Monólogo de un Di-vagante.
Detrás de los barrotes, y en un monólogo, Gustab cuestiona su aparente equilibrio. Dialoga con él. Viste de demonios su vida, orilla quebradas, evitando los abismos, huye de la relativa realidad. Su habitación luce fría. La roída pared, escamada de pintura, aparentemente blanca, lo obliga a ese dialogo infinito, eterno, carente de lógica. Los barrotes, aparentes de su ventana, lucen gastados, oxidados por el tiempo y la sal del clima. Un hilo de araña, ata los fierros unos a otros; se mueven con el viento danzando transparentes. El frío no cesa de violar su cabeza. Sus ojos fijos miran la eternidad. Vagan libres más allá de sus gastadas texturas. Él es, un bicho en la pared que abre sus alas , para escapar al mar. Y en el mar, es un hombre que vaga, con la mirada perdida, orillando las olas, queriendo solucionar la vida. Muestra lágrimas de aparente abandono comprando almas. Divagando y dejando que sus dedos rocen el agua, como dibujando esos cuerpos que se van tras cada caricia....