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Mostrando entradas de 2020

Lirio de Agua...

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Después de mucho tiempo y tranquilo el tema de la cuarentena, en el intento de recuperar la economía de un país devastado, el gobierno decidía seguir adelante asumiendo las consecuencias de sus decisiones y con eso daba permisos al ciudadano común a retomar la vida. Así fué como , por primera vez , volvían a darme permiso para salir, en lo que adelantaba, una probable alta clínica, pero con el compromiso de volver si se presentaba algo en mi tema de salud. Aunque aún quedaban huellas de la pandemia en el rostro de la gente encamine los pasos a mis cerros, decidido a no volver.  Vería nuevamente mi departamento después de mucho tiempo y a retomar mis letras para olvidarme de lo que había pasado todo este tiempo, que no recuerdo cuánto fue. Días, semanas , meses...quizá años sin ver mi hogar y comunicarme con todos los que me conocían. Los adoquines se sentían fríos y los vientos de primavera, solían escurrirse entre mis huesos, la gabardina no alcanzaba a detener su cruel carácter ...

Monólogo de un Di-vagante.

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Detrás de los barrotes, y en un monólogo, Gustab cuestiona su aparente equilibrio. Dialoga con él. Viste de demonios su vida, orilla quebradas, evitando los abismos, huye de la relativa realidad. Su habitación luce fría. La roída pared, escamada de pintura, aparentemente blanca, lo obliga a ese dialogo infinito, eterno, carente de lógica. Los barrotes, aparentes de su ventana, lucen gastados, oxidados por el tiempo y la sal del clima. Un hilo de araña, ata los fierros unos a otros; se mueven con el viento danzando transparentes. El frío no cesa de violar su cabeza. Sus ojos fijos miran la eternidad. Vagan libres más allá de sus gastadas texturas. Él es, un bicho en la pared que abre sus alas , para escapar al mar. Y en el mar, es un hombre que vaga, con la mirada perdida, orillando las olas, queriendo solucionar la vida. Muestra lágrimas de aparente abandono comprando almas. Divagando y dejando que sus dedos rocen el agua, como dibujando esos cuerpos que se van tras cada caricia....

Adicto.

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- La adicción sexual es compulsiva, persistente y recurrente. Compulsiva porque no se puede parar, hay que cumplir sí o sí con esa exigencia que impone la cabeza. Persistente porque hay que hacerlo a cada rato, todo el tiempo... recurrente ... - Sofía, la psicóloga, trataba de explicar porqué estaba ahí, mientras la imaginaba desnuda tras su escritorio, mientras sus piernas buscaban un lugar para no sentirse observadas. No quería escuchar más, sólo quería volver a mi calabozo de murallas blancas, donde la calidez de la primavera entraría por mi ventana, y la sentiría como un brisa recorriendo mi piel. Donde los barrotes oxidados y amarillos encerrarían mis ganas de volar. Donde el sol , era atrapado por mi ventana. Donde el vacío que se sentía, acariciaba mi cuerpo sin pudor. Donde la desnudez, no la vería nadie más que la enfermera, aquella que se escondía tras el visillo de la puerta de metal. Mi corazón  me removía el cuerpo una y otra vez, mis manos temblaban, una cor...

Arenas

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-Hora de tus pastillas Gustab.- Me susurró al oído. Caminé por las calientes arenas naranjas del desierto, mientras ella disfrutaba, mientras mis pies ardían al roce de su piel. Entre sus muslos, bajaba la densa humedad. Sus gemidos lejanos se escuchaban tan lejos como estaba el desierto. Sus jadeos  me sometían en cada movimiento, sus caderas se deslizaban sobre mi piel. Se sentía la tibieza del sol que la quemaba mientras buscaba satisfacer todas sus fantasías. Yo volaba lejos de ella, dejándome arrastrar por la corriente que provocaba su cintura, su vientre ardiendo y bailando cadencioso sobre mis carnes.  Escuche sus gritos y yo sin poder terminar. La fuerza que aplicaba en cada embestida me llevo a  eyacular sin sentir lo que debía... entonces, sentí su perfume dentro de mi piel, su calor en mi sexo y la angustia de sentirse deseado. Estaba tan mojada, que al derramarme dentro de ella, vi como me deshacía dentro. Mi alma se separó del cuerpo físico y f...

Mariposa

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No sé cuánto tiempo llevamos en cuarentena, ya ni las puertas permanecen cerradas, todas están abiertas en el sanatorio. Las enfermeras tiran las pastillas y vagan por los corredores sin dirección ni asunto, nadie se protege, no quedan mascarillas , fuimos abandonados por Dios. La rabia me consume, la impotencia me encadena, y mis demonios vagan por mi cabeza sin sentido. Una mariposa blanca siempre llega a mi ventana, no me habla, no tiene que decir ni contar. Pero todos los días vaga por mi habitación. Hoy se posó sobre mi sexo erguido, su suave caricia al aletear me produce un cosquilleo, como si unos labios ligeramente me probaran. Me excitan sus alas rozando mi piel.... pero vuelve a volar al pequeño movimiento de mi verga, al temblar por su caricia. Necesito follar, sacudo mi somnolencia y salgo a los corredores.  Siento las duchas correr en el baño de las enfermeras, el vapor empaña mis ojos , pero las logro ver entre vaho del salón. Todas perfectamente desnudas y ...

El puto virus.

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Por la manchega llanura Se vuelve a ver la figura De Don Quijote pasar Y ahora ociosa y abollada, va en el rucio la armadura Y va ocioso el caballero, sin peto ni espaldar. Va cargado de amargura Que allá encontró sepultura Su amoroso batallar Va cargado de amargura Que allá "quedó su ventura" En la playa de barcino, frente al mar.... Y después de salir del infierno, vuelva a caer en uno más, pero este es desconocido, no tiene razón de ser ni existir. Una humanidad convertida en Dios, en rabia, en impotencia, en amargura, en encierro, sepultado en vida. Un puto virus que nos cagó la vida, sin mirar a quien. Cierro mis ojos, miro el mar y no llego a entender lo que siento. Un sentimiento que no conozco ni logro definir. Pero aquí estoy, aferrado a estos barrotes, esperando una pastilla que me haga feliz y alguien que la pueda poner en mi lengua. Una explicación que no llega, que nadie sabe como empezar, ocultando el miedo que me acaricia por dentro, sin dej...

Mis delirios

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Ella quiere ver mis delirios, pero no sabe cuales son. El hambre que se sacia enredando las lenguas. El deseo que trepa silente haciendo temblar nuestra carne... Tiembla la piel cuando choca el aire de sus bocas solapando gemidos... gimoteos que se pierden tras los muros del encierro, mientras otros imaginan lo que hacen entre las sábanas desordenadas...encarnando  besos entre los labios. Cuerpo indecente que tiembla entre mis dedos, templo profano..  Piel contenida a mis gemidos de angustia. Natalia habla de  puñados de arena. Se van enredando entre balbuceantes palabras, donde el agua salpica espacios de piel, luego de haber encontrado el punto exacto de ebullición. En mis pensamientos, los bordes de su espalda, donde se desnuda la razón, donde los ojos permanecen abiertos para no perder la abismante gota de agua que corre entre sus senos. Tu verbo se vuelve rostro de niña , cascabeleando entre los dedos y buscando hacer crujir su piel. Entonces cualquier ...

Siete pecados...

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Los cerezos no florecieron esta primavera. Una de las enfermeras me hace sexo oral, la otra mira con lujuria escondiendo los dedos entre las piernas, parece masturbarse. Mi mirada se pierde en el jardín, la ventana abierta parece traer el frío a mi cuerpo, pero algo lo mantiene caliente. ¿Será la boca de la enfermera que no deja escapar el calor ?. Todo esta en silencio, parece que estoy muerto, pienso en Cloé, una chica que siempre se encontraba conmigo en el café. Bebía a sorbos lentos, como queriendo guarda el calor en su cuerpo, soplaba y sorbeteaba fumando un cigarrillo mientras bebía. Siempre miraba por el escaparate buscando a alguien conocido en las calles. Como hoy, lucen vacías, pareciera que en invierno siempre están en cuarentena, que siempre ha estado un virus acechando la ciudad. Las chimeneas de las faenas soplan el humo con locura cuando el puerto despierta, pero hoy no hay humo, ni chimeneas, parece que el puerto se detuvo en el tiempo y en la oscuridad. La sol...

Virus

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El virus sigue ganando terreno, cada día se expande como una red atrapando a todos a su paso, hoy dos de este pasillo dejaron de gritar, no hay lamentos, ni llanto... todo luce lúgubre, oscuro, ya nadie rasga las puertas ni pide ayuda, el silencio cubre cada rincón. Las enfermeras y doctores visten de palidez, sus trajes parecen más oscuros y sus rostros muestran el cansancio. Lejos de sus familias sueñan con volver a sentir.  Las enfermeras se desnudan en los pasillos después de ver a los pacientes, se llenan de angustias orando que no estén contagiados. Sus cuerpos son hermosos y rozados, huelen a alcohol, sus fragancias ya no les pertenecen, gimen , lloran en los pasillos pidiendo un día más. Sus cuerpos son rozados, su ropa interior se marca en su piel, de un estado de rebelión, de movimientos sociales , pasamos a un estado de emergencia por una pandemia,, a un virus rebelde que acabo con todas las demandas, de la locura a la irracionalidad, de un pueblo unido con sueños...

Pandemia

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Vivo lleno de sensaciones, siento temblar mi cuerpo cada día que pasa, nada comparado con la vista que hay desde abajo, donde dos piernas se abren para que bebas cada rincón, el virus me corroe y a veces pienso en el final. Qué sera de aquellas que he bebido y como olerán hoy, cuánto sabor acumulado entre sus piernas chorrean hoy sus deseos y desean que mi boca las devore. cuántas oportunidades perdí de conocer sabores y fragancias distintas?. Me desespera el encierro, deseo sentir la calidez de sus cuerpos, el calor de su sexo en mi boca. Sus gemidos golpean mis oídos y su cuerpo parece temblar sobre mis rodillas. Las enfermeras miran por el rabillo de la puerta y murmuran detrás de ella. Me besan a través del metal. Siento como sus dedos las sacuden y no dejo de pensar en lo mojadas que están. Aletean las palomas en mi ventana, estas cuatro murallas se parecen juntar aprisionando mis pensamientos, mis deseos. Atrapan mi cabeza y la exprimen hasta hacerla explotar. El t...

Baile de Máscaras

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Esa Noche de año nuevo, había bajado una niebla que tendía a desaparecer en la medida que despertaban las farolas. Tras ellas ,  las luces amenazaban con despejarla, pero sólo quedaban en eso. El tiempo de encierro había cobrado sus deudas, mis pulmones no dejaban de respirar tortuosamente por efecto de el maldito vicio del cigarrillo. Decidí salir a tomar ese aire que se sentía limpio.  Al pasar por  el  Castillo Wulff, la música y el bullicio que salía del baile, me detuvo, recordando que  encontraba una atracción irresistible en él.  Una figura bailaba con mis fantasías detrás de la mampara de cristal. Aquellos marcos salpicados de pintura por el paso del tiempo, enmarcaban una imagen que hizo explosión en mi cerebro, provocando el rostro intenso más allá del paso de los años. Aurora vestía de Gala recibiendo con Dulce a sus  invitados, el circulo selectivo de la cuna literaria de los últimos años.  Me sentía embriagado y atr...

Aurora.

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Lila Liberada

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En el cuarto de al lado, se escuchaba gemir a una mujer. Al entrar, me encontré con una mujer atada la cabecera de bronce del un viejo catre enmohecido por el tiempo, su mirada perdida en la luz de la ventana me hacía presumir que había una triste historia detrás de esas cuerdas que la encadenaban a su vida. Gemía mientras me acercaba a ella para liberarla, sus agitadas piernas dejaban ver entre las blondas de su camisola el más exquisito de los manjares. Al acercarme ,y antes de liberarla, me senté a su lado para disfrutar de esa hermosa piel que lucía amoratada por el trato de las enfermeras, y sin despegar la vista de su sexo,  me acerque a oler su tristeza y saborear su angustia. Solté sus manos sin siquiera preguntarme lo que seguiría. Tomando mi cabeza, dejó que me  deslizara por su vientre mientras subía su vestido. La suavidad de su piel acariciaba mis  mejillas que se  humedecían entre el sudor y el deseo, mis labios recogían sus sabores. Temblaban...