Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2020

Monólogo de un Di-vagante.

Imagen
Detrás de los barrotes, y en un monólogo, Gustab cuestiona su aparente equilibrio. Dialoga con él. Viste de demonios su vida, orilla quebradas, evitando los abismos, huye de la relativa realidad. Su habitación luce fría. La roída pared, escamada de pintura, aparentemente blanca, lo obliga a ese dialogo infinito, eterno, carente de lógica. Los barrotes, aparentes de su ventana, lucen gastados, oxidados por el tiempo y la sal del clima. Un hilo de araña, ata los fierros unos a otros; se mueven con el viento danzando transparentes. El frío no cesa de violar su cabeza. Sus ojos fijos miran la eternidad. Vagan libres más allá de sus gastadas texturas. Él es, un bicho en la pared que abre sus alas , para escapar al mar. Y en el mar, es un hombre que vaga, con la mirada perdida, orillando las olas, queriendo solucionar la vida. Muestra lágrimas de aparente abandono comprando almas. Divagando y dejando que sus dedos rocen el agua, como dibujando esos cuerpos que se van tras cada caricia....

Adicto.

Imagen
- La adicción sexual es compulsiva, persistente y recurrente. Compulsiva porque no se puede parar, hay que cumplir sí o sí con esa exigencia que impone la cabeza. Persistente porque hay que hacerlo a cada rato, todo el tiempo... recurrente ... - Sofía, la psicóloga, trataba de explicar porqué estaba ahí, mientras la imaginaba desnuda tras su escritorio, mientras sus piernas buscaban un lugar para no sentirse observadas. No quería escuchar más, sólo quería volver a mi calabozo de murallas blancas, donde la calidez de la primavera entraría por mi ventana, y la sentiría como un brisa recorriendo mi piel. Donde los barrotes oxidados y amarillos encerrarían mis ganas de volar. Donde el sol , era atrapado por mi ventana. Donde el vacío que se sentía, acariciaba mi cuerpo sin pudor. Donde la desnudez, no la vería nadie más que la enfermera, aquella que se escondía tras el visillo de la puerta de metal. Mi corazón  me removía el cuerpo una y otra vez, mis manos temblaban, una cor...