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Mostrando entradas de abril, 2021

La almohada bajo las sábanas.

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  A esa edad recuerdo que me masturbaba poniendo una almohada bajo la sabana, me tiraba boca abajo apoyando mi pene contra ella y me movía. No recuerdo si sabía bien sobre agarrar y sacudir, oía a algunos mas grandes en la escuela hablar, pero prefería mi manera.  Mi vecina Margarita, una señora de unos 50 años de edad, siempre que yo salía de mi casa en el cerro con mi mama decía: - Ay! que grande que esta el chico!- En unos meses mi tía enfermo y mi madre tuvo que ir a cuidarla al hospital y me dejo al cuidado de Margarita.  Ella me hacia la comida, y me dejaba ver la tv hasta que mamá volviera. Yo notaba que ella se vestía diferente a mi madre, usaba unas blusas sueltas que dejaban al descubierto sus hombros y el sostén, o blusas un poco ajustadas que marcaban sus senos sin corpiño. Yo la miraba cuando ella no me veía, y enseguida bajaba la vista. Todo era nuevo para mi. Sus conversaciones eran comunes, hasta que me empezó a preguntar por las niñas de mi escuela, si h...

Madamme Cloudet.

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Muchos días encerrado, temiendo que en algún momento me alcanzaría. La misma ventana, el sol tibio y temeroso, escondido tras la nubes para no ser alcanzado. Un pucho medio encendido, el humo que se escapa por las cortinas, y esa fragancia azumagada que empieza a entrar por mi nariz. El pecho apretado, los golpes y ecos en mi cabeza, los ojos vidriosos por el calor que me quema la piel. El ligero aroma a café, que hoy funciona cerrado, ilícito encubierto por la noche. Clandestino entre las olas y bocinas de los cargueros que no pueden entrar al puerto invitandome a una fuga prohibida. Al bajar las escaleras, el aroma a café, y el perfume seductor  francés que se escapa bajo la puerta de Madame Cloudet , embriaga mis objetivos obligandome a golpear la rendida y roída puerta de roble envejecido por el tiempo y las polillas, con la suntuosa verdosa manilla de broce viejo. Nadie parece escuchar, pero tras de ella, sólo jadeos acompañan el silencio. Los pisos de granito, enfrían mis pie...