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domingo, 30 de septiembre de 2007

"Ella sabía"....

"Ella sabia que no debía pero cada noche volvía a ese mismo lugar ella sabia que no debía pero cada vez lo deseaba mas ella sabia que él seria su perdición aquel hombre que le había sido predecido hace un par de años atrás aquel que romperia con su cordura, con su compostura y la convertiría en la hembra que siempre ha llevado por dentro. Ella sabia que debía alejarse de él ya que una vez probado aquel manjar volvería por el a saciar su hambre a saciar su sed... Ella sabia pero no quería dejar de sentirlo entre sus piernas, en su piel y en su corazón, ya era tarde el hombre la había embrujado, la convirtió en parte de su piel."

Cada vez que caía la noche ella hojeaba mis libros, y me fui convirtiendo en su obsesión. Mis letras encendían la noche su cuerpo, cada rincón de su piel se erizaba, su única manera de sobrevivir al vacío que había en ella era hojear una y otra vez esos libros que alguna vez había escrito. Uno especialmente particular, "Dos escorpiones en la noche", un libro que habíamos llenado juntos, donde hablaba de dos amantes que hacían suya la noche en un viejo cuarto arrendado, ahí, a orillas del mar... cada hoja plasmaba encuentros amorosos que se vivían sin pudor ni vergüenza, donde todo era posible, y así hojeando las hojas de ese libro nos hicimos amantes. Cada noche nos juntábamos a amarnos sin ojos vigilantes, sin vidas reales, sólo encuentros con una promesa, placer, si darnos placer mutuamente y cumplir nuestras fantasías que nos hacían temblar y gemir, que hacían que sus manos cada vez que me leía se escurrieran por su cuerpo, buscaran entre sus muslos un acercamiento más a éste amante que sólo estaba en su mente para hacer o dejar hacer lo que su mente creara. Así de los sueños se creó una pasión defenfrenada, Katty sólo sabía que tenía que pensar en ese amante lejano, y él aparecería sin pedir explicaciones, y sin exigirle nada a cambio, me gustaba entrar en sus noches, soplar sobre su rostro y sentir como despertaba su piel, no era difícil seguir con el libro, las letras se iban escribiendo solas noche tras noche, gemido tras gemido, orgasmo tras orgasmo. En el auricular de mi teléfono, esa amante gemía a lo lejos como si mis dedos la estuvieran tocando, sus gemidos se apagaban a la distancia, su cuerpo temblaba a cada susurrante palabra de ese amante que sabía que decir, y cual era el momento preciso en que ella debía explotar, así, y aunque ella sabía, volvía a abrir el libro para leer noche a noche un nuevo capitulo del ajado libro.

Un libro que marcaba su vida a cada paso que ella daba, y ese libro se convirtió en el amante que siempre una mujer quiso tener.


Gustab... a tí.

sábado, 15 de septiembre de 2007

La Rolley ....


Cargué la Rolley Flex en mi bolso, esa cámara que tantas veces se había convertido en mi única amiga en mis días solitarios de Artista. Necesitaba un espacio de relax, y nada mejor que buscar un tema de inspiración para mi nuevo libro.... " Eróticas literarias de Don Quijote", un libro que llevaba tiempo en la editorial, hasta que por fin le habían dado el visto bueno. Sin embargo, me pedían que por la escasez del presupuesto, y aprovechando que yo era fotógrafo, buscara la imagen que vestiría las portadas de mi libro.
Recorrí mucho buscando un lugar, una imagen, algo que hiciera de vitrina para que la gente se interesara en él. Después de mucho caminar, al anochecer, en la puerta de la japonesita, el prostíbulo del pueblo, una muchacha me invitaba a pasar. Estaba cansado, y excitado, necesitaba un momento de distensión.
Al entrar, Amanda la regenta, me salió a recibir:
-Y bien Gustab, que aires te traen hasta nosotras....?
- Amanda necesitaba una imagen para mi nuevo libro.... habla de mi vida...
- Ja.... ni un lugar mejor para buscar inspiración.... tu vida empezó aquí......
- Déjeme en paz, quiero un par de chicas, necesito un poco de acción...
- Tan lejos del cielo, amor, y tu chica?
- Vamos, quiero que me las llames quiero verlas...

Una a una fueron entrando en el frío salón, algunas más desnudas que otras, todas igualmente bellas y carnosas, y la chica de la entrada, tan bella como el sol. Si no costo elegir, hoy mis gustos teñían por las carnes opulentas, aquellas imágenes que caracterizan al burdel.
- Mi querido Gustab, hoy vienes muy decidido.
- Amanda, quiero tomar una foto dentro del salón, con todas tus chicas , te parece?.....
-claro, pero a ellas que crees....?....
- Dejelo amanda, dejelo, nunca más tendrá ninfas más bellas que nosotras, cierto chicas?
Ellas querían la inmortalidad, sólo las buscaban para tener sexo con ellas, y conocían mi trabajo, mis libros eran guardados bajo las almohadas para esos ratos de espera, mientras nuevos clientes se decidían a entrar.
Ellas se juntaron en torno a sofá de terciopelo, algunas desvistieron sus escotes sin pudor, hasta mi lente llegaba el envolvente aroma de sus escotados senos, y ese olor tan particular que suelta una mujer cuando se sienten admiradas por su sensualidad. La imagen me parecía, épica, podía sentir que congelaba la historia del prostíbulo para siempre.
Modelos naaaa!!, ellas eran la belleza pura de las perfiladas imágenes que quedarían a través del tiempo y el espacio, una foto que resumiría toda la sensualidad que guardarían estas murallas, aquellas donde tanto niño enfrentó el paso suave la adultés, o las ganas de tantos marineros después de muchos días sin mujer.
Bueno, de ahí al cuarto presidencial, como le llamaban por su fastuosa decoración, y dos carnosas chicas que prometían no sólo hacerme tocar el cielo, sino que además una extasiada tarde de burdel. Los labios más suaves, los senos más carnosos y redondos de todo el puerto, y las nalgas más jugosas de toda la región.
Me fascinaba el olor a sexo que se respiraba en esa casa de remolienda, las hormónas de las muchachas, la sensualidad de los cuerpos rozados, la viveza de sus carnes, su temblar a cada movimiento, la manera en que te acariciaban y no oponerse a nada que tu imaginación deseara, era la vida misma, la fragancia a perfume francés. La carne y la lujuria a tu dispocición, todo el aire bucólico que se respiraba en esa habitación. Dos mujeres, dos historias y distintas maneras de acariciar..... la cream de la cream........
Después de ese anochecer tan placentero, volver a mi departamento por las largas escaleras fumando el más sabroso de los tabacos, aquel que se podía masticar.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Tango y burdel...

Tango, ligado desde su origen a la danza y a su desarrollo musical. Más allá de su principal labor, las prostitutas bailaban con sus clientes en patios y antesalas del burdel. En los burdeles el ambiente libertino y el alcohol desinhibían a los concurrentes y favorecían improvisaciones, obscenidades y osadías. Las letras de habaneras y milongas se modificaban y adaptaban, generando así un producto que con humor y groserías era un reflejo del ambiente que le daba vida. Era frecuente encontrar en los barrios prostibularios cafés de hombres solos donde los clientes del burdel se juntaban antes o después de asistir al mismo. Estas melancólicas reuniones se acompañaban por conjuntos de dos o tres músicos o solistas de varietés.
Ese día, sin más entré al café, al otro lado de la barra una mujer. Pedí un vaso de aguardiente, y sin más fije mi ojos en los de aquella mujer. Acostada sobre el mesón lloraba las tristezas de un amor. Ella era un farol en medio de una cortina de espeso humo, de ruido y gritos de alcohol. En la oscuridad del escenario, dos bandoneones remecían la sala, de pronto la fijación en esos ojos negros fueron ahogando el ambiente, los ruidos se empezaron a apagar, las voces parecían lejanas, mis ojos se empezaron a cerrar. El tiempo y el espacio desaparecieron del lugar. Entre el humo, una voz emergía invitándome a bailar, y mi cuerpo sin oposición se entregó al baile. Las manos a la cintura, el bandoneon volvía a escucharse, los tajos del vestido exhibieron los brillantes muslos envueltos en seda, y los senos temblaron al primer compás. Al avanzar la música, el calor y la humedad, permitieron a mis manos resbalar por la espalda hasta caer en el derrièrre, las sinuosas formas se entregaron a la pasión, sin defensa alguna, derrotadas por el deseo de dejarse tocar, de volver a sentir que estaban vivas, que alguien las deseaba y que las quería poseer, aquellas abandonadas por algún estúpido don Juan. Las nalgas temblaban tras el delgado género del vestido, los sexos se acercaban sin pudor, se rozaban y encendían entre notas fuertes y frágiles a la hora de girar, las piernas se enredaban como amantes desenfrenados, desenfadados, sin temor a quienes gozaban fisgoneando tras las copas a medio beber, mi mano se perdió en la partidura del vestido, y mis dedos gatillaban los elásticos del porta-liga, para acceder a la piel desnuda que se desvestía tras cada movimiento sordo, pues los bandoneones volvían a desaparecer tras los pensamientos confusos que develaban nuestras cabezas. Las manos hacían delicias, ella había dejado resbalar su mano de apoyo, para perderse en la abultada forma del pantalón, aquel que me acusaba de excitado y perdido escritor. Aquel que no dejaba un instante del día sin pensar en una mujer. Los bandoneones se acercaban al final, sus senos se despegaban de mi pecho, sus labios agradecían con delicado beso mis caricias, y sin decir más se alejó de mi para perderse en la lluvia que empezaba a caer sobre los adoquines del viejo barrio, mientras los faroles la seguían hasta perderse en la oscuridad.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Seducción...

Camine largas cuadras bajo la lluvia, a pesar del viento que corría ese día, el músico tocaba en la esquina del café, abrí mi paraguas para dirigirme a casa, al pasar frente a él, hizo un guiño con su sombrero, el capriccio n° 7 de Paganini sonaba un poco destemplado, los entumecidos dedos del músico no se rendían aún, solté unas chauchas en el estuche del violín y corrí para guarecerme de la lluvia en el portal del edificio, la maldita cadena del llavero se había enredado una vez más con la cadena del reloj que había heredado de mi padre.

Al subir las escaleras, frente a mi puerta, las botellas de leche que había dejado el lechero en mi portal, destilaban por los suelos el dulce manjar, el gato de mi vecina lo había echo otra vez. Cansado de lo mismo, golpeé en su puerta tratando de exigir una explicación... al abrirse , la vieja puerta raspo los baldocines hinchada por la humedad...

- Gustab... que sorpresa, había esperado mucho por conocerle- Alejandra, la chica de sociedad, de apellidos emperifollados... García Montes, susurraba mi nombre como una canción...- leí su libro "Las manos de Elena".. me sedujo como la miel a la abeja, y desde ese día me propuse conocerle...
- Si, mire, la verdad es que yo quería hablar....
- Claro pase, pase.¿ una copa de Ron?. - La verdad, es que sus ojos verdes me sedujeron desde el primer día en que la vi, acostumbraba fizgonear por la cerradura de mi puerta cuando salía a recoger la leche cada mañana.
- No, la verdad es que es muy tarde, me iba a acostar-
-No no no no, beba una copa conmigo, me cambiaré, mientras podría dar cuerda a la vitrola...

Se abalanzó sobre el biombo de caoba de tres hojas, mientras yo daba cuerda al aparato, de donde la trompeta de Luis envolvería el ambiente. El departamento olía a perfumes, frascos vacíos y otros en un maletín, liberaban sus aromas hasta la embriaguez... La cola de mi abrigo al pasar hizo rodar algunos frascos.. la torpeza me confundía.. mientras ella agitaba sus ropas tras el aparador.
- ¿A que se dedica Alejandra?- pregunté...
-A la venta de perfumes- la obvia respuesta me hizo avergonzar.

Al salir del biombo, una bata de raso rosa la cubría, tras las telas sus senos bailaban libremente. La imagen era sobrecogedora, su belleza deslumbraba por el sólo echo de existir. El cabello cayó sobre sus hombros luego de una sensual sacudida de cabeza. En sus manos dos vasos de Ron. Al pasar a mis manos a la distancia, su bata no pudo sostener la forma de sus pechos, una rozada aureola se asomó... sin vergüenza alguna, los volvió a acomodar.

-Tome asiento Gustab- Al sentarme, los cojines de cuero soltaron el aire, y algunas plumas volaron de él.
Se acomodó sentándose en el piso sobre el parque, y su cuerpo se apoyo sobre mis piernas suavemente.
- ¿No le importa verdad?- sus ojos me miraron coquetamente, mientras sus labios sonreían luego de morder sugerente sus labios.
-n... no!, no se preocupe - respondí temblando de excitación.

Mientras me hablaba, sus manos resbalaban sobre mis muslos sin pudor, hasta que finalmente abrió sus dedos en forma de tijera y los deslizó por mi bragueta, desabrochando cada botón. Su mano tibia se posó sobre mi sexo, hasta soltar el último botón, lo tomó con suavidad, pronto la tibieza de su boca lo envolvió. Caí pesadamente sobre el respaldo del bergier, perdiéndose mi mente en el limbo de los deseos... mis ojos divagaban por la habitación, grabando cada rincón donde se detenían, al caer sobre el biombo pude ver, que de su borde, la delicada bombacha de seda colgaba sin pudor.
Cuando desperté del trance, sus caderas serpenteantes montaban sobre las mías creando ondulantes sensaciones en mí. Su vientre en oleadas ayudaba a empujar hasta hundirse nuestros cuerpos suavemente en el bergier, el que a cada movimiento, liberaba cortinas de plumas de ganso, pero ya era tarde para fijarse en él. Sus gemidos eran delicados, muy sutiles, mis ojos se cerraron dejándose llevar, el silencio se apoderó del cuarto, el disco se había acabado, y la vitrola zigzagueaba, sin encontrar un pista que tocar, ella sostuvo mi cabeza apretándola contra sus pechos, y conteniendo la respiración, liberó un sutil gemido, la petit mort le había alcanzado, con la misma sutileza con que me había echo el amor, los fluidos se enlazaron para terminar con la sinfonía que el disco había dejado de tocar.
Luego de un rato sosteniéndola de sus nalgas la dejé caer suavemente sobre el sofá, y abotonando la bragueta de mi pantalón, me levanté para abrir la puerta que me liberaba de cualquier responsabilidad.
Al entrar en mi habitación, me asomé por la ventana, el último tranvía anunciaba la hora de dormir. Encendí un cigarrillo y me tendí en la cama para disfrutar del perfume que me había dejado esa extraña situación.
Alejandra García Montes, lindo nombre para una escritora de marca mayor. Miré una vez la Royal, la hoja seguía enquistada en el rodillo sin una letra que leer.

Magazine... en el Biógrafo.



LLevaba muchos días sin ir al biógrafo. Pero ese día domingo no había nada más que hacer, el invierno nos calaba cada vez más ondo, las calderas del edificio estaban en reparación,cansado de pasar frío, me encamine bajando por colón a la nueva sala del Plaza, la que prometía una gran inauguración con la película "Casa Blanca", la magia del cine acaparaba por estos días toda mi atención. Bajé caminando las interminables escaleras que me llevaban al centro.
La boletería estaba llena, la filas interminables para el gran estreno daban vuelta a la esquina, todos comentaban las elegantes terminaciones de marmol blanco que excibía el frontis del teatro.
Como siempre me escabullí por el callejón, ahí estaba Martín, el acomodador que siempre pedía mil pesos por el mejor lugar. Hicimos a un lado la bella cortina de terciopelo que anunciaba elegantemente el escape, mis pies se undían en la mullida alfombra del Corte Inglés, y ubicandome al centro de la sala me preparé.
Las Elegantes cortinas se abrieron ante mis ojos transportandome en tiempo y espacio, el magazim anunciaba la Inauguración del Nuevo Teatro Colón, y como invitado estelar a dicho evento,el más grande de los tenores, Enrico Caruso, un lujo que en este pais no se podía dar, creo que fué lo más cerca que estube de Caruso en mi vida.
Las calderas del biógrafo me alejaban de mi triste realidad.

jueves, 6 de septiembre de 2007

El Burdel....

Esa mañana estaba fría, el frío se colaba por mis vestimentas congelándome, tome el viejo ascensor de los astilleros, las tablas se apretaban gruñiendo al abrazarse, el intenso olor a cera mareaba mi mente creando una suspención en el tiempo. Afuera la intensa neblina no dejaba ver el puerto, un metro quizás de miradas me separaban con el vacío, y si caía jamás sabría de que altura.
Al llegar abajo y tomar el oscuro callejón de luminarias a medio encender, pase frente al burdel de la japonesita, la comadrona empezaba a cerrar las aldabas despidiendo a los marino que habían bajado del Royal, un buque inglés que transportaba desechos radiactivos, hacia el golfo.... Los ojos enrojecidos de los marineros delataban el largo trasnoche de juerga y licor. Al pasar frente al portal su voz susurrante y llena de carraspeos provocados por el tabaco barato que consumía, me invitaban a pasar...

- Mi dulce Gustab, te olvidaste de mi?
-Hoy no Amanda- besé su mejilla y continué caminando para alcanzar el puerto....

Amanda era la dueña del burdel, aquella capaz de llevar a la cama, las fantasías más arrebatadas que podría imaginar la mente humana. Le decían la japonesita por la forma que tomaban sus ojos cuando cumplía el deseo de un hombre al tener sexo anal. Conocida por su preferencia con las mujeres, pero de separar sentimientos a la hora de cumplir eróticas pesadillas... lesbiana por elección ... podía en una noche compartir el bronce de su cama con la chica de moda del burdel coronada con un marinero excitado, y hasta recibir a sus concubinas cuando necesitaran de su ternura... el sólo mirar sus ojos hacía soñar y desear fizgonear sin que ella te viera mientras hacía el amor... yo ya había pagado por eso, y creía que no me quedaba nada por ver... pero sus rozadas carnes me volvían encender cada vez que la veía... ese día en particular, había encendido la mecha al pasar, sabía que esa noche terminaría entre las sabanas de su burdel.
Al llegar a la calle Arturo Prat, frente al viejo caserón me detuve para encender un cigarrillo... miré hacia el campamento y me pregunté... ¿ qué hago aquí, es que me dejaré llevar por las fantasías de una chica que no conozco?
No demoré en contestar a la más estúpida de las preguntas que me había hecho.... y apagando el cigarro en los adoquines, me alejé del lugar para dirigirme a tomar un café negro en el Inglés..... y pensando en que sorpresa me tendría para esa noche Amanda en el burdel.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

El de la barra....

Muchas ideas salían de mi cabeza, pero no sabía que poner en la maldita hoja. Como siempre cruce al bar, sabía que ahí habría alguien con quien distraer mis ideas, no se porque el fantasma se hacía presente cada vez que quería escribir.
Al entrar sentí el ahogo, el maldito cigarro una vez más llenaba de humo el ambiente, he de reconocer que eso era lo que me gustaba, hacía frío, nada que un buen agua ardiente no solucionara. El hedor que había adentro me gustaba, entre las faenas, el cigarro, el olor a alcohol y los perfumes baratos, hacían de este bar algo muy especial. El jazz golpeaba a mis oídos como los pájaros al amanecer.

Entre en él buscando respuestas que no encontraría.Al fondo de la barra, nuevamente el extraño sujeto maldecía como siempre a cuanto cristiano se le cruzara en el camino, siempre vestido de cuero negro, desarreglado, y con esa barba oscura y a medio cortar..... no había mucho lugar donde sentarse, era tarde, la media noche ya había pasado a la historia, sólo un lugar, al lado del extraño sujeto, que ya batido por el alcohol y en estado semi inconciente, seguía balbuceando maldiciones...

le pregunté al hombre del bar quién era y respondió.....:

- Nadie sabe su nombre, llegó hace algunas semanas a vivir al caserón, cerca de los gitanos, en la calle Arturo Prat...que se va a servir....
- lo de siempre.... haaa, la casa de los Belmar....
- si, esa.... lo conoce?
-no, porqué?
- lleva días tomando....deja diez mil y pide que le sirvan hasta que se acabe.....

El sujeto repetía una y otra vez un extraño nombre.... balbuceaba... era de una mujer y algo de la gitana...para luego decir.... "Malditos Gitanos"..... esa es mi casa....esa....
El Ron brotaba por sus poros, y de vez en vez, imitaba el sonido de la trompeta con su boca, escupiendo sobre el mesón... el aire se hacía aún más pesado a su alrrededor....las risas de los porteños golpeaban el ambiente, haciendo despertar al sujeto y maldecir una vez más.... Al fondo del bar las prostitutas se dejaban acariciar por los marinos y pescadores, el olor se hacía insoportable, el humo se pegaba en la ropa, ese olor que llevaba a mi habitación noche a noche.
Encendí el último cigarrillo, dejé el paquete en la barra, al descuidarme, el embriagado vecino tiró sus manos sin preguntar, quiso hablar, de hecho dijo muchas cosas, pero entre la borrachera y el sonido de la vitrola, solo escuche algo de un incendio en el barrio antiguo del puerto, y que si lo quería ver...no aguantaba más, invadía mi metro cuadrado, cada palabra olía a cigarrillos y ron... me levanté de la barra y salí a respirar afuera, pero el olor de la faena tampoco era agradable, volví para pagar y ya no estaba, salí para ver donde se dirigía.... pero lo perdí ... sólo escuchaba sus maldiciones a lo lejos, la neblina que caía a esa hora ya no dejaba ver, además los lentes estaban empañados por el calor que había adentro del bar y el frío de la noche porteña... me puse el sombrero y me alejé para mirar la bahía desde el mirador... hacía frío... la bocina de la faena anunciaba el cambio de turno, y se escuchaba el chirrear del último tranvía, el piloto anunciaba que se iba a guardar...


-Último treeeennnnnnnnnnnnnnnnn........... nos vamos a la duuuuurma..-


y la curiosa bocina se enredaba con la bocina de la faena hasta ahogarse las dos......

martes, 4 de septiembre de 2007

La proposición...

Se hacía tarde, esa noche el frío no dejaba estar en la calle, el bar estaba vacío, sólo un parroquiano dormía su borrachera sobre la barra. Serían como las 3:00 de la mañana cuando salí en dirección a mi departamento, al cruzar la calle. Al abrir el portalón note que no tenía llave, alguien lo había dejado abierto, no se, también podría ser la humedad, la cosa es que nadie se había preocupado.
Al enfrentar la escala de granito, y el oscuro pasillo del hall, sentí a lo lejos, detrás de la puerta de mi departamento, un golpeteo monótono de una de las teclas de la vieja Royal. Subí procurando no hacer ruido, en la medida que me acercaba se hacía más intenso, el moho de las murallas soltaba su particular olor, la sensación de fierro oxidado al tomarme de las barandas de la fría escalera, me hacía tiritar.
Cuando por fin llegué al departamento y pude mirar hacia adentro, logre descifrar la oscura figura de una extraña mujer sentada sobre el viejo y roto sofá. La silueta destacaba del fondo por la luz de los faroles de la calle, y uno u otro flachazo de luz que dejaba escapar algún luminoso cuyos fluorescentes no terminaban de encender.

-¿Quién eres tú? - dije entrando a la habitación..
- Katty......
- ha ... si ...cati....., ¿ como entraste ?
-No es difícil de descubrir donde esconde las llaves un hombre sólo.

Luego, al encender la luz de la mesa de centro, una figura femenina de platinados cabellos y profundos ojos negros, me miraba fijamente. Las piernas cruzadas, el tajo del vestido abierto de par en par, enmarcaban los carnosos muslos encarcelados entre encajes negros, un porta ligas sostenía las medias en su lugar. Sin embargo, un curioso has de luz, alcanzaba mis ojos, algo había sujeto por los encajes, que al caer la luz chocaba para cegar mis ojos.

- ¿ qué tienes ahí?- le pregunte nervioso.
- Una daga....
- ¿qué quieres?-
- quiero que escribas un libro, eres escritor, ¿ o no?
Asentí con la cabeza, pero le dije que no escribía novelas. La habitación estaba extrañamente perfumada, un intenso olor a almendras llenaba la habitación. Sus cabellos estaban teñidos, sus pestañas eran particularmente largas, postizas ... seguro.

- ¿La quieres?, tómala.....

Abrió aún más el vestido, e hizo un ademán, bajó la pierna. Una de mis manos se deslizó por sus piernas hasta alcanzar la Daga, al tocar, una jota labrada en el mango hacía presumir el nombre del dueño, al tirar hacia arriba, mis manos rozaron su sexo, su vientre serpenteó y un gemido se escapo de sus labios. Tome la daga en mis manos y al mirar de donde la saqué. descubrí que la chica no llevaba ropa interior, solo las ligas vestían sus piernas, una gota de miel asomaba de él.
viscosa era atravesada por la luz tenue que escapaba de la lampara del centro de mesa. Sus piernas se abrieron y baje instintivamente hacia él. Los gemidos y serpenteos se hicieron a su vientre, hasta caer sobre mi cuerpo con la respiración entrecortada...

- ¿Lo vas a hacer?.-
- ¿qué?
- escribir la historia....
-no escribo novelas.
-no es una novela, es una biografía....
- no, simplemente no.-

Arregló su vestido, y sin decir nada abrió la puerta, antes de salir le pregunté:

- ¿ y como se llamaría el libro?
- Cuentos de gitanos.....- me contestó, luego un portazo cerró la conversación, la manilla de viejo bronce fue a dar al parque. Encendí un cigarrillo y me acerqué a la ventana para verla salir, ahí estaba, apoyada en el farol, mientras la lluvia recorría su cuerpo. Miró hacia mi ventana, y se alejó por los adoquines hacia el ascensor de los panaderos para bajar al puerto, al doblar la esquina pensaba.....
"Cuentos de gitanos" ..... jajajajaja..........al abrir la ventana, el olor de las faenas se devoraba la fragancia a almendras que había dejado su paso por aquí... ese es el olor del puerto..... quizás sólo fue mi imaginación......

lunes, 3 de septiembre de 2007

El Gato Viudo.


Al final de la calle había un cabaret, " El gato Viudo", ahí solía pasar las noches frías cuando la excitación me sobrepasaba.Me acuerdo de haber contado una y otra vez los adoquines que separaban mi departamento del cabaret, 780 adoquines separaban la soledad del placer, al entrar todo era distinto. El mundo se iluminaba, las sensaciones se agolpaban en mi cabeza, y mis manos acariciaban las más bellas y cuidadas pieles.

La Marjorie, la Vanessa, la Penelope.... todas ellas formaban el ramo de flores más afrodisiaco que podría desear un hombre, ellas inspiraban muchas de mis historias. Los finos corsé, las medias caladas y el aroma a tabaco, hacían respirar mis memorias... los dulces y abultados escotes me hacían renacer entre perlas y perfumes.
Así ahogaba la noche, hasta que la inspiración brotaba en mi cabeza. Luego corría para escribir en la vieja royal.

Me gustaba la Vanessa, siempre sensual y dispuesta. Sus atavíos de seda y encaje, seducían mis manos, las hacían transpirar. Estas, mojadas por el calor de los focos, se acercaban hasta rozar su piel, era como la textura de la loza, suave y fría... el perfume que salía de sus senos, mojaba mis pensamientos, los que luego de unos minutos con ella, incitaban a gastar unos pesos para rozar y oler su piel.
Exquisita bondad, ardiente lujuria, seda azul y encajes rosa... labios rojo carmesí, los que en el cuello de mi camisa acusaban mi irracional mundo de inspiración.
Vanessa era una colombiana que decía ser de Madrid, pues España le daba categoría al ruinoso burdel. Como divagaban mis dedos por la linea de sus pechos guardando el aroma a perfume francés que acompañaba mis noches de insomnio.... todo era glamour en mi calle de brillosos adoquines.

Noche de LLuvia

Cerré el paraguas y deje que la lluvia me mojara, podía sentir el agua entrar por la suela de mis zapatos, y fui entregándome a lo que quisieran decirme los Adoquines, los mismos que me vieron crecer, los que había pisado tantas veces como horas de existencia tengo.
Hace mucho frío, el abrigo largo envuelve mi cuerpo, el viejo sombrero cubre mi cabeza, cada paso que doy es acompañado por el sonido de las llaves en mi bolsillo, el humo del cigarrillo es traspasado por la luz tenue, dando un aire de soledad, el frió se hace más intenso, el sonido de los tacos de alguna mujer solitaria me persigue, puedo sentir su miedo, el olor lo trae el frío viento que sopla sin medir su temperatura.
A lo lejos, el letrero del viejo bar se refleja en los mojados adoquines, intento recordar, pero el frío no me deja, ni el nerviosos y apurado taconeo de la mujer. Volteo para mirarla, los pasos se detienen, y la silueta del vestido mojado de la mujer, y la transparencia de su corta enagua se dibuja a trasluz. Ella se detiene y mira, el silencio se apodera de la calle, un ligero gemido se escapa de sus labios.
Me acerco a ella y le pregunto porque me sigue, ella guarda silencio, y mordiendo los labios gime entre silbidos.
- Que frío, ¿ me convida un cigarrillo?....

Sus labios de fuerte carmesí brillan a luz de la noche, sus senos se dibujan tras el género mojado, su escote deja escapar su sensualidad.... sus ojos parecen cerrarse al chocar el humo del cigarrillo que le acabo de encender. Por la voluptuosidad de su escote, el agua se escabulle hasta perderse entre sus senos, su vientre tiembla, el agua baja hasta escapar por sus piernas, mientras algunas gotas quedan prendidas de sus medias.
Sin decir palabra, volteo y sigo chapoteando mi camino, entre los adoquines mojados. A lo lejos escucho su voz...

- Gracias... ¿ Cual es tu nombre?

Dejo que la lluvia cubra el sonido de sus palabras, al acercarme al bar, una bocanada de humo , me invita a entrar.

- ¿ que toma el señor?

- Agua ardiente- necesito matar el frío, el miedo y la excitación....