Concupiscente...
Atado al piso, con los chasquidos del fuego tras mi cabeza, dos columnas de mármol negro abiertas sobre mi, en la altura, coronada por vellos oscuros y crespos enredados entre sus dedos, gotas de sudor y éxtasis que caían en mi rostro encendido en la oscuridad de la habitación. El deseo iluminado en su rostro oscuro, donde la luz del fuego la iluminaba, su vientre perfecto, sus senos colgantes endurecidos por el deseo y un par de casquillos aún más negros y erectados por la imaginación. Ella perfecta con su cabello desordenado y desbordantes de rizos sin brillo ni luz, estilando sudor en su cintura, gotas que buscaban un camino para caer sobre su sexo mojando sus recovecos entre piel brillante, hasta suspenderse en el aire, susurraba jadeante gemidos que me quemaban por dentro mientras el deseo despertaba entre mis piernas. Sus rodillas se doblaron, abriéndo su sexo, como alas de mariposa en dulce vuelo, soltando el esperma de polen entre sus labios, posando la humedad cálida que se e...