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Mostrando entradas de junio, 2008

El maestro de violín....

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En mi vida he pasado por muchas cosas, entre ellas en la juventud, estudié música en el conservatorio, mi madre me había obligado a estudiar violín desde niño, y mi padre insistió en que siguiera en el conservatorio. Tenía 16 años cuando me presentaron con el maestro Paolo, un maestro italiano que había dado su vida por el estudio de uno de los instrumentos más complejos que pueda existir. Obsesivo y proteccionista hasta la muerte. En esos años el ser músico era tan importante como tener un hijo sacerdote, y así me fui perfeccionando a través de los años hasta convertirme en un mediocre músico de bar. Éste maestro era conocido por su esquizofrenia al mirar a la música y el perfeccionísmo. Tenía como alumna a una chica de 18 años, Slova Kusinka, una soviética hermosa y talentosa, a la que venía preparando muchos años para el día de su debut, eramos compañeros, y muy competitivos, pero los años de practica hacían de esta chica una eminencia de las cuerdas. Exquisita mezcla de músico ...

La ventana del sanatorio...

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La lluvia caía intensamente, las bajadas por las escalas de piedra eran verdaderas cataratas, sentía mis pasos inseguros. Me apegue a las murallas para no resbalar, y cuando pasaba frente a la ventana alguien golpeaba adentro. Su rostro detrás de los cristales era extraño, su mirada perdida en le lejanía me perturbo los sentidos. Sus ojos eran tristes, su mirada extraviada, sus gritos de auxilio pasaban los cristales. No se que me hizo entrar, pero pidiendo resguardo a la lluvia, me introduje en un mundo muy extraño. Miles de caras se agolparon sobre mí. Sus cuerpos estaban desnudos, el frío parecía no existir ahí. La morfología que escondían estas murallas me transmutaron a otra dimensión, una dimensión que no me dejaría escapar dócilmente. Una mujer mayor empezó a desnudarme, cuando traté de impedirlo, otros se vinieron encima, sin poder escapar, perdía la cordura entre rasgados trapos que apenas cubrían mi cuerpo. Los ojos estaban puestos sobre mi, impúdico me paseé desnudo entre ...

La chica del tren...

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Muchas veces había tomado el ferrocarril, generalmente este iba vacío hacia el interior. Ese día al subir me sentía acorralado entre mis sentimientos, debía escapar, de ese mundo que me aprisionaba. En el último asiento, a un costado del baño una chica de ajustada falda blanca insistía en buscar entre los árboles que alcanzaba ver, algo... no se qué, su vista se perdía en la intensidad del paisaje, aquel que raudo pasaba frente a sus ojos. Era extraña. En un momento se paró de su asiento, y recorrió el largo pasillo, mis ojos la seguían. Tras la delicada falda se distinguía claramente su derriére dibujado, tan avezadamente redondo y delicado, como si la falda fuera su segunda piel. Entre los azotes contra los durmientes, y el bamboléo del tren, sus nalgas se iban de un lado a otro, ella trataba de mantenerlo en equilibrio, y con delicados movimientos de cadera, hacía del espectáculo algo casi irreal. Esas nalgas eran la perfección misma, Holiwoodences. Parecía la reencarnación de Maril...

Gemidos...

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Susurrando mis dedos abren las puertas del templo para apoderarse de él. Encendidas las mejillas van rosando los tibios muslos que se abren a mi paso, bebo, muero para renacer en su placer, y voy alimentando mi deseo bebiendo del templo que quiero volver a poseer. Limpias las manos buscan la presencia distante, gime a cada abatida, tiembla cercenando sus recuerdos, muere para volver a nacer entre mis palabras. Gustab (Dedicada a mis amantes de la blogosfera)