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martes, 3 de noviembre de 2009

Letras de sangre..

Ese Día la inspiración había alcanzado mi cabeza. En el maldito sanatorio había recogido la historia de una monja que había terminado igual que yo al ser testigo de algo que había visto con sus propios ojos, esta que inspiraría el último de mis cuentos, antes de volver a caer en depresión...

" Ese día en el claustro una aroma envolvía la capilla donde las religiosas acostumbraban a orar. El cristo de madera, de tamaño natural que tanto amaban las religiosas sangraba de sus manos envolviendo de un cálido aroma el ambiente. Al entrar Socorro a la capilla, sorprendida por el sangramiento de las manos del Cristo, se acercó para orar y en sus oraciones le hablaba con pasión.
- ¿Porqué mi señor de tus manos cae sangre? -
Los labios de la religiosa se abrieron para recoger el hilo de sangre que corría por el cuerpo de la imagen de madera sin dejar de repetir:
-déjame recoger tu sangre, purifica mis palabras, yo que te amo, deseo beber de tu carne el sabor sagrado de mi sacrificio y de tu amor eterno.
A medida que la sangre corría por el vientre de madera, Socorro lamía la sangre, y sin detener su pasión por la imagen, no se detuvo hasta caer y recoger sobre el género que cubría los genitales de la imagen, la sangre que por ahí corría. La cálida imagen de madera empezó a tranformarse lentamente en carne, y la sangre se fue convirtiendo en sudor, sudor de Cristo. La religiosa sorprendida, levantó sus brazos e incrédula, posó sus manos sobre el pecho vivo, donde el corazón de la figura se podía sentir palpitar agitado.
Su pasión por cristo lo traía a la vida para convertirlo en carne, beber del sudor de su cuerpo. Los labios de la monja circundaron los pezones del Cristo. La religiosa extasiada por la aparición demostraba su adoración bajando con su boca por el cuerpo que no dejaba de temblar entre sus dedos, hasta colgarse del genero que cubría el sexo sagrado de aquella imagen, que tantas veces había imaginado en sus sueños. El vientre de Cristo entumecido por los labios de la monja se convertía en agua, mientras su sexo erecto se dejaba ver sin pudor en gloria y majestad. La monja temblando entre sus dudas, lo rodeó con sus dedos para sostener el sagrado miembro del que nunca se había hablado, y menos , alguna vez blasfemado. Tirando de la delicada piel que le cubría, lo besó con pasión y deseo, mientras que de los labios del Cristo hecho carne, se escapaban delicados gemidos. Con ternura y amor, casi mágicamente, los dedos de la monja liberaron, clavo a clavo, las manos y pies del Cristo, que ya habían dejado de sangrar, y apoyando las perforadas manos en sus pechos, dejó que los delgados y finos dedos la desnudaran. La monja mordía sus labios dejando que el amor que le profesaba, hinchara sus senos y emergieran sus pezones levantados por el deseo, los que se fueron endureciendo entre los delgados dedos de Cristo. El hábito que cubría su cuerpo se fue deslizando por sus hombros hasta mostrarse en completa desnudez ante los ojos llorosos de la imagen convertida, ella se arrodilló, acercó su rostro hasta el sexo endurecido, para delicadamente tragarlo con deseo. Las piernas separadas de la monja clamaban mojadas con néctares biscosos que se convertían en lágrimas de deseo al engullir el sexo de su amado, al deslizar sus labios por el duro miembro erguido, enredado en venas verdosas e hinchadas por las caricias de la religiosa. Cada embestida de sus labios iban doblando las rodillas del cristo del madero, hasta que porfín liberaron todas sus bendiciones en la boca de la monja, la que al sentir el caliente líquido que la enmudecía, caía extasiada sobre el frío suelo de roca, dejando abiertas sus piernas para ofrecer su púrpura interior santificado por las promesas de celibato y virginal sacrificio. Al despertar del extasiado momento, sintió como el sexo endurecido del cristo que alguna vez fue de madera, le poseía. Angustiada por los años de deseo, dejó que su cuerpo aceitado por sus líquidos internos, se entregara en suave penetración, y entre abriendo sus labios gimió su nombre:
- Cristo, mi amado Cristo, seré tuya para siempre......
Los delicados y celestiales movimientos en su interior, fueron sofocando su corazón, y entre contracciones y gemidos el aire se fue de su vientre para explotar en gritos de placer, espasmos y sonidos.... hasta que su corazón se detuvo para siempre.....
Dicen que la encontraron al otro día muerta, abrazada a la imagen del Cristo de madera, mientras sus dedos se perdían bajo el hábito que la envolvía ya hace siete años."

La historia habría las puertas de viejas converzaciones que se tejían tras las gruesas puertas de un convento, quizá la historia que rompería con todo lo que alguna vez sentí al querer tomar los votos.

Gustab, fuera de lugar.

lunes, 27 de julio de 2009

"Rememoransas.."



" Cuando eramos niños, la familia se juntaba todos los domingos después de misa en la casa de los abuelos... fue así como descubrimos la sexualidad. Elena y yo eramos muy compinches desde niños, solíamos bañarnos el el estero que pasaba por los potreros del campo de los abuelos. En ese estero no bañábamos desnudos en cada verano. Y solíamos molestar a las nanas cuando lavaban en la alberca toda la ropa, pues el agua era un bien escaso y el agua potable se debía cuidar. Con Elena solíamos escondernos tras los matorrales para mirar bajo las faldas de ellas, quienes descuidada mente subían sus faldas para esas labores. Si bien eramos unos niños la sensualidad la llevábamos bajo la piel.Cuando nos desnudábamos solíamos quedarnos mirando a los ojos para luego explorar el cuerpo del otro. La fascinación por nuestra piel era evidente, creo que hasta se podía hablar de amor, eramos unos niños libres y sin maldad... Pero la vida avanza y nuestros cuerpos fueron cambiando en esa medida. Mis genitales se hacían más grandes mientras los pechos de Elena crecían con una belleza difícil de explicar, hasta que un día el hombre que crecía dentro de mi, no pudo ocultar su condición, y en esas exploraciones junto al estero, tuve mi primera erección... los ojos de Elena estaban extrañamente confundidos, y su curiosidad no se hizo esperar.Sus manos se acercaron a mi queriendo descubrir que había pasado, y aunque un poco asustada, al igual que yo creyendo que un bicho me había picado, no detuvo su curiosidad. Aunque sentía un poco de pudor, la sensación que sus dedos causaban, daban vuelta mi mente transformando las sensaciones que en ella se acumulaban... le pedí que nos fuéramos y que más tarde conversaríamos. A la hora de la siesta solíamos dormir juntos en la pieza de los tatas, y ese día no sería distinto. Pero la curiosidad de Elena estaba fresca en su mente y me susurró al oído que me desnudara, pues quería volverme a ver... y esa manera de pedirme las cosas, volvió a disparar mi mente creando sensaciones incontratables en mi cabeza, y cuando estaba desnudándome, sentí que una corriente recorría mi cuerpo hasta sentir cosquillas en mi sexo. La condición que yo puse era que ella también debía dejarme explorar en su cuerpo.Fue así como en unos segundos ambos estábamos desnudos y mirándonos a los ojos... pero ya no era igual que antes, algo había cambiado... y nuestros cuerpos temblaban en la soledad de la habitación. Al principio, sentíamos que algo nos hacía mirar de reojo nuestros cuerpos que nunca habían sentido pudor.Mientras ella miraba yo recorría con mucha atención el de ella, estaba más hermoso que nunca, y volvió a pasar... mi sexo se hinchaba sin control. Ella no tardó en tomarlo y su expresión fue un aliciente para ir yo más allá, y mis dedos tocaron el suyo...Mi mente daba vueltas y vueltas hasta causar mareos, y los dedos de Elena, imprimían nuevas sensaciones en mi cuerpo, mi pene pulsaba creando olas en mi vientre, mientras yo no dejaba de tocarla con un poco de tosquedad... sus palabras fueron tan suaves como sus suplicas,- tòcame más suave Rodrigo, me duele...- y yo aunque asustado por las sensaciones, obedecí sin chistar. De ahí, todo fue suave, hasta sentir como su sexo se humedecía y ella gemía raramente, pero lejos del dolor. Además me animé a tocar sus senos, y pude ver con sorpresa que sus pezones crecía entre mis dedos. Yo había visto a las nanas darles de mamar a sus bebés, y tuve la idea de hacer lo que ellos en sus senos. Aunque eran muy pequeños, su suavidad era exquisita, y sus pezones tenía un dulzor especial... sus manos dejaban de ser vergonzosas y sus toqueteos empezaron a crear dolor en mis testículos, además que mi sexo alcanzaba un tamaño y una hinchazón que no había sentido nunca, y me movía el cuero para atrás para ver que había debajo de la piel, en uno de esos tirones, mi pene empezó a sangrar y vi con horror que me había tirado tan fuerte, que mi piel se rasgó dejando una cabeza dura afuera, por lo menos eso creí ese día... - me sacaste la piel deja de tirar, - entonces ella asustada me dijo que no gritara que ella me iba a curar, y dijo que ella cuando le salía sangre, se chupaba la herida y que así la sangre no salía más... y se lo llevó a la boca sin más... la verdad es que el dolor se fue... y la sangre con él. Pero de pronto mi mente se nubló y algo escapó dentro de su boca mientras lo hacía, era blanco y cremoso... espeso.. como pud, como la materia que tira una infección... y eso que me había dado un rica sensación, se convirtió en un problema más grande aún, pues luego de esto, asustados por lo que me había pasado le contamos a su mamá... La reacción fue muy inesperada, la tomó y la desnudó frente a mí, luego con una gran varilla le dio en sus nalgas sin compasión, repitiendo una y otra vez que lo que habíamos hecho era pecado... y que Dios no iba a castigar. Ese día nos castigaron y nos encerraron en un gallinero... estábamos muy asustados y lloravamos sin control... lloramos mucho hasta que llegó la noche y nos mandaron a acostar.Nadie nos habló, y cuando ya se habían acostados todos, yo me arranqué de mi habitación y me fui a la de ella... Elena seguía llorando, y estaba acostada de guata en la cama, pues el dolor de los golpes de la Varilla no la dejaban estar de otra forma... entonces levanté las sabanas y vi como sus nalgas tenían como arrugas rojas de gran tamaño. Traté de consolarla dándole besitos en las heridas, y mojando sus yagas con saliva... y nuevamente sentí la misma sensación, mi sexo se paraba una vez más... entonces avergonzado, me metí a su cama y nos acurrucamos para hacernos cariño... y ese día di mi primer beso en los labios de una mujer... pasó mucho tiempo, años, hasta que nos volvimos a ver... teníamos ya como 16 y ese día nos arrancamos al estero y perdimos juntos la virginidad... pero esta vez nadie se enteraría... hasta hoy la amo, y cada vez que nos vemos nos acordamos de lo mismo, pero ya es tarde para nosotros, y cada uno ha tomado un rumbo diferente...y lo nuestro no puede ser..."

Gustab

miércoles, 15 de julio de 2009

Destilando Deseos...

" Hoy el mar amaneció en calma a lo largo de la costa, el puerto esta en silencio, aún se respira la humedad de la noche... algunos ríos de agua bajan por las escaleras del puerto y los ascensores no dejan de subir y bajar por los viejos rieles. Las prostitutas se han entrado a dormir, los marinos vuelven a sus barcos luego de una agitada noche.Yo trato de recuperar la resaca de ese ron que trajo algún navío de la isla... dicen que cuando lo preparan, las viejas comen chocolate y los negros fuman esos puros hechos de hojas secas al sol del Caribe. Su Fragancia es profunda, donde los olores a tabaco y chocolate, se mezclan en armonía con el olor a caña fresca. Te podría decir que hasta los barriles de roble viejo, dejan sus notas en su fragancia sin igual. Otros dicen que el color dorado del ron, lo dejan los sudores de los amantes... amantes si, cuando hacen el ron, los cuerpos de hombres negros, se excitan por el calor del ambiente y los senos de las mulatas al abanicarse. Esa fragancia de sudores y sexos encendidos, pueden sentirse en el licor, ellos no esperan a que llegue la noche para satisfacer sus cuerpos... ellas sólo abren sus piernas para hacer el olor más profundo, y al tocar las narices de sus machos, estos corren a meterse entre sus piernas fragantes y calientes. Ahí, en la destilería, junto al ron, dejan que sus pasiones se liberen... dicen que las gotas de sudor, y los derrames de sus sexos muchas veces van caer junto a los barriles, y que luego de hacer el amor, abren las llaves y beben de las pipas para matar la sed. Cada orgasmo produce explosiones de lluvias doradas en las mujeres, y estos dorados son retenidos por los barriles dándoles ese único color. La fragancia y ese particular color lo veo y lo siento después de beber cada copa.
Amo estos días, una noche en el bulevar rodeado de bellas mujeres, donde ayer conocí una mulata de bellos ojos negros y acaramelada piel, ella cuenta que llegó de polizón en el carguero "Sol Del Caribe", un viejo vapor de tres chimeneas que viene a traer petróleo no muy refinado, para las viejas faenadoras de harina de pescado en Ventanas, no muy lejos de aquí. Ella tubo que pagar el traslado calmando los deseos sexuales del capitán y de tres marineros que la custodiaban para que llegara sin problemas hasta acá. Su piel es hermosa, cristalinamente oscura, donde los sudores tienen un bello brillo natural, y su sexo es tan rojo como un atardecer de invierno... su interior, un manantial de fragancias y sabores caribeños, que al parecer, lo encuentras sólo en estas mujeres, que de pequeñas, son alimentadas de dulces guayabas y frutos tropicales que sólo en esa región puedes encontrar. Sus nalgas de joven textura, son duras, pero tan suaves como la textura de una papaya chilena, pero su sexo,es inigualable cubierto de néctar empalagoso y atocigador... Agradable y suave al paladar... y sus senos tan erguidos y frutosos, tan firmes como la lima, que al igual que esta fruta, dejan brotar casquillos llenos de esencia cristalina y fugaz, que se reflejan como transparentes gotas al apretar y beber de ellos.
Su piel dorada por el sol, sus largas pestañas rizadas negras y su tono a madera en el serpenteante vientre que juega con cada caricia... su calidez en todo su cuerpo, su pasión caribeña me hace sólo desear copular en ella deteniendo el tiempo y cerrar los espacios para que este cuerpo no vuelva a ser tocado nunca más por otras manos que no sean las mías. Pero el tiempo se ha acabado, gaste hasta el último céntimo en una noche loca remojada en ron, y bebido de la copa más salvaje que pude encontrar... lo dejé destilar en su cuerpo para recogerlo a sorbos entre sus piernas, y la borrachera y lo carnal... hoy me pasan la cuenta... Adentro, el olor a madera mojada, y el calor de dos cuerpos satisfechos por la pasión... las murallas desgastadas y mohosas ... afuera, los adoquines están mojados, y el vapor se escapa entre las piedras... las bocinas de los cargueros anunciando el leven anclas, y dejando una estela oscura al zarpar... debo volver a mi departamento, hay un libro que aún no acabo de terminar...."

Gustab, sabor tropical.

martes, 26 de mayo de 2009

Soledad...

Hoy todo es soledad en el puerto. Al caminar junto al malecon, las olas parecen conversar con las rocas, la lluvia cae incesante sin dar tregua a los barriales que bajan por las escaleras, el frío es el único abrigo, la noche esta oscura. Intento seguir los senderos donde el agua no quiere pasar, los ascensores están detenidos. Puedo escuchar como los tirantes de acero se tensan al roce del frío, crujen como si se fueran a cortar, el propio peso los exige. Las escaleras se han convertido en caudales, las piedras tratan de contener las aguas... la humedad traspasa la suela de mis zapatos y el frío no deja respirar... es tanta la soledad que puedo escuchar los susurros del silencio conversando con la noche.
La luz de la casona esta encendida, aunque el rojo ya no es tan rojo, el farol ya no tiene el color del día de su inauguración. Al pasar frente a ella diviso un cuerpo al otro lado del cristal, es Rebeca la chica nueva... dicen que tiene 18, y que es virgen... Pero jamás lo podría creer, sus nalgas tiemblan al caminar, y sus senos cuelgan grandes sobre su cintura... y su mirada es alegre...hoy esta apoyada en el muro despintado de una fría habitación, los colores se confunden atrás, miles de brochas han pasado por ahi, esta descascarada, es raro... nunca supe cual era su color original...
Me gusta esa chica, son pocos los morlacos que llevo sobre mi cuerpo, en esos bolsillos gastados donde las chauchas se suelen descolgar, es un café cargado en el bar inglés, o una canita al aire, como dicen por ahí... de mi sombrero cae un chorro de agua intentando mantener mi cabeza seca, tengo frío, y el sólo imaginar la calidez de su piel, y ese fuego que permanece encendido en la vieja estufa a leña me hacen pensar... ¿ Virgen ?... no me acuedo de haber tenido una nunca... sería una gran oportunidad... $ 5.000 pesos... mmmmm. Meditaba cuando sentí que la luz de la ventana se iba, al mirar, el agua que caía por el cristal dibujó unos grandes pezones que se dibujaban al otro lado, el baho de la ventana pintaba aureolas alrededor de sus senos, y sus pezónes parecían soltar el más calido de los placeres, sólo una señal, un dedo en gancho que me invitaba a entrar y dejar el frío afuera... luego sus labios dibujaron un corazón en forma de beso, y de entre ellos, una lengua que lamía el cristal...
Ya adentro, el hambre se esfumó, y mi sexo entró en calor...
- Desvistace hombre que se puede resfriar, yo le haré unos cariñitos, le apetece?...
Sólo la miré a los ojos, y descubrí que sus piernas ya se habían abierto en alguna ocación... Su mirada, no tenía la transparencia, y sus parpados, ya caían sobre sus ojos ... pero que importa, ya estoy aquí.
Empezó soltando el impermeable, y coquetamente se puso el sombrero para empezar a desnudar mi cuerpo mojado y frío... temblaba como un niño, mis piernas estaban entumidas y el agua había traspasado el pantalón... mis zapatos chapoteaban al interior... Sus senos desnudos rozaron mis muslos, y no tardé en entrar en calor... sus tibios labios hicieron que mis rodillas se doblaran, ella estaba agazapada y endureciendo mi dignidad... ni siquiera podía hablar... ¿ sería virgen ?... sentí como esa lengua tibia separaba mis carnes en la punta sin pudor, y como sus labios succionaban con extrema delicadez. Intenté tomarla de sus senos, pero mis manos frías la hicieron alejarse de mi, que estupidez... como tan bruto, debía de saberlo, ella estaba tibia y yo, más frío que un frijider... sin embargo, sentí como su piel dibujaba miles de granos en su piel, y los pezónes se endurecían sin control... un gemido escapó de sus labios, y volví a tomarlos entre mis manos... esos oscuros pezónes eran un espectaculo que prometía ser... luego dejé que mis heladisimos dedos bajaran hasta encontrar el rincón más tibio de su piel... ahí donde la verguenza se convierte en placer, y la dignidad, deseo... La tendí sobre la cama de bronce gastado, y el relinchar de su somière... el aceite era algo que escaseaba en esos tiempos de recesión, y tendida sobre las sabanas amarillentas por la mala calidad el jabón, terminaban por dar un aire gastado a ese momento de degustación... El aroma de su sexo creaba un aire especial, pues el asomagado aroma de las sabanas... le daba un ascento particular. Desde ese momento sólo sentí una calida caricia sobre mi sexo, tan exquisito, que no habría podido pedir nada más... y minutos después un caudal estrepitoso cubrió mi vientre hasta hacerme volar entre luces rojas y puntos celestes que se dibujaban en mi interior. Y sin perder un segundo se montó sobre mi, para ajustar su existencia a la mía, formando un compacto final... y aunque creí que ya mi hombría desaparecería, ella no la dejó descansar...y entre gemidos se dejó llevar hasta el extasis sin pensar si habría un final..."
Gustab... cálido final.




lunes, 18 de mayo de 2009

" Perfume"

Era tal el deseo de perpetuar en mi mente los aromas de el cuerpo de una mujer, que ese día desperté con la fija idea en mi mente de seducir aquella mujer que vendía su cuerpo al mejor postor en las puertas del ascensor de los panaderos. Y caminé algunas cuadras, para esa noche satisfacer esa necesidad que alteraba mi mente. Y al abrirse las puertas ella estaba parada ahí esperando su primer cliente. Vestía de rojo y negro, su corsé siempre estaba puesto sobre su ropa, y el escote que aparecía entre las telas anunciaba a viva voz el placer que ella causaría a cambio de unos pocos pesos. Pocos, porque para la belleza y encanto que envolvían esas telas, ningún valor habría sido suficiente.
Su cabellera morena, y esos labios color rubí, eran un llamado al deseo y y éxtasis supremo. Su figura era perfecta, y la sensualidad que expedía, infinita. Hablé por unos instantes con ella escondiendo el oscuro deseo que escondían mis pensamientos. Y antes de negociar pedí probar la mercadería pidiéndole que me dejara recorrer su cuerpo asegurándome de que su fragancia era la que buscaba. Sabía que su cuerpo siempre olía a sexo, era de las pocas mujeres que vendía su cuerpo no solamente por dinero, sino que además disfrutaba del sexo que vendía, y a la hora de escoger daba su tarifa dependiendo del hombre, asegurándose de acostarse con el amante que ella elegiría...Entonces, desabotonó el escote para que yo posara mis narices en sus senos... Mi mente brotó en ideas haciendome evocar aquellas imagines más oscuras de mi niñez que yo creía desaparecidas... En ella podía sentir los pechos de mi madre dándome de mamar, una calidez que sólo un cuerpo podría dar sin pedir nada a cambio... luego pude percibir los olores de la primera vez que había hecho el amor, un cuerpo más se dibujaba en esas carnes que hervían entre las telas... pero había un aroma especial, más allá de mis recuerdos, que fue el que me decidió a tomar el negocio y llevarla a un cuarto que había acompañado gran parte de mi vida, ese cuarto que en el departamento, sólo estaba reservado para ciertas personas, ese cuarto donde mi propio olor me decía cual era mi hogar. Al salir del ascensor, las cuadras se hacían interminables, pero ella dejaba que yo le acariciara mientras caminavamos sobre los fríos adoquines enmarcados en veredas desgastadas y ese olor de la tierra mojada por la salobre brisa del mar que el viento traía hasta los cerros mojándolo todo. Mil aromas invadían mi mente, y ni el frío de la noche lograba enfriar mi cuerpo. Hasta que por fin pude girar el picaporte de la puerta, y sin mediar acuerdo, empecé a desnudarla con mis propias manos, y mientras iba despegando las telas que la envolvía, dejaba que mi nariz fuera rozando su piel en ademán de caricias desfrenadas. y aunque en el trayecto se habían cruzado algunos besos, lo que realmente me importaba era su piel más allá de sus labios. Al abrir el esquivo escote, mi nariz acompañaba el recorrido, y mi boca, buscaba probar cada pedazo de piel desnudo. Por fin su cuerpo estaba desnudo, y le pedí que se recostara sobre la alfombra, la chimenea serpenteaba chispas hacia nuestros cuerpos, y los chasquidos de las brazas acompasaban el ritmo de las llamas. Al verla tendida sobre ella, dejé que mis manos recogieran su perfume para impregnarlas de sus aromas. El movimiento de mis dedos sobre su piel, dibujaban claramente cada cada rincón de su alma, mientras sus senos se endurecían entre mis dedos. Su vientre se movía como el de una serpiente a la búsqueda de una preza de que alimentarse, y sus piernas se habrían y cerraban a cada caricia. Luego vinieron los besos que fueron mojando su piel, y mi nariz que se deleitaba guardando su aroma en mi mente. Mis dedos apenas rozaron la dureza de sus pezones para remojar con mis labios y hacer brotar de su piel pequeñas gotas cristalinas que emergían al encuentro de mis besos. Su sabor era exquisito y su aroma embriagador, turgentes se dejaban acariciar para dejar que piel se embadurnara de ellos. Luego vino el recorrido por su vientre, que como olas movían mi rostro sobre él, como si fuera un barco a la deriva, era ahí donde se concentraba el aroma más puro, el sudor y la sal que emanaban de él, causaban efectos maravillosos en mi cabeza, y bajando fui entrando en el fuerte olor a deseo que salía de su sexo para envolverlo con mis labios extrayendo todo ese fuerte sabor que suelta una mujer excitada, clavado como una espada, mis labios extraían cada gota derramada desde su interior... era muy delicado y de aceites empapado... mi legua disfrutaba del banquete más erótico que pueden sentir unos labios, incluso buscando más allá de su murallas, la lengua fue centrándola para recoger todos los vestigios de su existencia, para bajar luego untando sus muslos temblorosos rogando porque estos labios volvieran a lo más intimo de su ser... Todas las fragancias de mi existencia entraron por mi naríz, y fui arrancando de besos cada gota que su cuerpo exsudaba, hasta sentir como me elevaba sobre el deseo, para sentir el climax de mi existencia, el poder de la pasión. Voltee sus caderas para disfrutar de sus nalgas marcadas por la alfombra mientras sentía como ellas se deshacían entre mis dedos, y ella las levantaba para que mi naríz se enterrara en ella... besé cada rincón de su extasiado culo, arrancando todo su intenso aroma, tan dulce como la miel, y tan fragante como la yerba después de un incendio en la piel. Su espalda no dejaba de confundirse con los aromas suaves de su vientre, hasta ahí sólo gemidos eran sus palabras, y jadeos los temblores de su piel. Mi boca estaba impregnada de ella, y sólo podía sentir amor entre sus piernas abiertas... y fue justamente por su espalda donde busqué entrar abriendo sus labios vaginales resbalando a su interior, tan suave como la brisa se traga la noche. Sólo podía percibir su placer por los gemidos que escapaban de su boca, y la delicia del goce, por los jadeos de su cuerpo que facilitaban una penetración celestial... y fui entrando en su alma, mientras mi sexo rasgaba suavemente en su interior, sin dolor, sólo placer de sentir mi cuerpo dentro de ella. Entonces pude ver como la copulación del macho a la hembra no era más que eso, deseo animal... Mi sexo parecía tocar las fibras más intimas, las zonas más sensibles, sin producir daño, sólo una sensación interminable de orgasmo infinito que no se detendría hasta que pude sacar todo lo que había acumulado en mi corazón... y todo en mi interior, fue derramándose dentro de ella mientras su espalda no dejaba de empujar para retenerme adentro, y luego nuestros gemidos se hicieron uno, los gritos de placer llenaron el silencio del universo y nos absorvimos, tragándose los cuerpos uno al otro hasta desaparecer entre las brazas de la chimenea...
Hoy despierto desnudo y pensando que eso jamás pudo haber ocurrido, pero su aroma esta en cada rincón de este cuarto vacío, donde sólo yo puedo saber lo que pasó...
Gustab, el principio del fin...




viernes, 8 de mayo de 2009

Sueños en Soledad...

...Porque la soledad se dibuja en mi vida como un abismo incondicional. Han pasado muchos días encerrado entre estas cuatro paredes que me ahogan y desesperan, y aunque siento pasos en el pasillo no logro abrir la puerta para saber quién anda afuera a hurtadillas... siento que esa persona puede hacerme daño, el pánico se apodera de mi, dejo de respirar para que nadie sepa que estoy aquí.
Hoy escuche unos tacos afuera, el picaporte que se habría rechinando sus mecanismos, y un golpe me hizo pararme de mi cama y mirar por el ojo mágico de la puerta hinchada por la humedad y envejecida por el paso del tiempo, estoy seguro que cayeron las llaves de unas manos nerviosas, que con el apuro de querer abrir la puerta las dejó caer. El pasillo estaba en soledad, y curiosamente la puerta que con tanto apuro habían querido abrir como si la persiguieran, permanecía abierta. ¿ porqué?...
La aldaba que trancaba mi puerta estaba oxidada, vieja y apretada, no podría abrirla aunque quisiera, permanecía encerrado en un mundo que no me dejaba salir. Tras la puerta había alguien que no sabía quién podría ser, pero sentía su perfume que lo invadía todo sin dejar la libertad de respirar otra cosa que no fuera él. Celoso de la piel que cubría, no permitía que otro olor tocara la piel de la que lo poseía. Y me quedé ahí dentro esperando que los tacos volvieran a salir, permanecí horas sentado en el suelo hasta que el cansancio se apoderó una vez más de mi, y mis ojos se cerraron para no volverse abrir.
Sin embargo en mis sueños pude tirar de la manilla y abrir la puerta y acercarme a esa puerta que permanecía abierta invitándome a entrar. Todo en su interior tenía un aroma a frutillas, y al entrar pude divisar la puerta de la recámara abierta, los muslos torneados de una mujer permanecían cerrados como un candado sobre la colcha de raso de color azul y blanco... el sol que entraba por el oriente caía cálidamente sobre su piel, y le iba acariciando a medida que entraba por la ventana... no pude evitar acercarme y mirar como un fizgón su cuerpo semi desnudo tirado mientras dormía. Sobre el pequeño velador había una fuente de frutillas cubiertas de almíbar, y su fragancia envolvía mi cabeza haciéndola girar dentro de mi... e imaginé que al comerlas esta mujer, sus flujos vaginales olerían del mismo modo, y que al pasar mis labios sobre él, su sabor seria tan dulce como el fruto que estaba ahí. Su cuerpo giro abriendo sus piernas como atrapando el sol que ya le alcanzaba, sus vellos del color de la miel, brillaban por el sudor que empezaba a brotar con el calor del astro rey, y sus labios vaginales estaban hinchados por el calor que emergía de su alma. ¿ qué estaría soñando? ¿ que razón tubo para entrar tan apurada y tenderse en esa cama deshecha?¿porqué no tapar su cuerpo y dejar la puerta abierta estando desnuda casi por completo?...Las preguntas golpeaban mi mente, atocigando de pensamientos esquisofrenicos mi cabeza... estaba mudo y me movía por la habitación sin que ella pudiera percibir mi presencia... Y me detuve frente a sus piernas entre abiertas para observar con detenimiento su sexo que empezaba a despegarse por el efecto cálido del sol. Tras algunos segundos el carmesí interior se abrió para mostrar la intimidad más deseada por una amante, y al agacharme pude percibir el brillo que brotaba de su interior, estaba bañado en aceites que se expandían dentro de ella y se contraían a cada giro de sus piernas, era un espectáculo que no podría interrumpir, todo se veía tan claro y transparente, que mis ojos no dejaban de orvitar en su interior. Ese aceite que parecía empalagoso a la vista y espeso, no dejaba de maravillar mi sentido más preciado, era tan transparente como una fuente virginal, sin duda la perfección misma creada por las manos de Dios, hecho para acariciarse , oler y degustar. Al acercarme a su piel, mi teoría de las fragancias se cumplía a cavalidad... su fragancia era a frutillas o fresas, como le llaman en otras partes, y quise probar la segunda, y rocé levemente con mi lengua el nácar que se abría ante mis ojos invitándole a probar... era una sensación maravillosa sentir el deseo y probar sin despertarla, la adrenalina brotó en mi interior y aunque pude haberlo evitado, pose mis labios sobre la mojada piel, y mi lengua se abrió camino entre sus pliegues... e sabor era increíble, una mezcla de vino burbujean te y un delicado dulzón, sin lugar a dudas, por el efecto de este fruto que traspasaba sus aromas y sabores a la carne, absorbiendo esta todo su sabor que luego le haría brotar a través de su piel... Entre ronroneos y susurros fui creando oleajes en su vientre, tan delicados como el sabor que poseía su piel... y sus senos se fueron endureciendo y formando entre caricias, mientras sus pezones se erigían mostrando su esplendorosa belleza... no sé cuánto tiempo pasó, pero mis labios estaban untados del exquisito sabor y mi mente estaba inundada de su olor... y su cuerpo agónico fue cerrando sus rodillas, y tensando su piel hasta que por fin derramo a caudales ese aceite que cómodamente había visto hace un rato emerger timidamente desde su interior... y su cuerpo se convirtió en infinitas contracciones que hacia que su espalda se despegara de la colcha azul... su cuerpo disminuyó los espasmos y fue relajándose devolviendo la espalda a su lugar... Nada más hice, ese había sido un regalo de Dios y volvía a mi departamento, cuando sentí del fondo de la habitación un susurro afable que decía ...



- Gracias Gustab.......!!!

lunes, 20 de abril de 2009

Brutal " libertad "...

He buscado explicación del sentido de ser libre en un país como éste... llevo una semana fuera del hospital, todos los días leo entre los avisos de trabajo buscando una oportunidad y no alcanzo a entender porqué no habría oportunidad para un escritor culto y deshinivido un trabajo decente.
Y no me van a decir que no es humillante golpear tanta puerta para recibir un ¡¡¡NO HA SIDO SELECCIONADO!!!. Tras cada una de estas respuestas y un gracias por postular, de lo único que tengo ganas es de darle una trompada al gil que me agradece... ¡¡¡infeliz!!!... burócrata indecente...¿ que nivel de ignorancia necesito para trabajar?....
El subir y bajar escaleras me trae muerto, dos o tres diarios para una ciudad de 3 millones de habitantes... Mi vida esta en mis letras, en mis libros que no puedo publicar por la escacéz de mente de algunos sujetos...¿ qué debo hacer...volver al hospital y olvidarme de que estoy vivo?...
Ya es tarde. sólo quiero una botella de agua ardiente para emborracharme y olvidarme que estoy vivo.
Los adoquines están rebasados por el agua que no deja de caer, como si el cielo se hubiera ensañado con los escritores, las farolas quieren apagarse, el kerosene no es suficiente para mantenerse encendido, el viento y la lluvia atentan contra el día nocturno de esta ciudad. Los letreros de las viejas botillerías no dejan de acompañar mis pasos, los cigarrillos de las prostitutas siguen encendidos bajo los portales dando calor en las bocas de los amantes... y ese tajo que nos muestra el muslo humedecido por la lluvia ahoga los pensamientos... no tengo un centavo...
Entro al bar de costumbre, donde el botillero me deja beber tres vasos de agua ardiente a cambio de algún cuento picante, cada sorbo derrite mi garganta haciendo entrar el calor a mi cuerpo cansado y tengo que tomar una de esas dichosas pastillas blancas que me dieron en el hospital.
No una no es suficiente, y de tres en tres por cada vaso nublo mis sentidos para olvidarme que en el departamento no hay que comer, ni luz que alumbre mi nostalgia.
Cuando logro salir del bar, una botella a quedado sujeta en mis manos, ¿cuántas historias tuve que contar?... no sé... en la calle una vez más Ibón me espera en la oscuridad... hola pobre escritor, ¿necesitas calor para esta noche?... y tomándome de las manos me dirige a su ínfimo departamento de la escalera del astillero... es el último ascensor de la noche... y nos perdemos en la oscuridad al ascender llenando de gruñidos los viejo rieles y los casi cortados cables de acero... estoy mareado y vomito lo que no he comido en el viejo piso encerado mil veces el ascensor... Al llegar arriba , ibón me arrastra a su departamento, me desnuda, y palmo a palmo recorre mi cuerpo muerto... sube sus faldas y juguetea con su sexo sobre mis carnes, no esta muerto, no esta muerto , repito para mi... y el sexo empieza a tomar volumen entre sus dedos... gemidos...gemidos...gemidos... y siento el calor de unos labios sexuales envolver mi carne suavemente humedecida por los labios de la estrella de antaño... sus senos están erguidos y las medias producen electricidad en mis piernas... y raspa mi sexo con agradable sensación, lo bultos son posados sobre mi boca y yo... sólo bebo sin pensar. Son carnes suaves y endurecidas a pesar del tiempo que ha pasado... aún destilan gotas de miel... a la fricción de mis dedos... su cintura se refriega sobre mis carnes, el hedor del agua ardiente me produce una extraña sensación... quema aún en mi garganta... destroza todo lo que toca al entrar por mis labios,... lo último que recuerdo, es el grito de Ibón... y sus piernas apretadas tratando de impedir que siguiera en movimiento... he dormido muchas horas, y los labios de ibón sorben mi sexo de tiempo en tiempo, su deseo es la vida que la mantiene viva... y son mis fluidos los que la alimentan... esto es un desastre... tengo que vivir para terminar ese libro, pero los labios de Ibón no me dejan salir, es membresìa y ambrosía en su vida.. es deseo, Ibón es vida... los vidrios están sucios y empañados, el frío no llega a esta habitación, y el calor de su entrepierna, me mantiene los labios rozados y no morados como en el exterior. Ibón sigue cocinando... unos huevos fritos al calor de la estufa, y ese arroz pegoteado de la olla... de beber, agua, agua ardiente de 120 º , para cocinar en ella... estoy tratando de salir, pero sus piernas me encierran en este tibio cuarto de los astilleros... los adoquines reclaman mi presencia, la lluvia no deja de golpear los cristales, y el olor a humedad lo llena todo...



Gustab

lunes, 13 de abril de 2009

Nacer...

Muchas veces me habían preguntado porque escribía tanto de sexo, no me gustaba responder, o no sabía...porque sería?...
Bueno si regreso en el pasado podría descubrir de donde viene, cuando fue la primera vez que sentí que mi sexo tomaba un curso incontrolable... y Aquí atado a esta cama hoy puedo contestar, tengo todo el tiempo del mundo.
Llevo horas imaginando el principio de todo, las pastillas me adormecen y mi cabeza no quiere pensar. Afuera los adoquines me quieren recordar lo que pasó hace ya mucho tiempo, mis ojos se cierran y mi mente empieza a dibujar.
Alguna vez en mi infancia, tendría unos ocho años, acostumbraba a acompañar a mi madre y una tía a la modista, curioso nombre, pero muy evocador... Uno entraba por un oscuro pasillo que a ambos lados estaba cubierto de pedidos, vestidos encargados por señoras de todos los grupos aristócratas y no tanto, la naftalina inundaba mis fosas nasales, era un olor profundo, que entraba a mis narices rompiéndolo todo. Era algo fascinante ver desnudarse a las mujeres sin pudor. Acostumbraban a cubrirse todo, menos ese pronunciado escote que tan bellas y elegantes las hacían ver.
Esa vez mamá estaba enferma, y acompañaría a una tía a buscar un traje que había mandado a confeccionar para una fiesta de año nuevo. Ella era muy esbelta, y tenía una figura, si bien gruesa, muy bien proporcionada, era elegante y gustaba de la moda de París, en ese entonces vogué unía la moda a un delicado y elegante diseño de revista que pocas veces se podían ver acá, y de ahí nacía un modelo digno de alguna estrella de cine que todas las que tuvieran dinero podrían comprar.
Al entrar al vestidor, la modista me quiso hacer salir, pero mi tía era muy cuidadosa a la hora de alejarse de un niño. Por primera vez, vería a mi tía a solas mientras se cambiaba de vestidos delante de mi. Aunque me hicieron voltear mientras ella se probaba, la curiosidad sería más fuerte. Las escuchaba murmurar tras de mi, y eso me producía cosas dentro. Por un momento sentí salir a la modista del lugar. Era la oportunidad, la tía estaría distraída mirándose al viejo espejo de cuerpo entero de puro bronce, y muchos dibujos a su alrededor. Y sin pararme a pensar en las consecuencias volteé para verla... Enmudecí al contacto de mis ojos con su cuerpo, frente a mí, mi tía lucía hermosa, sensual y muy atractiva, pero no pude evitar detenerme en su pubis oscuro, tan negro como el carbón, y muy , perdonando la vulgar expresión, peludo, muy peludo, y eso provocó una reacción rara en mi, jamás me lo habría imaginado, ¡¡¿pelos ahí?!!...aunque no fue muy agradable, produjo , lo que yo llamaría hoy un morbo... Mi tía no hizo nada por ocultarlo, yo me sentía muy avergonzado, pero impresionantemente atraído por esto. Sus ojos me miraron, y sin mediar palabra, ni provocación, estiro sus manos hacia las mías y dijo en voz baja- ¿Primera vez?- no podía hablar y sólo asentí con la cabeza, entonces sentí por primera vez una sensación en mi cuerpo, algo se agitaba en mis pantalones, hasta el dolor. Ella lo notó, y se agacho para darme un beso en la frente... se sentó en un sofá y abrió sus piernas levemente.. un carmesí brotó de su interior, la luz de la habitación se hacía más intensa, mis manos sudaban a morir, y ese culebreo tras las telas de mi pantalón. Las batió por un rato, yo era una momia, y sin despejar la vista, no dudé en acercarme a ella...- Espera- replicó,- con calma, ¿quieres tocar?-
yo no estaba para cuestionar nada, y esa voz, sentí que mi cabeza estallaría en cualquier momento... Una de sus manos acunó la mía entre sus piernas, era una sensación exquisita. Sus carnes eran suaves, con una curiosa rugosidad, tibia, y sentía como se humedecía y subía la temperatura al hacer que mis manos la rozaran . Esa sensación de tocar y ver, de escuchar su voz tan lejana me transportaba a no sé donde, y esos pelos enredándose entre mis dedos a medida que ella me hacía recorrer. Mis dedos se hundían entre los labios carnosos cubiertos de vellos crespos y oscuros, esa sensación... estaba mojado, resbaloso en su interior... algo corría entre sus carnes, tan rico, tan suave, tan lleno de calor...-mmmmm, seee,así- saltaban sus palabras lejanas a mis oídos, y gemía entre susurros, como una gata en celo...
De pronto los tacos de la modista anunciaron su llegada, yo volteé y mi tía sonreía algo colorada en sus mejillas,.... mis pantalones estaban mojados, nunca supe cuando sucedió... desde ese día, mi visión de las mujeres cambió, y mis ojos la miraban de otra manera, un cura lo llamaría lujuria. Creo que ahí empezó todo....


Gustab...sensaciones.

lunes, 6 de abril de 2009

Delirios de placer...

No podía dejar de escribir, no debía, esa era la sensación que me angustiaba. La herida estaba abierta, debía de aprovechar esas gotas que salían. Ellas, ellas tiradas en mi cama, yo en mi rincón, mis ojos inyectados de sangre, ya no dormía. Don Juan de Marco era un hombre que tenía tanto que decir, tanto que contar, el libro debía ser un éxito...ellas desnudas revolcándose en mi cama, bebiendo una del sexo de la otra, mientras ella observaba desde la puerta. Sus senos caídos en el cuarto oscuro, ya sin luz, todo olía a sus malditas inyecciones, ese olor a hospital, esos químico que lo inundaban todo, pegados al muro, sin poder salir. La espalda la sentía fría, había llegado el otoño enfriando las tardes en aquel cuarto oscuro, oscuro... y esa luz del farol que entraba por la ventana, aquel que dibujaba a las dos amantes, se lamían y gemían sobre mis sabanas blancas, revueltas por el deseo de dos amantes que no dejaban de chuparse, besarse y gemir, si gemir sin respiro. Mi sexo estaba duro, dolía de deseo, aquejado de placer, ellas me buscaban todo el día, no dejaban que escribiera... Tomaban las servilletas escritas con sangre y se masturbaban, ellas sabían lo que yo contaba, les excitaba, por eso las pastillas, para que yo no siguiera, sus sexos ardían como el infierno, extraían cada gota de mi pene herido por el placer, angustiado por el deseo... tenía que seguir, debía escribir y ellas no me dejaban...
La de la puerta me pidió que abriera las piernas mientras tiraba de mi calzón... jalaba hasta romperlo y dejarlo echo girones, tomaba si sexo con desesperación, lo agitaba desprendiendo las carnes para dejarlo brillando entre sus dedos y lo movía sin dejar que respirara, lo chupaba y mordía hasta verlo sangrar... una y otra vez trataba de hundirme una pastilla entre mis labios cerrados, no podía dejarme vencer, tenía que terminar esta historia...
De pronto las otras tiraron de mi. Al no poder levantarme, una aguja se enterró en antebrazo... yo quería escribir, pero mis dedos ya no respondían.... los ojos se nublaron y tendido en la cama, sentía como se turnaban para montarse sobre mi, eran locas, locas... se seguían lamiendo sin pudor, apretaban los senos de las otras y ellas sujetaban sus cabezas entre sus piernas... una tiraba de mi piel, mientras la otra bebía de mis testículos los líquidos que corrían por mi piel, los gustos y las fragancias de sus compañeras se mezclaban en él... chupaban y chupaban, me hacían explotar, y antes de que mi sexo se rindiera, se montaba la otra , y para mantenerlo parado entre sus manos, lo agitaban con brutalidad... donde estaba la servilleta, quería alcanzarla, aún corría sangre de mis muñecas, era la única manera de escribir... donde esta.... donde esta... estaban lejos de mi la aguja con la que escribía, el dolor se hacía inmenzo, los testículos apretados y mordidos por sus bocas hambrientas no dejaban de morder, de lamer y chupar... donde está mi libro, donde están mis notas... y gritaban y gemían, azotaban sus nalgas contra mi cara, estaba excitado, muy excitado... donde están mis notas déjeme escribir.
Mi boca tenia un gusto amargo, no dulce, no... salado... no los podría distinguir... ellas a horcajadas se refriegan ahí, mueven sus culos dejando que mi lengua las roce, gritan de placer... trato de morderlas para separarlas, pero parecen disfrutarlo más... me amarran al catre de bronce, dios que oscuridad... y esa luz que había en la calle, y esa tela de araña que colgaba en aquel rincón... donde esta?... Una de ellas sujeta mi sexo , mientras la otra entre angustioso gemidos se entierra en mi, su ojete es pequeño, duro ... apretado... raspan mi piel.. se entierra... anal anal grita desesperada mientras la otra separa sus piernas para beber de ellas... Se levanta y deja caer como una bestia, resopla, sus narices se abren para tomar el escaso aire que hay en la habitación...un grito de placer lo congela todo, cae de fauses sobre las piernas abiertas de su compañera, mientras la tercera se monta una vez más sobre mí... cuando terminará esto ... cuando vendrán a abrir las rejas de esta prisión de deseo y lujuria bestial... cuando caerá otra pastilla en mi boca...

Gustab, encerrado entre sus piernas...

sábado, 28 de marzo de 2009

Isolina... ( Mi primera vez en el Burdel.)

Necesitaba escapar de estos barrotes, y la única manera, era a través de mis recuerdos. Y busqué entre mis pensamientos un lugar donde esconderme, y llegó Isolina a calentar mi cuerpo aún atado a los barrotes de la cama y me dormí pensando en ella.

" Isolina era la favorita de los que se querían iniciar en las artes de la sexualidad. Su cabello castaño oscuro y sus ojos profundamente verdes, que jugueteaban detrás de las tupidas pestañas pintadas de riguroso negro, hacían soñar a los jóvenes sélives de la ciudad.
Siempre estaba vestida de negro, guardando riguroso luto por la muerte de su marido, era una mujer joven, debía de tener entre 16 y 18 años, su cuerpo era menudo, delgado, muy suave, de senos pronunciados, nalgas voluptuosas y una entrepierna rigurosamente depilada. Su cara, humm, su cara, piel morena, esas pieles que sólo se ven en los campos chilenos, mezcla de españoles e indígenas, rasgos muy marcados, gruesas cejas y respingona nariz.
Ella fue sin lugar a dudas la que me inspiro, con ella me inicie en las artes de la sexualidad, con ella me hice hombre, todo lo que antes hube de pasar fueron ratos cortos de placer, pero ella era distinta y estaba ahí para hacerme un gran amante.
Cuando se acerco a mi, sentí que mis piernas temblaban, la mujer que estaba al mando de las chicas la había escogido para mi. Sus manos acariciaron mi cara con materna suavidad, sentía como limpiaba mis deseos al roce de sus dedos, largos y suaves como la seda. Me tomó de la mano llevándome a su habitación. Al desnudarme lo hizo con ternura y cariño, dejando deslizar la ropa sobre mi cuerpo. Sus manos frías recorrían mi cuerpo con suaves cariños, sus dedos iban dejando la huella sobre mi piel, mis bellos e erizaban al roce, mi verga se erigía como un bastión, sus labios recorrían mis pechos con dulces besos mientras sus manos iban descubriendo mi cuerpo. Al quedar desnudo, sus labios fueron surcando el camino al deseo, cada pliegue de mi piel se abría al depurado rozar de su piel contra mi piel, hilos de saliva iban vmarcando cuidadosamente su recorrido, como telarañas transparentes, se tejían queriendo atrapar mi sexo en una carcel de seda, palpitante mi verga se contraía a sus caricias, sin ella haberla tocado, como una rama azotada suavemente por las aguas de un riachuelo, que a su paso golpea el follaje de un árbol caído, buscando ser acariciado por las tranquilas aguas.
Su cuerpo se ergía ante mis ojos desnudando su piel, su corsé, que ahogaba sus senos voluptuosos, se habría tira a tira cuando sus dedos desenredaban el complicado laberinto de sujetadores, que con gran esfuerzo lograban contener los abultados senos, dejando ver las aureolas de sus pezones adornados por encajes de flores, que al soltarlo dejó rebotando los senos por un instante, que se remecían como gelatina al ser liberados. Los posó delicadamente sobre mis labios ofreciendo su néctar, semitransparente y blanquecino, dos gotas asomaban sobre sus puntas como perlas lácteas, los que fueron succionados por mi sedienta boca, jugueteaba con sus pezones duros como copas de mármol, oscuros y enrojecidos, las gotas brillaban contra la luz tenue de su cuarto, bebí de ellos succionando gota tras gota hasta liberar sus finos chorros que se disparaban sin dirección mojando mi cara, suave entre sus senos mi cara se retorcía de deseo. Tomando mi cabeza, me deslizó por su vientre, donde la suavidad de su piel acariciaba mis enrojecidas mejillas que se iban humedeciendo entre sudor y deseo, mis labios recogían sus salados sabores, los que temblaban cada vez que se rozaban entre sus carnosas pieles, hasta llegar hasta sus piernas, quise ir a su sexo, pero ella hábilmente me llevó entre sus muslos que deseaban ser besados antes que llegara ahí, - con calma replicó ella, no hay apuro, aprende lo que deseamos las mujeres.- Me desconcertaba, pero a la vez me fascinaba su forma de dirigir.
Su empalagosa piel me agitaba de sobremanera, disfrutaba cada uno de sus granos, cada surco entre sus estrías, que afloraban como delicadas lineas blancas, como marcando la frontera entre el goce y el placer, sus piernas se fueron abriendo lentamente empezando a revelar sus secretos más intimos, sus labios se engrosaban a cada embestida de mis labios sobre su piel, cada surco que dibujaba mi lengua entre la dermis del deseo, sus gotas de sudor bajaban por su cuerpo, las que eran recogidas suavemente por mis labios, como queriendo beber de sus pecados, su piel se erizaba marcando granos en su piel, los que brotaban uno tras otro, suplicando que me acercara a la miel de su intimidad, sentí como su sexo buscaba mis labios intensamente, resarciéndose entre jadeos y gemidos de Glamour, sus labios resoplaban, mientras sus fosas nasales expiraban a cada posible acercamiento, finalmente ante mi, brillaban sus labios vaginales despegándose entre hilos salivales, y densos hilillos de fluidos emergentes de su apretada vúlba, la que dilatándose dejo ver su interior, pardo rojizo, oscuro y bañado en miel, los que mediante sus brillos iban liberando su pequeña cabeza de oro, la que asomaba timidamente entre pliegues humedecidos por el deseo. Mi lengua terminó se romper los hilillos que quedaban vírgenes en su dilatada vúlba, dejando posar los labios deseosos de sorber el liquido empalagoso, rodié envolviendo la delicada cabecilla entre mis labios succionando suavemente, su cuerpo encrespado dejaba correr el sudor que chocaba con mis pestañas provocando un intenso ardor, sus bellos púbicos se enredaban entre mis dedos dibujando el promontorio monte de Venus, donde caían sus deseos palpitando al flujo sanguíneo que de ahí proveía a los inflamados labios vulbáres los que se apegaban mojando los surcos de mi cara, dejándolos untados de baba interior, mientras mi lengua jugueteaba entre sus carnosos deseos separando los labios con cuidado quirúrgico, lamiendo y recogiendo el manantial que emanaba de su interior, entre succiones, jadeos y gemidos su espalda se retorcía clamando para no detener el flujo de placer que brotaba de sus entrañas, sus manos sujetaban mi cabeza entre sus labio aplastando su sexo contra mi rostro, su espalda se dobló bruscamente liberando energía por su columna vertebral hasta reventar entre espasmos y gritos de placer. Me reincorpore enterrando mi sexo en ella, la que empujaba suplicando suavidad, pero embestí con fuerza hasta topar el último rincón de su caverna, separando con violencia sus piernas bañadas en sudor, y me deje caer con mi peso sobre su vientre mordiendo sus labios bañados en saliva seca, succionando lo que encontrara a mi paso, arrancando y ahogando con frenesí cada grito y gemido de sus orgasmos que batían su cuerpo sin piedad.hasta reventar dentro de ella liberando mi energía contenida y mis horas de espera, para aprender de sus muslos los mil secretos que escondían, hasta caer sobre sus pechos hinchados de los que aún brotaba leche a goteos intermitentes, batiéndonos entre jadeos y temblores de éxtasis. Finalmente tranquilizamos nuestros cuerpos entre besos caricias dormidas de placer.
Esa fue mi primera conversación intima con una chica del burdel, de ahí fueron saliendo secretos que les contaré en otros relatos, donde todos somos iguales, donde me fueron revelados sueños eróticos que fueron cumplidos en este burdel."


Gustab, unos minutos de mi vida... grabados en fuego para siempre.

martes, 24 de marzo de 2009

De Hormonas y Feromonas...( Entre Barrotes)


Había logrado de hacerme de la aguja de una jeringa como aquella vez, no podía dejar de escribir, y como necesitaba de tinta para escribir, no dude en cortar mis muñecas para que mi sangre ocupara su lugar... siempre había una hoja donde escribir... algo que contar, algo que decir...



Cada dos o tres días los cuerpos de los internos eran aseados por las enfermeras, y ese día era tiempo de sasonar los cuerpos de los enfermos porque era día de visita.

Durante el día, el caluroso verano no daba tregua y los cuerpos se empapaban en sudor. Yo amante del sol y de su alimento de vida, me tendía sobre las frías baldosas para refrescarme y recibir el sol que se colaba entre los barrotes, y el sol incansable, me alimentaba con sus rayos cayendo amorosamente en mi cuerpo, sus cálidas caricias me decían que aún estaba vivo. Por supuesto el sudor se apoderaba de mi piel mojándolo todo, y haciendo que las hormonas despertaran para llenarme de fragancias...

Sentí entrar a los guardias, quienes sin ni una delicadeza, me tomaban para atarme de pies y manos a los dorados barrotes del catre de bronce, dejándome atado de las muñecas a la cabecera de la cama y de los tobillos a sus pies. Aunque la posición no era cómoda, aún los rayos del sol bañaban mi cuerpo... el sudor empastaba mi cuerpo dejando atrapadas a las hormonas en mi piel, especialmente entre los pliegues que formaban naturalmente, pero estos se abrían al ser atados, sin embargo, mis testículos se mantenían como amantes pegados a los muslos sin dejar abierta la posibilidad de ventilación, y era justo ahí donde las hormonas hacían mejor su trabajo... sólo un delantal cubría mis presas, y el sol seguía calentando mis genitales.... para mi era un olor agradable, para otros, había ocasiones en que no tenía ninguna explicación ni excusa. Pero en este lugar no existían esas ocaciones, pues lo único que había que hacer, era estar detrás de estos barrotes esperando a que el tiempo se compadeciera de ti.
La puerta de fierro de abrió por segunda vez, y entraron dos enfermeras con palanganas entre sus manos , paños y algodones... llenaron el recipiente de agua y vertieron en el un liquido jabonoso que echaba mucha espuma, quizás hasta un liquido de yodo para desinfectar los cuerpo en aquellas llagas que se formaban cuando los cautivos se hacían daño profanando sus cuerpos con lo que encontraran a mano.

Una de ellas levantó el delantal para dejarme desnudo, y la otra inmediatamente dejó caer un chorro de la palangana sobre mi cuerpo, el agua busco las formas naturales del cuerpo y corrió sin rumbo cubriéndome de escalofríos, estaba fría como una noche de invierno. Ellas llenaron mi cuerpo de caricias de algodón, haciendo resbalar las fibras suaves sobre mi cuello y rostro, y fueron mojando cada rincón de mi alma... luego un trapo resbalo por mi vientre recogiendo el jabón... y aunque trataba de pensar en otras cosas, las sensaciones que surgían en mi piel no las podía controlar. Evitaban pasar sobre mis genitales, creía que era por pudor, pero luego descubriría que para ellas esto era un juego de sensaciones, y les divertía ver crecer los sexos de los pacientes entre sus dedos... Cuando creí que habían terminado, sentí como las manos de una enfermera rozaba el tronco de mis genitales, mientras la otra bajaba su cara para oler... si para oler, como lo escuchan, y podía sentir sobre la delicada piel su respiración exhalando las fragancias que éste despedía. Sus dedos se deslizaron por los pliegues que formaban mis muslos apegados a los genitales, acariciando cada milímetro de piel, y rodeando los testículos, fueron separando la piel del deseo de aquella que les impedía oler. Parecían extasiadas por el olor y transportadas en el espacio. Mi erección fue inevitable, estaba rendido ante sus caprichos, las ataduras no me dejarían escapar... y una de ellas baño el tronco con el liquido de la palangana mientras la otra posaba sus labios sobre él. El paño había caído de sus manos y eran ahora sus dedos los que agitaban mi sexo con delicadeza y pulcritud, la otra dejaba deslizar sus labios sobre mi piel gimiendo ordenes a la otra que apuraba los movimientos de sus dedos haciéndome retorcer de gusto y humillación... Les pedía en silencio que me soltaran, pero las agradables sensaciones no me dejaban hablar...y pude entender lo que habían descubierto algunos científicos, que se esmeraban en probar que eran las hormonas las que hacían que la atracción que los cuerpos ejercían, era por esta razón. Las enfermeras en su éxtasis, dejaron que sus dedos se liberaran, y una de ellas levantó el delantal de la otra metiendo sus dedos entre sus piernas, mientras la otra sin soltar mis genitales empezaba a gemir. Quise hablar, pero una de ellas puso el paño en mi boca y una tela adhesiva sobre él. Sin detenerse prosiguieron agitando mi sexo, y en ocaciones llevándola a sus bocas para degustarlo naciendo en mi las más variadas sensaciones, había momentos en que sentía que iba a explotar, pero ellas de detenían dejándolo pulsar entre sus dedos y reían en forma estruendosa, para luego de sentirlo calmado, retomar sus sucias jugarretas... Era agradable sentirlas jugar con mi cuerpo, pero angustiante encontrarme sometido a sus caprichos ... Cerré los ojos para concentrarme en el fuerte olor que salia de sus sexos, (lo que esos mismos científicos llamaban feromonas) mientras los dedos de una de ellas, hacía brotar gemidos en la boca de la otra, la que refregaba con delicadeza su vagina desnuda cubierta de vellos enredados entre sus dedos. El germen de sus caricias no demoró en brotar entre las piernas de la sometida, y mientras enjugaba sus dedos entre sus labios, agitó con fuerza y agilidad mi sexo desorientado hasta hacerlo explotar en los labios de su compañera, chupaba cada gota de razón que iba quedando en mi mente... luego ambas se besaron intercambiando el elixir que llenaba sus bocas, y todo delante de mis ojos desorientados y perdidos en el techo quebradizo de la habitación, donde las arañas tejían sus nidos que brillaban al caerles la luz...

Unos dedos regordetes pusieron una pastilla bajo mi lengua, y mientras termiban el aseo de mi cuerpo, mis ojos se fueron cerrando hasta perder la conciencia de lo que pasaba...




Gustab, entre sus dedos.

lunes, 23 de marzo de 2009

Sanatorio...( Otra vez)

Llevaba meses sin trabajo, mi mente se secaba entre mis recuerdos, el agua ardiente sobre la mesa de centro y un cigarrillo humeando en el cenicero de cristal...Y el temor que sentía se hizo presente entre los párrafos de la hoja enquistada en la vieja royal. Sentí que mis rodillas se doblaban, y un grito atrapado en mi garganta que quería ser liberado... juro que lo intente... no podía hacerlo... y de pronto todo emergió saliendo a flote, el grito quebró el silencio de la noche, la música de la tanguería dejó de sonar y el farol del viejo prostíbulo se apagó... levanté la vieja royal y la lance por los aires cayendo sobre el mismo escritorio donde estaba, el estruendo de las maderas al romperse por el golpe alerto a mi vecina... la ambulancia hizo sonar la sirena sobre los adoquines de silenciosa calle rompiendo la tranquilidad del lugar...Ella sabía lo que tenía que hacer si volvía a entrar en crisis... de ahi nada supe hasta despertar encerrado entre las cuatro viejas murallas blancas cubiertas por suntuoso cuero para evitar los golpes en la cabeza... y aquellos barrotes que no dejaban escapar la luz... ni los sonidos que hacía mi cuerpo.
El primer rostro que vi, fue el de aquella enfermera de grandes senos, aquella que habría sido madre hace algunos días... aún su cuerpo guardaba las huellas de su cercano embarazo..traía una pastilla blanca entre sus dedos, y abriendo mis labios la puso bajo mi lengua...era una pastilla muy ácida, y parecía deshacerse pero no lograba tragarla...- Bienvenido Gustab... te dije que algún día volverías-, y desabrochó su delantal para dejar sus senos desnudos,- ¿no la puedes tragar?, anda, bebe... mi pobre Gustab-.
Tome el pezón entre mis labios, y de ellos brotó un dulce néctar transparente, y esta leche materna fue disolviendo la pastilla mientras de sus labios germinaban los más placenteros gemidos, luego de tragar, me abracé a sus caderas como un niño, y mi llanto silencioso dejó correr lágrimas sonbre sus pechos, - Mi pobre Gustab - repitió ella acariciando mi espalda desnuda tras las ataduras del delantal que me cubría. - Descansa, yo te cuidaré- y volvió a ofrecerme sus senos para que bebiera de ellos. Mientras yo succionaba sus leche dulzona empapada en húmedas lágrimas, ella subía el delantal que cubría mi sexo para acariciarlo. Luego desabotonó sus delantal para quedar desnuda frente mis ojos, y se tendió en la cama para que mis mejillas recorrieran su vientre excitado y tembloroso- Te necesito mi niño, te necesito- y abrió sus piernas pidiéndome que le chupara su sexo enmarañado entre crespos negros mojados por la ligera caricia que mis besos iban dibujando en su cuerpo. Como un caracol fui soltando una ruta de saliva que alcanzaba sus labios externos, mientras que de sus carnes, una suave cabecita asomaba inquieta... Mientras yo besaba su sexo, ella abría el delantal para tomar mi sexo entre sus dedos y moverlo agitando su piel de arriba abajo, y aunque estaba dormido por los tranquilizantes, despertó sin alboroto a la caricia de sus manos... sabía que ella se estaba aprovechando de mi condición, y de las drogas que había tomado... pero me gustaba sentir sus cálidos dedos en mis carnes, me gustaba el sabor de su cuerpo, y disfrutaba de su compañía en la fría celda del hospital. Me tendí en la cama mientras ella se lo llevaba a la boca, y dejando que el tiempo se detuviera, dejé que ella masturbara mi mente intranquila y enferma. Ella me había dado la libertad, y ahora me la quitaba una vez más... me había convertido en su esclavo en cautiverio y prisionero de sus caricias.
Cuando volví a abrir mis ojos pude ver como su cuerpo se hundía en el mío, y con ligeros vaivenes me fue enterrando dentro de ella, luego un espacio, una parada de sus músculos, y se dejó deslizar aprisionando mi sexo entre sus piernas, mudándose suspendida en el aire. Delicadamente entré en ella ayudado por el peso de mi drogado cuerpo, que no sentía como ella se enterraba. Otra vez estaba detenida, quieta sentada sobre mis caderas y gimiendo dulzona palabras que no podía traducir por mi condición, parecía que mi cuerpo estaba atrapado entre murallas cerosas y titubeantes, esas murallas que se acercaban y se alejaban de mi, luego giraban para achicarse y nuevamente agrandarse ante mis ojos. La visión era desagradable, parecía que mi cuerpo se alejaba por instantes de mi, para luego volver a atraparme. Había momentos en que recuperaba la conciencia, y sólo veía el cuerpo de Natalia moverse sobre mí, y quería safarme de ella tirando de sus caderas, pero las fuerzas me faltaban, y ella volvía a caer sobre mí pesadamente entre jadeos y gritos silenciosos pero descentrados, como si quisiera que nadie nos escuchara, yo no sabía por instantes donde estaba, la pastilla mordía mi mente una y otra vez creando lagunas de conciencia en mi mente, sentía como eyaculaba una y otra vez sin dejar que ella me soltara, su cuerpo se desformaba ante mis ojos y sus senos de pronto parecían gigantescos y un momento después, desaparecían entre mis dedos... no tenía conciencia del tiempo ni del espacio, estaba muerto en vida y sintiendo como un animal me hacía su presa para desarmarme entre gritos y jadeos de sudor, el agua corría por mi cuerpo, y no distinguía su sudor del mío... sentía como sus dientes se clavaban en mi miembro infructuosamente erecto y sin conciencia... luego el cuerpo pesado cayó sobre mi entre temblorosas contracciones sacudiéndose una y otra vez golpeando mi rostro con el suyo. Sentí correr un hilo dulzón sobre mis labios... y me desvanecí, había momentos en que despertaba, y podía ver como una mota blanca recorría mi rostro ensangrentado, pero no sentía dolor... entre nubes la vi vestirse y cerrar la puerta de sonido metálico acolchado por cueros blancos...
No cabía duda, estaba de vuelta entre sus manos...había vuelto mi locura...habían vuelto los abusos, pero estaba caliente y me alimentaban....mi cuerpo estaba semi desnudo tapado por una pequeña cobija blanca, y mañana me darían una nueva pastilla más...


Gustab, entre barrotes.

martes, 17 de marzo de 2009

Fragancias sublimes....

En mi vida de adolescente siempre había la imagen de una mujer, siempre desnuda, siempre detrás de una puerta, siempre seductora.Y una de las cosas más desarrolladas y que alimentaban mi imaginación, era mi olfato. Las Fragancias me enloquecían, y las mujeres que se acercaban a mí, lo sabían.
Un día domingo, como todos, mis padres se levantaron muy temprano, pues asistían a la misa de la mañana, tipo ocho o nueve, no me acuerdo, y como siempre, se despedían de mí y salían rumbo a la iglesia. La nana aún no se levantaba, y yo lo sabía, y cuando sentía que la puerta de calle se cerraba, me escurría por los corredores hasta llegar a la puerta de la pieza de servicio, y sin pensar, me arrodillaba para mirar por el ojo de la cerradura. Pero ese día seria más osado que nunca.
Al asomarme, note que en el dormitorio no había movimiento, y luego de unos instantes sentí correr agua en el baño, típico de Isabel, día domingo baño seguro, era su día de salida. Me quedé un rato en silencio esperando a que el agua dejara de correr, sabía que justo en ese instante, ella entraba en la vieja tina de fierro, tan rustica como ella. Sin hacer ruido bajé la manilla intentando que no me escuchara. La puerta del baño estaba entre abierta, y al acercarme, pude ver a mi nana con un paño en la cabeza, y sus senos flotando en el agua semi hundidos. Sus manos se deslizaban por su cuerpo esparciendo el agua que corría en su piel buscando un camino de descenso. Quería ver más, pero el movimiento del agua no me dejaba. Ella ya era una mujer mayor, tendría unos 46 años muy bien trabajados. Sobre la cama estaba tendido el delantal que ella usaba para su trabajo, aquel delantal blanco semi gastado que hacía notar sus pezones cuando no usaba el sutièn. Me acerque semi agachado para que no se notara mi presencia en el dormitorio y tomándole entre mis manos, lo acerqué a mi nariz para olerlo, una mezcla de perfume barato, sudor y comida, algo desagradable, pero tenía su olor. Lo abrí para oler mejor, y mi sorpresa fue grande cuando de él, cayó su calzón y sostén que permanecían ocultos entre sus arrugas. No dudé en tomarlos y llenarme de sus fragancias, los sostenes olían a ese perfume entre dulzón y sudor, quizá a algo más, no sé, un olor muy particular, creo que era la fragancia de su piel. Los encajes eran algo duros, pero al bajar se tornaban más suaves, respiré profundo como queriendo introducir ese aroma en mi cerebro, en lo más hondo, en el rincón más central de mi mente. Pero aún quedaba lo mejor. Al sostener sus ropas intimas, noté que el aroma de su sostén era muy distinto al de su calzón,que era de textura más suave, se deslizaba deliciosamente por mi cara. Éste era más fuerte y profundo, algo así como dulzón y amargo a la vez, como a madera vieja, o como el aroma del moho, húmedo y profundo, pero muy exquisito, tanto como el sudor de los genitales, Algo así como entre sudor y orín, pero más profundo aún, casi imperceptible a los olfatos delicados, o desagradables para otros. Para mi era una fragancia sublime. Pero no sólo con mirar, oler y sentir esa tela, era suficiente. Lo pegué a mis narices repitiendo el procedimiento de sus sostenes, pero esta fragancia me sedujo a probar, si a probar, y dejé que mi boca tomara contacto con la tela, como queriendo recoger su gusto aromático, y mi lengua se deslizó por las telas justo por donde descansa su sexo, y observe todo aquello que toma contacto con ella en el día. Era un gusto a almizcle, un sabor usado mucho en el restaurante de Ziang Chu. Al tocarlo con la lengua, pude sentir su untuosa textura, gruesa y empalagoza, como grasosa, dibujada como pequeñas manchas pardo blanquesinas, y amargo sabor, pero al volver a sentir, tenía tonos dulzones asomagados. Mis sentidos se fueron llenando hasta embriagarme, hasta el punto de no sentir cuando se abría la puerta del baño y mi nana emergía mojada y semi desnuda, con su pelo empapado y goteando el la habitación...Sólo escuche mi nombre y todo se nubló dentro de mi. Al despertar de ese momento extraño, mi nana gesticulaba y profería palabrotas sucias... sólo pude entender un - ¡¡¿ Qué Haces?!!- Yo estaba paralizado y sólo le miraba uno de sus senos que la toalla no alcanzaba a cubrir... y unos negro vellos qué se escapaban por abajo, estuve a punto de orinarme mientras mi sexo crecía al interior de mi pijama hasta escaparse por las telas sin pudor. Luego de los gritos, un silencio se apoderó de todo, mientras sus ojos muy abiertos me miraban fijamente y sus manos trataban de agrandar la toalla para que cubriera todo, pero era inútil, la toalla era demasiado pequeña y no estiraba. Quise bajar la vista avergonzado, pero no podía.
Finalmente, mi Isabel se sentó en la cama y me preguntó si le gustaba el olor, y que qué sentía al hacerlo. Traté de hablar, pero no podía, ella estaba sentada en la cama, desnuda sólo con esa pequeña toalla, mi sexo palpitaba y yo trataba de devolverlo al pijama y no podía. Ella empezó a vestirse frente a mis ojos, se puso su enagua y unas medias de encaje francés que yo sabía que las había tomado del armario de mi madre, se sentó en la silla del tocador de madera vieja, y me miró mientras yo apretaba mi pene con fuerza tratando de contener cualquier accidente, pero mi rostro empezó a encenderse de un rojo muy fuerte, la cabeza daba vueltas y mis gestos se volvieron torpes. Enmudecido la observaba mientras ella se levantaba la enagua para dejar ver algo más de lo que dejaba ver la enagua semi transparente... ella se notaba nerviosa, después sabría que no eran nervios literalmente, pero no dejaba de jugar con sus manos y se tocaba por sobre la delgada tela mientras yo miraba babeante... Hasta que abriendo las piernas me pidió que me acercara a ella. Con sus largos dedos tomó la basta de su enagua y la fue levantando lentamente, una vez desnudo su sexo a mis ojos, abrió las piernas hasta quedar a horcajadas, y se tiró hacia atrás para con sus dedos abrir sus labios vaginales y dejar que brotara toda esa humedad que había adentro, un color rubí se apoderó de mis ojos, casi purpura, brillante por un espeso liquido que brotaba de su interior, y dejó que uno de sus dedos tocara un pequeño ganglio como un pequeño monte en la parte superior de sus labios, hasta abrir su sexo completamente pidiéndome que me acercara, yo lo hice, su piel era tan suave y fragante, tan exquisita que me seducía haciendo perder mis sentidos. Podía sentir su olor más nítido que nunca, mientras esa sábia brotaba entre parduzca y transparente llenando su interior. Me ordenó chupar deliciosamente, amenazando de acusarme a mis padres si no lo hacía. Pero no era necesario, lo deseaba con todo mi corazón y me enterré en esa carne púrpura sin chistar, mientras esos aceites se iban pegando en mi lengua como atraídos por un imán. Mis sentidos se unían en una armonía increíble, mientras ella me decía que me agarrara el pene con fuerza, y que quería sentir como chapoteaba mientras lo movía, y que chupara con más fuerza. Mis papilas gustativas se enredaban en un néctar exquisito, y sentía como mi lengua se ponía trapoza y se empalagaban mis labios sintiendo el mismo olor de hace un rato, pero más puro y cristalino, real gusto meloso y salado. Toda mi boca se llenaba de su gusto, de su sabor, y mi nariz se mojaba dejando salir ese aroma sublime que penetraba en mi cabeza, sus gemidos se volvieron gritos, jadeaba descontroladamente, mi mano masturbaba mi sexo con fuerza, y ella grito ahogando sus gritos y gemidos hacia su vientre que empezó a saltar sin control como el oleaje del mar en una noche de tormenta hasta que sentí como entraba a mi boca un torrente bizcoso que lleno toda mi garganta abligándome a tragar para no ahogarme porque sus manos sujetaban mi cabeza empujándome hacia esos labios hinchados y carnosos endurecidos por el accionar de mi boca.... y chupe y chupe hasta que ella cayó sobre sus espaldas rendida y temblando aún después de varios segundos, hasta que sus manos liberaron mi cabeza dejando que una bocanada de aire entrara por mi boca y nariz. Me puse de rodillas frente a la cama mostrándole como mi mano agitaba mi sexo mientras ella me rogaba seguir, hasta que mi cuerpo sintió que no se controlaba dejando escapar chorros de semen sobre sus medias de seda francesa... caí entre sus muslos aún abiertos respirando sobre su sexo mojado, mientras ella acariciaba mis cabellos desordenados. Luego me pidió que la dejara sola. Se dejó caer sobre el respaldo cerrando sus ojos mientras volvía yo a mi cuarto.
Su olor y sabor quedaron en mi cara, mientras me tiraba en mi cama para dormir. Mis manos recorrían mi cara esparciendo su bizcoso liquido por mi rostro y recogiendo cada gota que quedaba para llevarlo a mis labios, mi nariz guardaba ese olor como un tesoro. De ahí no supe más hasta varias horas después cuando desperté en mi cuarto medio desnudo, pero con una fragancia sublime en mi mente.
Gustab, en recuerdo de Isabel.

martes, 24 de febrero de 2009

El Seminario...

Todos tenemos un secreto muy guardado, quizás hasta olvidado, pero hoy ante la pregunta de una seguidora les voy a contar el mío, pues alguna vez se me ocurrió contarle a alguien que jamás supo guardarlo.
Egresé joven de un colegio cristiano, de raíces hispanas, tenía apenas 16 años. Como buena familia de ese origen, todos guardaban un hijo para la iglesia, o soñaban con entregarle un hijo.
Mi vocación empezó un día lluvioso de julio, y durante meses lo oculté a mi familia, pues no era precisamente el perfil de un religioso. Pero antes de que terminara el año conversé con un sacerdote, que como complice, se aseguró que postulara a mis deseos.
Entré un verano caluroso ante la negativa de mi padre, y una madre que no sabía que pensar. Me trasladaron a provincia, muy cerca del mar, Melipilla, y junto con algunos jóvenes algo mayores que yo, entre un 15 de diciembre. Durante meses me aboqué a tareas de la vocación, encerrado entre cuatro murallas frías y sin calefacción, mucha oración y algunos deberes que se me habían asignado.
Tras estas envejecidas murallas se fue generando una historia que hoy voy a contar. Estas eran grises, propias de la vida en claustro, una solitaria y desnuda cruz, adornaba este ambiente de vocación, y el techo era muy blanco, pero muy mal pintado, pues la pintura se había englobado con el pasar de los años. En verano, era muy caluroso, y en invierno, el frío te penetraba sin compasión. Ahí pasé un año, tratando de no pensar en nada que me distrajera de mis labores, pero con un rincón de mi mente que se disparaba en sueños típicos de la libertad. Y llegó un verano más, el calor se apodero de las hasta entonces frías murallas de adobe. Un día desperté desnudo sobre mi cama con una erección que dolía de lo hinchada que estaba. Mi mente dibujaba el cuerpo de una mujer que había visto revoloteando por el seminario, una mujer que recogía moras y luego de la cosecha se retiraba al río para bañarse desnuda, María, se llamaba esta mujer que hoy aparecía ante mis ojos ensoñados en el día más caluroso de mi vida. Nombre bíblico; santo y pecador a la vez.
Algunas veces me la topé en el camino que me llevaba al pueblo, donde compraba los víveres del mes, harina, vino, etc.etc. Ahí estaba, como siempre, con sus manos moradas por el jugo de los frutos, y sus labios color purpura de alguna que otra que no caía en el canasto, sino los dedos la desviaban a la boca. Era muy niña, pero en el campo, la mujer se ve diferente a la ciudad, ella representaba unos veintitantos, cuando sólo alcanzaba los quince o dieciséis. Siempre con el mismo saludo... Hola padre Cristo, como amaneció hoy...- yo trataba de guardar el recato y contestaba, buenos días hija... y continuaba mi camino... Me decían padre Cristo en el seminario, aunque estaba lejos de serlo. El nombre venía de una extraña arruga que se formaba en mi frente cuando fruncía el seño. Y no era nada regular, parecía una cruz, con una vena que al arrugarse formaba algo parecido a un Cristo crucificado.
Ese día del que les hablaba, el calor hacía lo suyo, y la desnudez lo de ella, no quería entender nada, solamente corrí por el campo hacia el río, y como hacíamos con nuestros compañeros encendí un cigarrillo lejos de los ojos del padre Pío, sin antes rodar por una pendiente que me llevaba directamente al río, donde las raíces que sobresalían de la tierra, fueron cortando mi espalda seguidamente. Cuando logré calmarme, y dejar de correr, me senté en una roca mirando las aguas correr de un lado a otro con extraña calma. Ese ruido me tranquilizaba, y el silencio del lugar prendía paz en mi alma. A pocos pasos de ahí sentí chapoteos en el agua, era María. Se bañaba desnuda flotando en el agua a la deriva. Pareció que mi corazón se detenía para siempre, al parecer ella no me había visto, pero luego descubriría lo contrario. En silencio disfruté la vista del pecaminoso cuerpo que flotaba en el río. Su dorado cuerpo acusaba una gran exposición al sol por años, y sus cálidas formas me decían que aunque pareciera una niña, su cuerpo era el de una mujer. Sus senos eran como dos duraznos endurecidos, su cintura era delgada y su columna muy espigada, Larga ... interminablemente hermosa, la que terminaba en unas carnosas nalgas tan morenas como su piel. Creía yo que no me vería si me acercaba un poco más, su nariz respingona y gruesa golpeada por las ínfimas olas que formaba el río, se habrían una y otra vez tratando de mantener fuera el agua. Algo la hizo voltear, y repitió como siempre,- Buenos días padre Cristo, como amaneció hoy?...- y se hundió en el río para voltear y mirarme chispeantemente a los ojos emergiendo del agua. Se quedó con los pechos desnudos flotando con el agua, mientras sus pezones se mostraban duros y jóvenes saliendo una y otra vez. No respondí, estaba paralizado por el miedo, y ella continuó...- ¿ qué son esos nudos que lleva atados a su cordel? ¿ esos, los que afirman la sotana...?...- respondí con temblorosa voz..- no son nudos, son votos, promesas, que no debo olvidar... castidad, pobreza, ... no..no lo entenderías.-y guardé silencio otra vez. - Hay sangre en su sotana.- corría la sangre producto de los golpes que me había dado, quise que se olvidara, pero insistió en curarme. Bajé la sotana hasta la cintura, y dejé que me curara después de mucho ella insistir.
Mojó su calzón para pasarlo por mis heridas, eso dolía, ardía como si cortaran una vez más la piel. Mientras temblaba de dolor ella repetía..- Hay padrecito, que piel más suave tiene...- hasta que sentí como su lengua limpiaba mis heridas...tibia y juguetona, las recorría una y otra vez, y sin resistir la tentación, me dejé caer sobre sus piernas desnudas...hasta que sus labios se posaron sobre los míos...... mi cabeza ardía, mi corazón latía sin control y mi sexo... mi sexo... Más cerca del infierno que del cielo, mi cuerpo dejaba escapar el alma, para dejarse llevar por la carne y sucumbir al pecado... Los rostros de miles de personas pasaron por mi mente, pero ya ardía en el fuego y dejé que mi alma se perdiera entre sus caricias, besé, bebí y comí de su cuerpo por mucho tiempo, hasta que sentí como sus piernas se habrían para dejarme beber de su cáliz, mientras ella bebía del mío...
Perdón por el caliente relato, pero si no lo cuento así, no sabrán porqué renuncié a mis votos, para llegar a convertirme en el escritor que hoy les cuenta este secreto...
El sabor que soltaba su sexo se convertía en el más sabroso de los bocados, en el elixir sagrado, en el secreto pecado. Sus caricias encendían cada retazo de piel sana que había quedado, mi sexo pulsaba como el demonio mismo, mientras sus gruesos labios sacaban toda la pasión contenida, hasta que se desíso entre sus dedos botando todo aquello que hasta ese día conocía y además creía, como aquella primera vez en casa de mis abuelos. Luego vinieron sus gemidos cortando el silencio con encantadora precisión, mientras los ruidos del agua y el piar de las aves, desaparecían para llenarlo todo de bramidos salvajes. Su boca soltaba el aire entre pequeños gritos, mientras yo seguía bebiendo de ella, hasta que sus manos cayeron al suelo apoyando el desvanecimiento que se hacia inminente. Entre resoplidos fue a caer a mi lado, mudándose quieta sin decir palabra alguna. Luego de un rato de escuchar al río, le pedí que se montara sobre mí, y mientras observaba sus bellas caderas moverse cadenciosas sobre las mías, mis manos recogían sus senos con extraño placer hasta ese día desconocido, para deleitarse con sus redondeadas y carnosas formas, mientras mis labios recogían esas gotitas de néctar biscozo que salía de ellas. Durante unos instantes se movió con tranquila ligereza, hasta que el demonio le entró en el cuerpo enterrándose en mí, hasta que mi cuerpo soltó con fuerza una vez más todo el jugo de la vida, para llenar cada rincón en su interior con precisión absoluta, jadeando sin control una y otra vez, y quedamos vacíos y sin sueños, sin vida espiritual alguna, pero con un inmenso placer que me alejaría para siempre de las palabras y juramentos que alguna vez había dicho o hecho.
De vuelta en el cuarto de oración, sentí que ya nada era lo mismo, que las oraciones no tenían sentido, y que el perdón no era algo que ocurría por ser un religioso, sino que por ser un ser humano, y valga la redundancia, un ser humano.
Me saqué y doble la sotana con delicadeza, besé los cordones y desaté los nudos con cuidado, y me alejé de ese lugar para siempre renunciando a todo por un largo tiempo. Mientras me miraba al espejo y tocaba las arrugas de mi frente, me preguntaba porqué...

Gustab, En reconciliación.