban teñidos, sus pestañas eran particularmente largas, postizas ... seguro.

- ¿La quieres?, tómala.....

Abrió aún más el vestido, e hizo un ademán, bajó la pierna. Una de mis manos se deslizó por sus piernas hasta alcanzar la Daga, al tocar, una jota labrada en el mango hacía presumir el nombre del dueño, al tirar hacia arriba, mis manos rozaron su sexo, su vientre serpenteó y un gemido se escapo de sus labios. Tome la daga en mis manos y al mirar de donde la saqué. descubrí que la chica no llevaba ropa interior, solo las ligas vestían sus piernas, una gota de miel asomaba de él.
viscosa era atravesada por la luz tenue que escapaba de la lampara del centro de mesa. Sus piernas se abrieron y baje instintivamente hacia él. Los gemidos y serpenteos se hicieron a su vientre, hasta caer sobre mi cuerpo con la respiración entrecortada...

- ¿Lo vas a hacer?.-
- ¿qué?
- escribir la historia....
-no escribo novelas.
-no es una novela, es una biografía....
- no, simplemente no.-

Arregló su vestido, y sin decir nada abrió la puerta, antes de salir le pregunté:

- ¿ y como se llamaría el libro?
- Cuentos de gitanos.....- me contestó, luego un portazo cerró la conversación, la manilla de viejo bronce fue a dar al parque. Encendí un cigarrillo y me acerqué a la ventana para verla salir, ahí estaba, apoyada en el farol, mientras la lluvia recorría su cuerpo. Miró hacia mi ventana, y se alejó por los adoquines hacia el ascensor de los panaderos para bajar al puerto, al doblar la esquina pensaba.....
"Cuentos de gitanos" ..... jajajajaja..........al abrir la ventana, el olor de las faenas se devoraba la fragancia a almendras que había dejado su paso por aquí... ese es el olor del puerto..... quizás sólo fue mi imaginación......

lunes 3 de septiembre de 2007

El Gato Viudo.


Al final de la calle había un cabaret, " El gato Viudo", ahí solía pasar las noches frías cuando la excitación me sobrepasaba.Me acuerdo de haber contado una y otra vez los adoquines que separaban mi departamento del cabaret, 780 adoquines separaban la soledad del placer, al entrar todo era distinto. El mundo se iluminaba, las sensaciones se agolpaban en mi cabeza, y mis manos acariciaban las más bellas y cuidadas pieles.

La Marjorie, la Vanessa, la Penelope.... todas ellas formaban el ramo de flores más afrodisiaco que podría desear un hombre, ellas inspiraban muchas de mis historias. Los finos corsé, las medias caladas y el aroma a tabaco, hacían respirar mis memorias... los dulces y abultados escotes me hacían renacer entre perlas y perfumes.
Así ahogaba la noche, hasta que la inspiración brotaba en mi cabeza. Luego corría para escribir en la vieja royal.

Me gustaba la Vanessa, siempre sensual y dispuesta. Sus atavíos de seda y encaje, seducían mis manos, las hacían transpirar. Estas, mojadas por el calor de los focos, se acercaban hasta rozar su piel, era como la textura de la loza, suave y fría... el perfume que salía de sus senos, mojaba mis pensamientos, los que luego de unos minutos con ella, incitaban a gastar unos pesos para rozar y oler su piel.
Exquisita bondad, ardiente lujuria, seda azul y encajes rosa... labios rojo carmesí, los que en el cuello de mi camisa acusaban mi irracional mundo de inspiración.
Vanessa era una colombiana que decía ser de Madrid, pues España le daba categoría al ruinoso burdel. Como divagaban mis dedos por la linea de sus pechos guardando el aroma a perfume francés que acompañaba mis noches de insomnio.... todo era glamour en mi calle de brillosos adoquines.

Noche de LLuvia

Cerré el paraguas y deje que la lluvia me mojara, podía sentir el agua entrar por la suela de mis zapatos, y fui entregándome a lo que quisieran decirme los Adoquines, los mismos que me vieron crecer, los que había pisado tantas veces como horas de existencia tengo.
Hace mucho frío, el abrigo largo envuelve mi cuerpo, el viejo sombrero cubre mi cabeza, cada paso que doy es acompañado por el sonido de las llaves en mi bolsillo, el humo del cigarrillo es traspasado por la luz tenue, dando un aire de soledad, el frió se hace más intenso, el sonido de los tacos de alguna mujer solitaria me persigue, puedo sentir su miedo, el olor lo trae el frío viento que sopla sin medir su temperatura.
A lo lejos, el letrero del viejo bar se refleja en los mojados adoquines, intento recordar, pero el frío no me deja, ni el nerviosos y apurado taconeo de la mujer. Volteo para mirarla, los pasos se detienen, y la silueta del vestido mojado de la mujer, y la transparencia de su corta enagua se dibuja a trasluz. Ella se detiene y mira, el silencio se apodera de la calle, un ligero gemido se escapa de sus labios.
Me acerco a ella y le pregunto porque me sigue, ella guarda silencio, y mordiendo los labios gime entre silbidos.
- Que frío, ¿ me convida un cigarrillo?....

Sus labios de fuerte carmesí brillan a luz de la noche, sus senos se dibujan tras el género mojado, su escote deja escapar su sensualidad.... sus ojos parecen cerrarse al chocar el humo del cigarrillo que le acabo de encender. Por la voluptuosidad de su escote, el agua se escabulle hasta perderse entre sus senos, su vientre tiembla, el agua baja hasta escapar por sus piernas, mientras algunas gotas quedan prendidas de sus medias.
Sin decir palabra, volteo y sigo chapoteando mi camino, entre los adoquines mojados. A lo lejos escucho su voz...

- Gracias... ¿ Cual es tu nombre?

Dejo que la lluvia cubra el sonido de sus palabras, al acercarme al bar, una bocanada de humo , me invita a entrar.

- ¿ que toma el señor?

- Agua ardiente- necesito matar el frío, el miedo y la excitación....