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sábado, 28 de marzo de 2009

Isolina... ( Mi primera vez en el Burdel.)

Necesitaba escapar de estos barrotes, y la única manera, era a través de mis recuerdos. Y busqué entre mis pensamientos un lugar donde esconderme, y llegó Isolina a calentar mi cuerpo aún atado a los barrotes de la cama y me dormí pensando en ella.

" Isolina era la favorita de los que se querían iniciar en las artes de la sexualidad. Su cabello castaño oscuro y sus ojos profundamente verdes, que jugueteaban detrás de las tupidas pestañas pintadas de riguroso negro, hacían soñar a los jóvenes sélives de la ciudad.
Siempre estaba vestida de negro, guardando riguroso luto por la muerte de su marido, era una mujer joven, debía de tener entre 16 y 18 años, su cuerpo era menudo, delgado, muy suave, de senos pronunciados, nalgas voluptuosas y una entrepierna rigurosamente depilada. Su cara, humm, su cara, piel morena, esas pieles que sólo se ven en los campos chilenos, mezcla de españoles e indígenas, rasgos muy marcados, gruesas cejas y respingona nariz.
Ella fue sin lugar a dudas la que me inspiro, con ella me inicie en las artes de la sexualidad, con ella me hice hombre, todo lo que antes hube de pasar fueron ratos cortos de placer, pero ella era distinta y estaba ahí para hacerme un gran amante.
Cuando se acerco a mi, sentí que mis piernas temblaban, la mujer que estaba al mando de las chicas la había escogido para mi. Sus manos acariciaron mi cara con materna suavidad, sentía como limpiaba mis deseos al roce de sus dedos, largos y suaves como la seda. Me tomó de la mano llevándome a su habitación. Al desnudarme lo hizo con ternura y cariño, dejando deslizar la ropa sobre mi cuerpo. Sus manos frías recorrían mi cuerpo con suaves cariños, sus dedos iban dejando la huella sobre mi piel, mis bellos e erizaban al roce, mi verga se erigía como un bastión, sus labios recorrían mis pechos con dulces besos mientras sus manos iban descubriendo mi cuerpo. Al quedar desnudo, sus labios fueron surcando el camino al deseo, cada pliegue de mi piel se abría al depurado rozar de su piel contra mi piel, hilos de saliva iban vmarcando cuidadosamente su recorrido, como telarañas transparentes, se tejían queriendo atrapar mi sexo en una carcel de seda, palpitante mi verga se contraía a sus caricias, sin ella haberla tocado, como una rama azotada suavemente por las aguas de un riachuelo, que a su paso golpea el follaje de un árbol caído, buscando ser acariciado por las tranquilas aguas.
Su cuerpo se ergía ante mis ojos desnudando su piel, su corsé, que ahogaba sus senos voluptuosos, se habría tira a tira cuando sus dedos desenredaban el complicado laberinto de sujetadores, que con gran esfuerzo lograban contener los abultados senos, dejando ver las aureolas de sus pezones adornados por encajes de flores, que al soltarlo dejó rebotando los senos por un instante, que se remecían como gelatina al ser liberados. Los posó delicadamente sobre mis labios ofreciendo su néctar, semitransparente y blanquecino, dos gotas asomaban sobre sus puntas como perlas lácteas, los que fueron succionados por mi sedienta boca, jugueteaba con sus pezones duros como copas de mármol, oscuros y enrojecidos, las gotas brillaban contra la luz tenue de su cuarto, bebí de ellos succionando gota tras gota hasta liberar sus finos chorros que se disparaban sin dirección mojando mi cara, suave entre sus senos mi cara se retorcía de deseo. Tomando mi cabeza, me deslizó por su vientre, donde la suavidad de su piel acariciaba mis enrojecidas mejillas que se iban humedeciendo entre sudor y deseo, mis labios recogían sus salados sabores, los que temblaban cada vez que se rozaban entre sus carnosas pieles, hasta llegar hasta sus piernas, quise ir a su sexo, pero ella hábilmente me llevó entre sus muslos que deseaban ser besados antes que llegara ahí, - con calma replicó ella, no hay apuro, aprende lo que deseamos las mujeres.- Me desconcertaba, pero a la vez me fascinaba su forma de dirigir.
Su empalagosa piel me agitaba de sobremanera, disfrutaba cada uno de sus granos, cada surco entre sus estrías, que afloraban como delicadas lineas blancas, como marcando la frontera entre el goce y el placer, sus piernas se fueron abriendo lentamente empezando a revelar sus secretos más intimos, sus labios se engrosaban a cada embestida de mis labios sobre su piel, cada surco que dibujaba mi lengua entre la dermis del deseo, sus gotas de sudor bajaban por su cuerpo, las que eran recogidas suavemente por mis labios, como queriendo beber de sus pecados, su piel se erizaba marcando granos en su piel, los que brotaban uno tras otro, suplicando que me acercara a la miel de su intimidad, sentí como su sexo buscaba mis labios intensamente, resarciéndose entre jadeos y gemidos de Glamour, sus labios resoplaban, mientras sus fosas nasales expiraban a cada posible acercamiento, finalmente ante mi, brillaban sus labios vaginales despegándose entre hilos salivales, y densos hilillos de fluidos emergentes de su apretada vúlba, la que dilatándose dejo ver su interior, pardo rojizo, oscuro y bañado en miel, los que mediante sus brillos iban liberando su pequeña cabeza de oro, la que asomaba timidamente entre pliegues humedecidos por el deseo. Mi lengua terminó se romper los hilillos que quedaban vírgenes en su dilatada vúlba, dejando posar los labios deseosos de sorber el liquido empalagoso, rodié envolviendo la delicada cabecilla entre mis labios succionando suavemente, su cuerpo encrespado dejaba correr el sudor que chocaba con mis pestañas provocando un intenso ardor, sus bellos púbicos se enredaban entre mis dedos dibujando el promontorio monte de Venus, donde caían sus deseos palpitando al flujo sanguíneo que de ahí proveía a los inflamados labios vulbáres los que se apegaban mojando los surcos de mi cara, dejándolos untados de baba interior, mientras mi lengua jugueteaba entre sus carnosos deseos separando los labios con cuidado quirúrgico, lamiendo y recogiendo el manantial que emanaba de su interior, entre succiones, jadeos y gemidos su espalda se retorcía clamando para no detener el flujo de placer que brotaba de sus entrañas, sus manos sujetaban mi cabeza entre sus labio aplastando su sexo contra mi rostro, su espalda se dobló bruscamente liberando energía por su columna vertebral hasta reventar entre espasmos y gritos de placer. Me reincorpore enterrando mi sexo en ella, la que empujaba suplicando suavidad, pero embestí con fuerza hasta topar el último rincón de su caverna, separando con violencia sus piernas bañadas en sudor, y me deje caer con mi peso sobre su vientre mordiendo sus labios bañados en saliva seca, succionando lo que encontrara a mi paso, arrancando y ahogando con frenesí cada grito y gemido de sus orgasmos que batían su cuerpo sin piedad.hasta reventar dentro de ella liberando mi energía contenida y mis horas de espera, para aprender de sus muslos los mil secretos que escondían, hasta caer sobre sus pechos hinchados de los que aún brotaba leche a goteos intermitentes, batiéndonos entre jadeos y temblores de éxtasis. Finalmente tranquilizamos nuestros cuerpos entre besos caricias dormidas de placer.
Esa fue mi primera conversación intima con una chica del burdel, de ahí fueron saliendo secretos que les contaré en otros relatos, donde todos somos iguales, donde me fueron revelados sueños eróticos que fueron cumplidos en este burdel."


Gustab, unos minutos de mi vida... grabados en fuego para siempre.

martes, 24 de marzo de 2009

De Hormonas y Feromonas...( Entre Barrotes)


Había logrado de hacerme de la aguja de una jeringa como aquella vez, no podía dejar de escribir, y como necesitaba de tinta para escribir, no dude en cortar mis muñecas para que mi sangre ocupara su lugar... siempre había una hoja donde escribir... algo que contar, algo que decir...



Cada dos o tres días los cuerpos de los internos eran aseados por las enfermeras, y ese día era tiempo de sasonar los cuerpos de los enfermos porque era día de visita.

Durante el día, el caluroso verano no daba tregua y los cuerpos se empapaban en sudor. Yo amante del sol y de su alimento de vida, me tendía sobre las frías baldosas para refrescarme y recibir el sol que se colaba entre los barrotes, y el sol incansable, me alimentaba con sus rayos cayendo amorosamente en mi cuerpo, sus cálidas caricias me decían que aún estaba vivo. Por supuesto el sudor se apoderaba de mi piel mojándolo todo, y haciendo que las hormonas despertaran para llenarme de fragancias...

Sentí entrar a los guardias, quienes sin ni una delicadeza, me tomaban para atarme de pies y manos a los dorados barrotes del catre de bronce, dejándome atado de las muñecas a la cabecera de la cama y de los tobillos a sus pies. Aunque la posición no era cómoda, aún los rayos del sol bañaban mi cuerpo... el sudor empastaba mi cuerpo dejando atrapadas a las hormonas en mi piel, especialmente entre los pliegues que formaban naturalmente, pero estos se abrían al ser atados, sin embargo, mis testículos se mantenían como amantes pegados a los muslos sin dejar abierta la posibilidad de ventilación, y era justo ahí donde las hormonas hacían mejor su trabajo... sólo un delantal cubría mis presas, y el sol seguía calentando mis genitales.... para mi era un olor agradable, para otros, había ocasiones en que no tenía ninguna explicación ni excusa. Pero en este lugar no existían esas ocaciones, pues lo único que había que hacer, era estar detrás de estos barrotes esperando a que el tiempo se compadeciera de ti.
La puerta de fierro de abrió por segunda vez, y entraron dos enfermeras con palanganas entre sus manos , paños y algodones... llenaron el recipiente de agua y vertieron en el un liquido jabonoso que echaba mucha espuma, quizás hasta un liquido de yodo para desinfectar los cuerpo en aquellas llagas que se formaban cuando los cautivos se hacían daño profanando sus cuerpos con lo que encontraran a mano.

Una de ellas levantó el delantal para dejarme desnudo, y la otra inmediatamente dejó caer un chorro de la palangana sobre mi cuerpo, el agua busco las formas naturales del cuerpo y corrió sin rumbo cubriéndome de escalofríos, estaba fría como una noche de invierno. Ellas llenaron mi cuerpo de caricias de algodón, haciendo resbalar las fibras suaves sobre mi cuello y rostro, y fueron mojando cada rincón de mi alma... luego un trapo resbalo por mi vientre recogiendo el jabón... y aunque trataba de pensar en otras cosas, las sensaciones que surgían en mi piel no las podía controlar. Evitaban pasar sobre mis genitales, creía que era por pudor, pero luego descubriría que para ellas esto era un juego de sensaciones, y les divertía ver crecer los sexos de los pacientes entre sus dedos... Cuando creí que habían terminado, sentí como las manos de una enfermera rozaba el tronco de mis genitales, mientras la otra bajaba su cara para oler... si para oler, como lo escuchan, y podía sentir sobre la delicada piel su respiración exhalando las fragancias que éste despedía. Sus dedos se deslizaron por los pliegues que formaban mis muslos apegados a los genitales, acariciando cada milímetro de piel, y rodeando los testículos, fueron separando la piel del deseo de aquella que les impedía oler. Parecían extasiadas por el olor y transportadas en el espacio. Mi erección fue inevitable, estaba rendido ante sus caprichos, las ataduras no me dejarían escapar... y una de ellas baño el tronco con el liquido de la palangana mientras la otra posaba sus labios sobre él. El paño había caído de sus manos y eran ahora sus dedos los que agitaban mi sexo con delicadeza y pulcritud, la otra dejaba deslizar sus labios sobre mi piel gimiendo ordenes a la otra que apuraba los movimientos de sus dedos haciéndome retorcer de gusto y humillación... Les pedía en silencio que me soltaran, pero las agradables sensaciones no me dejaban hablar...y pude entender lo que habían descubierto algunos científicos, que se esmeraban en probar que eran las hormonas las que hacían que la atracción que los cuerpos ejercían, era por esta razón. Las enfermeras en su éxtasis, dejaron que sus dedos se liberaran, y una de ellas levantó el delantal de la otra metiendo sus dedos entre sus piernas, mientras la otra sin soltar mis genitales empezaba a gemir. Quise hablar, pero una de ellas puso el paño en mi boca y una tela adhesiva sobre él. Sin detenerse prosiguieron agitando mi sexo, y en ocaciones llevándola a sus bocas para degustarlo naciendo en mi las más variadas sensaciones, había momentos en que sentía que iba a explotar, pero ellas de detenían dejándolo pulsar entre sus dedos y reían en forma estruendosa, para luego de sentirlo calmado, retomar sus sucias jugarretas... Era agradable sentirlas jugar con mi cuerpo, pero angustiante encontrarme sometido a sus caprichos ... Cerré los ojos para concentrarme en el fuerte olor que salia de sus sexos, (lo que esos mismos científicos llamaban feromonas) mientras los dedos de una de ellas, hacía brotar gemidos en la boca de la otra, la que refregaba con delicadeza su vagina desnuda cubierta de vellos enredados entre sus dedos. El germen de sus caricias no demoró en brotar entre las piernas de la sometida, y mientras enjugaba sus dedos entre sus labios, agitó con fuerza y agilidad mi sexo desorientado hasta hacerlo explotar en los labios de su compañera, chupaba cada gota de razón que iba quedando en mi mente... luego ambas se besaron intercambiando el elixir que llenaba sus bocas, y todo delante de mis ojos desorientados y perdidos en el techo quebradizo de la habitación, donde las arañas tejían sus nidos que brillaban al caerles la luz...

Unos dedos regordetes pusieron una pastilla bajo mi lengua, y mientras termiban el aseo de mi cuerpo, mis ojos se fueron cerrando hasta perder la conciencia de lo que pasaba...




Gustab, entre sus dedos.

lunes, 23 de marzo de 2009

Sanatorio...( Otra vez)

Llevaba meses sin trabajo, mi mente se secaba entre mis recuerdos, el agua ardiente sobre la mesa de centro y un cigarrillo humeando en el cenicero de cristal...Y el temor que sentía se hizo presente entre los párrafos de la hoja enquistada en la vieja royal. Sentí que mis rodillas se doblaban, y un grito atrapado en mi garganta que quería ser liberado... juro que lo intente... no podía hacerlo... y de pronto todo emergió saliendo a flote, el grito quebró el silencio de la noche, la música de la tanguería dejó de sonar y el farol del viejo prostíbulo se apagó... levanté la vieja royal y la lance por los aires cayendo sobre el mismo escritorio donde estaba, el estruendo de las maderas al romperse por el golpe alerto a mi vecina... la ambulancia hizo sonar la sirena sobre los adoquines de silenciosa calle rompiendo la tranquilidad del lugar...Ella sabía lo que tenía que hacer si volvía a entrar en crisis... de ahi nada supe hasta despertar encerrado entre las cuatro viejas murallas blancas cubiertas por suntuoso cuero para evitar los golpes en la cabeza... y aquellos barrotes que no dejaban escapar la luz... ni los sonidos que hacía mi cuerpo.
El primer rostro que vi, fue el de aquella enfermera de grandes senos, aquella que habría sido madre hace algunos días... aún su cuerpo guardaba las huellas de su cercano embarazo..traía una pastilla blanca entre sus dedos, y abriendo mis labios la puso bajo mi lengua...era una pastilla muy ácida, y parecía deshacerse pero no lograba tragarla...- Bienvenido Gustab... te dije que algún día volverías-, y desabrochó su delantal para dejar sus senos desnudos,- ¿no la puedes tragar?, anda, bebe... mi pobre Gustab-.
Tome el pezón entre mis labios, y de ellos brotó un dulce néctar transparente, y esta leche materna fue disolviendo la pastilla mientras de sus labios germinaban los más placenteros gemidos, luego de tragar, me abracé a sus caderas como un niño, y mi llanto silencioso dejó correr lágrimas sonbre sus pechos, - Mi pobre Gustab - repitió ella acariciando mi espalda desnuda tras las ataduras del delantal que me cubría. - Descansa, yo te cuidaré- y volvió a ofrecerme sus senos para que bebiera de ellos. Mientras yo succionaba sus leche dulzona empapada en húmedas lágrimas, ella subía el delantal que cubría mi sexo para acariciarlo. Luego desabotonó sus delantal para quedar desnuda frente mis ojos, y se tendió en la cama para que mis mejillas recorrieran su vientre excitado y tembloroso- Te necesito mi niño, te necesito- y abrió sus piernas pidiéndome que le chupara su sexo enmarañado entre crespos negros mojados por la ligera caricia que mis besos iban dibujando en su cuerpo. Como un caracol fui soltando una ruta de saliva que alcanzaba sus labios externos, mientras que de sus carnes, una suave cabecita asomaba inquieta... Mientras yo besaba su sexo, ella abría el delantal para tomar mi sexo entre sus dedos y moverlo agitando su piel de arriba abajo, y aunque estaba dormido por los tranquilizantes, despertó sin alboroto a la caricia de sus manos... sabía que ella se estaba aprovechando de mi condición, y de las drogas que había tomado... pero me gustaba sentir sus cálidos dedos en mis carnes, me gustaba el sabor de su cuerpo, y disfrutaba de su compañía en la fría celda del hospital. Me tendí en la cama mientras ella se lo llevaba a la boca, y dejando que el tiempo se detuviera, dejé que ella masturbara mi mente intranquila y enferma. Ella me había dado la libertad, y ahora me la quitaba una vez más... me había convertido en su esclavo en cautiverio y prisionero de sus caricias.
Cuando volví a abrir mis ojos pude ver como su cuerpo se hundía en el mío, y con ligeros vaivenes me fue enterrando dentro de ella, luego un espacio, una parada de sus músculos, y se dejó deslizar aprisionando mi sexo entre sus piernas, mudándose suspendida en el aire. Delicadamente entré en ella ayudado por el peso de mi drogado cuerpo, que no sentía como ella se enterraba. Otra vez estaba detenida, quieta sentada sobre mis caderas y gimiendo dulzona palabras que no podía traducir por mi condición, parecía que mi cuerpo estaba atrapado entre murallas cerosas y titubeantes, esas murallas que se acercaban y se alejaban de mi, luego giraban para achicarse y nuevamente agrandarse ante mis ojos. La visión era desagradable, parecía que mi cuerpo se alejaba por instantes de mi, para luego volver a atraparme. Había momentos en que recuperaba la conciencia, y sólo veía el cuerpo de Natalia moverse sobre mí, y quería safarme de ella tirando de sus caderas, pero las fuerzas me faltaban, y ella volvía a caer sobre mí pesadamente entre jadeos y gritos silenciosos pero descentrados, como si quisiera que nadie nos escuchara, yo no sabía por instantes donde estaba, la pastilla mordía mi mente una y otra vez creando lagunas de conciencia en mi mente, sentía como eyaculaba una y otra vez sin dejar que ella me soltara, su cuerpo se desformaba ante mis ojos y sus senos de pronto parecían gigantescos y un momento después, desaparecían entre mis dedos... no tenía conciencia del tiempo ni del espacio, estaba muerto en vida y sintiendo como un animal me hacía su presa para desarmarme entre gritos y jadeos de sudor, el agua corría por mi cuerpo, y no distinguía su sudor del mío... sentía como sus dientes se clavaban en mi miembro infructuosamente erecto y sin conciencia... luego el cuerpo pesado cayó sobre mi entre temblorosas contracciones sacudiéndose una y otra vez golpeando mi rostro con el suyo. Sentí correr un hilo dulzón sobre mis labios... y me desvanecí, había momentos en que despertaba, y podía ver como una mota blanca recorría mi rostro ensangrentado, pero no sentía dolor... entre nubes la vi vestirse y cerrar la puerta de sonido metálico acolchado por cueros blancos...
No cabía duda, estaba de vuelta entre sus manos...había vuelto mi locura...habían vuelto los abusos, pero estaba caliente y me alimentaban....mi cuerpo estaba semi desnudo tapado por una pequeña cobija blanca, y mañana me darían una nueva pastilla más...


Gustab, entre barrotes.

martes, 17 de marzo de 2009

Fragancias sublimes....

En mi vida de adolescente siempre había la imagen de una mujer, siempre desnuda, siempre detrás de una puerta, siempre seductora.Y una de las cosas más desarrolladas y que alimentaban mi imaginación, era mi olfato. Las Fragancias me enloquecían, y las mujeres que se acercaban a mí, lo sabían.
Un día domingo, como todos, mis padres se levantaron muy temprano, pues asistían a la misa de la mañana, tipo ocho o nueve, no me acuerdo, y como siempre, se despedían de mí y salían rumbo a la iglesia. La nana aún no se levantaba, y yo lo sabía, y cuando sentía que la puerta de calle se cerraba, me escurría por los corredores hasta llegar a la puerta de la pieza de servicio, y sin pensar, me arrodillaba para mirar por el ojo de la cerradura. Pero ese día seria más osado que nunca.
Al asomarme, note que en el dormitorio no había movimiento, y luego de unos instantes sentí correr agua en el baño, típico de Isabel, día domingo baño seguro, era su día de salida. Me quedé un rato en silencio esperando a que el agua dejara de correr, sabía que justo en ese instante, ella entraba en la vieja tina de fierro, tan rustica como ella. Sin hacer ruido bajé la manilla intentando que no me escuchara. La puerta del baño estaba entre abierta, y al acercarme, pude ver a mi nana con un paño en la cabeza, y sus senos flotando en el agua semi hundidos. Sus manos se deslizaban por su cuerpo esparciendo el agua que corría en su piel buscando un camino de descenso. Quería ver más, pero el movimiento del agua no me dejaba. Ella ya era una mujer mayor, tendría unos 46 años muy bien trabajados. Sobre la cama estaba tendido el delantal que ella usaba para su trabajo, aquel delantal blanco semi gastado que hacía notar sus pezones cuando no usaba el sutièn. Me acerque semi agachado para que no se notara mi presencia en el dormitorio y tomándole entre mis manos, lo acerqué a mi nariz para olerlo, una mezcla de perfume barato, sudor y comida, algo desagradable, pero tenía su olor. Lo abrí para oler mejor, y mi sorpresa fue grande cuando de él, cayó su calzón y sostén que permanecían ocultos entre sus arrugas. No dudé en tomarlos y llenarme de sus fragancias, los sostenes olían a ese perfume entre dulzón y sudor, quizá a algo más, no sé, un olor muy particular, creo que era la fragancia de su piel. Los encajes eran algo duros, pero al bajar se tornaban más suaves, respiré profundo como queriendo introducir ese aroma en mi cerebro, en lo más hondo, en el rincón más central de mi mente. Pero aún quedaba lo mejor. Al sostener sus ropas intimas, noté que el aroma de su sostén era muy distinto al de su calzón,que era de textura más suave, se deslizaba deliciosamente por mi cara. Éste era más fuerte y profundo, algo así como dulzón y amargo a la vez, como a madera vieja, o como el aroma del moho, húmedo y profundo, pero muy exquisito, tanto como el sudor de los genitales, Algo así como entre sudor y orín, pero más profundo aún, casi imperceptible a los olfatos delicados, o desagradables para otros. Para mi era una fragancia sublime. Pero no sólo con mirar, oler y sentir esa tela, era suficiente. Lo pegué a mis narices repitiendo el procedimiento de sus sostenes, pero esta fragancia me sedujo a probar, si a probar, y dejé que mi boca tomara contacto con la tela, como queriendo recoger su gusto aromático, y mi lengua se deslizó por las telas justo por donde descansa su sexo, y observe todo aquello que toma contacto con ella en el día. Era un gusto a almizcle, un sabor usado mucho en el restaurante de Ziang Chu. Al tocarlo con la lengua, pude sentir su untuosa textura, gruesa y empalagoza, como grasosa, dibujada como pequeñas manchas pardo blanquesinas, y amargo sabor, pero al volver a sentir, tenía tonos dulzones asomagados. Mis sentidos se fueron llenando hasta embriagarme, hasta el punto de no sentir cuando se abría la puerta del baño y mi nana emergía mojada y semi desnuda, con su pelo empapado y goteando el la habitación...Sólo escuche mi nombre y todo se nubló dentro de mi. Al despertar de ese momento extraño, mi nana gesticulaba y profería palabrotas sucias... sólo pude entender un - ¡¡¿ Qué Haces?!!- Yo estaba paralizado y sólo le miraba uno de sus senos que la toalla no alcanzaba a cubrir... y unos negro vellos qué se escapaban por abajo, estuve a punto de orinarme mientras mi sexo crecía al interior de mi pijama hasta escaparse por las telas sin pudor. Luego de los gritos, un silencio se apoderó de todo, mientras sus ojos muy abiertos me miraban fijamente y sus manos trataban de agrandar la toalla para que cubriera todo, pero era inútil, la toalla era demasiado pequeña y no estiraba. Quise bajar la vista avergonzado, pero no podía.
Finalmente, mi Isabel se sentó en la cama y me preguntó si le gustaba el olor, y que qué sentía al hacerlo. Traté de hablar, pero no podía, ella estaba sentada en la cama, desnuda sólo con esa pequeña toalla, mi sexo palpitaba y yo trataba de devolverlo al pijama y no podía. Ella empezó a vestirse frente a mis ojos, se puso su enagua y unas medias de encaje francés que yo sabía que las había tomado del armario de mi madre, se sentó en la silla del tocador de madera vieja, y me miró mientras yo apretaba mi pene con fuerza tratando de contener cualquier accidente, pero mi rostro empezó a encenderse de un rojo muy fuerte, la cabeza daba vueltas y mis gestos se volvieron torpes. Enmudecido la observaba mientras ella se levantaba la enagua para dejar ver algo más de lo que dejaba ver la enagua semi transparente... ella se notaba nerviosa, después sabría que no eran nervios literalmente, pero no dejaba de jugar con sus manos y se tocaba por sobre la delgada tela mientras yo miraba babeante... Hasta que abriendo las piernas me pidió que me acercara a ella. Con sus largos dedos tomó la basta de su enagua y la fue levantando lentamente, una vez desnudo su sexo a mis ojos, abrió las piernas hasta quedar a horcajadas, y se tiró hacia atrás para con sus dedos abrir sus labios vaginales y dejar que brotara toda esa humedad que había adentro, un color rubí se apoderó de mis ojos, casi purpura, brillante por un espeso liquido que brotaba de su interior, y dejó que uno de sus dedos tocara un pequeño ganglio como un pequeño monte en la parte superior de sus labios, hasta abrir su sexo completamente pidiéndome que me acercara, yo lo hice, su piel era tan suave y fragante, tan exquisita que me seducía haciendo perder mis sentidos. Podía sentir su olor más nítido que nunca, mientras esa sábia brotaba entre parduzca y transparente llenando su interior. Me ordenó chupar deliciosamente, amenazando de acusarme a mis padres si no lo hacía. Pero no era necesario, lo deseaba con todo mi corazón y me enterré en esa carne púrpura sin chistar, mientras esos aceites se iban pegando en mi lengua como atraídos por un imán. Mis sentidos se unían en una armonía increíble, mientras ella me decía que me agarrara el pene con fuerza, y que quería sentir como chapoteaba mientras lo movía, y que chupara con más fuerza. Mis papilas gustativas se enredaban en un néctar exquisito, y sentía como mi lengua se ponía trapoza y se empalagaban mis labios sintiendo el mismo olor de hace un rato, pero más puro y cristalino, real gusto meloso y salado. Toda mi boca se llenaba de su gusto, de su sabor, y mi nariz se mojaba dejando salir ese aroma sublime que penetraba en mi cabeza, sus gemidos se volvieron gritos, jadeaba descontroladamente, mi mano masturbaba mi sexo con fuerza, y ella grito ahogando sus gritos y gemidos hacia su vientre que empezó a saltar sin control como el oleaje del mar en una noche de tormenta hasta que sentí como entraba a mi boca un torrente bizcoso que lleno toda mi garganta abligándome a tragar para no ahogarme porque sus manos sujetaban mi cabeza empujándome hacia esos labios hinchados y carnosos endurecidos por el accionar de mi boca.... y chupe y chupe hasta que ella cayó sobre sus espaldas rendida y temblando aún después de varios segundos, hasta que sus manos liberaron mi cabeza dejando que una bocanada de aire entrara por mi boca y nariz. Me puse de rodillas frente a la cama mostrándole como mi mano agitaba mi sexo mientras ella me rogaba seguir, hasta que mi cuerpo sintió que no se controlaba dejando escapar chorros de semen sobre sus medias de seda francesa... caí entre sus muslos aún abiertos respirando sobre su sexo mojado, mientras ella acariciaba mis cabellos desordenados. Luego me pidió que la dejara sola. Se dejó caer sobre el respaldo cerrando sus ojos mientras volvía yo a mi cuarto.
Su olor y sabor quedaron en mi cara, mientras me tiraba en mi cama para dormir. Mis manos recorrían mi cara esparciendo su bizcoso liquido por mi rostro y recogiendo cada gota que quedaba para llevarlo a mis labios, mi nariz guardaba ese olor como un tesoro. De ahí no supe más hasta varias horas después cuando desperté en mi cuarto medio desnudo, pero con una fragancia sublime en mi mente.
Gustab, en recuerdo de Isabel.