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viernes, 28 de diciembre de 2007

Los Amantes ( De una escritora, mi amante).-






"Te duermes a mi lado. Caes silenciosamente en ese mundo donde yo puedo ser alguna remota conocida, una compañera de banca de parque o la amante que acabas de dejar para evadirte a esa región donde, mutuamente, nos privamos de la palabra. Me conmueve verte dormido, hundido en las sabanas con el abandono del sueño, enigmáticamente encerrado en tu cuerpo. También yo me dormiré y, entonces quizás te despiertes y pienses esto que yo estoy pensando, tal vez me imaginarás enredada en algún árbol enmarañado de los que sabes que me encantan y me quieras alcanzar tocándome, sacándome del mutismo de estación de radio apagada, volviéndome a traer hacia tu lado, hacia el amor que nos dio el sueño" .-

Siempre he pensado que entre el arte y la sexualidad, más que la sensualidad, siempre ha habido un vínculo que no se puede romper, es como ese vínculo entre padre e hijo. Podrán pasar muchas cosas, pero jamás ha de romperse, y si algún día se rompe, es porque jamás existió.
Cuando yo escribo, logro unir esos dos mundos, tan distante como el amor de los amantes y los convierto en uno, creando reacciones tan fuertes como los sentimientos de obsenidad, muchas se enamorarán de mi forma de escribir, y será en silencio y a la distancia, pero sus dedos me reemplazaran obcesivamente, y hasta el orgásmo. Aunque no sea lo mismo que beber de mis carnes sacándo el sabor de la pasión y el deseo que me esclaviza, aquel que me encierra en la soledad..



Los adoquines siguen mojados en el puerto, dicen que es la bruma matinal, pero yo creo que es el sudor de los amantes, ¿y ustedes?...

Gustab.

lunes, 24 de diciembre de 2007

La vida es así....

Ahora, tirado en mi cuarto, a horas de celebrar la navidad, sólo. Alguna vez escuche una canción que decía así:
" A veces ríes, a veces sufres, a veces lloras...la vida es así"
Si es triste que después de haber tenido tantos amigos, la noche de navidad la tengas que pasar sólo. Cuando tube fama y dinero, y hasta una cierta posición social, por abajo de mi puerta pasaban muchas cartas, tarjetas de navidad, recados y hasta algunas tarjetas personales de algunas mujeres de sociedad. Las fiestas abundaban y me daba el lujo de rechazar muchas invitaciones para tener un rato de tranquilidad. Hoy es distinto, al mirar por la ventana de mi cuarto hacia el puerto, veo muchas luces, pero estoy tan lejos de ellas que la melancolía reflota entre las olas. Las luces de mi calle ya no son tan atractivas, hasta aparecen más opacas y menos luminosas. Sobre los adoquines veo pasar muchos pasos solitarios. Madamme Ivonne, quizás esperando que algún porteño la invite a tomar un trago esta noche. El café luce oscuro y solitario. Del cabaré, ni hablar. Sin embargo, los aromas a café, a trago, y algunas corcheas salen de un viejo saxofón. La tanguería luce muy iluminada, muchas parejas de ancianos entran y salen de sus puertas, quizás arrancando de la soledad de sus hogares, buscando alguna pareja para bailar esta noche, pero sus cuerpos lucen cansados. A lo lejos escucho un Bandoneón, interpretando "El mundo fue y será una porquería ya lo sé, en el 503 y en el 2000 también" que razón tiene esta triste canción, el tango suele reflejar los vivíres de un pueblo. Es cierto la música sigue reflejando al mundo.
Mientras tanto, yo sigo detrás de las roídas cortinas de tull. Mi sonrisa no se dibuja como en otros días, y pienso.... que pasará esta noche ... que habrá en la Japonesita... en que estará Amanda, que será de lila, con quien pasará estas fiestas Katty, o mi vecina, la escritora, aquella que alguna vez me invitó a un trago, y que luego de espiarme tras el biombo, salió de ese lugar vestida de lila, envuelta en encajes.... que harán sus grandes ojos verdes esta noche. La verdad que salí a golpear su puerta esta noche, pero de seguro está en alguna reunión de políticos planificando porque protestaremos esta noche. En fin seguiré solitario pensando en que hacer, seguro que Amanda tendrá una chica para mi esta noche.



Gustab.

martes, 18 de diciembre de 2007

Camino al cielo...

Venía de ver el mar, debía dirigirme a casa para escribir algo que me hiciera sentir vivo. Al enfrentar las escaleras, miré hacia arriba, era larga, eterna y cansadora.
Puse el pie en el primer escalón de piedra, como las suelas eran blandas, bajo mi pie se dibujaron las piedras, el dolor entró intenso por mis muslos, sentí el calor del día, y una gota que resbalaba entre mis testículos y la pierna, había olvidado que no me había puesto ropa interior. Mi boca se quebró en muecas, el dolor fue intenso, tan intenso como el placer de una eyaculación entre las piernas de una virgen. Me senté para esperar que el dolor se calmara, descubría como la edad hacía lo suyo a cada paso que daba, estaba cansado , y el cigarrillo se conservaba encendido, mire lo que creí que sería mi última mirada al mar. El dolor me traspasaba los huesos, pero mis ojos no dejaban de mirar las piernas, bajo las faldas de aquellas chicas que subían la escalera, hasta alcanzar las media lunas de sus nalgas, hasta una que apareció sin ropa interior, la vista se llegó a a nublar buscando el curioso vaivén de su sexo, donde el sudor y el calor del día lo hacía brillar, casi podía sentir la fragancia de su sexo respirando excitación, también el brillo viscoso de su sexo, hasta que la luz encegeció mis ojos y tube que retirar la vista de tan bello y sensual espectáculo. El erotismo de esa falda, me hacía recordar la primera vez que vi el sexo de una mujer desnuda, y cerrando los ojos divagué entre recuerdos y excitaciones de juventud. Que obra maravillosa la de Dios cuando pensó la forma que debía tener el sexo de una mujer, y lo cubrió de vellos para hacer más atractiva la búsqueda y el deseo que produce dejarse deslizar por un vientre desnudo hasta llegar a él y beberlo hasta que sus sabores y olores se impregnen en nuestros labios, dejando que el salado sabor del deseo nos alimente por minutos, horas o días dependiendo de que tan sólo se amen esos cuerpos.
Al sentir que el dolor se disipaba, volví a tomar las escaleras con el triste afán de alcanzar esas piernas para devorarlas entre las sabanas de alguna cama, entre almohadas de plumas y ahogarme en su sabor. Nunca las alcance, no sé que camino tomaron, pero el deseo de poseerla me llevó a seguir las escaleras hasta que me perdí entre la espesa niebla que iba cubriendo el puerto, las luces se encendieron, y el último tranvía hacía rechinar sus frenos tras de mi.
Desolado, me senté en el descanso de alguna escala de piedra de alguna ruta que jamás había tomado, las frías y húmedas piedras del cual estaba hecha, humedeció mis nalgas, encendí un cigarrillo y fumé hasta que ya no sentí mi cuerpo por el frío del viento helado que se dejaba caer sobre esa calle.
Gustab.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Encierro.

Llevaba días perdido, no sabía donde me encontraría. El encierro del departamento, las fragancias asomagadas y el olor del cigarrillo me habían envuelto, la hoja enquistada en la royal no se había teñido´, ni una sola tecla había golpeado sobre su cara. Las hojas alrededor del papelero se amontonaban formando cerros de desconcentración, cerros de mudas letras. No quedaba ni una pieza de loza limpia en el repostero de madera labrada de la cocina centenaria.
La grasa en los platos ocupados una y otra vez me estaban envenenando. Pasé días divagando en mi memoria buscando alguna frase que hilara con otra. La verdad el laberinto que se formaba en mi cabeza no me dejaba pensar. Recorrí cada rincón de mi mente buscando algo que contar o escribir. Pero en mi mente sólo se dibujaban cuerpos desnudos haciendo el amor. Los corsé y los labrados sostenes en telas, las bombachas y enaguas, no me dejaban ver nada más. Mi mente divagaba sin rumbo. Los enormes senos de las chicas del bulevar me envolvían en recreaciones inútiles. Mi sexo prendido no me dejaba respirar. Cuando abrí la puerta del apartamento, un halo fresco recorrió mis entrañas, mientras mis pulmones se volvían a abrir. Sentí que el aire del puerto rebasaba mi tolerancia al aire, y entre vaíos cruce la calle adoquinada para entrar en la intimidad del Bulevar, y las fragancias Francesas revolucionaron mis hormonas hasta hacerme caer a los brazos de Vanessa, una rubia con rasgos salvajes, y unos ojos verdes que te penetraban hasta desenterrar tus más oscuros secretos. Los corsé ahora los podía tocar, y las tibias carnes iban perfumando mi nariz hasta hacer desaparecer el olor a tabaco y moho que me inundaba al interior de mi departamento.
Luego un viaje me llevó a las nubes, y entre aromas sentía como mi cuerpo liberaba la energía acumulada que arrebataba las ideas de mi cabeza. Sentí que la vida volvía a tomar sentido y que las ideas volvían a brotar. Pero me dejé arruyar por la cuna de las pasiones.

Gustab

martes, 6 de noviembre de 2007

El dolor y el deseo.

A la distancia, más allá de los almendros, entre los olivos, donde el mar baña con las olas del deseo, un cuerpo se agitaba en las arenas desnudo, desamparado y con las carnes trémulas. Su piel erizada por la brisa del puerto, acariciado por el aire marino, la soledad embargaba sus sueños. Sus ojos perdidos en el horizonte anunciaban la llegada de la soledad. El sol se escondía allá donde se pierde el mar. Unas manos recogían los senos hinchados por la pasión, los dedos de un extraño la acariciaban de lejos, su cuerpo se estremecía, temblaba, y el frio se apoderaba de todo. Sus sueños, sus padeceres, su soledad.
Ella no sabía que el amor y el deseo duelen, y ese dolor brota de lo hondo. El vientre arde desde su interior, la tranquilidad que fue creada para acoger a un niño se transforma en fuego, los músculos se contraen sin control enloquecido por los dedos que agitados buscan provocarlo, el torrente se desata, el sexo se lubrica con rapidez, mientras la imaginación va dibujando la cara del deseo. Ese amor que le fue esquivo hoy la atormenta creando sensaciones e ideas que no debían de despertar, lo que había empezado como un juego, hoy terminaba quemando desde adentro, las orejas ardían, los ojos se irritaban, los pezones se disparaban en frenética dureza, sus propios dedos los pillizcaban y giraban provocando agitadas sensaciones en su estomago.
Su cabeza no quería separar sus deseos de la realidad. Sus cabellos caían desordenados sobre su rostro, y ese fuego interior emergía hasta su cabeza haciendo estallar sus ideas, su vientre se contraía y caía fetalmente entre sus rodillas, la saliva resbalaba por sus labios cayendo a gotas sobre los sudados senos que escapaban de su compostura para ser batidos por el orgasmo que nacía desde su interior. Hasta caer jadeando su halo de vida y apagarse en llanto.
Las olas mojaban su cuerpo desnudo mientras la arena se iba introduciendo por todos aquellos lugares donde se había generado el deseo y la pasión. Las pequeñas piedrecillas insaciables buscaban el origen del descontrol, raspaban causando un dolor que parecía exquisito, pero que raspaba en su interior, agitando las últimas replicas de aquel terremoto que la había transportado a ese lugar y a aquellos brazos que no la podían alcanzar. Desde el malecón entre las rocas el rostro de un niño la miraba sin entender cual era la enfermedad de aquella mujer, que le causaba tanto dolor, que le hacía doblarse con tanta locura, y porque su cuerpo sudaba arena, porque esta se adhería al cuerpo, ni porque estaba desnuda. Sin entender, tomo el anillo de la vieja carreta, y agitándolo con un palo lo hizo girar cuesta arriba, mientras las escaleras se esforzaban en devolverla hacia la playa, pelo el ágil palo, no la dejaba volver. Dos viejas mujeres agitaban su cabeza en señal de rechazo, nadie sabía si era por la actitud de la mujer o la insistencia del niño.
¿En que iría pensando ese niño cuando subía por las escaleras del paseo peatonal?, mientras lo miraba subir pensaba en cuantas cosas yo habría hecho a su edad por ver lo que sus ojos recién descubrían, .... el deseo y la pasión.
Los adoquines se cerraban a la distancia, aunque yo sabía que nunca sus puntas se iban a juntar.

Gustab.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Los Ángeles cantan para tí....

Muchas veces he amado. Ese día en la misa del difunto encontré a muchas caras que hacía tiempo no veía, retrocedí muchos años a mi infancia, me gusto volver a verlos.
Desde el pasado florecía una voz, el coro que acompañaba la misa del difunto, ellos me miraron y dijeron..." Los ángeles cantan para ti" ... si dije yo, y si son esos ángeles me iría con ellos ahora mismo.

La voz del coro era muy conocida, si muy conocida. Hacía años que no la escuchaba. Patricia, aquella niña que alguna vez ame como no he amado a nadie en el mundo. Del pasado una flor volvía a florecer, y como imán volví a encontrar sus ojos chispeantes, como hace 34 años atrás. Si eran esos ojos los que una vez me enamoraron, y para siempre.Todos sabían de mi amor por ella, todos sabían que amaba ese tono pastoso de su voz, aquella que me trasladaba cada vez que la escuchaba. Si, ella seguía siendo un ángel. De aquellos ojos me enamoré, y nunca los olvidé.
Cuando me acerqué a ella, sus ojos sorprendidos me miraron como esa primera vez. Sus rostro no había cambiado, su voz seguía siendo un cristal rozado por mis dedos. Y aunque no me conoció, sólo tuve que decir lo mismo que había dicho alguna vez a estos amigos que reían diciendo: "los ángeles cantan para ti"
¿No me conoces?... y yo que te he amado toda mi vida. Sólo sonrió, y esperó a que terminara la misa para hablarme.
Muchos salmos pasaron entre canción y canción, hasta que por fin salimos para encontrarnos fuera. Fumaba un cigarrillo tras otro, hasta que estuvo frente a mí.
Porqué nunca me lo dijiste, porqué esperar hasta hoy...porqué, me reclamó.
Cuando uno ama como yo te amé, nunca dice nada, eramos unos niños y sólo amábamos como creíamos que era el amor, nada había detrás, sólo había amor.
Nunca pude abrir la boca para decirlo, nunca quise correr el riesgo de que me rechazaras, te amaba en silencio y sólo me bastaba con verte para saber lo que era el amor. No había acabado de decir eso cuando sus labios me atraparon para volverme a liberar, dio media vuelta y se alejó de mi, mientras mis ojos la seguían de lejos, hasta que el puerto la hizo desaparecer.
Mis labios se sonrieron, ella había respetado el amor que sentía por ella y dejando el sabor de sus labios en los mios, me dejó como hace 34 años atrás.
Miré hacia los cerros, tenía que volver a mi soledad, y el atardecer me acompaño en mi cansino rumbo a casa. Desde el ascensor de los astilleros se podía ver como hasta el sol se burlaba de mi.
Frente a la Royal estaba desnudo, y con la vista perdida en la noche y las luces del puerto, la hoja enquistada me pedía a gritos que escribiera en ella. Pero mis ojos no dejaban de verla....
De pronto unos golpes en la puerta me hacían despertar.... y el tranvía me volvía a decir que era hora de dormir... aunque parecía saber quien era la que golpeaba a la puerta...

Gustab, "los ángeles cantan para tí..."

jueves, 1 de noviembre de 2007

Cuando un amigo se va....

Venía del velorio, todo parecía más oscuro ese día, las calles se hacían pesadas paso tras paso, piedra que se cruzaba por el camino era pateada sin dirección alguna, hasta que en uno de los rebotes fue a dar a la vidriera del café, y un estruendoso ruido me hizo correr sin dirección.Recién en ese momento me di cuenta que el destino no depende de nosotros, ni siquiera aquel que estimamos que está escrito en algún libro mágico.
Si, un gran amigo de juventud se alejaba de mi sin siquiera avisar su partida, tres años más joven que yo, lleno de vida, pero un gran fumador. Su corazón reclamaba una vida de maltratos, y cayendo en huelga, dejaba de alimentar los halos de vida de un, aún joven amigo. Un paro cardiaco terminaba con años de farra y vida licenciosa. Muchos vasos de agua ardiente se quedaban sin beber, sin nadie que los pagara. Cuarenta cigarrillos menos se fumaban en el mundo, y muchas prostitutas se quedaban con un cliente menos. Como dice el tango cuesta abajo la rodada....tan tan.

Pero ese día, él querría que nadie estuviera triste, el show debía continuar, y sin pensarlo dos veces, entré donde el farol rojo me indicaba que el mundo sigue girando, una vez más como dice el tango:
" Verás que todo es mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa,Giiiiiiiiiiraaaaa Giiiraaaaa, aunque te quiebre la vida , aunque te muerda un dolor, no esperes nunca una ayuda, ni una mano, ni un favoooor.....".
Estaba Susana esperando la visita de Claudio, y era yo el elegido para comunicarle la noticia, desnuda como Dios la hecho al mundo, sensual como nunca, como para recibir la triste noticia del fallecimiento de su mejor cliente. La tomé entre mis brazos, y colocando el fajote sobre la mesa, pedí sus servicios para pasar la pena, y una botella del mejor champagne, para ahogar los malos pensamientos, aquellos que me habían molestado todo el día... y que ahora serían olvidados por las suaves caricias de una bella María Magdalena, nacida para entregar placer, y esconder sus propias tristezas, envolviendo con sus piernas carnosas, las tristezas de otros.

Al terminar la faena, las sirenas del puerto anunciaban el fin de un día más en el puerto, mientras yo con las chicas de la Japonesita, elevábamos los vasos que se golpeaban entre ellos, para brindar con agua ardiente, la partida de un amigo más que se va....

Gustab

( Homenaje a un amigo que se va).

viernes, 26 de octubre de 2007

El Angel


Ese hombre extraño sabía que tenía una misión en la vida. ¿Pero cual era? . Lo dejaron caer entre arrabales y boites, el no sabía que cosas le tenía deparada la vida, pero a cada esquina aparecía un alma errante.

El ángel como le llamaban las mujeres siempre estaba para conceder los deseos de quien lo necesitara, se sabía que el se comunicaba de una forma especial con las mujeres sobre todo, ellas veían en él, la imagen del hombre con el que se podía copular dejando fluir la vida. Al caer la noche en el puerto, su alma vagaba entre cafés , boites, bares y encumbradas calles tapizadas de adoquines, su imagen aunque oscura, reflejaba un halo de luz a su paso. Los perfumes que emanaban de su figura, marcaban la ruta a su paso cansino. Siempre con sus manos en los bolsillos del pantalón y el abrigo al viento. Muchas deliraban a su paso, pocas se atrevían a dar el paso que las llevaría a la cama, aquella que rodeada de barrotes de bronce se perfilaba como una cárcel dorada, tan dorada como la sensación que dejaba dentro de sus cuerpos luego de hacer el amor. Las que no se acercaban, dejaban resbalar sus dedos entre los nudos capilares de sus sexos, y maullaban como gata en celo tras los ventanales que las separaban de su figura. Ellas parecían presentir sus pasos cuando sus tacos golpeaban el sonido hueco que soltaban los adoquines.

Esa noche lluviosa, tras las cortinas del bar, ella lo observaba de lejos, y sin mediar causa alguna se acercó a la oscura figura, y dejó que sus labios la llevaran al laberinto sin retorno, posó sus labios sobre los de él, y ahogó su deseo entre los brazos del desconocido. Las manos atrapadas en sus bolsillos, buscaron por abajo de su falda la calidez de sus nalgas desnudas, y empujando el deseoso cuerpo a la oscuridad de un callejón, le hundió su sexo en una sesión tan rápida y fugaz como los deseos de la satinada rubia que había salido del Bar Montebello. Sólo la lluvia desbordante lograba ocultar los gemidos de una más de las favorecidas por las manos delicadas del Ángel. Al alejarse la mujer por las calles, su figura aparecía dibujada por el agua del copioso aluvión, y por dentro una sensación tibia que quedaba atrapada, la bendición del angél corría por sus muslos alborotados, mientras la mujer dejaba bailar sus nalgas carnosas a cada paso que daba.


Gustab.

viernes, 19 de octubre de 2007

Los demonios.




Corrí por el puerto buscando refugio, ellos me perseguían, si me detenía ellos se vendrían encima. morderían mi cuerpo, extraerían la poca sangre que quedaba en mi cuerpo. Los adoquines se levantaban a mi paso, como explosiones lunares se venían sobre mi rostro.Los demonios no se detenían, pisaban mis huellas, las iban cubriendo de sangre.



Al pasar frente al bar, la figura delgada de madama Ibón se cruzó en mi camino, de bruces calló sobre las piedras mojadas, pero no me podía detener, sería el último paso que daría en mi vida, sin detenerme seguí corriendo, los perros me perseguían cuando pasaba por su lado, los gatos saltaban de los basureros sorprendiendo y llenan do de bullicio los callejones. Todo se volvía confuso, a ratos parecía que los demonios desaparecían, pero no, al mirar atrás las adoquinadas calles se seguían levantando, un poste se cruzó en mi camino, la cabeza azoto el pavimento de las veredas, mi rostro se cubría de un liquido rojo, espeso, negro.....



Mis ojos se cerraron, mis labios gritaban, los demonios me alcanzaron. Mis brazos cazaban el aire tratando de alejar los demonios, pero volvían a desaparecer, cuando creía que se había alejado, las sombras empezaron a golpearme en la cara. Sangraba, sangraba.... una sirena se escuchó a lo lejos, como eco en el espacio desapareció tal cual como había aparecido, las luces rojas no me dejaban ver, me enceguecían... todo se volvió negro, al despertar del silencio, en medio de la oscuridad, descubrí mi estado de inconsciencia, nunca supe lo que había bebido, ni que sabor tenía, mis labios estaban secos, mi ropa era un asco y el olor me alejaba de mi espíritu.



Al instalarme bajo el chorro de la ducha, sentí que los demonios se alejaban, el agua corría por mi cuerpo lavando mis pecados de inconsciencia. Luego al salir de ella me tire sobre el viejo catre de bronce, y entre temblores cerré mis ojos esperando que el sol de la mañana que entraba por la ventana me cubriera de calor.
Gustab

martes, 16 de octubre de 2007

Los tres deseos.

Esa tarde mi aspecto era triste, acongojado, las culpas por la vida que había elegido me perseguían. Esa tarde decidí que la mejor manera de salir de este estado era bajar a la playa de los pitucos. La lluvia torrencial que acompañaba mi soledad no era un impedimento para tirarme sobre la arena mojada y dejar que la lluvia terminara por lavar mi rostro envejecido por el abuso de estado de bohemia permanente que me perseguía.
Por abajo una arena mojada, por arriba una lluvia incesante que amenazaba con las penas del infierno. Sin embargo me tendí sin pensar las consecuencias, por dentro la cálida compañía de la soledad me mantenía vivo. Mi cumpleaños se acercaba, eran muchos años de divagar entre historias, y hasta ese momento me preguntaba que desearía para ese día. No esperaba compañía, el alejarme para escribir del mundo me había dejado abandonado, sin embargo mantenía, curiosamente, mis deseos latentes. Me preguntaba que pediría este año. El vaivén de las olas acompañaba mi intranquila existencia, miré al mar y reprochando la soledad tomé una vela entre mis manos y ejecute el único acontecimiento que acompañaría mi cumpleaños. Tres deseos, sólo tres. Total , en el pedir no hay engaño:
Mi primer deseo fue... La inmortalidad. Cosa que se veía imposible debido a la cajetilla que fumaba a diario, mi licenciada vida, y el compañero más fiel de la soledad, el alcohol.
Pero igual nació en mi mente ese profundo y oscuro deseo. Bueno en cierta manera este deseo sería concedido no como una promesa de vida eterna, pues mis letras inmortalizarían mi alma.
El segundo de los deseos fue ... la riqueza. Cosa que también se vería imposibilitada, pues mi vida no se caracterizaba por el ahorro precisamente, pues entre libro y libro, los tiempos de espera se hacían eternos, y había que sobrevivir mientras el siguiente golpe creativo llegaba a mi mente, que por mis tiempos de divagación no eran cortos. Pero pensaba que el día en que yo muriera, los derechos de autor quedarían en manos de alguien. No importa quién.
Y mi último deseo fue muy cursi, .... el amor. Cosa que tampoco se podría cumplir si seguía en mis andanzas de bohemio trasnochador. Si bien mi personalidad se vuelve atractiva para ciertas señoras de sociedad, ninguna de ellas buscaría unirse para toda la vida con un hombre como yo.
Pero aún esa cursilería tenía salvación. Pues muchas de mis amantes quedarían con esa semilla que había plantado en ellas, nadie podría satisfacer sus ególatras
sueños de snobismo, pues muchas se ofrecían sin mediar seducción alguna por una aventura con este escritor, que todos criticaban, pero que ninguna dejaba de leer. En ellas estaban guardadas las riquezas de aquellos comerciantes y empresarios enriquecidos con el sudor del pueblo, que no escatimaban en recursos ni esfuerzos para satisfacer los caprichos de tan bellas y sensuales mujeres de sociedad.
Los artistas solemos ser chics, al momento de vivir una aventura, y de publicitarlas en alguna peluquería o sauna de sociedad.
Al despertar de mis tres deseos, sólo miraba a mi alrededor, las olas seguían ahí, mi soledad seguía acompañando esa lluviosa tarde. Y sin pensarlo sople la vela. Aún sabiendo que esos deseos jamás se iban a cumplir.
Tomé la botella de licor que aún estaba en mi bolsillo, bebí de ella e hice un estruendoso ...¡ Salud!... Y mojado como Diuca tome las viejas calles para dirigirme al ascensor de los astilleros.
Al pasar frente a la Japonesita las chicas me saludaron....
- Gustab... mi amor cuando vienes por aquí, ....- y sin siquiera mirar a mi alrededor decidí que mi vida era muy similar a la de Madmoiselle Ibón.

Los adoquines se hacían resbalosos a cada paso, las luces se empezaban a despertar en el puerto, y los zorzales comenzaban a anunciar la hora de los amantes. Venessa me esperaba en el Gato Viudo, y su cuerpo envuelto en bata de seda, me anunciaba , que a pesar de todo, cumplir años no era tan grave, ni tanta era mi soledad, aunque costara algunas chauchas la noche.

GUSTAB

miércoles, 10 de octubre de 2007

mademoiselle Ibón

"Al entrar al bar, ya noche, al fondo de la barra, una bella mujer fumaba con una larga boquilla un cabaña, uno de esos cigarrillos que van dejando a su paso una gran estela de humo, denso, de olores fuertes.
Han pasado diez años, Madame Ibón, una francesa que vivía de sus recuerdos en el Beaudeville, una actriz de exuberante belleza, de platinados cabellos y unas ojeras, que de largas, se podían pisar, le conversaba al mozo de la barra de sus tiempos de estrella, delante de ella, las copas de ginebra llenaban el mesón.

Ibón era una francesa que venía de París. Cuando ya su fama se apagaba como los faroles de las viejas calles adoquinadas, decidió viajar y recorrer el mundo, hasta que su marcha se detuvo en este puerto lejano, lejos de su París, y lejos del Beaudeville, terminando en los espectáculos del viejo burdel, donde cantaba con su voz gastada, y vestida de viejas cedas y demás, quería revivir su época de oro en la ciudad luz, y entre borrachos se hacía escuchar acompañado de un viejo pianista de Jazz, tan negro y gastado como la voz de Ibón. Sus lastimeras canciones hablaban de los días de París, sus amores de aristocracia, hasta de un gigoló Argentino que con las promesas del cielo la convenció para que se fuera a Buenos Aires con él, donde ella volvería a renacer la estrella que era o había sido en el Moulin Rouge, de donde ya no la llamaban por sus gastadas cuerdas vocales que la hacían desafinar. Mademoiselle Ibón, se apagaba como su voz, y de la champagne ahora bebía ginebra en los bares de este triste puerto que la acogía para no dejarla morir, y entre copa y copa, entretenía a los cristianos contándole de su viejo París, y de lo famosa que era. Todos sabían que era la manera de mantenerla viva, hasta que un porteño argentino la recogía al despuntar el Alba, y se la llevaba entre vítores falsos de admiración.
Diez años habían pasado de ese día que abandono las iluminadas calles de París, por estas oscuras calles de adoquines que cuando se mojaban, el brillo de los viejos faroles, la hacían volver a su tierra y divagar....

Madame Ibón, aquella bella mujer, aquella platinada que en sus buenos tiempos hacía suspirar al hombre que se le cruzara en su camino, aquella que enamoraba con sus viejas historias, aquella de escotados vestidos, donde mostraba sus senos que marcaban el paso cruel del tiempo. Aquellos tajos en el vestido, que iban enmarcando las viejas columnas que la sostenían en pie, esos tajos que algún parroquiano aprovechaba para acariciar soslayadamente su tersa piel, que aunque el tiempo pasara, no dejaba de excitar. Cuantas manos habían aprovechado ese estado etílico y aquellas vanidades de mujer, para manosear sin pudor, para luego esconderse en el baño para masturbar sus ahogados deseos de aprovechar...Madame Ibón, madame Ibón.
La lástima me había llenado de nostalgia, y salí del bar medio asqueado y porqué no decirlo, excitado, por aquella imagen que me hacía recordar mis pasos que alguna vez, recorrieron París. Ya no es la flor de París, es la rusia francesa del ginebra y gastada voz. Los adoquines se me hacían difíciles de esquibar, el agua ardiente no me dejaba coordinar, la vieja puerta de mi edificio no había manera que se quedara quieta para poder apuntarle a la gastada chapa dorada, aquella que en honor a la Francesa, la llamaban Mademoiselle Ibón. Cansado de intentar abrir el portalón, me dejé caer pesadamente sobre los escalones de la entrada, y cerrándo mis ojos, la imagen de la madame, acunó mis pesados ojos hasta caer dormido, esperando que algún parroquiano me ayudara a entrar."
Gustab

domingo, 7 de octubre de 2007

Libertad.......

" Ella estaba obcesionada por él, maldijo tantas veces su belleza y seducción, que se alejó de todos sus principios, la moral se había derrumbado, el deseo había superado todas sus creencias, casi para renunciar a su vida, y darle todo a él, más la sombra cubrió el camino a su corazón, y escuchando el cerrojo que salía de su pecho, quedó vacía, y aún así seguía viviendo por él."


" Ella se apoderaba de todo lo que palpitaba en él, su atracción por aquél desconocido no la dejaba pensar, lo quería todo, pero él había nacido libre, y quería escribir, nada era más importante para él, de sus atractivas letras nacían las atracciones que sentían por él, pero cuando quería hablar, se convertía en uno más de sus personajes, y escondiendo su deseo y personalidad, se dejaba querer, sólo el temor y la adrenalina lo llevaban al orgasmo, el seguiría seduciendo no importaba si por ese hecho algún día tendría que morir."

"luego al entrar nuevamente a su cuarto daba vuelta el tintero sobre la hoja de papel, la que guardaba celosamente entre ajadas hojas de algún viejo libro de política internacional."

Gustab.......

jueves, 4 de octubre de 2007

Caos en el puerto.

Entre ojos verdes y pañuelos artesanales,Entre voces sensuales que liberaba el auricular, Gustab divaga día a día, Tan lejos y tan cerca.Venus siempre se presenta en su vida extasiando la mente lujuriosa del escritor.
"Hoy la hoja enquistada fluye.
En la vieja casona de Arturo Prat, Las cintas amarillas no dejan entrar, Las balizas invitan a los mirones a alejarse del lugar.
El descendiente de los Belmar sigue escondido tras las puertas de prostíbulos y bares de baja monta.
Las gitanas del puerto tiran las cartas tratando de averiguar que paso con el extraño de vista perdida, de ojos divagadores.
Los enrojecidos ojos del poeta maldito delatan su locura, y su propia maldición."
Gustab se pierde entre las teclas de la vieja Royal.
El tranvía hace rechinar los rieles que están incrustados en los adoquines, el café no deja pensar, los Músicos del Gato viudo no dejan escuchar, las prostitutas de aguzados tacos golpean sobre las piedras de la vieja calzada, los burdeles cierran sus puertas para recibir una vez más a los marineros de los viejos petroleros de Panamá, los barcos han dejado caer las anclas, las faenas de las harineras están en paro, vuelve a sentirse el olor del mar, húmedo y mojado, rocía los viejos adoquines mojados por la sal, las calles se van llenando de vidrios de botellas que dejaron caer algunos borrachos, el olor a ron, agua ardiente y sudor, se mezcla con la brisa que al fin dejó escapar el mar, las faenas están en paro, el puerto es un caos, los ascensores no dejan de subir a los desocupados de la ciudad.
A pesar de l terror por el sicópata del puerto, este no detiene su andar.

Gustab trata de escribir sus mejores lineas, un libro que Hablará de los gitanos, " Cuentos de gitanos" lo titulará.

domingo, 30 de septiembre de 2007

"Ella sabía"....

"Ella sabia que no debía pero cada noche volvía a ese mismo lugar ella sabia que no debía pero cada vez lo deseaba mas ella sabia que él seria su perdición aquel hombre que le había sido predecido hace un par de años atrás aquel que romperia con su cordura, con su compostura y la convertiría en la hembra que siempre ha llevado por dentro. Ella sabia que debía alejarse de él ya que una vez probado aquel manjar volvería por el a saciar su hambre a saciar su sed... Ella sabia pero no quería dejar de sentirlo entre sus piernas, en su piel y en su corazón, ya era tarde el hombre la había embrujado, la convirtió en parte de su piel."

Cada vez que caía la noche ella hojeaba mis libros, y me fui convirtiendo en su obsesión. Mis letras encendían la noche su cuerpo, cada rincón de su piel se erizaba, su única manera de sobrevivir al vacío que había en ella era hojear una y otra vez esos libros que alguna vez había escrito. Uno especialmente particular, "Dos escorpiones en la noche", un libro que habíamos llenado juntos, donde hablaba de dos amantes que hacían suya la noche en un viejo cuarto arrendado, ahí, a orillas del mar... cada hoja plasmaba encuentros amorosos que se vivían sin pudor ni vergüenza, donde todo era posible, y así hojeando las hojas de ese libro nos hicimos amantes. Cada noche nos juntábamos a amarnos sin ojos vigilantes, sin vidas reales, sólo encuentros con una promesa, placer, si darnos placer mutuamente y cumplir nuestras fantasías que nos hacían temblar y gemir, que hacían que sus manos cada vez que me leía se escurrieran por su cuerpo, buscaran entre sus muslos un acercamiento más a éste amante que sólo estaba en su mente para hacer o dejar hacer lo que su mente creara. Así de los sueños se creó una pasión defenfrenada, Katty sólo sabía que tenía que pensar en ese amante lejano, y él aparecería sin pedir explicaciones, y sin exigirle nada a cambio, me gustaba entrar en sus noches, soplar sobre su rostro y sentir como despertaba su piel, no era difícil seguir con el libro, las letras se iban escribiendo solas noche tras noche, gemido tras gemido, orgasmo tras orgasmo. En el auricular de mi teléfono, esa amante gemía a lo lejos como si mis dedos la estuvieran tocando, sus gemidos se apagaban a la distancia, su cuerpo temblaba a cada susurrante palabra de ese amante que sabía que decir, y cual era el momento preciso en que ella debía explotar, así, y aunque ella sabía, volvía a abrir el libro para leer noche a noche un nuevo capitulo del ajado libro.

Un libro que marcaba su vida a cada paso que ella daba, y ese libro se convirtió en el amante que siempre una mujer quiso tener.


Gustab... a tí.

sábado, 15 de septiembre de 2007

La Rolley ....


Cargué la Rolley Flex en mi bolso, esa cámara que tantas veces se había convertido en mi única amiga en mis días solitarios de Artista. Necesitaba un espacio de relax, y nada mejor que buscar un tema de inspiración para mi nuevo libro.... " Eróticas literarias de Don Quijote", un libro que llevaba tiempo en la editorial, hasta que por fin le habían dado el visto bueno. Sin embargo, me pedían que por la escasez del presupuesto, y aprovechando que yo era fotógrafo, buscara la imagen que vestiría las portadas de mi libro.
Recorrí mucho buscando un lugar, una imagen, algo que hiciera de vitrina para que la gente se interesara en él. Después de mucho caminar, al anochecer, en la puerta de la japonesita, el prostíbulo del pueblo, una muchacha me invitaba a pasar. Estaba cansado, y excitado, necesitaba un momento de distensión.
Al entrar, Amanda la regenta, me salió a recibir:
-Y bien Gustab, que aires te traen hasta nosotras....?
- Amanda necesitaba una imagen para mi nuevo libro.... habla de mi vida...
- Ja.... ni un lugar mejor para buscar inspiración.... tu vida empezó aquí......
- Déjeme en paz, quiero un par de chicas, necesito un poco de acción...
- Tan lejos del cielo, amor, y tu chica?
- Vamos, quiero que me las llames quiero verlas...

Una a una fueron entrando en el frío salón, algunas más desnudas que otras, todas igualmente bellas y carnosas, y la chica de la entrada, tan bella como el sol. Si no costo elegir, hoy mis gustos teñían por las carnes opulentas, aquellas imágenes que caracterizan al burdel.
- Mi querido Gustab, hoy vienes muy decidido.
- Amanda, quiero tomar una foto dentro del salón, con todas tus chicas , te parece?.....
-claro, pero a ellas que crees....?....
- Dejelo amanda, dejelo, nunca más tendrá ninfas más bellas que nosotras, cierto chicas?
Ellas querían la inmortalidad, sólo las buscaban para tener sexo con ellas, y conocían mi trabajo, mis libros eran guardados bajo las almohadas para esos ratos de espera, mientras nuevos clientes se decidían a entrar.
Ellas se juntaron en torno a sofá de terciopelo, algunas desvistieron sus escotes sin pudor, hasta mi lente llegaba el envolvente aroma de sus escotados senos, y ese olor tan particular que suelta una mujer cuando se sienten admiradas por su sensualidad. La imagen me parecía, épica, podía sentir que congelaba la historia del prostíbulo para siempre.
Modelos naaaa!!, ellas eran la belleza pura de las perfiladas imágenes que quedarían a través del tiempo y el espacio, una foto que resumiría toda la sensualidad que guardarían estas murallas, aquellas donde tanto niño enfrentó el paso suave la adultés, o las ganas de tantos marineros después de muchos días sin mujer.
Bueno, de ahí al cuarto presidencial, como le llamaban por su fastuosa decoración, y dos carnosas chicas que prometían no sólo hacerme tocar el cielo, sino que además una extasiada tarde de burdel. Los labios más suaves, los senos más carnosos y redondos de todo el puerto, y las nalgas más jugosas de toda la región.
Me fascinaba el olor a sexo que se respiraba en esa casa de remolienda, las hormónas de las muchachas, la sensualidad de los cuerpos rozados, la viveza de sus carnes, su temblar a cada movimiento, la manera en que te acariciaban y no oponerse a nada que tu imaginación deseara, era la vida misma, la fragancia a perfume francés. La carne y la lujuria a tu dispocición, todo el aire bucólico que se respiraba en esa habitación. Dos mujeres, dos historias y distintas maneras de acariciar..... la cream de la cream........
Después de ese anochecer tan placentero, volver a mi departamento por las largas escaleras fumando el más sabroso de los tabacos, aquel que se podía masticar.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Tango y burdel...

Tango, ligado desde su origen a la danza y a su desarrollo musical. Más allá de su principal labor, las prostitutas bailaban con sus clientes en patios y antesalas del burdel. En los burdeles el ambiente libertino y el alcohol desinhibían a los concurrentes y favorecían improvisaciones, obscenidades y osadías. Las letras de habaneras y milongas se modificaban y adaptaban, generando así un producto que con humor y groserías era un reflejo del ambiente que le daba vida. Era frecuente encontrar en los barrios prostibularios cafés de hombres solos donde los clientes del burdel se juntaban antes o después de asistir al mismo. Estas melancólicas reuniones se acompañaban por conjuntos de dos o tres músicos o solistas de varietés.
Ese día, sin más entré al café, al otro lado de la barra una mujer. Pedí un vaso de aguardiente, y sin más fije mi ojos en los de aquella mujer. Acostada sobre el mesón lloraba las tristezas de un amor. Ella era un farol en medio de una cortina de espeso humo, de ruido y gritos de alcohol. En la oscuridad del escenario, dos bandoneones remecían la sala, de pronto la fijación en esos ojos negros fueron ahogando el ambiente, los ruidos se empezaron a apagar, las voces parecían lejanas, mis ojos se empezaron a cerrar. El tiempo y el espacio desaparecieron del lugar. Entre el humo, una voz emergía invitándome a bailar, y mi cuerpo sin oposición se entregó al baile. Las manos a la cintura, el bandoneon volvía a escucharse, los tajos del vestido exhibieron los brillantes muslos envueltos en seda, y los senos temblaron al primer compás. Al avanzar la música, el calor y la humedad, permitieron a mis manos resbalar por la espalda hasta caer en el derrièrre, las sinuosas formas se entregaron a la pasión, sin defensa alguna, derrotadas por el deseo de dejarse tocar, de volver a sentir que estaban vivas, que alguien las deseaba y que las quería poseer, aquellas abandonadas por algún estúpido don Juan. Las nalgas temblaban tras el delgado género del vestido, los sexos se acercaban sin pudor, se rozaban y encendían entre notas fuertes y frágiles a la hora de girar, las piernas se enredaban como amantes desenfrenados, desenfadados, sin temor a quienes gozaban fisgoneando tras las copas a medio beber, mi mano se perdió en la partidura del vestido, y mis dedos gatillaban los elásticos del porta-liga, para acceder a la piel desnuda que se desvestía tras cada movimiento sordo, pues los bandoneones volvían a desaparecer tras los pensamientos confusos que develaban nuestras cabezas. Las manos hacían delicias, ella había dejado resbalar su mano de apoyo, para perderse en la abultada forma del pantalón, aquel que me acusaba de excitado y perdido escritor. Aquel que no dejaba un instante del día sin pensar en una mujer. Los bandoneones se acercaban al final, sus senos se despegaban de mi pecho, sus labios agradecían con delicado beso mis caricias, y sin decir más se alejó de mi para perderse en la lluvia que empezaba a caer sobre los adoquines del viejo barrio, mientras los faroles la seguían hasta perderse en la oscuridad.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Seducción...

Camine largas cuadras bajo la lluvia, a pesar del viento que corría ese día, el músico tocaba en la esquina del café, abrí mi paraguas para dirigirme a casa, al pasar frente a él, hizo un guiño con su sombrero, el capriccio n° 7 de Paganini sonaba un poco destemplado, los entumecidos dedos del músico no se rendían aún, solté unas chauchas en el estuche del violín y corrí para guarecerme de la lluvia en el portal del edificio, la maldita cadena del llavero se había enredado una vez más con la cadena del reloj que había heredado de mi padre.

Al subir las escaleras, frente a mi puerta, las botellas de leche que había dejado el lechero en mi portal, destilaban por los suelos el dulce manjar, el gato de mi vecina lo había echo otra vez. Cansado de lo mismo, golpeé en su puerta tratando de exigir una explicación... al abrirse , la vieja puerta raspo los baldocines hinchada por la humedad...

- Gustab... que sorpresa, había esperado mucho por conocerle- Alejandra, la chica de sociedad, de apellidos emperifollados... García Montes, susurraba mi nombre como una canción...- leí su libro "Las manos de Elena".. me sedujo como la miel a la abeja, y desde ese día me propuse conocerle...
- Si, mire, la verdad es que yo quería hablar....
- Claro pase, pase.¿ una copa de Ron?. - La verdad, es que sus ojos verdes me sedujeron desde el primer día en que la vi, acostumbraba fizgonear por la cerradura de mi puerta cuando salía a recoger la leche cada mañana.
- No, la verdad es que es muy tarde, me iba a acostar-
-No no no no, beba una copa conmigo, me cambiaré, mientras podría dar cuerda a la vitrola...

Se abalanzó sobre el biombo de caoba de tres hojas, mientras yo daba cuerda al aparato, de donde la trompeta de Luis envolvería el ambiente. El departamento olía a perfumes, frascos vacíos y otros en un maletín, liberaban sus aromas hasta la embriaguez... La cola de mi abrigo al pasar hizo rodar algunos frascos.. la torpeza me confundía.. mientras ella agitaba sus ropas tras el aparador.
- ¿A que se dedica Alejandra?- pregunté...
-A la venta de perfumes- la obvia respuesta me hizo avergonzar.

Al salir del biombo, una bata de raso rosa la cubría, tras las telas sus senos bailaban libremente. La imagen era sobrecogedora, su belleza deslumbraba por el sólo echo de existir. El cabello cayó sobre sus hombros luego de una sensual sacudida de cabeza. En sus manos dos vasos de Ron. Al pasar a mis manos a la distancia, su bata no pudo sostener la forma de sus pechos, una rozada aureola se asomó... sin vergüenza alguna, los volvió a acomodar.

-Tome asiento Gustab- Al sentarme, los cojines de cuero soltaron el aire, y algunas plumas volaron de él.
Se acomodó sentándose en el piso sobre el parque, y su cuerpo se apoyo sobre mis piernas suavemente.
- ¿No le importa verdad?- sus ojos me miraron coquetamente, mientras sus labios sonreían luego de morder sugerente sus labios.
-n... no!, no se preocupe - respondí temblando de excitación.

Mientras me hablaba, sus manos resbalaban sobre mis muslos sin pudor, hasta que finalmente abrió sus dedos en forma de tijera y los deslizó por mi bragueta, desabrochando cada botón. Su mano tibia se posó sobre mi sexo, hasta soltar el último botón, lo tomó con suavidad, pronto la tibieza de su boca lo envolvió. Caí pesadamente sobre el respaldo del bergier, perdiéndose mi mente en el limbo de los deseos... mis ojos divagaban por la habitación, grabando cada rincón donde se detenían, al caer sobre el biombo pude ver, que de su borde, la delicada bombacha de seda colgaba sin pudor.
Cuando desperté del trance, sus caderas serpenteantes montaban sobre las mías creando ondulantes sensaciones en mí. Su vientre en oleadas ayudaba a empujar hasta hundirse nuestros cuerpos suavemente en el bergier, el que a cada movimiento, liberaba cortinas de plumas de ganso, pero ya era tarde para fijarse en él. Sus gemidos eran delicados, muy sutiles, mis ojos se cerraron dejándose llevar, el silencio se apoderó del cuarto, el disco se había acabado, y la vitrola zigzagueaba, sin encontrar un pista que tocar, ella sostuvo mi cabeza apretándola contra sus pechos, y conteniendo la respiración, liberó un sutil gemido, la petit mort le había alcanzado, con la misma sutileza con que me había echo el amor, los fluidos se enlazaron para terminar con la sinfonía que el disco había dejado de tocar.
Luego de un rato sosteniéndola de sus nalgas la dejé caer suavemente sobre el sofá, y abotonando la bragueta de mi pantalón, me levanté para abrir la puerta que me liberaba de cualquier responsabilidad.
Al entrar en mi habitación, me asomé por la ventana, el último tranvía anunciaba la hora de dormir. Encendí un cigarrillo y me tendí en la cama para disfrutar del perfume que me había dejado esa extraña situación.
Alejandra García Montes, lindo nombre para una escritora de marca mayor. Miré una vez la Royal, la hoja seguía enquistada en el rodillo sin una letra que leer.

Magazine... en el Biógrafo.



LLevaba muchos días sin ir al biógrafo. Pero ese día domingo no había nada más que hacer, el invierno nos calaba cada vez más ondo, las calderas del edificio estaban en reparación,cansado de pasar frío, me encamine bajando por colón a la nueva sala del Plaza, la que prometía una gran inauguración con la película "Casa Blanca", la magia del cine acaparaba por estos días toda mi atención. Bajé caminando las interminables escaleras que me llevaban al centro.
La boletería estaba llena, la filas interminables para el gran estreno daban vuelta a la esquina, todos comentaban las elegantes terminaciones de marmol blanco que excibía el frontis del teatro.
Como siempre me escabullí por el callejón, ahí estaba Martín, el acomodador que siempre pedía mil pesos por el mejor lugar. Hicimos a un lado la bella cortina de terciopelo que anunciaba elegantemente el escape, mis pies se undían en la mullida alfombra del Corte Inglés, y ubicandome al centro de la sala me preparé.
Las Elegantes cortinas se abrieron ante mis ojos transportandome en tiempo y espacio, el magazim anunciaba la Inauguración del Nuevo Teatro Colón, y como invitado estelar a dicho evento,el más grande de los tenores, Enrico Caruso, un lujo que en este pais no se podía dar, creo que fué lo más cerca que estube de Caruso en mi vida.
Las calderas del biógrafo me alejaban de mi triste realidad.

jueves, 6 de septiembre de 2007

El Burdel....

Esa mañana estaba fría, el frío se colaba por mis vestimentas congelándome, tome el viejo ascensor de los astilleros, las tablas se apretaban gruñiendo al abrazarse, el intenso olor a cera mareaba mi mente creando una suspención en el tiempo. Afuera la intensa neblina no dejaba ver el puerto, un metro quizás de miradas me separaban con el vacío, y si caía jamás sabría de que altura.
Al llegar abajo y tomar el oscuro callejón de luminarias a medio encender, pase frente al burdel de la japonesita, la comadrona empezaba a cerrar las aldabas despidiendo a los marino que habían bajado del Royal, un buque inglés que transportaba desechos radiactivos, hacia el golfo.... Los ojos enrojecidos de los marineros delataban el largo trasnoche de juerga y licor. Al pasar frente al portal su voz susurrante y llena de carraspeos provocados por el tabaco barato que consumía, me invitaban a pasar...

- Mi dulce Gustab, te olvidaste de mi?
-Hoy no Amanda- besé su mejilla y continué caminando para alcanzar el puerto....

Amanda era la dueña del burdel, aquella capaz de llevar a la cama, las fantasías más arrebatadas que podría imaginar la mente humana. Le decían la japonesita por la forma que tomaban sus ojos cuando cumplía el deseo de un hombre al tener sexo anal. Conocida por su preferencia con las mujeres, pero de separar sentimientos a la hora de cumplir eróticas pesadillas... lesbiana por elección ... podía en una noche compartir el bronce de su cama con la chica de moda del burdel coronada con un marinero excitado, y hasta recibir a sus concubinas cuando necesitaran de su ternura... el sólo mirar sus ojos hacía soñar y desear fizgonear sin que ella te viera mientras hacía el amor... yo ya había pagado por eso, y creía que no me quedaba nada por ver... pero sus rozadas carnes me volvían encender cada vez que la veía... ese día en particular, había encendido la mecha al pasar, sabía que esa noche terminaría entre las sabanas de su burdel.
Al llegar a la calle Arturo Prat, frente al viejo caserón me detuve para encender un cigarrillo... miré hacia el campamento y me pregunté... ¿ qué hago aquí, es que me dejaré llevar por las fantasías de una chica que no conozco?
No demoré en contestar a la más estúpida de las preguntas que me había hecho.... y apagando el cigarro en los adoquines, me alejé del lugar para dirigirme a tomar un café negro en el Inglés..... y pensando en que sorpresa me tendría para esa noche Amanda en el burdel.