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jueves, 26 de junio de 2008

El maestro de violín....

En mi vida he pasado por muchas cosas, entre ellas en la juventud, estudié música en el conservatorio, mi madre me había obligado a estudiar violín desde niño, y mi padre insistió en que siguiera en el conservatorio.


Tenía 16 años cuando me presentaron con el maestro Paolo, un maestro italiano que había dado su vida por el estudio de uno de los instrumentos más complejos que pueda existir. Obsesivo y proteccionista hasta la muerte. En esos años el ser músico era tan importante como tener un hijo sacerdote, y así me fui perfeccionando a través de los años hasta convertirme en un mediocre músico de bar.

Éste maestro era conocido por su esquisofrénica mirada a la música y el perfeccionísmo. Tenía como alumna a una chica de 18 años, Slova Kusinka, una soviética hermosa y talentosa, a la que venía preparando muchos años para el día de su debut, eramos compañeros, y muy competitivos, pero los años de practica hacían de esta chica una eminencia de las cuerdas. Exquisita mezcla de músico sinfónico y salvaje intuición para el instrumento, casi una autodidacta. Sus características la hacían ser deseada por los más importantes músicos de la época. Todos querían ese diamante en bruto para pulirlo y hacer de sus escuelas un símbolo de la burguesía. pero sólo había uno que la podría convertir en la estrella que llegó a ser con los años.El día de su debut en el teatro Opera del puerto, había creado las espectativas más altas del maestro, quién orgulloso mostraría su obra de arte llevada a la maxima expresión.

Al abrirse las cortinas Slova, dio un pequeño tirón de cuerdas que hizo enmudecer a los que habíamos ido a escucharla, el silencio se apoderó del lugar, la cuerda vibró por algunos segundo creando una tensión que nunca habíamos sentido en nuestras vidas. El arco bajó lentamente hasta las cuerdas, posándose en ellas, y un gran arqueo de brazos hizo llorar al violín, las notas fueron tomando altura a cada movimiento de esos angelicales dedos, el arco desaparecía a la vista, haciendo que el violín flotara en el aire ensegueciendo a los ojos de quienes la veíamos.

Mozart, inundó nuestra mente, hasta la locura. Pero la pasión con que tocaba, en unos de los momentos más cruciales, hizo que unas de las cuerdas se cortara creando un momento de tensión sin igual, pero sus dedos no pararon de tocar, el arco jamás se detuvo, y la música siguió brotando de las maderas, el silencio en el público era aterrador. Una segunda cuerda saltó entre las maderas dando un golpe en el rostro de la intérprete, el corte y la sangre, hizo del espectáculo algo sobrenatural, .... y la música no se detuvo hasta que la última nota que arrancó de las cuerdas diera el gran final. Al terminar la sangre rodaba por las maderas del violín, como si éste llorara la furia y la pasión de la mujer. La ovación no se hizo esperar, pero tras las cortinas, los ojos del maestro mostraban su furia por los errores de su pupila, y sacando los brazos la tiró hacia las cortinas, y sin dejarla disfrutar de los aplausos se la llevó a una sala lejos del escenario.

Yo sabía que la esquizofrenia del maestro, su obsesión por la perfección, le traería conflictos a Slova. corrí tras de ellos tratando de alcanzarlos, pero para cuando logré alcanzarlos, ya era tarde. El maestro esgrimía el arco en contra de las nalgas de la chica dándole de golpes hasta hacerla sangrar. Ella, con sus bombachas en las rodillas, gritaba de dolor, sus nalgas redondas sangraban hasta manchar el suelo y la ropa del artista. Me abalance contra el maestro logrando liberar a la chica, mientras ella corría por las salidas de emergencia hasta el oscuro callejón, que iba a dar al muelle, donde se dejó caer de rodillas para llorar por su injusto castigo.

Me acerque a ella cuando la pude hallar. Trate de subir sus bombachas, pero el ardor que ella sentía no me dejó terminar, no pude llevar la delicada prenda de vestir a su lugar, y sin poder contenerme, acaricié su carnosas carnes tratando de aliviar su dolor. Ella gemía, mis manos no se podían detener. Al pasar mi mano entre las hermosas nalgas, pude sentir que la humedad entre sus piernas brotaba con intenso calor. Sus manos desabotonaron mi pantalón, mientras sus dedos buscaron mi sexo, el que no tardó en florecer entre sus caricias, luego giro su cuerpo, y tomando el hinchado sexo, lo acomodó entre sus nalgas, para dejar que yo me enterrara entre sus carnes ensangrentadas, los gemidos y quejidos de dolor y placer, se perdieron entre el ruido de las olas.

Lentamente fui abriendo el espacio hasta entrar por completo en su interior. Sus caderas sujetas por mis manos fueron creando el más exquisito de los bamboleos, hasta que el climax nos alcanzó, y nuestros cuerpos se enredaron hasta sentir que el dolor desaparecía reemplazado por el placer de dos cuerpos salvajemente unidos, dos cuerpos que no dejaron de agitarse hasta que el sol de la mañana nos cubrió, y alcanzado por los ojos de los curiosos nos hizo saltar al mar y desaparecer entre las aguas, para volver a salir cerca de los roqueríos.

Un beso sello nuestros labios para siempre, juramos nunca decir como había terminado la noche, y cual había sido la última nota del recital.

Gustab

5 comentarios:

BELMAR dijo...

La sensualidad y el recuerdo continúan... un abrazo!

Ayanay dijo...

Holas!!!


Ya se que parte del relato le gusto a Belmar jajajajajaj Sí, la misma, esa donde le pegaban en el culo a la pobre chica.

Siempre has sido ese angel que sana heridas? Ese es tu destiino, esa es tu misión...

Te beso amor

inmiky dijo...

Encantada de pasarme por aquí y ver tu precioso blog. Seguiré visitandote. Muchos besos

Susy dijo...

Buenos dias, gracias por tu visita a mi pequeño mundo..tienes un blog muy cuidado y lleno de sensualidad..iré leyendote con calma..

Besos

Anónimo dijo...

decadentes!!