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martes, 26 de mayo de 2009

Soledad...

Hoy todo es soledad en el puerto. Al caminar junto al malecon, las olas parecen conversar con las rocas, la lluvia cae incesante sin dar tregua a los barriales que bajan por las escaleras, el frío es el único abrigo, la noche esta oscura. Intento seguir los senderos donde el agua no quiere pasar, los ascensores están detenidos. Puedo escuchar como los tirantes de acero se tensan al roce del frío, crujen como si se fueran a cortar, el propio peso los exige. Las escaleras se han convertido en caudales, las piedras tratan de contener las aguas... la humedad traspasa la suela de mis zapatos y el frío no deja respirar... es tanta la soledad que puedo escuchar los susurros del silencio conversando con la noche.
La luz de la casona esta encendida, aunque el rojo ya no es tan rojo, el farol ya no tiene el color del día de su inauguración. Al pasar frente a ella diviso un cuerpo al otro lado del cristal, es Rebeca la chica nueva... dicen que tiene 18, y que es virgen... Pero jamás lo podría creer, sus nalgas tiemblan al caminar, y sus senos cuelgan grandes sobre su cintura... y su mirada es alegre...hoy esta apoyada en el muro despintado de una fría habitación, los colores se confunden atrás, miles de brochas han pasado por ahi, esta descascarada, es raro... nunca supe cual era su color original...
Me gusta esa chica, son pocos los morlacos que llevo sobre mi cuerpo, en esos bolsillos gastados donde las chauchas se suelen descolgar, es un café cargado en el bar inglés, o una canita al aire, como dicen por ahí... de mi sombrero cae un chorro de agua intentando mantener mi cabeza seca, tengo frío, y el sólo imaginar la calidez de su piel, y ese fuego que permanece encendido en la vieja estufa a leña me hacen pensar... ¿ Virgen ?... no me acuedo de haber tenido una nunca... sería una gran oportunidad... $ 5.000 pesos... mmmmm. Meditaba cuando sentí que la luz de la ventana se iba, al mirar, el agua que caía por el cristal dibujó unos grandes pezones que se dibujaban al otro lado, el baho de la ventana pintaba aureolas alrededor de sus senos, y sus pezónes parecían soltar el más calido de los placeres, sólo una señal, un dedo en gancho que me invitaba a entrar y dejar el frío afuera... luego sus labios dibujaron un corazón en forma de beso, y de entre ellos, una lengua que lamía el cristal...
Ya adentro, el hambre se esfumó, y mi sexo entró en calor...
- Desvistace hombre que se puede resfriar, yo le haré unos cariñitos, le apetece?...
Sólo la miré a los ojos, y descubrí que sus piernas ya se habían abierto en alguna ocación... Su mirada, no tenía la transparencia, y sus parpados, ya caían sobre sus ojos ... pero que importa, ya estoy aquí.
Empezó soltando el impermeable, y coquetamente se puso el sombrero para empezar a desnudar mi cuerpo mojado y frío... temblaba como un niño, mis piernas estaban entumidas y el agua había traspasado el pantalón... mis zapatos chapoteaban al interior... Sus senos desnudos rozaron mis muslos, y no tardé en entrar en calor... sus tibios labios hicieron que mis rodillas se doblaran, ella estaba agazapada y endureciendo mi dignidad... ni siquiera podía hablar... ¿ sería virgen ?... sentí como esa lengua tibia separaba mis carnes en la punta sin pudor, y como sus labios succionaban con extrema delicadez. Intenté tomarla de sus senos, pero mis manos frías la hicieron alejarse de mi, que estupidez... como tan bruto, debía de saberlo, ella estaba tibia y yo, más frío que un frijider... sin embargo, sentí como su piel dibujaba miles de granos en su piel, y los pezónes se endurecían sin control... un gemido escapó de sus labios, y volví a tomarlos entre mis manos... esos oscuros pezónes eran un espectaculo que prometía ser... luego dejé que mis heladisimos dedos bajaran hasta encontrar el rincón más tibio de su piel... ahí donde la verguenza se convierte en placer, y la dignidad, deseo... La tendí sobre la cama de bronce gastado, y el relinchar de su somière... el aceite era algo que escaseaba en esos tiempos de recesión, y tendida sobre las sabanas amarillentas por la mala calidad el jabón, terminaban por dar un aire gastado a ese momento de degustación... El aroma de su sexo creaba un aire especial, pues el asomagado aroma de las sabanas... le daba un ascento particular. Desde ese momento sólo sentí una calida caricia sobre mi sexo, tan exquisito, que no habría podido pedir nada más... y minutos después un caudal estrepitoso cubrió mi vientre hasta hacerme volar entre luces rojas y puntos celestes que se dibujaban en mi interior. Y sin perder un segundo se montó sobre mi, para ajustar su existencia a la mía, formando un compacto final... y aunque creí que ya mi hombría desaparecería, ella no la dejó descansar...y entre gemidos se dejó llevar hasta el extasis sin pensar si habría un final..."
Gustab... cálido final.




lunes, 18 de mayo de 2009

" Perfume"

Era tal el deseo de perpetuar en mi mente los aromas de el cuerpo de una mujer, que ese día desperté con la fija idea en mi mente de seducir aquella mujer que vendía su cuerpo al mejor postor en las puertas del ascensor de los panaderos. Y caminé algunas cuadras, para esa noche satisfacer esa necesidad que alteraba mi mente. Y al abrirse las puertas ella estaba parada ahí esperando su primer cliente. Vestía de rojo y negro, su corsé siempre estaba puesto sobre su ropa, y el escote que aparecía entre las telas anunciaba a viva voz el placer que ella causaría a cambio de unos pocos pesos. Pocos, porque para la belleza y encanto que envolvían esas telas, ningún valor habría sido suficiente.
Su cabellera morena, y esos labios color rubí, eran un llamado al deseo y y éxtasis supremo. Su figura era perfecta, y la sensualidad que expedía, infinita. Hablé por unos instantes con ella escondiendo el oscuro deseo que escondían mis pensamientos. Y antes de negociar pedí probar la mercadería pidiéndole que me dejara recorrer su cuerpo asegurándome de que su fragancia era la que buscaba. Sabía que su cuerpo siempre olía a sexo, era de las pocas mujeres que vendía su cuerpo no solamente por dinero, sino que además disfrutaba del sexo que vendía, y a la hora de escoger daba su tarifa dependiendo del hombre, asegurándose de acostarse con el amante que ella elegiría...Entonces, desabotonó el escote para que yo posara mis narices en sus senos... Mi mente brotó en ideas haciendome evocar aquellas imagines más oscuras de mi niñez que yo creía desaparecidas... En ella podía sentir los pechos de mi madre dándome de mamar, una calidez que sólo un cuerpo podría dar sin pedir nada a cambio... luego pude percibir los olores de la primera vez que había hecho el amor, un cuerpo más se dibujaba en esas carnes que hervían entre las telas... pero había un aroma especial, más allá de mis recuerdos, que fue el que me decidió a tomar el negocio y llevarla a un cuarto que había acompañado gran parte de mi vida, ese cuarto que en el departamento, sólo estaba reservado para ciertas personas, ese cuarto donde mi propio olor me decía cual era mi hogar. Al salir del ascensor, las cuadras se hacían interminables, pero ella dejaba que yo le acariciara mientras caminavamos sobre los fríos adoquines enmarcados en veredas desgastadas y ese olor de la tierra mojada por la salobre brisa del mar que el viento traía hasta los cerros mojándolo todo. Mil aromas invadían mi mente, y ni el frío de la noche lograba enfriar mi cuerpo. Hasta que por fin pude girar el picaporte de la puerta, y sin mediar acuerdo, empecé a desnudarla con mis propias manos, y mientras iba despegando las telas que la envolvía, dejaba que mi nariz fuera rozando su piel en ademán de caricias desfrenadas. y aunque en el trayecto se habían cruzado algunos besos, lo que realmente me importaba era su piel más allá de sus labios. Al abrir el esquivo escote, mi nariz acompañaba el recorrido, y mi boca, buscaba probar cada pedazo de piel desnudo. Por fin su cuerpo estaba desnudo, y le pedí que se recostara sobre la alfombra, la chimenea serpenteaba chispas hacia nuestros cuerpos, y los chasquidos de las brazas acompasaban el ritmo de las llamas. Al verla tendida sobre ella, dejé que mis manos recogieran su perfume para impregnarlas de sus aromas. El movimiento de mis dedos sobre su piel, dibujaban claramente cada cada rincón de su alma, mientras sus senos se endurecían entre mis dedos. Su vientre se movía como el de una serpiente a la búsqueda de una preza de que alimentarse, y sus piernas se habrían y cerraban a cada caricia. Luego vinieron los besos que fueron mojando su piel, y mi nariz que se deleitaba guardando su aroma en mi mente. Mis dedos apenas rozaron la dureza de sus pezones para remojar con mis labios y hacer brotar de su piel pequeñas gotas cristalinas que emergían al encuentro de mis besos. Su sabor era exquisito y su aroma embriagador, turgentes se dejaban acariciar para dejar que piel se embadurnara de ellos. Luego vino el recorrido por su vientre, que como olas movían mi rostro sobre él, como si fuera un barco a la deriva, era ahí donde se concentraba el aroma más puro, el sudor y la sal que emanaban de él, causaban efectos maravillosos en mi cabeza, y bajando fui entrando en el fuerte olor a deseo que salía de su sexo para envolverlo con mis labios extrayendo todo ese fuerte sabor que suelta una mujer excitada, clavado como una espada, mis labios extraían cada gota derramada desde su interior... era muy delicado y de aceites empapado... mi legua disfrutaba del banquete más erótico que pueden sentir unos labios, incluso buscando más allá de su murallas, la lengua fue centrándola para recoger todos los vestigios de su existencia, para bajar luego untando sus muslos temblorosos rogando porque estos labios volvieran a lo más intimo de su ser... Todas las fragancias de mi existencia entraron por mi naríz, y fui arrancando de besos cada gota que su cuerpo exsudaba, hasta sentir como me elevaba sobre el deseo, para sentir el climax de mi existencia, el poder de la pasión. Voltee sus caderas para disfrutar de sus nalgas marcadas por la alfombra mientras sentía como ellas se deshacían entre mis dedos, y ella las levantaba para que mi naríz se enterrara en ella... besé cada rincón de su extasiado culo, arrancando todo su intenso aroma, tan dulce como la miel, y tan fragante como la yerba después de un incendio en la piel. Su espalda no dejaba de confundirse con los aromas suaves de su vientre, hasta ahí sólo gemidos eran sus palabras, y jadeos los temblores de su piel. Mi boca estaba impregnada de ella, y sólo podía sentir amor entre sus piernas abiertas... y fue justamente por su espalda donde busqué entrar abriendo sus labios vaginales resbalando a su interior, tan suave como la brisa se traga la noche. Sólo podía percibir su placer por los gemidos que escapaban de su boca, y la delicia del goce, por los jadeos de su cuerpo que facilitaban una penetración celestial... y fui entrando en su alma, mientras mi sexo rasgaba suavemente en su interior, sin dolor, sólo placer de sentir mi cuerpo dentro de ella. Entonces pude ver como la copulación del macho a la hembra no era más que eso, deseo animal... Mi sexo parecía tocar las fibras más intimas, las zonas más sensibles, sin producir daño, sólo una sensación interminable de orgasmo infinito que no se detendría hasta que pude sacar todo lo que había acumulado en mi corazón... y todo en mi interior, fue derramándose dentro de ella mientras su espalda no dejaba de empujar para retenerme adentro, y luego nuestros gemidos se hicieron uno, los gritos de placer llenaron el silencio del universo y nos absorvimos, tragándose los cuerpos uno al otro hasta desaparecer entre las brazas de la chimenea...
Hoy despierto desnudo y pensando que eso jamás pudo haber ocurrido, pero su aroma esta en cada rincón de este cuarto vacío, donde sólo yo puedo saber lo que pasó...
Gustab, el principio del fin...




viernes, 8 de mayo de 2009

Sueños en Soledad...

...Porque la soledad se dibuja en mi vida como un abismo incondicional. Han pasado muchos días encerrado entre estas cuatro paredes que me ahogan y desesperan, y aunque siento pasos en el pasillo no logro abrir la puerta para saber quién anda afuera a hurtadillas... siento que esa persona puede hacerme daño, el pánico se apodera de mi, dejo de respirar para que nadie sepa que estoy aquí.
Hoy escuche unos tacos afuera, el picaporte que se habría rechinando sus mecanismos, y un golpe me hizo pararme de mi cama y mirar por el ojo mágico de la puerta hinchada por la humedad y envejecida por el paso del tiempo, estoy seguro que cayeron las llaves de unas manos nerviosas, que con el apuro de querer abrir la puerta las dejó caer. El pasillo estaba en soledad, y curiosamente la puerta que con tanto apuro habían querido abrir como si la persiguieran, permanecía abierta. ¿ porqué?...
La aldaba que trancaba mi puerta estaba oxidada, vieja y apretada, no podría abrirla aunque quisiera, permanecía encerrado en un mundo que no me dejaba salir. Tras la puerta había alguien que no sabía quién podría ser, pero sentía su perfume que lo invadía todo sin dejar la libertad de respirar otra cosa que no fuera él. Celoso de la piel que cubría, no permitía que otro olor tocara la piel de la que lo poseía. Y me quedé ahí dentro esperando que los tacos volvieran a salir, permanecí horas sentado en el suelo hasta que el cansancio se apoderó una vez más de mi, y mis ojos se cerraron para no volverse abrir.
Sin embargo en mis sueños pude tirar de la manilla y abrir la puerta y acercarme a esa puerta que permanecía abierta invitándome a entrar. Todo en su interior tenía un aroma a frutillas, y al entrar pude divisar la puerta de la recámara abierta, los muslos torneados de una mujer permanecían cerrados como un candado sobre la colcha de raso de color azul y blanco... el sol que entraba por el oriente caía cálidamente sobre su piel, y le iba acariciando a medida que entraba por la ventana... no pude evitar acercarme y mirar como un fizgón su cuerpo semi desnudo tirado mientras dormía. Sobre el pequeño velador había una fuente de frutillas cubiertas de almíbar, y su fragancia envolvía mi cabeza haciéndola girar dentro de mi... e imaginé que al comerlas esta mujer, sus flujos vaginales olerían del mismo modo, y que al pasar mis labios sobre él, su sabor seria tan dulce como el fruto que estaba ahí. Su cuerpo giro abriendo sus piernas como atrapando el sol que ya le alcanzaba, sus vellos del color de la miel, brillaban por el sudor que empezaba a brotar con el calor del astro rey, y sus labios vaginales estaban hinchados por el calor que emergía de su alma. ¿ qué estaría soñando? ¿ que razón tubo para entrar tan apurada y tenderse en esa cama deshecha?¿porqué no tapar su cuerpo y dejar la puerta abierta estando desnuda casi por completo?...Las preguntas golpeaban mi mente, atocigando de pensamientos esquisofrenicos mi cabeza... estaba mudo y me movía por la habitación sin que ella pudiera percibir mi presencia... Y me detuve frente a sus piernas entre abiertas para observar con detenimiento su sexo que empezaba a despegarse por el efecto cálido del sol. Tras algunos segundos el carmesí interior se abrió para mostrar la intimidad más deseada por una amante, y al agacharme pude percibir el brillo que brotaba de su interior, estaba bañado en aceites que se expandían dentro de ella y se contraían a cada giro de sus piernas, era un espectáculo que no podría interrumpir, todo se veía tan claro y transparente, que mis ojos no dejaban de orvitar en su interior. Ese aceite que parecía empalagoso a la vista y espeso, no dejaba de maravillar mi sentido más preciado, era tan transparente como una fuente virginal, sin duda la perfección misma creada por las manos de Dios, hecho para acariciarse , oler y degustar. Al acercarme a su piel, mi teoría de las fragancias se cumplía a cavalidad... su fragancia era a frutillas o fresas, como le llaman en otras partes, y quise probar la segunda, y rocé levemente con mi lengua el nácar que se abría ante mis ojos invitándole a probar... era una sensación maravillosa sentir el deseo y probar sin despertarla, la adrenalina brotó en mi interior y aunque pude haberlo evitado, pose mis labios sobre la mojada piel, y mi lengua se abrió camino entre sus pliegues... e sabor era increíble, una mezcla de vino burbujean te y un delicado dulzón, sin lugar a dudas, por el efecto de este fruto que traspasaba sus aromas y sabores a la carne, absorbiendo esta todo su sabor que luego le haría brotar a través de su piel... Entre ronroneos y susurros fui creando oleajes en su vientre, tan delicados como el sabor que poseía su piel... y sus senos se fueron endureciendo y formando entre caricias, mientras sus pezones se erigían mostrando su esplendorosa belleza... no sé cuánto tiempo pasó, pero mis labios estaban untados del exquisito sabor y mi mente estaba inundada de su olor... y su cuerpo agónico fue cerrando sus rodillas, y tensando su piel hasta que por fin derramo a caudales ese aceite que cómodamente había visto hace un rato emerger timidamente desde su interior... y su cuerpo se convirtió en infinitas contracciones que hacia que su espalda se despegara de la colcha azul... su cuerpo disminuyó los espasmos y fue relajándose devolviendo la espalda a su lugar... Nada más hice, ese había sido un regalo de Dios y volvía a mi departamento, cuando sentí del fondo de la habitación un susurro afable que decía ...



- Gracias Gustab.......!!!