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domingo, 30 de octubre de 2016

Lagrimas ...

"... la vi, estaba detrás de un portón con su espalda encorvada, se veía triste, algo le estaba rompiendo el alma. Sentí su llanto de soledad. Me acerqué lentamente hasta casi tocarla, mientras sus ojos cabizbajos me alcanzaban... 

Al levantar la cabeza, vi sus ojos brillar tanto como la luna, y sin decir nada, se abrazó a mi, tan fuerte como podía su delicado cuerpo. Al sentir sus senos clavándose en mi pecho, no pude dejar de sentir deseo. Era su piel tan delicada, suave, tan frágil y desnuda, como el melocotón que degustaba al pecado.

El pequeño peto que le cubría, dejaba su espalda y caderas desnudas a mis dedos. Los dejé deslizarse por su piel hasta sentir que podía entrar en ella, tan frágil, tan niña, tan delicada como la piel de un bebe. Ella no pudo evitar en ese abrazo que nuestros sexos se toparan, gimió en silencio. Su cuerpo se fundió con el mío, era tanta su necesidad de ese abrazo, que dejó que nuestros cuerpos mojados y temblorosos, se expresaran sin límites. Mis labios buscaron los suyos, pero al alcanzarlos me esquivaron como el aire a la roca, eran mis dedos los que su cuerpo reclamaban. 

Nada podía pedir de ella, ni siquiera sabía su nombra y nuestras edades estaban tan lejos de alcanzarse, que sólo se dejó tocar por mis dedos. Ambos necesitábamos de ese abrazo. Sentí su cuerpo pesado, tibio,... y nos dejamos caer en el césped mojado.

Nunca supe como quedé sobre ella, no entendía como expresarle mi deseo, sólo me dejé llevar cuando se abrieron sus piernas. Mis manos empezaron a desnudar su cuerpo mientras ella se aferraba al mío. Desnudos danzamos con la luna y las estrellas, mojados por el sudor y la humedad del césped; enfriamos nuestras penas y encendimos nuestras almas.

Sentía como mi cuerpo se mojaba con el de ella, y resbalamos entre caricias, ya mis labios no los esquivaba, y mis dedos poseían su deseo entre las piernas... yo entraba lentamente entre sus piernas , mi sexo empezaba a destilar las primeras gotas que eran arrancadas por el deseo. Todo fue así, y luego los fuegos encendieron los cielos de Valparaíso, para anunciar un nuevo año... justo en el mismo instante que el cielo se alumbraba, mágico quedo grabado en mi piel. Nunca me despedí de ella, podría ser su padre, pero sólo había sido su amante....


Mil gracias Gustab por tus dulces palabras...

"Dark side of the moon"

"Como medusas dulcemente cuando disparan su veneno eléctrico en el corazón. Abriste tus piernas para darme de beber de tus jugos más profundos, del rincón más oscuro del corazón. Fueron mis labios los que se perdieron en tus profundidades más intimas, más oscuras, recogiendo cada gota de néctar que destilabas, embriagándome de pasión y desvarío, alimentando mis más oscuros deseos, mojándote en mi boca, gimiendo en cada sorbo, envenenando mi amor del más exquisito de los venenos, del más mortal de los destilados.
Si me encuentro entre los brazos de un mar de ortigas que lastiman cuando te hablo de amor, es porque gimes desde adentro, es porque tu vientre no deja de quebrarse entre lamentos de gozo y deseo. Así entre jadeos, nadando en luces frías, he comprendido que mi vida contigo solo es ilusión, que es sólo tu cuerpo el que me desea y no tu corazón. Al otro lado de la almohada, yase el cuerpo inerte de la que acabas de llevar al éxtasis, y mientras yo acaricio entre sus piernas el deseo que en ella dejaste, sigo ahogado entre las tuyas , deseando también sentir su sabor. Sus senos aún destilan tus besos y brillas a la luz del sol que entra por la vieja ventana. Gritas de deseo , de querer volverla a sentir mientras ella se repone de tus besos... y la deseo tanto como a ti.
Mujer extraña, bonita y mala que me mintió, nadando en luces frías y mágicas, entre brazos de ortigas.. y nuestras orgías se desvelan cuando ella de levanta y abre sus piernas para sentar su sexo sobre tu boca ... Gime, mientras le acaricio sus nalgas y es bebida por tí. Mucho más de lo que hablan, los que hablan dulcemente, la deseo para mí.. Una mañana linda, despiertas por la noche y el día, una mañana linda despiertas con las flores. Si tu amaras a alguien más y ese alguien es esta mujer, podríamos ser los tres. Hoy sólo me contento de verla bailar sobre tus labios, dejando caer su espalda sobre tu vientre excitado y dejarse besar por mi boca con tu sabor, ese que quiere arrancar, para sentirse entre los dos la más más amada. Pero se que es una ilusión, que el amor no existe entre nosotros porque nos deseamos demasiado. Deje que mi cuerpo se entregue al juego, mientras ella te da la espalda, y deja caer sus nalgas abiertas en tus labios para beber de mi , de aquel fruto que hoy emerge más erecto que nunca entre sus labios, y no puedo dejar de beberte, porque tus jugos siguen envenenando mi alma y mi cordura, tiemblo entre sus manos, jadeo entre sus deseos. Hoy no sé quien ama a quien, sólo se que nos devoramos mutuamente, entregándonos el alma a cada uno de nosotros. De pronto todo se vuelve luz y caímos en un abismo mojado por el sudor de tres cuerpos en el rincón más absurdo de nuestras mentes, donde no sabemos quien provoco el orgasmo del otro
Y si ahora mismo yo me voy, no te pongas a llorar, es común, es común, mucho mas de los que hablan dulcemente, nuestra historia es mucho mas que la historia de un final. 
Si tu amaras a alguien más y ese alguien es mujer, podríamos ser algo más que los versos y la miel que vivimos, que sentimos y no tuvimos tiernamente, salvajemente. Como una araña linda despiertas con las flores , como un triangulo vital, como el "dark side of the moon". Mujer extraña, bonita y mala que me seduce y mata."

Desvarío de Gustab... A claudia

lunes, 3 de octubre de 2016

Bacanal...

"... y las desesperanzas fueron poniendo un plato en cada puesto, entonces se cubrió de recuerdos la mesa... nadie entendía porqué había sido invitado a esta fiesta. La verdad, poco importaba, estábamos juntos y teníamos que decirnos muchas cosas, entonces cada invitado fue relatando sus experiencias... nos habíamos quedado solos, sin nosotros provocarlo... las copas fueron levantadas para golpearse entre
nuestros dedos, y uno a uno, nos fuimos cortando los dedos.
En un ligero momento, suspendido en el aire, todos quedamos en silencio, las botellas estaban casi vacías, y no había porque brindar.Las copas entonces se fueron rellenando de tristezas, y aunque no parábamos de beberlas, ya estábamos todos embriagados. 
Y entonces hablamos de nuestros libros, eramos un despojo de la literatura sin sentido.. nunca recibiríamos un premio más que nuestro propio reconocimiento. Queríamos dejarlo todo, y borrar cada una de las historias que habíamos vivido, pero llevábamos años en esto, y nadie se atrevía a soltar la última letra.
Ya nos mostrábamos desnudos, sin pudor ni vergüenza, entonces alguien se levantó de sus silla a cerrar las cortinas, sus nalgas bailaban 

hacia la ventana y todos seguíamos sus pasos.
Alguien las azotó en el camino, todos los demás aplaudíamos, ella sonreía descaradamente... Se acercó al atrevido e hizo bailar sus senos cerca de su naríz, y él se perdió entre sus senos agitando la cara, oliendo entre los pechos. Cuando se pudo safar de sus manos y jugarretas, por fin alcanzó las cortinas cerrándolas a sus espaldas. Sus senos lucían hermosos, su monte de venus brillaba de la excitación, mientras los demás disfrutábamos el bello espectáculo que se abría a nuestros ojos, todos empezaron a lanzar su prendas al vuelo por la habitación, y mientras unas colgaban de la bella lámpara de lágrima, otras iban a caer en nuestras caras llenas de sorpresa y lujuriosamente encendidos del deseo que nos provocaba. 
¿Y qué podía hacer yo con el morbo que me agitaba?, y con los dedos de mi eventual compañera, que se escurría entre mis
pechos,abriendo con sus manos el cuello de mi camisa. 
Ahí estaban, Lisebe, Amanteceres, la de los tacones rojos, Nuke que no dejaba de mirar a la Mary la Venusina, y tantos más. Todos desnudos y libres de nuestros más íntimos deseos... Las copas iban a dar contra las murallas, y las botellas rodaban por el suelo. 
Sobre la mesa, y despojados de todo...hacía el amor una pareja alentándonos a todos a seguir la fiesta. En un rincón de la habitación lloraba otra gimiendo sus placeres, mientras algunas manos les recorrían.Alguien cantaba lírico a un costado del blanco piano de cola, y otro simulaba tocarlo.
Me fui animando mientras todos caían en estado de trascendencia y me hundí en el escote de mi compañera. Sus senos estaban tibios, su escote , totalmente abierto, y la calidez de su piel acariciaba amorosamente mi rostro. Yo, bebiendo del sudor de aquella mujer excitada, mientras sus manos , bajaban el cierre del pantalón, dejándome impúdicamente expuesto a sus placeres y a la curiosa mirada de los presentes que no dejaban de animarla en su locura.Hasta que una de las patas de la silla cedió al peso y fuimos a dar juntos al suelo,adornado con una exquisita alfombra persa. Lo demás se lo habrán de imaginar. Ya no había vuelta atrás, yo estirado en el suelo, tan largo era, ella a horcajadas abriendo sus piernas y balanceándose sobre mis caderas. 
A nuestro lado fue a dar un hombre que le besaba entre las nalgas y otra , que sin querer perderse el espectáculo, se acercó tanto a nosotros, que su sexo quedó justo sobre mis labios, y dejándose caer suavemente me pidió que le besara. Fue así como se fue perdiendo la cordura. Gemidos y jadeos, suspiros y risas histéricas se fueron apoderando de todo. El escenario era escandaloso, la actitud de los asistentes, hacían volar las cabezas, mil historias se disparaban en sus mentes, y más de alguno , pidió una pluma y un papel.
Así transcurrió la loca noche, el bacanal del puerto se había escapado más allá de la censura de la alta y cínica sociedad, La moral y las buenas costumbres, se perdían entre los cubiertos de la elegante mesa de la última cena, aquella que nunca íbamos a olvidar.
Al día siguiente un fuerte dolor de cabeza me torturaba, una mujer que jamás había visto, compartía mi cama, y aunque no sabía su nombre, su cuerpo desnudo me excitaba. Sus caderas eran suaves, sus senos de una fragancia exquisita, más nada podía hacer hasta que despertara. Entonces tome una pastilla de mi velador y me la eché a la boca esperando a que el dolor de cabeza se disipara, me acomodé a sus espaldas y rodeando con mis manos su delgada cintura me dormí disfrutando de su figura... "




Gustab, en la inconsciencia absoluta.

domingo, 2 de octubre de 2016

Amantes.

Lo vi cabizbajo, quizás su cabeza viajaba más allá del otro lado del mar, lo acompañaba un perro que no dejaba de rascarse con la pata y muy cerca de ellos un gato se aseaba tranquilamente su pelaje.La noche parecía fría, el escaño que lo sostenía , gruñía a cada acomodo de postura que buscaba tranquilizarlo y sólo la farola sobre sus cabezas, le hacía guardia. Extraña figura de un artista desaliñado y triste y a ratos un seductor. Los adoquines devolvían la luz a pausas, la farolas no dejaban de pestañear, el combustible de aceite y la ínfima llama, era batida por la suave brisa que le hacía temblar, quizá por la garúa, esa llovizna incesante, que bajaba de las montañas, o subía desde el malecón... la verdad, es difícil de explicar porque no sabemos de dónde viene, quizás sea de esos secretos que esconde el puerto, y no nos quiere rebelar.
 Los silbatos de la faena en la factoría de harina de  pescado, grita en el silencio de la noche, un cambio de turno nos avisa que ya son las nueve, y que hay cambio de turno en la faena. El olor, entonces , empieza a subir por los cerros como encaramándose por las escaleras y a lo lejos se ven muchos barcos que algún lugar irán.
 Gustab, solía caer en estos estados después de escribir por muchos días sin dejar descansar su cabeza, una profunda melancolía se suele apoderar de él... hoy esta más triste que de costumbre, y ni la fragancia de los azahares, lo puede evitar. Lleva días sin dormir, un discurso tenue escapa de sus labios mientras a lo lejos, se escucha un tango de arrabal... "Por una cabeza de un noble potrillo,que justo en la raya afloja al llegar y que al regresar parece decir: ...No olvides, hermano, vos sabés, no hay que jugar... Por una cabeza...."... en fin, la música escapa del Arroyadero,... un viejo prostíbulo del lugar. El escritor parece no escucharlo, pero va murmurando entre los dientes la frase que le sigue... Baja la cabeza y se levanta, para emprender su caminata , a donde sabe quién.
Su figura solía perderse después de un gran relato, parecía desaparecer entre las gastadas escaleras sin barandal... caminaba solitario y mascullando palabras que eran difíciles de entender. Y cuándo esto pasaba, la noche parecía más oscura, el aire más pesado, y los lisonjeros tangos, aún más tristes. Las bocinas de los barcos parecían escucharse más lejos, era como si las ideas que rondaban en su cabeza fueran martirizando sus pasos, dejaba de reír el viejo de los sombrero, la tabernera del Malecón, el viejo trompetista y la prostituta que vendía sus atributos en el portal de
fierro del banco Nacional. Su figura seductora , se perdía entre las estrechas escaleras, que te podían llevar a los cerros , o al mar. El puerto perdía el rumbo, las lloronas de los entierros parecía llorar aún más, y los borrachos aparecían orinando las viejas murallas, que de elegante portal, se transformaban en baños al pasar.
Una botellas en la mano, el cristalino vaivén del brebaje, colgaban de su mano, en la otra , una pipa que nadie sabía nunca si estaba encendida o apagada, en fin... El extraño que aparecía mustio en el paisaje, no dejaba de murmurar. Su cabeza seguía escribiendo historias, y tras cada peldaño, parecía volver a empezar.
-Hola amor.....- sus oídos parecían sellados.- Gustab... Gustab... la noche esta fría,¿ me quieres acompañar?.- la propuesta de alguna chica de la noche que sabía, que con él, no lo pasaría mal, pero estaba sordo entre sus relatos. Él la miraba levantando la vista, volviéndola a bajar tras unos pasos más.
El fresco de la noche lo llevó a las puertas de un bar, el el escenario , un trompetista negro, soplaba ahogado el instrumento , arrancando tris tes notas de Jazz. Sostenía un pañuelo entre los dedos, como Louis Armstrong... trás una larga y sostenida nota, se secaba el rostro guturando alguna canción....
Tres tequila y un agua ardiente, acompañaban al escritor. Gustab sostenía la mirada perdida en una mujer al otro lado de la barra. Caían sus parpados detrás de cada nota, mientras la chica le guiñaba los ojos, alentando su insistente mirada. Las planchas del bar, no dejaban de chistar al caer un trozo de carne cruda y el humo de las churrasqueras, de teñir el aire de las tenues luces del bar. El olor a fritura se colaba por las narices haciendo insoportable , siquiera el intento de seducir.
Luego de varias copas, de un largo coqueteo, salieron juntos del bar. Salieron dando tumbos y sujetándose de cuanta cosa les sostuviera el cuerpo, reían alborotados por quizá que tema o conversación... Se les notaba cómplices y como si fueran viejos conocidos.
En cada esquina, se apoyaban de las muros y bajo la complicidad de la oscuridad, las manos de estos esporádicos amantes, se perdían entre las telas de sus vestidos. El deseo parecía conocerlos como las palmas de sus manos.
A ella le llamaban Katty, y venía de Lota, donde los hombres tiñen su rostro negro carbón. Para Gustab, era simplemente Ayanay, la dulce flor que le arrebataba el sentido y por la cual , solía perder la razón. La que alguna vez de adolescente, se convirtió en su amante e inspiro las letras de su libro, "Dos escorpiones en la noche."
Ayanay era una adolescente rebelde y a veces depresiva, que sufría por la ida temprana de un novio, y terminó en las redes de Gustab.
En cada rincón se escuchaban sus gemidos, y se les veía recorriendo sus cuerpos sin pudor, las caricias provocaban las angostas callejuelas del puerto, y las cortinas se abrían sigilosamente para escucharlos... los visillos se movían tras las ventanas, acusando con descaro a los fisgones que les conocían y el placer que les causaba espiarlos. Ambos lo sabían, eran conocidos por sus provocadores encuentros y sus letras enredadas entre eróticos relatos que se escribían entre ellos. Conocían cada uno de los pecados capitales, hasta se decía, que habían salido de sus letras escritas a fuego con sus plumas apasionadas, dónde los tinteros rodaban por el suelo , mientras sus cuerpos se revolcaban entre las sábanas volcando todo a su alrededor.
Ellos eran los únicos que se entendían y podían sacarse las angustias y depresiones con sus dedos, provocando lujuriosamente la piel del otro. Los habían creado del mismo barro, y moldeados con sus propios fluidos... Conocían cada rincón del otro, dónde nacía y se desataba el deseo, donde había que tocar para empujar sus orgasmos y las caricias que les harían tocar el cielo.
Tirados en el mojado césped de la plaza del cerro Concepción, a los pies de la iglesia anglicana de Saint Paul, sus cuerpos se desnudaban sin vergüenza ni pudor.  Las manos de Ayanay, agarraban el miembro de Gustab, que agonizaba entre sus labios. la boca de Gustab, devoraba el sexo de la chica, mientras unos de sus dedos se perdía entre las nalgas de Katty acariciando la exquisita piel, ella  jadeaba desesperada a cada embestida de su lengua, sus labios se dilataban de la humedad que nacía dentro. Ya nadie los podía detener, el puerto se dormía y sólo las alcahuetas, les miraban tras los visillos. Quizás algún despistado marinero o algún borracho porteño, pasaba disimulando no verlos, perdidos en el singular paisaje del lugar. 
La noche apagó los cerros, las sirenas de los barcos se escuchaban en el silencio de la noche, y justo a las tres, se cerraban las faenas, para una apurada colación. Los amantes arrancaban los últimos gemidos, y el puerto volvía a quedar en silencio, mientras los mancebos se despedían en la complicidad de la oscuridad tras un orgasmo y un beso con la promesa de volverse a encontrar.   
                 Gustab, el reencuentro 

sábado, 1 de octubre de 2016

Arkantis, fuego que consume y enciende...

Arkantis era la hija de un Griego. Era ten hermosa que la comparaban con una diosa diciendo que era mas hermosa que la mas bella de las porteñas, criada y consentida desde que había abierto los ojos y lanzado su primer llanto.
Su cabello largo, de un hermoso dorado, caía sobre sus blancos y voluptuosos senos, llagaba hasta sus redondas y contorneadas caderas. Sus piernas largas y pequeña cintura, no había hombre que no la deseara, pero nadie se atrevía a seducirla por miedo al más poderoso de los empresarios del puerto. Cuando decidí conocerla, subí al más alto de los cerros,  y ahí me encontré con una criatura hermosa sería la causante de la siguiente historia.
Arkantis, ante las advertencias de nunca subir a los cerros sola, fue para encontrarme. Le habían contado que había un escritor medio loco y extraño en su forma de vida, creaba sus historias de experiencias reales, luego de seducir a cualquier mujer que se atreviera a jugar en sus terrenos amorosos, y sólo encontró a un distraído escritor que le contó el más increíble y exquisito relato erótico, algo que alguna vez le había pasado en su vida, un hombre lleno de los mas inimaginables tesoros literarios que jamás sus ojos leerían encerrados en la cárcel de oro que le había construido su padre.
Presintiendo que ella sería el personaje principal de mi siguiente historia, había arrendado una hermosa habitación en el hotel Gervasoni, toda adornada de rosas rojas, y petalos que se esparcían por toda la cama, las más suaves sabanas de fina seda. 
Al llegar el atardecer y el frío aire de la costa , la invite al hotel dónde había hecho la reserva Bajamos por los cerros , hasta llegar al cerro Concepción, y sin siquiera cuestionarse, se cerró la puerta justo detrás de ella. 
Sintió una cálida mano que le acariciaba su espalda hasta llegar a sus caderas, las cuales le presionaban y le atraían hacia mi, Arkantis nunca había tenido contacto con alguien tan osado como yo, y me lo dijo al oído, mientras bajaba por su cuello besándolo en toda su extensión, por lo que, al mínimo roce de mi boca, se dejó llevar,  lo que le  llenaba de placer.
Mis manos comenzaron a bajar y tocar suavemente sus senos sobre las tela de su vestido, y sin percatarse, solté los tirantes dejándolo caer delicadamente por su cuerpo hasta quedar desnuda, mientras sus senos destilaban pequeñas gotas casi transparentes y sus labios vaginales empezaban a destilar deseo, Mis dedos bajaron por su vientre dibujando su delicada figura, hasta llegar a perderse bajo las delicadas telas de sus bragas. Arkantis dio un gemido y me detuve para hundir mi dedo medio entre sus labios atormentados por la excitación. Al sentirla entregada a mis caricias, saque mis manos delicadamente, para desde sus caderas, bajar delicadamente la pequeña prenda que descubría el pozo de los deseos. Lo deslice por sus piernas, mientras mis labios besaban delicadamente su espalda  descendiendo hasta sus nalgas ,
mientras mis manos acariciaban sus piernas terminando  de desnudarle, para dejarla expuesta y sin pudor a mis ojos hambrientos de deseo.
La tendí delicadamente sobre la cama, y mis manos recorrieron de nuevo su cuerpo llegando a sus pechos, los cuales presioné con fuerza espculpiéndolos con mis dedos, hasta terminar , con un ligero pellizco en sus pezones. Me alejé de ella para desnudarme y asegurándome, que sus ojos, en un acto vouyerista, no se perdiera detalle. Volví a la cama una vez desnudo, tomé las caderas de Arkantis para traerla hacia mi, y abriendo sus piernas e introduciendo las mías entre sus muslos, dejé caer mi sexo sobre el suyo, comenzó a sentir como entraba dentro de su cuerpo y salia de ella mientras presionaba con fuerza sus senos. Arkantis, no soportaba las ganas de gemir y de gritar.... Doblé mi espalda hasta alcanzar su cuello y la besé apasionadamente hasta alcanzar con mis labios sus pezones y los rozaba levemente con mi lengua, hasta que mis dientes empezaron a morderlos, mientras  la penetra fuertemente. Su deseo cada vez era mayor, jadeaba con fuerza y contenía el aire en cada embestida mientras la devoraba, y anunciándome su orgasmo, mientras su cuerpo se contraía, salí de ella con fuerza alzando mis caderas, expulsé todo su semen como blanca espuma sobre sus pechos, al tiempo que ella convulsionaba de éxtasis contrayendo su vientre como las olas del mar y soltando gritos enajenados de delirio, mientras los fluidos que caían sobre sus senos recorrían su torso desnudo agitado hasta depositarse en su ombligo donde quedaban atrapados y esposados a la vez que nuestros cuerpos caían agotados por el deseo esparramado por todos los rincones, quedando colgados todos nuestros sueños y gemidos entre las delicadas sábanas de seda de la cálida habitación ...
Una tarde de la que el empresario no se enteraría jamás y Arkantis nunca iba a olvidar.

Arkantis y Gustab, destilando deseos.