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viernes, 30 de septiembre de 2016

A Shang Yue, la perla de oriente.

Había decidido salir del puerto para respirar otros aires. Entonces decidí visitar caleta Quintay, buscando un medio diferente para inspirar mis letras. Ahí se faenaban ballenas y la caleta que rodeaba el lugar, además del caserío, parecía un paisaje bellisimo para salir de los típicos , que adornaban mis historias. En el lugar, habían muchos inmigrantes de distintas partes del mundo, lo que también aportarían a cambiar los personajes que acompañaban estas historias, además, en ese lugar vivía una mujer que había llegado de oriente a probar suerte en Valparaíso, sin embargo, la gran competencia de grandes y pequeños restaurantes en el puerto, le habían llevado hasta este lugar, en la caleta de Quintay. Aprovecharía entonces a probar comida china, que hacía tiempo no degustaba, y que por cierto, había inspirado algunos relatos en mi juventud. 
Al entrar al local, alcance a ver a esta hermosa y atractiva mujercita, Sang Yue, tras un mesón viejo y roído. El pequeño restaurante, no dejaba de mostrar ciertos aires de oriente, hasta me hizo recordar, esas noches de opio en Europa, donde entre cortinajes rojo sangre de suave terciopelo, separaban los ambientes para aquellos que querían disfrutar de un momento de distensión consumiendo esta droga en hermosas botellas de color y de donde varias bombillas, permitían a muchos fumar compartiendo locas experiencias. Sus cabellos estaban tomados simulando la cola de un caballo, lo que me hizo en cierto modo rememorar a Ameliè, la chica francesa, pero esta era mucho más salvaje. Llevaba un vestido de seda de suave y recta caída, que dibujaba su delicadeza y extraña sensualidad ... sus senos, dibujaban los pezones bajo los finos hilos con exquisito detalle, hasta el punto de excitarme con su sola presencia.
 En las alacenas y estanterías, habían especies, traídas del lejano oriente, variados condimentos y semillas , dando un aroma y ambiente a la situación, haciéndola aún más embriagadora.
Aprovechando la soledad, además de la hora, que era de siestas para los cristianos del lugar y del calor que hacía, aproveché para entrar y recorrer el pequeño almacén y restauran que me invitaba  a seducirla.
Aunque parecía desconfiada, sentía que sus ojos me miraban con mucha intensidad, bajando la vista cuando se encontraba con los míos. Entonces caminando entre mesas y alacenas, recorrí el lugar hasta acomodarme para quedar justo tras de ella. Al sentir el aroma de su piel, despertó mi cuerpo haciendo vibrar si sexo bajo el pantalón, sentí un increíble deseo de acercarme a su cuello, y sentir su aroma más de cerca. Pude notar que la fragancia era una mezcla de sándalo, clavos de olor, comino, cúrcuma y curry.
Estiró las cejas, miro el escote donde sus senos empezaban a endurecerse y sus pezones a tomar la exquisita forma de una campanilla, desde su cabeza caía una gota de sudor y deseo que se perdía en el escote entre sus pechos, temblaba, mientras mi nariz rozaba delicadamente su delgado y largo cuello apenas tocando su piel . Fue cuando mis manos, decidieron fluir por su cuerpo y perderse en los rincones de su carne donde al paso de mi dedos erizaban los vellos de su piel..
 Su vista, no dejaba de mirar todo el local y observar si alguien podría entrar. Sin Embargo no se movió, estaba dándome la espalda mientras sus parpados caían de vez en vez entregados a la situación que estaba viviendo. Armado de valor y descaro, metí la mano por debajo de su vestido, y con la otra disimulaba buscar en la alacena cualquier cosa a mi alcance, simulando lo que en mi inerior estaba pasando. Ella no se inmutó, se dejó acariciar a placer. Ambos mirábamos hacia la entrada del local y nadie aparecía. Mi mano se deslizaba por sus muslos delicados acariciando repetidamente sus glúteos por encima de las bragas. Puse mi mano suavemente sobre su sexo, hasta deslizarla entre sus labios, sentí como temblaba de excitación, sacudiendo sus caderas y cerrando sus muslos a tiempos y compases que le inspiraban mis dedos. Sin poder contener más mi deseo y excitación, la hice a mi, intentando que ella abriera sus piernas, mientras mis dedos se perdían entre ellas y así poder llegar a introducirlos, para sentir la suavidad en su interior. Ella seguía dejándose llevar, gimiendo mientras sus labios vibraban en silencio, empezó a jadear conteniendo y ahogando esos gritos que no podían escapar de sus labios.
Una mujer entró al local repasando el menú que estaba sobre el mostrador, sin notar nuestra presencia. Cuando notó Sang Yue, que mi dedo abría los pliegues de su sexo y entraba libre por la humedad que se derramaba desde su interior, quebró su espalda conteniendo un orgasmo inminente. La campanilla del mesón la hizo despegarse bruscamente de mi mano, y bajando sus faldas, corrió a atender a la mujer, tomó su pedido y le pidió que volviera en 15 minutos más.
Antes que la mujer saliera, le tomé de una mano y la atraje nuevamente hacia mí, quería seguir con lo que habíamos dejado a medio camino. Suplicó que la dejara, me dijo que necesitaba trabajar; pero ya era tarde , nuestros cuerpos habían despertado al deseo y nada podría volver a atrás, de un tirón la aferré a mi cuerpo, cogiéndole por la cintura y la besé en la boca, donde mi lengua locuaz , no permanecía quieta en ningún sitio, buscando el contacto de la de ella saboreando el placer que sabía le producía y le excitaba.
Las manos de ambos no permanecían sordas; parecía que ambos sabían que el tiempo apremiaba y no querían perderle. De un giro brusco, la puse de espalda y hacia la pared, subí el vestido empinando sus nalgas y bajé para lamerle el sexo donde el néctar, corría entre sus piernas marcando las telas de la delicada prenda de seda que le protegía. Mis manos, empujaron entre sus piernas, para acariciar por encima de las bragas blancas con cinturilla de encaje mojado por el deseo. Ella , jadeaba y gemía complacida... extasiada. Entonces se las bajé y ella ayudándome a quitarlas, movía las piernas para facilitarme las cosas. Las bajé hasta sus rodillas, para emerger entre sus piernas y comerle el bulbo abierto  introduciendo mi lengua a impulsos. Húmeda, emanaba fluidos desde el centro de su alma, aumentando aún más el lívido de la asiática. Sang Yue, se puso en pompas, semi horizontal, apoyada sobre el mesón, con las nalgas abiertas y abrió aún más las piernas para suplicar que le entrara con violencia, facilitando todo con esa posición. Tomando mi sexo, lo colocó ayudándose de su mano  y la clavó con un impulso brusco, empujando todo su cuerpo hacia mi. Entregada al deseo, empezó a mover sus caderas mientras yo embestía entre sus piernas, empujando sin parar.
No  podía sujetar las ganas de gritar por el placer que estaba estaba sintiendo, por lo que le tapé su boca con la palma de la mano, mientras la seguía enculando. Justo en el mismo momento que iba a explotar, vuelvió a entrar la mujer, y al verla Sang Yue, soltó un orgasmo entre delirios y jadeos de placer, arrancando mi sexo y haciéndome acabar encima de sus nalgas abiertas, y en su desesperación por salir, tropezó cayéndose encima de un montón de barreños y palanganas que se encontraban detrás del mostrador, formando un desorden y estruendoso ruido ante el rostro de la sorprendida mujer. 
Salí corriendo del local semi desnudo, hasta desaparecer entre los botes. Aún después de un día, el olor del flujo de Sang Yue permanecía en mis labios…

A Sang Yue.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Diálogo en segunda y tercera persona gramatical con Ameliè...

"... En esas calles adoquinadas donde un día el amor fue desechado, para introducirse en los callejones de la lujuria y perdición... Mis manos  liberaron su agonía para tocarlo todo sin pudor, mientras se deslizaba bajo  faldas de Ameliè e iba bajando  su ropa interior. Los dedos arrancaron el deseo a golpes suaves y caricias sedosas. Un dedo, sólo un dedo bastaba para arrancar lamentos y gemidos de su garganta, mientras mis labios recogían con hambre cada gota que destilaba desde el mismo corazón. El gemido se volvió beso, ahogando los fantasmas que habían permanecido colgados en algún rincón de la habitación, mientras leía una y otra vez las letras que me había dejado entre las hojas doradas caídas del viejo nogal .
Mi deseo vestía telarañas cuando te encontré vagando por Cerro Polanco. Los adoquines mojados por el sereno nocturno, te hacían resbalar y el reflejo de las farolas confundía a tus ojos, seguramente no me vistes cuando pasé justo frente a tus ojos y te fuiste conmigo a tropezar...
¿Cómo decirte lo que pasó ayer, si hoy yaces desnuda a mi lado y sólo puedo sentir tu alma satisfecha  y tu cuerpo tranquilo respirar?...
 Dormía, y una de mis manos bajo a sus nalgas, su enagua se había subido hacia las caderas. No resistía sentirlas desnudas. Dejé que mis manos las acariciaran suavemente con mis dedos, mientras su piel se estremecía. Su cuerpo, se acomodó a las caricias rezongando en delicados gemidos, sabía que le agradaría... luego, un dedo se escabullo entre ellas dibujando  la línea que las separaba y sólo se detuvo en el sudado y rugoso  espacio fragante de deseo. Disfrutaba todo el aroma que la noche había dejado en su piel.
 -Delicioso…. - dijiste somnolienta, con ojos dormidos y al voltear para mirarme, tus senos redondos cayeron firmes hacia los lados  abriendo  el escote para ser devorados por mis labios.
No había tiempo explicaciones, ni de disculpas, la deseaba tanto como el sol, después de un día de copiosa e incesante lluvia, y de haber pasado muchas noches de insomnia mirando las grietas oscuras y mohosas de mi habitación pensando en ella y en lo que había escrito para mi. Su juventud despertaba toda mi lujuria, su cuerpo era el cáliz sagrado, que a mi edad necesitaba para volver a sentir la energía pura de mi existencia sin razón. ”

Gustab, entre las piernas de Ameliè...

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Les mains aimants de Gustab

Me habían invitado a dar charlas en la universidad de Valparaíso sobre literatura erótica. El luminoso día me invitaba a tomar un café con el tibio sol de la mañana. Los adoquines, lucían más brillantes que nunca, el aroma a café había entrado temprano por mi ventana acariciando mi nariz que no dejaba de deleitarse con tal fragancia. Sentado en las mesas de coloridos parasoles, aprovechaba de leer La estrella de Valparaíso, el matutino que acostumbraba acompañar mis café. Ahí me solían saludar quienes me conocían y se alegraban de verme de buen talante, pues acostumbraban a verme en estados, que me son difíciles de reconocer, luego de una noche de farra en el puerto.
- Buenos días Gustab…
Todo esto hacía más agradable aún la mañana. Luego me encaminé cerro abajo, camino a la universidad… los almaceneros habrían recién sus locales para despertar el comercio del puerto, otros ya baldeaban las calles reclamando por los borrachos que orinaban sus juergas donde les pillaran las ganas.
Al entrar por las puertas de la universidad, me llamó la atención una chica de veinti tantos años, rubia, de vistosas pecas en su rostro, de pelo tomado como la cola de un caballo, que reía con otras chicas en las escaleras de granito, que encaminaban a las aulas del patio de los naranjos, de un acento francés, y casi tropezando con el tercer escalón, concentré mi rumbo para retomar la cordura. Al fondo, me esperaba, un fastuoso auditorio repleto de curiosos estudiantes que querían violar la pudorosa mirada de la sociedad actual.
Mientras dictaba la charla, y entre las preguntas de los curiosos estudiantes, la imagen de esa chica, no dejaba de dar vueltas en mi cabeza, algunas veces, tenían que volver a preguntar para que les prestara atención. Si hasta su voz parecía seguir flotando en mis oídos… hasta que por fin, y en el rincón más lejano del auditorio y apoyada sobre las largas cortina de terciopelo rojo, la vi apoyada y escuchando atentamente mi discurso… de ahí en adelante todo fluyó, era como si su espíritu fuera necesariamente imperioso en el salón.
Al terminar, la perdí de vista. Recorrí los pasillos esperando volverla a ver, su ausencia me ahogaba y angustiado subí y bajé por las escaleras del Campus esperando encontrarla, hasta que por fin la vi sentada sobre la cuneta, bajo un gigantesco nogal… Su ligera y adolescente figura me congeló hasta el punto de no poderme acercar, ni cruzar palabra con ella, a pesar de toda mi curiosidad. Yo sabía que ella notaba mi triste y nerviosa presencia, pero nada pude hacer, y me quedé ahí observándola mientras escribía con un lápiz sobre una delicada hoja de papel, con una gracia y fluidez extraña en una chica de su edad. Le di la espalda por un rato, y mientras encendía el
cigarrillo entre mis manos , para evitar que el cerillo se apagara, voltee para no encontrarla más, sin embargo, entre las hojas caídas del nogal, había quedado un sobre tirado… al acercarme, este estaba dirigido a mi, lo abrí para leer lo que decía.
Estaba escrito en francés y decía así:
Les mains aimantes de Gustab
"Le soleil entrant par la fenêtre, accompagné Ameliè danse sensuelle. Chaque fois que Gustab plongea avec ses mains; les jambesd'Ameliè se sont tournés vers rejoindre le piégeage et la prise d'otages des doigts qu'elle ne voulait pas libérer pour le plaisir qu'elle lui a donné. Excité, il a couru son doigt du milieu humide avec des jus, de la cavité douce et juteuse elle, cette petite grotte mystérieuse et humide, qui a ouvert dans le rythme, orné de gémissements, la danse sensuelle de ses cuisses ouvertes et fermées les doigts de Gutab. Elle le regarda effrontément, il entrerait profanant leurs secrets. Ensuite, vous seriez la satisfaction d'être le premier à entrer entre ses jambes. Ameliè palpitait de joie rempli de petites secousses à travers son corps et lui fit gémir comme une chatte en chaleur. Après les halètements, il a laissé son corps à se contracter avec une brutalité, l'orgasme avait atteint l'emmener à l'abîme de la folie et de l'extase ... Ses jambes ont été fermées piégeage mains Gustab, ce ne serait pas arrêter éperonnage leur sexe sans cérémonie aucune pitié .... "
Mi francés nunca había sido fluido, por lo tanto y a pesar de mi angustia, trataba de traducir las letras, descubriendo un exquisito relato, pero habían muchas frases que no lograba hilar, ni unir… Entonces, el encontrarle el sentido a lo que había escrito, de pronto se convertía en mi obsesión, y corrí al cerro saltándome a veces hasta dos escalones en dirección al cabaré, la única persona que me podría ayudar era mi vieja amiga mademoiselle Ibón.
 Al llegar a las puertas, este permanecía aún cerrado al público, las sillas estaban sobre las mesas, mientras pièrre, como le decían al portero del cabaré, barría entre las mesas las colillas, trapeaba el piso baldeando las baldosas y aprovechaba de tomarse los conchos de los vasos que habían dejados los cristianos la noche anterior sobre la barra del bar. Entonces golpee los cristales de la mampara, rogándole que me abriera las puertas, y entre regañadientes me fue a preguntar que Qué me traía tan agresivo … y le expliqué. Me pidió que esperara, hasta que desde la ventana del segundo piso , se asomó La mademoiselle , y guiñándome un ojo, me invitó a subir. 
Luego de leer en silencio dijo:
- Así con la francesita, ah…. – y me fue traduciendo cada una de sus palabras y leyendo con gran sensualidad, aunque su voz sonaba rasposa y poco sutil, tras una noche de cigarrillos, farra y ron…
-Escucha con atención mi amado Gustab, que esto te puede llevar justo entre sus piernas… sólo lo leeré una vez, y luego te vas a retirar, y me dejarás seguir durmiendo… se titula…

Las Amorosas manos de Gustab
“El sol que entraba por la ventana, acompañaba la danza sensual de Ameliè. Cada vez que Gustab embestía con sus manos; las piernas de Ameliè volvían a juntarse atrapando y tomando como rehén los dedos que ella no quería liberar por el placer que le causaba. Excitado, acarició con el dedo del corazón, húmedo por los jugos, la cavidad suave y jugosa de ella, aquella pequeña cueva misteriosa y mojada, que se abría con ritmo, adornando con gemidos, la sensual danza de sus muslos que se abrían y cerraban a los dedos de Gutab . Ella lo miraba con descaro, él entraría profanando sus secretos. Después, le quedaría la satisfacción de ser el primero en entrar entre sus piernas. Ameliè palpitó de deleite llenándose de pequeños temblores que le recorrían el cuerpo y la hacían gemir como una gata en celo. Tras los jadeos, dejó que su cuerpo se contrajera con brutalidad, el orgasmo la había alcanzado llevándola al abismo de la locura y éxtasis… Sus piernas se cerraron atrapando las manos de Gustab, que no dejaba de embestir su sexo sin contemplaciones ni piedad….”

Cerró y volvió a guardar las letras en el sobre, guiño su ojo y me miró socarronamente, y me saco a empujones de su habitación
.-ve por tu francesita y déjame en paz.- los ventanales de la habitación temblaron sobre sus marcos, y uno de los vidrios terminó de caerse y ceder a sus frisaduras.
Caminé por los adoquines hasta mi departamento, me recosté en la cama, y abrí los visillos, dejando entrar un hilo de sol que ya abandonaba el norte de mi ventana, para ir a esconderse al poniente, para apagarse entre las olas del mar… el poco sol que entraba, sirvió para conciliar mis sueños, prometiéndome encontrarla como fuera dentro de los muros de la universidad.

Gustab.



martes, 27 de septiembre de 2016

El Jardín Secreto. (A Sol)

Las lluvias primaverales dicen que son tan especiales como los cuentos de Oriente, quizás sea sólo una fantasía para algunos, pero para mi existen.
Mis noches de insomnio suelo acompañarlas de gratas lecturas, pues si no puedo conciliar el sueño, sueño con  conciliar el alma y la mente. Esa, había sido una de esas largas noches, donde a pesar del frío y la lluvia, suelo dejar mis ventanas abiertas,. El ruido incesante de las gotas sobre los tejados de lata y zinc, crean hermosas melodías en esas largas noches de insomnio,.Entonces abrí un añoso libro de asomagadas hojas amarillas para empujar mis parpados al abismo de los sueños, y abierto al azar , leí, quizás una de las más inspiradoras oraciones de melancolía y romántica sensualidad., decía así  "... tiembla; que le encanta volar esperando la caricia de otras alas que incendien la noche y la hagan llama entre sus brazos hasta que llegue la aurora. Cuanto me atrae ese vuelo, , tanto porque parece que es la única forma de flotar más acá del sueño. Ese volar flotante es como navegar, como hacer el amor dejándose llevar...y yo me dejo llevar en el vuelo que me acerca al nocturno vuelo de tu noche para, entre la suavidad de tus alas, sentir cómo amaneces cuando te despierten mis besos."
Y esa mañana, a pesar del trasnoche, y siguiendo la invitación de las fragancias de tierra mojada y espejos de agua que se formaban en los vértices de cuneta y calle, arranqué por las infinitas escaleras de piedra cerro arriba buscando el jardín del que tanto me habían hablado en el Bar Inglés. Decían que al terminar el cerro los placeres, justo dónde nace el sol de primavera,Había un viejo palacio, dónde Habitaba la más fresca de las Flores del puerto, unos le llamaban Sol, otros le llamaban Menta. Los que le llamaban Sol, decían que la pasión que despertaba esta mujer, era tan fuerte, que los ojos se calcinaban de sólo soñarla, y quienes le llamaban Menta, era porque sus ojos eran tan verdes y frescos , que los que le miraban a los ojos, se perdían en la transparencia de su mirada.
No importa, sólo quería conocer ese lugar, y aprovechando el aire fresco , pero el sol tibio, que a pesar de la lluvia, te calentaba, dejé que los relatos me llevaran a ella. Al terminar la escalera estrecha y afilada, un portón mohoso y oxidado te cerraba el paso, y parecía cortar toda esperanza de conocerla. Un labrado candado francés, de amarillo viejo y oxidada templanza, con desteñidas pecas café, cercenaban mis últimas esperanzas. Me senté con la vista perdida en una pequeña ventana, donde las roídas cortinas, las finas telarañas, el polvo y sal marina en los vidrios, apenas dejaba ver.
Sin embargo, tras las viejas cortinas se divisaba la escultura viva de una sensual mujer, que sentada en la cama de cabeceras de bronce verde, parecía cortar las uñas de sus pies con dificultad, pero de una gracia suprema. Su ajustado corsé, le incomodaba, y sus senos parecían pedir ser liberados gritando sus formas , tras un apretado cordón de enmarañados encajes. A pesar de todo esto susurraba una casi imperceptible melodía.... algo así como: 
Soy un aroma lejano,una brisa suelta,un rayo de luz...un murmullo que no cesa...mmmm  Soy un aroma lejano,una brisa suelta,un rayo de luz...un murmullo que no cesa... la,larai... 
Una y otra vez...hasta que levantó la mirada y mirando de reojo a la ventana, descubrió al fisgón que de lejos le miraba. 
- Holalá, así que tenemos un mirón... hola.
-hola, disculpa, es que buscaba a la dueña de éste jardín, y al ver que no había nadie, me distraje, y me tope ..... bueno, he, no sé perdona
ya me voy.
- a tu derecha... tonto. 
Miré buscando entre las rejas, de una de sus puntas, colgaba una viejo cordón roido por el tiempo y la la sequedad y quemaduras del sol..
-tócala tonto, tócala... que te quedas mirando... -
Sus ojos de cristal verde , eran maravillosos, la transparencia de su mirada, seductora, y el corsé que vestía, de infarto. Sus caderas eran abundantes, su cintura, fina y suave, aunque atrapada por cordones de firme manufactura.... Sus senos brillaban con el sol que traspasaba la ventana, y entre ellas un abismo de que parecía no terminar...
- Guapo....
- ¿ qué?,  perdona
-además , presumido... a que eres escorpión. Si, tu mirada es la del maldito cangrejo... 
-¿Cangrejo? 
- como sea, toca la campana de una buena vez.
Al tirar del cordón , fuera de cortarse , hizo caer la campana jardín abajo.
- Bueno, algún día la arreglaré, ¿quieres pasar?....
Abrió las cortinas sujetándolas en los ganchos de fierro oxidado, esos de forma de ese... y me invitó a pasar. Todo era extraño, pero muy incentivador, hasta seductor... diría yo. Si no fuera un escritor, diría que trataba de seducirme, pero lo soy, y mi imaginación , a veces me juega en contra. Pero acepté el juego y me introduje por la vieja ventana. Sobre la mesa de noche, una copa de champagne medio vacía insinuaba el temperamento apasionado de aquella extraña mujer.
- ¿No es muy temprano para beber?
- no te debo una explicación ¿ o sí?...- habían unas aceitunas verdes en un pequeño plato y unas galletillas saladas. Tomó una copa y me sirvió algo de beber, luego puso una galleta salada en mi boca... reía como una niña traviesa.- hacía mucho que un extraño no entraba por mi ventana., ¿cómo te llamas extraño?- preguntó y volvió a reír. 
- Gustab.- Y tú?.
-Sol, pero me dicen Menta.-
Entonces puso una aceituna en su boca, y acerco sus labios a los míos, el juego se volvía peligroso, pero eso lo hacía aún más interesante...  La mujer del Jardín, dije para mí. y acerqué mi boca mientras ella la dejaba caer delicadamente entre mis labios y tomándole de la cintura , la hice a mi, como si fuera la primera mujer en mi vida.
-Despacio extraño, despacio.
Tomó otra aceituna, la puso en su boca, y cuando me acercaba a recogerla, la dejó caer entre sus senos, perdiéndose en ese abismo eróticamente  salvaje. Entonces dejé que mi boca, recogiera el sabor de sus labios, y nos fundimos en un beso tan intenso, que fui guiándola hacia el viejo catre de broce corroído por los años, hasta caer sobre el mullido colchón de plumas.
Fui desatando el cordón de su corsé, hasta liberar sus senos perdiéndome el la suavidad de su delicada piel... tenía un dulce aroma a menta, y algo del olor que se podía percibir de sus sábanas... al terminar de desatar el cordón, pude encontrar la aceituna que hacía un rato habíamos perdido. Me deleité con ella jugando en su ombligo, a por algunos instantes la hacía rodar juguetonamente  hacia la bombacha, haciéndola bailar sobre su sexo, La seda de la delicada prenda, se humedecía a cada rose. Cuando la sentí excitada y dispuesta, solté la aceituna y baje por sus caderas, rosando levemente la seda que cubría el rincón del deseo, y bajé por sus muslos buscando los puntos más sensibles de su piel. Se movía delicadamente acomodando sus piernas separándolas para soltar la más exquisita de sus fragancias. Ya todo se daba de forma natural, Mis labios paseaban por su cuerpo libremente creando contracciones riquísimas de observar, Sus senos se habían endurecido, sus pezones apuntaban al cielo ofreciéndose en sacrificio, y mis labios se deleitaban de su delicado sabor. Mis dientes les mordisqueaban , haciendo de ellos un delicado bocado... transformando el sudor en lagrimas de miel que brotaban tan sutiles como el rocío que esa mañana se mostraba suspendido en cada flor, Sus gemidos y susurros llenaban el espacio iluminado de toda la habitación, hasta que se vino un ligero espasmo, anunciando lo que sería la melodía lujuriosa de esa mañana. Baje por el sendero suave que se abría entre sus senos , para deleitarme una vez más de su ombligo, serpenteaba sobre su vientre sacudiendo sus caderas, mientras su cintura, buscaba entre mis besos la sensualidad salvaje del instinto animal que la cubría. 
Fui desvistiendo su monte agitado de venus, que no dejaba de sacudirse mientras bajaba la seda que finalmente la dejaba expuesta al más sabroso de los placeres, al más pudoroso de los deseos, el deseo de la carne... y separando sus labios bajos, fueron mis labios y lengua develando los secretos de los que alguna vez me habían hablado. Su cuerpo jadeaba casi escondiendo el aire que quedaba en sus
pulmones, mientras sus dedos dirigían los movimientos que su piel le exigía, hasta perderse en si misma, hasta la inconsciencia de los sentidos, y dejó navegar en la tormenta hasta que por fin se liberó el primer caudal de placer, y abriendo sus piernas exigió la primera embestida... levanté mi cuerpo empujando con mis caderas, el salvaje instinto me empujó a los más profundo de su cuerpo, y conteniendo la embestida la deje gemir mientras preparaba la segunda embestida, empujé hacia atrás con todas mis fuerzas, y ella sujetándose de mis nalgas empujó sus caderas hacia mí, provocando una segunda embestida brutal, y lentamente salvaje, luego se entregó a mi, dejándome actuar con libre albedrío y empuje una y otra vez hasta provocar su orgasmo y el mío con una sincronía que me obligo a congelarme en lo más profundo de su sexo,  manteniendo con fuerza la última embestida...  Por unos instantes, se detuvo el mundo, el tiempo pareció congelado entre sus piernas, soldado a mis caderas... luego de un largo silencio, y con nuestros ojos fundidos en el del otro, nos dejamos caer sobre la cama, y enredados entre las sábanas dejamos que nuestras manos y bocas se expresaran libremente en una sinfonía de besos y acordes quejumbrosos de éxtasis y deseo....  y así se fue la mañana y el tibio sol que entraba por su ventana. Dormitamos entre besos hasta quedarnos profundamente dormidos.
Dos almas que unió el destino y un jardín secreto que nunca develaría sus historias, que entre los viejos barrotes quedarían celosamente guardadas. 

Gustab, seducido por Menta.

domingo, 25 de septiembre de 2016

El ensayo de Ginebra...


Esa mañana había amanecido con una niebla que tendía a desaparecer en la medida que despertaba el día, tras ella , el sól amenazaba con despejar un día hermoso. El tiempo de encierro había congestionado mis pulmones que no dejaban de respirar tortuosamente por efecto de los cigarrillos. Decidí salir a tomar ese aire marino que en primavera calienta el sol aminorando los dolores, tomé la Rolley de dos lentes y cargue mi cámara prometiéndome no volver hasta rescatar ese dolor y falta de inspiración que me perseguía. Al pasar por la academia de danza, me detuve, recordando que Edgar encontraba una atracción inexplicable en ellas. No entendía nada, de pronto una figura bailaba con mis fantasías, detrás de la mampara de cristal, de aquellos marcos salpicados de pintura por el paso del tiempo, una imagen hacía explotar mis neuronas provocando el rastro intenso más allá del paso de los años en la mampara. Me sentía embriagado tras cada quiebre de cintura, tras cada mirada intensa que amenazaba con encarcelar mis ojos.... Había un abismo entre ella y yo, un cristal envejecido, donde se movía atrás su figura , como la de un cisne moviendo sus alas y embriagando mi consternada mente que parecía, no saldría nunca de su locura.
La ninfa de los cristales era grácil en cada una de sus contorsiones se mueve lentamente, a veces como una gata , otras como mariposa, imita corriendo de puntillas y deteniéndose de golpe de cuando en cuando , como si estuviera encima de una flor , agitando los brazos arriba y abajo con gracia.. podría envenenar el alma de cualquier ángel encomendado a salvar el mundo... hasta convertirlo en el más sumiso de los pecadores... si la sensualidad cambiara de nombre... ¿cómo se me ocurriría llamarla?...
-Hola... hola, ¿puedo tomar unas fotografías?
- si claro, mientras no estorbes... soy Ginebra ¿y tu?

y sólo un nombre se venía a mi cabeza... Ginebra.. la ninfa de los bosques sensuales de Beethoven.... ese loco compositor que para encontrar la inspiración, salía al bosque en pleno invierno , volteando sobre su cabeza baldes de agua fría para hilar las notas de sus sinfonías... hasta que fue quedando sordo, y aún así , no dejaba de componer sus letras....
- Gustab, sólo Gustab.
Y sin interrumpir su baile, deje a mi dedo disparar hasta agotar el rollo. Cada movimiento generaba un nuevo disparo, su sensualidad y delicadeza enbobecía mis ojos, enredándolo en una danza incontrolable de pestañeo y disparos sin objetivo...
- ¿Quieres probar?...
Y me tomó de los dedos, empujándome a realizar unos giros libres de pudores . Su cuerpo era delgado y delicadamente suave, no existía gasas de colores, solo una malla y un cuerpo abajo, tras la lycra, desnudo. Su delgada tela acusaba la forma de sus pezones, y por atrás no habían marcas que encerraran las formas exquisitas de sus nalgas... y si te detenías, podías notar un monte de venus tupido y delicado tras los hilos... En ese estado de embriaguez, asombrado por la belleza y la pasión que daba a sus giros, fui a tropezar pesadamente con sus zapatillas, y caí al suelo azotando mi cabeza contra la vieja madera, ya astillada por los roces eternos de las bailarinas, y un polvo de magnesio voló por los aires nublando mis ojos...
-Eres torpe, pero lindo.- me consoló.
Pasó un dedo entre los pelos de mi barba desordenada, y dibujó con sus dedos el contorno de mi cara... sus manos estaban mojadas, su pelo, lucía desordenado, y un moño a medio hacer, fue liberado por sus dedos dejando caer el pelo sobre mi rostro, luego abrió sus piernas dejándose caer sobre mi cara...
- mmmm, si , eres lindo.
Podía ver desde abajo , correr gotas de sudor entre sus piernas, la entrepierna de la malla, se sentía húmeda... posó su sexo delicadamente sobre mis labios, casi al entrar en contacto con el, pude sentir un delicado perfume que se escapaba entre los tejidos...
-te gusta lo que ves?... goloso.

Uno de sus dedos hizo a un lado el borde de la malla , para liberar los vellos castaños que se se desenredaban como un papiro mojado ante mis ojos. Balanceando el pubis y apenas rozando mi boca, se dejó probar escapando los primeros gemidos... mis labios habían probado el sabor sublime del sudor y el deseo mezclados en perfecta armonía... entregado a ella , dejé que atrapara mis manos sobre la cabeza, mientras no dejaba de rozar mi boca. Mi lengua se escabullía dentro buscando liberar toda su pasión, hasta que sus jadeos fueron llenando todo el salón y las tablas reclamaban crujiendo bajo mi cabeza... sentía la fuerza de su deseo aprisionándolo todo, hasta que luego de unas contracciones , y alejando mis manos de mi cabeza, se dejó deslizar atrapando su vientre mi cabeza, mientras todo el néctar se derramaba dentro de mi boca, sollozando entre orgasmos y gemidos, Ahí quedó, tirada sobre mi cabeza dejando atrapado todo mi deseo entre barrotes del sentimiento y un sexo palpitante bajo el pantalón, al más excitado de los guerreros por un largo instante, quieto, eterno y abismante. Sus labios pubianos no dejaban de temblar, su sexo de sumir, y su boca de gemir.
Luego se levantó dejando sus piernas separadas hasta acomodar la malla en su lugar, destilo una gotas desde lo alto, tomó su bolso y desapareció entre las mamparas, dejándome sumido en una confusión inexplicable.
En ese momento entendí lo que provocaban las bailarinas en Edgar Degas. Entendí, lo que provocaba el sexo en mí, como me tranquilizaba y me alejaba de mis depresiones. Ni siquiera era necesario a veces una eyaculación, sino sólo el provocar orgasmos en ellas, algo así, como el perro de Pavlov.
Al voltear la vista, mi cámara estaba botada al otro lado del salón, y como mudo testigo, me invitaba a salir de toda esta confusión.

Gustab, condicionado como el perro de Pavlov












sábado, 24 de septiembre de 2016

Diálogo interno con Alma....

Había decidido cerrar mi ventana para siempre, de echo llevaban largo tiempo cerradas .... pero la brisa se coló entre los maderos y la humedad volvió  a brotar dentro, echaba de menos recorrer los cuerpos desnudos que dibujaba día a día mi mente, echaba de menos el aroma a sexo entre mis sábanas.... al abrir las persianas pude descubrir nuevamente el puerto, el aroma a café lo inundaba todo esa mañana... las persianas de los negocios volvían a descerrajar los candados, había mucho bullicio, la mañana se veía agitada. Volví a escuchar las gaviotas, sus graznidos roncos y dormidos me habían despertado de un lago sueño... llevaba muchas horas encerrado golpeando las teclas y doblando papeles sin saber que escibir, cuando escuche las voces de ellas en el balcón de enfrente, quizás eran gemidos, no sé, fué una extraña experiencia... pero luego, volví a cerrar las persiana , las que se quejaban del frío y la humedad, del oxido en sus bisagras, creí que caerían, y así después de empezar el nuevo libro, me fuí a recostar en la cama y a pensar en que estarían haciendo esas dos, si se abrían ido, o si simplemente se habían quedado dormidas, sentí mis parados caer y no supe más de mi. 
Esa mañana sentí los tacones agitados bajar las escaleras, el granito multiplicaba su bajada, pero estabas tan cerca...  Puse mi ojo en la mirilla, y  pude ver tu derrière tan perfectamente dibujado , más abajo, alcancé a ver las lineas de tus medias, y como tus delicadas manos las iban tirando para que se dibujaran correctamente. Tu detención en el descanso, me detuvo el corazón... todo parecía tan callado., que no pude contenerme y abrí de golpe la puerta...
-Alma, dónde vas tan apurada.-
Diste vuelta tu cara  y mirándome hacia arriba, un poco sorprendida dijiste...
- Gustab, creí que andabas de viaje...- tus manos no dejaron de acomodar la linea, y hasta sentí que provocabas mi mirada....
Llevaba tanto tiempo sin acariciar una mujer, que los dedos se hicieron agua. Un silencio sensual cerró mis ojos por un instante, todo dio vueltas en mi cabeza, casi te pude imaginar desnuda. Te veías tan perfecta, tan exquisitamente alcanzable, que la imaginación jugo el más cruel de sus juegos, te veía enredada entre las sábanas, gimiendo amor y deseo, pidiendo con tus rojos labios semi cerrados, que me detuviera por un instante... entonces el silvido de la cafetera me despertó de sopetón, y te vi nuevamente mirándome profundamente a los ojos, y el brillo negro de ellos lo traspasó todo, llegando a acariciar mi alma, sujetando el corazón con tus manos y besando la  más sensible de mis neuronas, aquella que lo conectaba todo con mis hormonas, por supuesto, no están solas, la acción de ellas en el hombre no se limitan sólo a la adolescencia y el despertar sexual. Nos acompañan toda la vida, cada vez que vemos una mujer que nos atrae, y esta era la situación , que podía hacer, adentro todo temblaba y lo que la boca calla , el cuerpo grita. Todo se empezó a mover adentro, hasta sentí como bajaba nuevamente esa electricidad del día anterior...
-Gustab... ?.- 
Habías terminado con lo de tus medias y volteabas girando tus caderas mientras tu cabeza levantaba la vista para sorprenderme en la más incomoda de las situaciones, temblaba con mis ojos cerrados. Entonces emergió detrás de tu giro, el hermoso escote, haciendo aún más incomoda la situación, estaba excitado, de pies a cabeza, ya nada en mi lo ocultaba, hasta mi pantalón de pijama me acusaba, todo estaba en contra. Alcance a recoger la correspondencia que había en el buzón para cubrirme, pero notaba que tu ya habías visto suficiente. 
-Parece que el barbero no ha habierto?.- mascullaste entre los dientes.
- la verdad es...
-descuida te queda bien, eres atractivo.
Y dejaste tu mano caer por mis mejillas, tan suave , que todo mi cuerpo pareció desaparecer entre nubes.El aroma a orquídeas, dejó una huella por mi barba...
- iba a bañarme, porqué no pasas y me dices que te parece lo que acabo de escribir, habla de un balcón, y de Eros.
-Bueno, si te parece importante...
Entonces entraste y corrí a abrir los visillos y las añosas ventanas de madera , Todo olía a tabaco, y una botella de ron, yacía sobre el sofá.
Entonces quise ordenar todo, y tiré las colas de tabaco en el papelero y la botellas que torpemente resbalaba entre mis manos. Cerré la puerta tras de mi, luego de entregarte las hojas que ya había escrito, abrí la ducha y dejé que el agua tibia me despertara... Mi sexo estaba aún intentando recuperarse de todo lo que había sentido... 
Sin aviso, y mientras trataba de aquietarlo, sentí el agua de la ducha  golpeando fuertemente sobre la cortina de la ducha, que se abría inesperadamente, sorprendiéndome con él en la mano... y tus manos queriendo linerarlo....
-No, déjalo.., me gusta así....
Y entraste en  la ducha sin dejarme tiempo para pensar en lo que estaba ocurriendo, y mientras una de tus manos se apoderaba de él, la otra rodeaba mi cuello, para atraerme, atrapándome con tus labios en un beso que se  había escondido en mis pensamientos, reclamando que
nunca volvería a salir. Pero era tarde para decidir, ya el agua mojaba tu vestido dibujando tus nalgas tan redondas y maduras, que mis manos no desaprovecharon el momento para , tomándote de la cintura , ceñirte  a mí. Entonces dejé mi cuerpo libre, mientras mis manos se deleitaban dibujando tus nalgas tras la telas mojadas, y disfrutar de tus senos, dejándolos fundirse con mi pecho. Tus manos ya no necesitaban sujetar mi cuello, bajaban libremente por mi espalda hasta acabar entre mis carnes más expuestas siñiéndome aún más a ti. Abrí los tirantes de tu vestido, hasta dejar tus senos desnudos , luego subí el resto, para sentir desnuda tu piel. Mis labios no perdieron el tiempo, y se dejaron caer por tu cuello, mientras te iba devorando entre aguas tibias, hasta acabar de rodillas y tirar del vestido para dejarte finalmente desnuda y expuesta a todos mis deseos. Besé cada rincón de tu cuerpo, y pasando entre tus senos , baje por tu vientre jugueteando con el agua que corría por tu ombligo, y aunque los gemidos eran ahogados por el agua que corría por tu cuerpo, podía escucharte, y sentir como temblaba tu boca a cada beso robado, hasta que pude escabullirme entre tus piernas, y mientras una de ellas buscaba apoyo en el borde de la bañera, me hundí en tu sexo, bebiendo justo donde tu sabor se mezclaba con el del agua,  que corría buscando un cause para escapar de mis fauces. Todo se volvió fantasía, tus piernas se rendían a mis labios , buscando aún más fricción, tus caderas bailaban deslizándose agitadas sobre mi lengua, que no dejaba escapar ningún vaivén mientras mi mano sujetaba con fuerza el miembro erecto preparándolo para la acción final, hundirse entre tus carnes arrancando todos los gemidos y jadeos que permanecían atrapados, sentí como te corrías jadeando sin aire, y justo en ese momento te tome de las caderas para sujetarte y apretar tu cuerpo con el mio contra la muralla, enterrando sin clemencia mi sexo en el tuyo empujando hasta que estuvo todo adentro... embestí hasta ver como se doblaban tus piernas abatidas por un orgasmo inevitable y no dejé de empujar hasta deshacerme  dentro de ti, eyaculando todo lo que había acumulado en esa larga estadía en el infierno....
Una vez afuera y acariciada por la toalla que te secaba abrigándote con mis manos, tomaste las hojas y empezaste a leer mi historia mientras terminaba de secarte. Yo te miraba mientras te paseabas semi desnuda por la habitación, caminando de un lado a otro, y jugando con la toalla que cubría desde tu cintura hasta las rodillas, ojeando cada pagina, batiendo las manos inquieta sobre tu vientre, y hasta buscar entre tus piernas, hasta que por fin preguntaste acercándote a la ventana y hablando hacia afuera.... ¿ ése es el balcón?.....
Y tus manos se perdieron finalmente entre tus nalgas, empujando la toalla y dejándola caer, para voltear desnuda y mirarme coquetamente a los ojos, y con un brillo que invitaba a volver a empezar...

  A Alma Baires, Gustab.

viernes, 23 de septiembre de 2016

El balcón de Eros..


Empezé a notar el sudor bajo la ropa y miré hacia la ventana para asegurarme que entraba el máximo aire posible.
Desde el almacén, en el quinto piso, me mostraba la calle y toda la fachada del hotel “Reina Victoria”. Me acerco para abrirla un poco más cuando mis ojos se detuvieron en uno de los balcones del tercer piso. Desde allí, podía ver con detalle a una mujer de cabello oscuro totalmente desnuda apoyada en la barandilla. 
El cuerpo de la mujer me recordaba al de las pinturas de Renoir, carnosas, pechos generosos y rosados…Todo en proporción. La única diferencia, era el vello negro que le cubría el pubis y del que su dueña parecía estar orgullosa, pues lo estaba exhibiendo a toda la ciudad, vellos que solián desaparecer en los de Renoir. No obstante, tenía la sensación de que era el único que observaba.
Cuando volví a la ventana, una segunda mujer se unía, con tanto vello como la otra. Era mucho más delgada y tenía el pelo enmarañado como si recién saliera de la cama. Parecía mucho mayor que la otra. Pensé que le sacaría por lo menos veinte años, 
Estaría bien que las espiara en vez de trabajar?. Lo cierto era que no podía apartar la mirada de ese balcón. La escena me excitaba, desde luego, le añadía un punto de emoción a la rutina de la máquina de escribir, del trabajo que necesitaba, para no volver a mis obsesiones.
La mayor azotó a la otra en la nalga, haciendo que se volviera con una sonrisa en los labios. Se fundieron en un beso largo y apasionado. De pronto todo era una erección, intentando sentir algo parecido a la morena de pubis negro. ¿Qué estarían sintiendo una y otra? ¿Serían amantes o desconocidas que acababan de acostarse por primera vez?... en el puerto arisco y a veces lúgubre, todo podía suceder sin que nadie se escandalizara, los adoquines acostumbraban a ver esas noches de locura y perversión. La mayor dijo algo, se miraron a los ojos… y la mujer morena desapareció. 
Pero entonces, la morena volvió al balcón con algo morado en las manos. No se veía de qué se trataba hasta que se puso a lamerlo,
revelando una forma fálica, Era enorme, y bastante grueso. Quedé agazapado y quieto, cuando la mayor perdió su vista en las ventanas de mi departamento, como si presintiera mi mirada. ¿De verdad iba a meterle eso?
Sosteniendo la impaciente mirada de su compañera. La segunda asintió y separó las piernas apoyándose en el pasamanos de bronce verde enmohecido por la sal del mar. Abandonándose al juego, dejó que la morena introdujera la cosa apoyándola ligeramente entre sus nalgas, y balanceando su cuerpo a la estocada . Debía de estar empapada, porque la joven esbozó una sonrisa burlona mientras le metía todo aquello sin ningún tipo de esfuerzo, la otra, levantó la cabeza , para dejarla caer mientras le penetraba, mientras sus cabellos se movían salvajes tras un viento, que parecía entumirla por algunos instantes.
Un gemido me hizo volver a la realidad, el mio. Apreté la boca por acto reflejo y noté un golpe eléctrico que bajaba por mi cuerpo. Volví al escritorio y trate de escribir, sin poder dejar de pensar en ellas.
Esperé unos minutos, para luego acercarme a la ventana otra vez con sigilo. Cuando miro al balcón,, habían cambiado posiciones. La morena sentada en la mesa de la terraza, con las piernas abiertas, recibiendo, una y otra vez. La otra la embestía con fuerza.
La espalda de la que estaba siendo penetrada se arqueó, y azotó la cabeza contra el respaldo de la silla de metal oxidada, varias veces. Observaba las manos de la mayor, que agarraban las caderas de la morena con ansi; así como los pechos turgentes de la segunda, danzaban de un lado a otro con cada embestida.
Mis dedos se colaron por la bragueta y viajaron hasta agarrarme el endurecido sexo que sólo pensaba ya, en ser liberado. Quise recrear las atenciones de la mujer mayor y me sorprendí retorciéndome hasta la angustia, por la fuerza que agarraba mi sexo. En aquel gesto encontré un placer insólito. Siguió con los huevos. Aquello me producía placer y dolor, es más, producía escalofríos que me obligaban a cerrar los ojos y seguir.
El roce era eléctrico; jamás había sentido esa sensación tan extraña, era un fisgón embrutecido. Aproveché aquella sensación para seguir acariciándome, despacio. Enseguida dejé de percibir la corriente que había sentido antes y aumenté la fuerza y la velocidad de los jugueteos en mi sexo. Eché la cabeza hacia atrás, con los ojos abiertos descubriendo el abismo entre las ventanas, En la mente sólo estaba el rostro de la mayor colgando del pasamanos agitando la cabeza como una histérica del hospital, y la morena con las piernas abiertas a más no poder,
azotando la cabeza, mientras el juguete entraba y salía, iba de una a la otra y se lo metían tan duro, rápido, fuerte que temía que si paraban, la electricidad en mi sexo desaparecería. Me detuve un segundo para mirar al balcón y me desilusioné al verlo completamente vacío. Pero eso no hizo que me detuviera. No las necesitaba para mi placer, notaba el sudor que ya, a estas alturas, corría por todo mi cuerpo, el viento que aparecía de improviso por la ventana, entumeció mi piel. pero estaba a punto, había trabajado para mi orgasmo, hasta que del balcón del frente, sentí un grito, la mayor gemía desbocada y volvía a tomarse de los viejos fierros para aguantar como la penetraban, hasta caer de rodillas; mientras mis manos sentían el resultado de mi esfuerzo… todo se oscureció de pronto, sentí perder el sentido ..
Al salir de la inconciencia, la morena me miraba fijamente y sonreía , mientras la madura seguía temblando y golpeando su cabeza contra los barrotes sin dejar espasmos sin gemidos... Yo no tenía fuerzas para separarme ni esconderme tras las cortinas, dejando que ella disfrutara de lo que yo había disfrutado segundos antes, ella agitada no dejaba de jadear y disfrutar de ambos espectáculos.
Abajo, tras los tranvías y trolebuses, empezaba a apagarse del bullicio del día, las sirenas anunciaban sus idas y venidas, y el olor de la refinería de harina de pescado, perfumaba el puerto, el sol se apagaba en el mar y el frío de la costa , obligaba a cerrar los balcones y ventanas para esperar un nuevo día en Valparaíso.

Gustab, vuelve a escribir después de un tiempo de sequía literaria.