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Mostrando entradas de 2008

Crisis económica...

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El mundo se encontraba en jaque, wall street caía irremediablemente, las bolsas europeas seguían de lejos los movimientos que se daban en USA, y aquí la cosa no era distinta, los políticos anunciaban nuevas medidas para detener la caída, pero los empresarios locales no esperaban. El desempleo hizo crisis, y yo no lejos de esa realidad dejaba el diario El magazim el día 31 de Diciembre, como para esperar un muy buen año nuevo. Reducción de personal fue la escusa, noble a mi personalidad, no dije ni discutí nada, entregué mi puesto y me encamine hacia las escalinatas. Ya era tarde, el sol se perdía en la linea del horizonte, y las luces del puerto empezaban a titilar a lo lejos, como un inmenso árbol de pascua se encendían los faroles uno a uno, cumpliendo la trágica frecuencia. Entré al bar sin decir palabra, pedí un vaso de aguardiente y me dejé llevar por la circunstancia del momento. Al final de la barra había una mujer cabizbaja, un anís mojaba sus labios haciéndolos brillar por el...

El vuelo del colibrí...

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De vuelta en el puerto, vuelve la tranquilidad, busco el espacio para detenerme y pienso...... Hoy estaba sentado en el jardín de la plaza de armas, mucha gente revoloteaba por el lugar. Los elegantes sombreros de copa alta y los sombreros de las damas, pintaban de hermoso colorido el lugar. Los casquillos de los caballos que tiraban de las victorias, marcaban el compás del lugar. Era una hermosa mañana primaveral, los jazmines y rododendros ponían esa nota de fragancia tan particular. Los jardineros de la municipalidad, regaban y arreglaban los frondosos árboles del lugar, todo transcurría en un tiempo cansino. La tierra mojada aceleraba los sentidos, sólo el táctil y el sabor no se habían echo presente. Curioso, pero no tardaría en llegar. Sentado en la banca de la plaza, dejaba que el tiempo se detuviera envolviendo de escenas brillantes el lugar. Un vuelo caprichoso de un colibrí llenó el lugar. Este revoloteaba afanosamente entre los azahares del lugar, Las Fucsias le coque...

Malena....

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" Algún día escribiré un poema que se limite a pasar los dedos por tu piel"... eso leía cuando sentí erizarse mi piel, ahí, detrás de la barra estaba ella... de rostro cabizbajo ... de ojos cristalinos y una sonrisa entre lágrimas. Entre sus dedos, una boquilla de mentolado aroma a tabaco inglés. Alguien me habló alguna vez de una mujer de sensual mirada, poeta, y que se pasaba los días tarareando algún tango encontrado por ahí, en alguna vieja fonola de quizás que bar..., al otro lado de la barra..., su procedencia no la sé, le llamaban Malena, aquella que alguna vez inspiró un tango...Me acerqué a ella y........ Las luces de Buenos Aires se apagaron de una vez, el bar a oscuras dejaba escapar lamentos de los parroquianos que estaban allí: - Muchachos el toque de queda a caído una vez más...- Las farolas de la entrada al bar fueron encendidas para proteger la salida, y los ánimos se calmaron, voltee para mirar a Malena, ahí sólo unas brazas de un cigarrillo aún anunciab...

El Hotel de la Barriada...

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Una vez que logré recuperar la libertad, viaje a la capital para tomar un carro, que me llevaría a buenos aires. El frío de Santiago me hacía tiritar, aunque esta ciudad me fascinaba, no dejaba de pensar en aquellas calles fuertemente iluminadas, la humedad del ambiente que se apoderaba por las noches de esa bella ciudad, las tanguerías, los arrabales, los bares copados de cristianos enardecidos por el bullicio de la gran capital. Al llegar allá buscando la libertad, me encontré nuevamente un mundo que vivía de noche,calles adoquinadas como mi puerto querido, faroles a medio encender, ese aroma rústico del café fuerte, el ron, los perfumes que maleaban el ambiente, los choros tirados sobre el pavimento mojado gruñendo las desgracias del mundo entre sus nudillos, ese vaso medio vacío, y el particular bandoneón que no dejaba de tocar, las pibas de cortas faldas a media luz y aquellas porta-ligas que nos hacían soñar, aquellas que ahogaban los muslos blancos de brillante carnosidad, ese...

La brisa del mar....

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Por fin había logrado escapar del mundo de barrotes, ella había dejado la puerta abierta, la oscuridad se disipaba y yo corría por los pasillos mientras los demás gritaban como locos. Aferrados a los barrotes gemían como verdaderos simios, otros ladraban como los perros. Entre gritos divisé la luz, los muros parecían juntarse al fondo, pero corrí sin mirar atrás , hasta que por fin de un golpe se abrió la última puerta de barras de fierro alemán fundido en canteras germanas. La brisa del mar golpeó mi cara, y aunque oscuros los adoquines brillaban mojados por las lloviznas que se dejaban caer sobre el puerto. Ese olor a tierra mojada me gritaba que estaba en libertad, y las nalgas redondas de la última enfermera, habían dejado un aroma a jazmines sobre mis labios y nariz, un sabor profundo me impregnaba la boca. Era dulce y fuerte, fragante como un amanecer en primavera. Estaba desnudo, ella se había guardado mis ropas para no olvidar esa última noche. Esa que había decidido que s...

Mi cárcel de cristal...

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Siento el ardor por dentro, siento como el fuego va quemando mis vísceras, mi cuerpo se encoge con gran dolor… quema… quema… hoy la sangre brota desde adentro, sin aviso, sin sentir, el púrpura cubre mis desechos, y siento como la angustia se apodera de mi. Mi alma sangra por dentro, mis ojos lloran angustias, pero al caer la noche , la brisa del mar me alcanza, la brisa del puerto entra fresca entre los barrotes, pareciera que las olas golpean bajo mi ventana. Al encaramarme sobre la ventana, veo las luces del puerto tililantes a lo lejos, los neones se reflejan en los adoquines mojados y una que otra mujer de cortas faldas y porta ligas negros me miran, sus caras llenas de angustia reflejan su desazón, ellas quisieran liberarme, pero saben que estoy preso de mis sentimientos, ellas quisieran responder a mis gritos de auxilio, pero los gritos se van ahogando en la noche porteña. Sangro en silencio, y las caricias de aquellas manos suaves que me atienden, suelen recorrer mi pecho desn...

Entre los barrotes...

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" A través de la pequeña ventana,un cálido rayo de luz,calentaba el cuerpo desnudo de Gustab. Sus ojos semi cerrados se dejaban acariciar por el cálido resplandor. Fija la mirada entre los barrotes buscaban liberarse, de aquella blanca habitación en la que vivía recluido desde hacía días. El sueño que le producía la blanca pastilla, le hacía caer minuto a minuto en sueños de resplandeciente belleza. La aguja cortaba sus muñecas para sacar la tinta que aún brotaba de las heridas. Uno tras otro los poemas se ensangrentaban en las servilletas. Gustab, perdido en la depresión y la soledad esperaba que algún alma caritativa le liberara. ¿Cómo hacer para que sus notas se convirtieran en alas que le ayudaran a salir volando por los barrotes?, ¿Cómo hacer para que su propia sangre se convirtiera en el combustible para cargar la nave que lo llevaría a los brazos de aquel señor del que tanto le habían hablado cuando niño?. Hoy atrapado por la soledad sólo espera el momento para volar y atr...

La ventana...

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"Déjame entrar como cada noche por tu ventana, deja que sea la brisa que recorra refrescando tu cuerpo. Sentirás mi presencia cuando los vellos se ericen en tu piel. Como cada noche abriré tu ventana, sin despertar tu sueño tranquilo. Me acercare a los pies de tu cama, tiraré de la colcha que cubra el tesoro que vine a buscar. Sentirás como tu cuerpo se refresca al bajar las telas deslizándose por tu piel, serena y tranquila, tus ojos cerrados me esperaran llegar." Como un delirio, y detrás de las gruesas rejas de la prisión, deliraba Gustab, tras la atenta mirada de las enfermeras, mientras el cuerpo desnudo del escritor, dejaba que sus manos les poseyeran. " Abriré tus piernas y dejare que mi sabor te recorra, que tu piel se abra entre telarañas de deseo, el jugo de la vida correrá por tu sexo cálido y abierto, beberé del manantial que florezca de èl..." Así escribía en la pequeña servilleta, el la que la sangre de las heridas, servía de tintero para los poem...

Colapso....

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La angustia del frío y sombrío invierno en el puerto habían sumergido a Gustab en una profunda depresión. Las reiteradas embriagadas con agua ardiente y el fuerte tabaco que fumaba día a día, habían deteriorado la salud del escritor. Un mundo repleto de desenfreno erótico habían llevado al personaje a un mundo oligofrénico, casi tan distante como su razón. La soledad que le acompañaba lo iba arrinconando en un pasaje de su vida, donde los laberintos se sucedían uno tras de otro, donde las puertas se iban cerrando a su paso, hasta sumergirlo en una angustia que le arrancaba de cuajo cualquier atisbo de creatividad. La empolvada Royal, con hoja enquistada, parecía predecir el rumbo donde el desaparecería hasta convertirlo en un alma delirante y congestionada de ideas inconclusas. Un alma sin rumbo determinado. Sensuales imágenes ocupaban su mente, cuerpos desnudos que habrían sus piernas para ofrecerle cálidas caricias húmedas. El mundo del bacanal encuentro amoroso con el erotismo y la...

Irónico Placer....

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Los ojos de Teresa...

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Melancólica tras la barra de un bar la vi por primera vez, el vaso del fuerte licor mantenía su mirada extraviada en algún punto lejano. Fijos, herejes, apasionados, rebeldes, extraviados, irreverentes, amenazantes, sugestivos, extraños, pero bellos sus ojos iluminaban el bar, no había nadie que no los hubiera notado. Teresa era así, tras sus pupilas se agolpaban las ideas más revolucionarias, su vanidosa personalidad la convertía en estrella donde iba. Los hombres y las mujeres solían enamorarse de ese ser luminoso que las seducía con esos verdes manantiales de infinita profundidad, hasta la languidez de su mirada ocupaba los sentidos que poseíamos, atrapaba cada uno de los ojos que revoloteaban a su alrededor. Ese día Teresa tramaba algo, tras el humo del cigarrillo y los brillos del dorado licor, las ideas se iban dibujando en su mente, cada detalle parecía pensado con detención, las horas no pasaban por la pausada existencia de esta joven escritora. Sus ojos verdes dejaban entreve...

La esencia, Teresa.

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Hay miradas que a uno lo pueden transportar al infinito o a esferas que van más allá de lo comprensible. Pero hay otras (las menos) que aparte de llevarlo a uno lejos, definitivamente lo matan, lo hacen replantearte este viaje llamado vida como un nuevo ser, como un iniciado. Cuando me enfrenté por primera vez a la mirada de Teresa Wilms, en esa preciada fotografía tomada en Buenos Aires en 1916, comprendí realmente lo que significaba conocer una mujer con esa clase de mirar, a una "mujer fatal". En ese momento pasaron a mi olvido voluntario mujeres como Matta Hari, Isadora Duncan, Anais Nin o las hembras de Gustav. Pero esta mujer, tan poco conocida, pitonisa de las letras, generadora de tantas pasiones e incluso de un suicidio, ha sido una heroína olvidada por el pueblo chileno, como suelen decir acá, en la patria del sur: Ha recibido "el pago de Chile". Intentando resarcir, en parte mi olvido, de tantos años.Esta primigenia Marilyn Monroe, arquetipo verdadero de...

El maestro de violín....

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En mi vida he pasado por muchas cosas, entre ellas en la juventud, estudié música en el conservatorio, mi madre me había obligado a estudiar violín desde niño, y mi padre insistió en que siguiera en el conservatorio. Tenía 16 años cuando me presentaron con el maestro Paolo, un maestro italiano que había dado su vida por el estudio de uno de los instrumentos más complejos que pueda existir. Obsesivo y proteccionista hasta la muerte. En esos años el ser músico era tan importante como tener un hijo sacerdote, y así me fui perfeccionando a través de los años hasta convertirme en un mediocre músico de bar. Éste maestro era conocido por su esquizofrenia al mirar a la música y el perfeccionísmo. Tenía como alumna a una chica de 18 años, Slova Kusinka, una soviética hermosa y talentosa, a la que venía preparando muchos años para el día de su debut, eramos compañeros, y muy competitivos, pero los años de practica hacían de esta chica una eminencia de las cuerdas. Exquisita mezcla de músico ...

La ventana del sanatorio...

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La lluvia caía intensamente, las bajadas por las escalas de piedra eran verdaderas cataratas, sentía mis pasos inseguros. Me apegue a las murallas para no resbalar, y cuando pasaba frente a la ventana alguien golpeaba adentro. Su rostro detrás de los cristales era extraño, su mirada perdida en le lejanía me perturbo los sentidos. Sus ojos eran tristes, su mirada extraviada, sus gritos de auxilio pasaban los cristales. No se que me hizo entrar, pero pidiendo resguardo a la lluvia, me introduje en un mundo muy extraño. Miles de caras se agolparon sobre mí. Sus cuerpos estaban desnudos, el frío parecía no existir ahí. La morfología que escondían estas murallas me transmutaron a otra dimensión, una dimensión que no me dejaría escapar dócilmente. Una mujer mayor empezó a desnudarme, cuando traté de impedirlo, otros se vinieron encima, sin poder escapar, perdía la cordura entre rasgados trapos que apenas cubrían mi cuerpo. Los ojos estaban puestos sobre mi, impúdico me paseé desnudo entre ...

La chica del tren...

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Muchas veces había tomado el ferrocarril, generalmente este iba vacío hacia el interior. Ese día al subir me sentía acorralado entre mis sentimientos, debía escapar, de ese mundo que me aprisionaba. En el último asiento, a un costado del baño una chica de ajustada falda blanca insistía en buscar entre los árboles que alcanzaba ver, algo... no se qué, su vista se perdía en la intensidad del paisaje, aquel que raudo pasaba frente a sus ojos. Era extraña. En un momento se paró de su asiento, y recorrió el largo pasillo, mis ojos la seguían. Tras la delicada falda se distinguía claramente su derriére dibujado, tan avezadamente redondo y delicado, como si la falda fuera su segunda piel. Entre los azotes contra los durmientes, y el bamboléo del tren, sus nalgas se iban de un lado a otro, ella trataba de mantenerlo en equilibrio, y con delicados movimientos de cadera, hacía del espectáculo algo casi irreal. Esas nalgas eran la perfección misma, Holiwoodences. Parecía la reencarnación de Maril...