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martes, 25 de noviembre de 2008

Malena....



" Algún día escribiré un poema que se limite a pasar los dedos por tu piel"... eso leía cuando sentí herizarse mi piel, ahí, detrás de la barra estaba ella... de rostro cabizbajo ... de ojos cristalinos y una sonrisa entre lágrimas. Entre sus dedos, una boquilla de mentolado aroma a tabaco inglés. Alguien me habló alguna vez de una mujer de sensual mirada, poeta, y que se pasaba los días tarareando algún tango encontrado por ahí, en alguna vieja fonola de quizás que bar..., al otro lado de la barra..., su procedencia no la sé, le llamaban Malena, aquella que alguna vez inspiró un tango...Me acerqué a ella y........

Las luces de Buenos Aires se apagaron de una vez, el bar a oscuras dejaba escapar lamentos de los parroquianos que estaban allí:

- Muchachos el toque de queda a caído una vez más...-

Las farolas de la entrada al bar fueron encendidas para proteger la salida, y los ánimos se calmaron, voltee para mirar a Malena, ahí sólo unas brazas de un cigarrillo aún anunciaban su presencia, le quise hablar, pero de la oscuridad se escucho la voz de un tango ensordecedor, el bandoneòn inundó el lugar, volví la vista para mirar, era Carlos, un joven que recién empezaba a cantar, pero con una voz que enmudeció al lugar, impávidos escuchamos la música y la voz que parecía llorar los viejos amores perdidos de algún cristiano enamorado...Volví para entrar en conversaciòn con la morena de la boquilla mentolada, pero ya no estaba allí.
La soledad se apoderaba de mi alma y mis lánguidos ojos no dejaban de buscar. El opio nublaba la mirada, y ella no estaba.
Una canción tras otra fue mareando el lugar, la vista nublada no dejaba escapar ni una sola mirada más, pero volvió la luz a la capital, y en un rincón del bar, la chica Malena levantaba sus vestidos para sacar una nota del portaligas envuelto en encajes, un mozo la tomó, y ella se perdió tras las cortinas de terciopelo azul. Al rato el mismo muchacho se acercó para entregarme la nota en mis manos, y se alejó sin decir nada, la mano estirada quedó arrugando un viejo billete sin poder entregar una propina.
Al leerla sólo pude descifrar un número, el 202, y tres letras que terminaban una palabra ...ero. y alguna T perdida entre las arrugas húmedas que hacía el papel. Quebrada la nota por el sudor de sus piernas se volvía ilegible, pero supuse que se trataba del número de una habitación y que la T y el ...ero, era un te espero.... corrí por el pasillo que llevaba a las cortina de terciopelo y una escaleras me hicieron tropezar. Al llegar al segundo piso, divisé el dichoso número, 202, y una puerta comida en parte por las termitas y su olor a humedad, estiré el puño para golpear, pero algo me decía que sólo debía entrar... mis manos se aferraron a la vieja manilla de bronce, y la puerta se abrió sin esfuerzo alguno. El humo choco con mis narices y el olor a tabaco inglés mentolado me anuncio , que mi instinto me había llevado al lugar correcto. Al entrar, Malena estaba tendida en la cama desnuda, el humo se disipaba por la comisura de sus labios, la vista de la piba se clavó en la mía, y de ahí .... Me acerqué a ella, su cuerpo desnudo me excitaba, mis dedos se dejaron caer sobre sus dedos de los pies, estos se deslizaron por la delicada piel, mientras mis pasos recorrían su cuerpo extaciados. Su piel fue armando el camino, y mis dedos fueron dibujando su cuerpo hasta llegar a su vientre, sin antes enredarse en los crespos bellos que cubrían su entrepierna, al tocar ahí, su vientre empezó a dibujar pequeñas olas, y sin detenerse, mis dedos siguieron su camino. Estos se detuvieron en sus redondos y carnosos senos, para terminar en su rosado casquillo endurecido por el candente recorrido.
Las brasas del cigarrillo se desaparecían hasta caer al cenicero de cristal y apagarse para no volverse a encender. Su espalda se arqueó para alcanzar mi sudado pecho, y abriendo los botones de la camisa, su boca y labios se apegaron a mis pezones, sus dientes se clavaron en ellos al límite del dolor.... Luego estábamos acostados dejando que nuestros besos y caricias se explayaran con libertad. Me dejó caer sobre la almohada, y desnudo, montó mis caderas a pelo para dejarse llevar por el apasionado encuentro en la 202.....


Gustab, Amando a Malena.







4 comentarios:

MAR dijo...

"Algún día escribiré un poema que se limite a pasar los dedos por tu piel"...

ESTO SI ES ARTE...UN REAL POEMA...EN TAN POQUITAS LINEAS...DICE TANTO.
Besos para ti.
mar

rodrigo dijo...

ESos versos no son mìos... y en ellos estaba enredado, cuando nació esta historia.

Reina dijo...

Malena es un nombre de tango..., así se titula uno de mis libros favoritos.

Bss y gracias.

malena dijo...

Te vengo leyendo desde hace tiempo y estás en mi blogroll. Alguna vez te he dejado un comentario, luego no sé por qué, dejé de hacerlo pero te sigo leyendo.
Gracias por pasar por mi guarida.