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Mostrando entradas de marzo, 2022

Gestos mudos.

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"Todos cuantos te buscan, te tientan. Y quienes te encuentran, te atan al gesto y a la imagen. Yo en cambio, quiero comprenderte, como te comprende la tierra..." Rainer María Rilke. El plato temblaba entre sus manos, la pastilla bailaba en sus bordes anunciando sus deseos.. el miedo en su rostro, acusaba sus intenciones. La recosté en mi cama y exploré cada centímetro de su piel. La besé desde los pies hasta llegar a su sexo sintiendo el sabor de su deseo, la disfruté como una flor rendida al viento Ella, como ola en el mar, se contoneaba excitada por la humedad que habría su deseo, los roces de mi lengua la acercaban al abismo.  Respíro en su entrada, en la profundidad del zumo que despliega entre las piernas, busco transmitir mi deseo, y traspasarle la excitación que despierta. No había palabras, ni susurros, sólo gestos en su boca, muecas en su cara, mientras los ojos cerrados le trasladaban al vacío, a un minuto del abismo. Sentía como me apoderaba de su universo, mientra...

Sexo.

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" El sexo es un tema sobre el cual no es fácil escribir, sobre todo porque es objetable." Eric Berne Me desvanecía dentro de ella aclarando todas mis dudas. Si, no estaba sólo, no eran solo pensamientos, eran verdaderos flujos de energía húmeda que le llenaban todo, dejándola una vez más destruida entre pensamientos y pecados. Mi cabeza dando vueltas preguntándome porque la lluvia y una mujer solitaria, pueden cambiar las intenciones de tomar aire y enredar las mías. Entiendo que soy apasionado y que el cuerpo de una mujer puede cambiar totalmente mis prioridades, aún sin conocerla, ni haber atravesado palabra alguna con ella. Gustab "Hay en mí algo descontrolado, pienso demasiado en el sexo. Cuando veo una mujer me la imagino siempre en la cama conmigo. Es una manera interesante de matar el tiempo en los aeropuertos." Bokowski

Anónima.

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"Cuando nos invade la pena, un día dura tanto como tres otoños" Lê Thanh Tông Yo quería conocer a Gustab, ese escritor tan cerca de la locura. Si es verdad, andaba por la vida buscando al amante perfecto, a aquel que me hiciera volar con sus palabras, con sus caricias, con su pasión... Y saben algo, lo encontré!. Era tal su locura, que lo perdí en un sanatorio, sin más sensaciones que una mirada perdida en algún rincón, con la vista fija en una red de telarañas. Es cierto, lo amaban... pero no era el amor que él necesitaba. Desnudas corrían por los pasillos tratando de mantenerlo entre las rejas, pero el siempre escapaba. Y en esos escapes, sus maravillosos ojos blancos, mostraban el vacío que lo habitaba. Miles de hojas perdidas y arrugadas por los rincones del sanatorio, nos hablaban de su vida, de su locura por el sexo y su deseo, de sus necesidades deshabitadas, de la búsqueda del sol que le alimentaba. Sólo estaba ahí, quieto y entregado. Muchas manos le cobijan, pero ni...

Diálogos de hotel.

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“Un viaje se vive 3 veces: cuando lo soñamos, cuando lo vivimos y cuando lo recordamos”. Anónimo Empecé a andar por los pasillos del viejo hotel, las antiguas baldosas de la terraza, reflejaban el sol que rebotaba sobre ellas. La chica del aseo recogía las toallas del tendedero para cambiar las de las habitaciones. Al empinarse para alcanzarlas, su delantal se levantaba hasta mostrar los relucientes muslos y la curvatura de sus nalgas. La miré lujurioso y descaradamente, mientras ella se empinaba aún más, para dejarme ver la linea de su ropa interior que las apretaba, haciéndola aún más deseable. Entendió mi mirada, porque no me había alejado ni 15 pasos, cuando de reojo, le vi que venía tras de mí. Mi dormitorio estaba en el segundo piso, me detuve, pero ella esquivando el inminente diálogo, se apuro para alcanzar las escaleras, sin dejar de mirarme directamente a los ojos y bajar la vista tímidamente.  La sensación fue excitante, al punto, que le dejé pasar para s...

Sentido

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Sólo un silencio, y el roce de unos labios que hicieron florecer la huida cruda de sus juramentos. La distancia y la caricia que despierta todo un mundo de huracanes.  Sentido, más sabio; concho desperdiciado en una copa de vino, con ganas de beber, pero sin culpas. Cuando las hadas se juntan con los gnomos, se arman fiestas de ilusión. Al estar en ellas, me he dado cuenta de lo frágil e infame que es este mundo, de lo profundo de mi mente ausente, de los laberintos que debo atravesar para estar con ellas. Así, como un ser místico, más me apodero de mis espacios y viajo a mi interior recorriendo mi mundo mágico, ese que todos creen que algún día dejé. Pero si no existiera, me quedaría encerrado en el limbo de su ausencia. Aun tiemblan las manos, y otras cosas más... Gustab

Mármol. ( Cuentos para dormir).

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“Esculpe, lima, cincela; que tu flotante ensueño quede fijado en el duro bloque.” ... La primera vez que la vi, me enamoré de ella. No podía entender como alguien pudiese esculpir en piedra tanta exquisita belleza. La transparencia lograda por el cincel, se había fijado a su cuerpo en el duro bloque de mármol. Me abracé a ella buscando sentir, lo que él había sentido al esculpirla, pude sentir como hasta la humedad de ella pasaba a través de la piedra, sentí su olor, el sonido de su corazón, la tibieza de su sexo entre las texturas de piedra que la vestían, hasta el sabor de su sexo en mi boca. Nunca había sentido más la necesidad de perder la vista para no confundirme. Dibuje sus nalgas con mis manos sintiendo la suavidad de su piel, subí a su pedestal para abrazarla y besar sus labios, que desde arriba me llamaban. El sudor entre sus senos despertaba al roce de mi cuerpo, alucinando con  toda la sensualidad que había esculpida. Su vientre temblaba entre mis manos y parecía tomar ...

Odio mi deseo por tí.

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Cada día había una nueva discusión. Sabía que yo tenía la razón, sin embargo, ella llevaba sus dedos a la botonera de su vestido y lo dejaba caer al vacío, mientras este le acariciaba la curva de sus senos mientras caía. Caía revelando su exquisita desnudez, hasta no guardar nada en mi imaginación. Ya estaba desnuda y yo perdido, sólo deseaba beber de sus sabores más íntimos y embriagarme de los aromas que emanaba de su cuerpo y terminaba encontrándole la razón. Odio esa locura tuya que me arrastra a quererte eternamente y doblegarme como una abeja a la miel. Gustab, el sentir del odio.

La Fábrica

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Empecé a trabajar a los 17 años con mi padre en su fabrica, los tiempos eran difíciles y necesitábamos manos para seguir trabajando al más bajo de los costos, la crisis amenazaba con terminar con todo . Un sábado tuve que ir a abrir la fábrica, para dejar listo un pedido, mientras mi padre vendía a provincia, así que fui solo. Una de las aparadoras, terminaba con las costuras de una delicada linea de zapatos de tacón y terminaba de embalar los pedidos. Para terminar más rápido, empecé a ayudarla. Se quitó el delantal por el calor que hacía y vi sus abultados y fuertes pechos como sudaban, no pude evitar mirarla con otros ojos. Me pareció hermoso mirar aquel cuerpo sudando por el calor . Me dijo que iba a mojar toda su ropa, y sin mas, se desnudó frente a mis ojos, mientras temblaba excitado ya por sus formas abundantes. Al tomar los bultos embalados y listos para el despacho, vi que ella miraba mi trasero y mi sexo empezó a erectarse. Caminé hacia ella viendo como sus pezones tiritaban...

Habitándonos.

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Corrí entre los pasillos buscando donde esconderme, había escapado mientras todos me buscaban en el hospital, la cuarentena obligaba a permanecer en las habitaciones. La imagen de una morena desnuda cubierta sólo por un paraguas rojo, cruzó los pasillos... al verla, una de sus manos fue a su cara pidiendo silencio, mientras la otra me indicaba una puerta donde escondernos. Al entrar tras de ella, la puerta se cerró y cayó un cerrojo dejándonos atrapados al interior, al menos eso creí yo, pero todo estaba oscuro y solitario, parecía estar sólo. Apoyado en el velador, estaba el paraguas rojo empolvado por el tiempo, unas flores secas colgadas al viejo muro y una botella de whisky a medio beber. La cama cubierta de sabanas sucias por el polvo que flotaba en la habitación y una vieja rumba de colchones, hablaban de un tiempo detenido. El frío me envolvió, y una ventisca sacudió las cortinas dejando entrar la luz del sol, que tímido, dejaba ver el polvo ondulando en el cuarto.  Me quedé...

Rocío.

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"Nosotros los enterraremos a ustedes.“ Nikita Jrushchov Se había abierto una puerta al final del pasillo, todos estaban tan distraídos hablando de la guerra, que olvidaron sus prioridades. Muchos... "locos"... aprovechamos la distracción para correr al patio a pesar del miedo que habíamos sentido todos estos días. Cuando lograron darse cuenta, ya un par nosotros permanecíamos tirados sobre las baldosas respirando aire puro y con la mirada perdida entre las estrellas, nos habíamos desnudado para recibir la bendición del rocío que dejaría sobre nuestros cuerpos la noche. La espalda y las plantas de los pies, se fueron enfriando en la medida que avanzaba la noche y el frío costero se apoderaba de todo. Valparaíso, con su muelle entroncado a la realidad y la razón, no daba tregua a nuestros sueños y sinsentidos. Habíamos decidido escapar de las noticias y entregarnos sólo a una sensación que nos podría matar de una neumonitis, ahora, parecía preferible a morir en una guerra,...

Pesadillas de Guerra.

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"La guerra es una masacre entre personas que no se conocen, para provecho de personas que si se conocen , pero que no van al frente de batalla." Paul Valéry Habíamos corrido más de mil doscientos kilómetros juntos, días y noches de balas y temor . Como había dado por hecho que mi vida se iría en cualquier momento, miraba el cuerpo de Dasvha como el último objetivo de mi vida. El enemigo nos superaba en número, y nuestras municiones no eran suficientes. Sólo el deseo de proteger nuestro país, nos movía en esta locura. Por días mis ojos me delataban y ella no resistía esa mirada. El sentirse deseada, hacía que sus piernas se  abrieran.  Cuando me miraba, sus ojos se cristalizaban bajo la lluvia. La tensión, era evidente entre nosotros. Corrimos por el barro hasta alcanzar la trinchera y Dasvha que ya sabía a lo que íbamos, se sentó en los sacos que nos cubrían de las balas que silbaban sobre nuestras cabezas.   Con el humo, el barro, los estruendos de los misiles que ...