Alquimia...
Ese día el sueño no llegaba y el tiempo transcurría sin emoción alguna, hasta, que entró ella. La sola idea que quizá su sexo sea lo único que pueda latir en su insípida existencia, ardió en mi cabeza y entonces, ante mis ojos, la convertí en alquimista capaz de generar magia en mi existencia. Su energía era capaz de generar cada vez mayor excitación dentro de mi locura convirtiéndola en placer, deseo y éxtasis. Ella transformaba su figura en una danza de alegría, sensualidad, misterio y erotismo. Yo era su magia, y el deseo que decía sentir por mi, la conducía a estados de plenitud tan elevados que abrían el acceso a lo divino yendo más allá de la mera actividad física, para alcanzar estados superiores de conciencia , desarrollo emocional y espiritual en nuestros encuentros. En su cabeza, la imagen de este loco aceleraba su respiración mostrando su pureza, su dulzura y el manejo del tiempo, un camino de elevación en el que ella recuperaba el misterio y el encanto del amor al...