Entradas

Asomagado.

Imagen
Escape del hospital por las puertas de servicio y corrí a refugiarme en mi departamento. Al entrar , las cuentas no dejaban correr la puerta, y el olor asomagado se apoderaba de mis sentidos, la sensibilidad aparecía en mi rostro humedecido por la niebla que cubría el puerto.  Un frío se apoderó de mi. Había decidido cerrar mi ventana.... pero la brisa se coló entre los maderos y la humedad volvió a brotar dentro, echaba de menos recorrer los cuerpos desnudos que dibujaba día a día mi mente, echaba de menos el aroma a sexo entre mis sábanas.... al abrir las persianas pude descubrir nuevamente el puerto, el aroma a café lo inundaba todo esa mañana... las persianas de los negocios volvían a descerrajar los candados, había mucho bullicio, la mañana se veía agitada. Volví a escuchar las gaviotas, sus graznidos roncos y dormidos, me habían despertado de un largo sueño...  Llevaba muchas horas encerrado golpeando las teclas y doblando papeles sin saber que escribir, cuando es...

El placer del otro.

Imagen
Al cerrar mis ojos ante el último movimiento que rozo mi deseo, dejé   caer la noche cargada de estrellas. Mil bermellones se dibujaron en mi cabeza, mientras la sangre iba y volvía en mi cuerpo... La tensión se dibujó en mi cuerpo, detuvo mi corazón por un instante,   arqueando mis caderas, se contrajo mi pecho   quedando suspendido en el   aire...   Ahí , donde se detiene la vida, donde las ideas rebotan sin sentido... un silencio que se hace eterno, hasta que estallas cayendo al más profundo de los abismos. Cual infinito, de sub reales   jadeos   sin sentido, liberando todo en un pincelazo , el más cálido y exquisito. y Al segundo,   me liberas abriendo tus piernas, para soltar todo el resto, donde tus ojos puedan ver la expresión de mi rostro. La expresión más pura del clímax, transparente e inevitable... donde los gemidos sueltan y liberan gemidos de placer, restos de un orgasmo que disfrutas sentir ... donde el clímax del otro te ha...

Ocres y azules...

Imagen
Hoy los pinceles permanecen secos, sin vida. Entre sus hilos se esconden azules permanentes y ocres cansados, no logran suavizar sus crines. La pintura se reparte en grumos de verdes azulados... amarillos tristes que no dejan de buscar su color. Secos, están secos, la trementina no logra suavizar sus cerdas. La paleta de colores empastada, luce oscura, no distingo los colores, me pesa el alma entre morados, entre rojos coloniales y oscuros negros fúnebres. Mis manos duelen, sienten como los clavos perforan un reumatismo incansable, los tubos lloran colores aceitosos que no logran adherirse firme a la tela. Mmmmm, la pastilla es cada vez más amarga, no distingo los colores, las malditas pastillas los hacen borrosos a mis ojos... Son pinceles cansados, las  paletas viejas y los oleos secos. Los rostros son agrietados en mis pinturas, aunque trato de suavizarlos con la trementina y sus componentes.  La gente ríe al verlos, los retratos lucen cansados, sus ojos tristes y grue...

Tocar-te. Margarita.

Este resumen no está disponible. Haz clic en este enlace para ver la entrada.

El culo de Aya.

Imagen
Color de trigo, abre tu sexo para jugar entre tus espigas. Déjame cebar el pan a besos, descubrir tus senos movidos por el viento, déjame amasar tu deseo con mis dedos, arbolar tus nalgas con mi sexo.... Aquí en el puerto, desnudo tras la ventana, enfriado por el tiempo, y cubierto de espigas que me trae viento. Desnudo... y derritiéndome entre las sábanas , suspirando para que me liberes de mis jadeos... gimiendo al febril azote de mi miembro, lagrimeando entre mis dedos el calor que no deja escapar mi cuerpo.  Mojado por tus palabras, y la fotografía de tu culo en andas. Escupiendo recuerdos de nuestra ventana, y escuchando tus gemidos traídos por el mar hasta mi cama. Gustab... delirante piel.

La boca de María.

Imagen
La gran puerta de fierro se abría, convirtiendo en carne el frío hierro... sugerentes voces, sin antes sentir las manos golosas que le hacían retorcerse del deseo, le hacían abrir la boca para dejar caer gemidos. Lo liberaría de sus pesares, de su angustia, de todo aquello que le hacía mal... María abierta, y yo empujando con mi sexo los pestillos que no dejaban de caer...  Jadeaba fundida en mi boca, mordía mis labios y buscaba con sus dientes arrancar el último aliento que me quedaba.... Cuando sintió que le decía a su oído cuánto la deseaba , volteó para enterrarse en mi sexo devorando la frágil piel que lo cubría, agitó las carnes para apurar la agonía, hasta derramar todo aquel ardiente liquido que no dejaba de expulsar en su garganta... cerró sus ojos guardando en su mente cada instante, cada gota, dónde no dejaba de derramarme, de poseerla... Sus piernas se separaron para dejar que su sexo se abriera en mis labios mojando con su espeso jugo mi lengua  perdiéndos...

La íra ...

Este resumen no está disponible. Haz clic en este enlace para ver la entrada.