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El Seminario...

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Todos tenemos un secreto muy guardado, quizás hasta olvidado, pero hoy ante la pregunta de una seguidora les voy a contar el mío, pues alguna vez se me ocurrió contarle a alguien que jamás supo guardarlo. Egresé joven de un colegio cristiano, de raíces hispanas, tenía apenas 16 años. Como buena familia de ese origen, todos guardaban un hijo para la iglesia, o soñaban con entregarle un hijo. Mi vocación empezó un día lluvioso de julio, y durante meses lo oculté a mi familia, pues no era precisamente el perfil de un religioso. Pero antes de que terminara el año conversé con un sacerdote, que como cómplice, se aseguró que postulara a mis deseos. Entré un verano caluroso ante la negativa de mi padre, y una madre que no sabía que pensar. Me trasladaron a provincia, muy cerca del mar, Melipilla, y junto con algunos jóvenes algo mayores que yo, entre un 15 de diciembre. Durante meses me aboqué a tareas de la vocación, encerrado entre cuatro murallas frías y sin calefacción, mucha oración y a...

Morena.

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La dama del tranvía...

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No recuerdo cuando dejé de ser feliz, no recuerdo cuando fue la última vez que le alcance las nalgas a una mujer sólo para probar cual sería su reacción. Y aunque las he tocado toda mi vida, esas que tocaba antes por deporte, ahora, siempre actúo a la segura. No recuerdo cuando deje de seducir con mis palabras y crear en las mujeres ese deseo oculto que esconden todas. Ellas que siempre se sonrojaban y luego soltaban una cachetada para decir que no, pero que luego se cruzaban en tu camino para que las volvieras a pellizcar. Eso volvió a ser. Hoy se cruzó una de estas señoras en mi camino, mayor, tan mayor como seductora. Las delgadas telas de su vestido me animaron como en esos tiempos. Al subir al tranvía, la vi del principio del vagón. Tan señora y compuesta como su facha. Me acerqué para mirarla de lejos, su delgada blusa oscura delataba la piel desnuda al otro lado de la costura. Ahí me quedé, fijos mis ojos en el escote de su vestido, y esos pezones que acusaban una excitación po...

Seducido por la muerte.

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Son las 4:30 de la mañana, no he logrado pegar un ojo. Soñoliento me asomo por la ventana, el puerto esta en calma... Escucho algunos tacos golpear sobre los adoquines, van rápido, como huyendo de la oscuridad. tomo mi cuaderno y un lápiz, salgo de amanecida. Mis pasos se apuran en alcanzar las escaleras de piedra, no quiero mirar hacia atrás. Por los cerros busco el camino a los acantilados. Hoy me siento tan débil , tan frágil... tan frágil , que un alfiler me quitaría la vida. Un simple alfiler . Estoy desnudo, hace frío, y el mar deja escapar su estruendoso vozarrón golpeando las rocas abajo, como si quisiera llevarlas mar adentro. Desnudo, si,... porque uno se viste cuando tiene que cargar algo en los bolsillos, yo no tengo nada que cargar. La soledad me acoge, si, muchos otros en estos momentos quisieran estar con sus padres, o algún ser querido, yo no. Me siento tan sólo Dios mío, hay tanta rabia en mi corazón, tanta frustración, tanta soledad. Vacío, si vacío. . Al acercarm...

Crisis económica...

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El mundo se encontraba en jaque, wall street caía irremediablemente, las bolsas europeas seguían de lejos los movimientos que se daban en USA, y aquí la cosa no era distinta, los políticos anunciaban nuevas medidas para detener la caída, pero los empresarios locales no esperaban. El desempleo hizo crisis, y yo no lejos de esa realidad dejaba el diario El magazim el día 31 de Diciembre, como para esperar un muy buen año nuevo. Reducción de personal fue la escusa, noble a mi personalidad, no dije ni discutí nada, entregué mi puesto y me encamine hacia las escalinatas. Ya era tarde, el sol se perdía en la linea del horizonte, y las luces del puerto empezaban a titilar a lo lejos, como un inmenso árbol de pascua se encendían los faroles uno a uno, cumpliendo la trágica frecuencia. Entré al bar sin decir palabra, pedí un vaso de aguardiente y me dejé llevar por la circunstancia del momento. Al final de la barra había una mujer cabizbaja, un anís mojaba sus labios haciéndolos brillar por el...

El vuelo del colibrí...

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De vuelta en el puerto, vuelve la tranquilidad, busco el espacio para detenerme y pienso...... Hoy estaba sentado en el jardín de la plaza de armas, mucha gente revoloteaba por el lugar. Los elegantes sombreros de copa alta y los sombreros de las damas, pintaban de hermoso colorido el lugar. Los casquillos de los caballos que tiraban de las victorias, marcaban el compás del lugar. Era una hermosa mañana primaveral, los jazmines y rododendros ponían esa nota de fragancia tan particular. Los jardineros de la municipalidad, regaban y arreglaban los frondosos árboles del lugar, todo transcurría en un tiempo cansino. La tierra mojada aceleraba los sentidos, sólo el táctil y el sabor no se habían echo presente. Curioso, pero no tardaría en llegar. Sentado en la banca de la plaza, dejaba que el tiempo se detuviera envolviendo de escenas brillantes el lugar. Un vuelo caprichoso de un colibrí llenó el lugar. Este revoloteaba afanosamente entre los azahares del lugar, Las Fucsias le coque...

Malena....

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" Algún día escribiré un poema que se limite a pasar los dedos por tu piel"... eso leía cuando sentí erizarse mi piel, ahí, detrás de la barra estaba ella... de rostro cabizbajo ... de ojos cristalinos y una sonrisa entre lágrimas. Entre sus dedos, una boquilla de mentolado aroma a tabaco inglés. Alguien me habló alguna vez de una mujer de sensual mirada, poeta, y que se pasaba los días tarareando algún tango encontrado por ahí, en alguna vieja fonola de quizás que bar..., al otro lado de la barra..., su procedencia no la sé, le llamaban Malena, aquella que alguna vez inspiró un tango...Me acerqué a ella y........ Las luces de Buenos Aires se apagaron de una vez, el bar a oscuras dejaba escapar lamentos de los parroquianos que estaban allí: - Muchachos el toque de queda a caído una vez más...- Las farolas de la entrada al bar fueron encendidas para proteger la salida, y los ánimos se calmaron, voltee para mirar a Malena, ahí sólo unas brazas de un cigarrillo aún anunciab...