Humillado por el deseo.
Los callejones del puerto eran muy oscuros y peligrosos los días de lluvia. En la sombra, muchos pervertidos sometían las atrocidades más horrendas que la mente humana podrían imaginar. Esa noche llovía torrencialmente en el puerto, y yo a paso acelerado trataba de correr sobre los resbalosos adoquines buscando refugio. Bajo el portal de una vieja casa por fin encontré refugio, hacia el fondo se dibujaba un oscuro callejón, y entre las sombras cómplices de la noche pude distinguir dos cuerpos de fuerte contextura tironeando las ropas de una delgada mujer. Entre las sombras y la oscuridad pude distinguir la silueta de Yamilet, la prostituta que recorría las calles de noche buscando algún desconsolado amante en la noche. Ella gritaba sus groserías con fuerza pidiendo ayuda. Pero nadie la escucharía, sólo yo estaba cerca, y sin ayudar, me quede ahí viendo lo que pasaba. Su desnudez me excitaba tanto como la situación que ella estaba viviendo, pude ver como las bocas de aquellos hombres m...