Mi Ella.
El poderoso silencio que ocupa cada rincón de mi pensamiento, estaba ahí. Apenas podía ver mi habitación con la tenue luz que rasgaba las paredes como arañazos, y esa tela que cuelga buscando atrapar cada bicho que vuela descuidado. Suspiré girándome para no verlos, intentando conciliar el sueño. Recordé al moreno del sanatorio que había visto cuando paseaba por la calle, el día anterior en los alrededores. Aquel extraño hombre de mirada perdida tras los barrotes. Aquellos ojos oscuros y tristes, sus labios y su desnuda figura encarcelada entre los muros que permanecía pegado al vidrio mojado por la lluvia y un pene erecto entre sus manos, que quería arrancar entre los barrotes. Me hablaba y yo me quedaba hipnotizada con su apariencia, preguntándome -¿Cómo será más allá de lo que me muestra detrás de la ventana?.- Mi mano se ocultó bajo las sábanas y disfruté de la oscuridad y la paz que se siente al estar a solas conmigo. Estiré mi cuerpo, mis piernas se abrieron y dejé que ...