Lo vi cabizbajo, quizás su cabeza viajaba más allá del otro lado del mar, lo acompañaba un perro que no dejaba de rascarse con la pata y muy cerca de ellos un gato se aseaba tranquilamente su pelaje.La noche parecía fría, el escaño que lo sostenía , gruñía a cada acomodo de postura que buscaba tranquilizarlo y sólo la farola sobre sus cabezas, le hacía guardia. Extraña figura de un artista desaliñado y triste y a ratos un seductor. Los adoquines devolvían la luz a pausas, la farolas no dejaban de pestañear, el combustible de aceite y la ínfima llama, era batida por la suave brisa que le hacía temblar, quizá por la garúa, esa llovizna incesante, que bajaba de las montañas, o subía desde el malecón... la verdad, es difícil de explicar porque no sabemos de dónde viene, quizás sea de esos secretos que esconde el puerto, y no nos quiere rebelar. Los silbatos de la faena en la factoría de harina de pescado, grita en el silencio de la noche, un cambio de turno nos avisa que ya...