El Seminario...
Todos tenemos un secreto muy guardado, quizás hasta olvidado, pero hoy ante la pregunta de una seguidora les voy a contar el mío, pues alguna vez se me ocurrió contarle a alguien que jamás supo guardarlo. Egresé joven de un colegio cristiano, de raíces hispanas, tenía apenas 16 años. Como buena familia de ese origen, todos guardaban un hijo para la iglesia, o soñaban con entregarle un hijo. Mi vocación empezó un día lluvioso de julio, y durante meses lo oculté a mi familia, pues no era precisamente el perfil de un religioso. Pero antes de que terminara el año conversé con un sacerdote, que como cómplice, se aseguró que postulara a mis deseos. Entré un verano caluroso ante la negativa de mi padre, y una madre que no sabía que pensar. Me trasladaron a provincia, muy cerca del mar, Melipilla, y junto con algunos jóvenes algo mayores que yo, entre un 15 de diciembre. Durante meses me aboqué a tareas de la vocación, encerrado entre cuatro murallas frías y sin calefacción, mucha oración y a...