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Mostrando entradas de octubre, 2022

El Trauco.

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Magade Qamar nos invita a escribir en la dinámica de este jueves, una historia tradicional y costumbrista, tradicional de nuestro pueblo, un cuento o una leyenda, y se me ocurrió contarles sobre "el Trauco", una leyenda de mi pueblo al sur del mundo, en la isla de Chiloé. Trata de un mitológico hombrecito de 80 centímetros de altura, que cuentan tiene un rostro feo pero de mirada dulce, que resulta ser muy atractivo para las mujeres que lo ven. No tiene pies y viste de traje, con un sombrero.  Este hombrecito solo persigue mujeres si van solas, jamás actúa frente a testigos. Cuando ve en el bosque alguna mujer que le gusta, baja rápido y le da tres hachazos al árbol para asustarla. Cuando la muchacha se recupera del susto, el Trauco llega a su lado y sopla suavemente su bastón bañando con su aliento a la mujer, quien sin poder resistir su encanto, cae en un profundo sueño de amor sin oponer resistencia. Al despertar del hechizo, la joven regresa a su casa completamente c...

El sabor de la manzana...

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  El pecado original fue de lujuria, la culpa fue de Satán que sopló veneno sobre la manzana antes de entregarla a Eva envidioso de su maternidad. Ese veneno fue, precisamente, el placer y su sabor, el deseo sexual. El deseo sexual es el sabor de la manzana, el delicioso sabor que da paso a la ponzoña del vicio, el placentero y embriagador sabor del pecado. "...No oigo estas cosas ni con los oídos corporales ni con los pensamientos de mi corazón, ni percibo nada por el encuentro de mis cinco sentidos, sino en el alma, con los ojos exteriores abiertos, de tal manera que nunca he sufrido la ausencia del éxtasis. -Oh, pequeñita forma, encomienda estas cosas que ves con los ojos exteriores y que percibes con los oídos interiores del alma, para que también los hombres comprendan a su creador a través de ella y no rehúyan venerarlo con digno honor.  La mujer podrá estar hecha del hombre, pero el hombre no se puede hacer sin una mujer. Así se allana el camino, para llegar a afirmar q...

Inconclusa.

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Me hallé mirando su desnudez; el agua por su rostro, el agua por sus senos, intrépida bajaba como una gran marea. Sus cauces mojaban mi desnuda piel, me ahogaba y el cristal de mis ojos se enturbiaba con la caricia intranquila del temblor de sus senos. Gota a gota de sus pezones caían, de la blusa abierta, que cara al viento su luz anidaba, como dos caracolas en las nubes temblaban. Me llevó por su estela de mar salina, como una barca, en el gemido de mi pecho, en el jardín salado encadenado a sus surcos, con brasa de espumas. Sus senos emergian balanceándose como delfines inquietos, rozando mis labios para ser atrapados por mi boca. Mientras, contra la roca, su sexo se volvia escapulario, soltando sus más íntimas lágrimas de oleoso brillo. Abrazada al marfil de fiebre, ardorosa de rodillas, con besos furtivos, llenaba su boca. El deseo se sumergía gozoso, se hacía vertiente y filo en el temblor de su amorosa boca. De la crujiente seda que resbalaba, emergia mi blancura en control supr...

El canto del grillo.

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El amor es el prejuicio mas grande que puede enfrentar el hombre; y es de lo que se nos habla en el "Tintero de oro"  ; ¿ porque el sexo será mejor si hay amor detrás, porque poner límites al gozo y el éxtasis?. Es así mi mente enferma, donde el sexo es gozo solo por si mismo, y no tiene porque haber amor detrás de él. El canto del Grillo. El verano se vive desnudo, el calor reconforta y anima a jugar al amor. Me gusta cuando cae la noche y solo hay luz en las ventanas, porque en la complicidad de las sombras escribo una nueva historia. Y los grillos van cantando y acompañando mis aventuras una vez que el sol se va. En mi mente enferma, como dice n mucha s, se me viene la imagen de la estridulación de los grillos con la que atraen a la hembra, que abriéndose a él, espera a que la copule. Él, en un esfuerzo extraordinario, frotara sus trines, con el más agudo de los sonidos que consigue generar un ser vivo, lo hacen marcando territorio y atrayendo a las hembras durante el p...

A la deriva.

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Al entrar en la habitación, sus bragas estaban tiradas frente a la cama, mientras ella parecía dormitar bajo las sábanas. El mensaje sin tinta ni papel era claro, " te esperaba". Me escabullí bajo las sabanas desnudo serpenteando entre sus piernas tibias, que al roce de mis manos danzaban inquietas, mientras se separaban en un recorrido impetuoso. Al sentir la humedad que escapaba entre sus muslos , enterré mi boca en ella, hasta escucharla gemir en silencio. No había tiempo para jugarretas, el mar estaba agitado y la barca jadeaba a la deriva. Sus piernas se cerraron atrapando mi cabeza, anudando con sus piernas todo el impulso y energía que había en mis ganas de devorarla. Jadeaba tratando de escapar para hundirme entre sus muslos desordenados, hasta que sus manos me hundieron en el campanario de nácar que se abría a mis embestidas. Sus caderas se quebraron en medio de tempestades, donde los jadeos y gemidos, nos llevaron a un infierno de pasiones y deseos. No había manera ...