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martes, 20 de enero de 2009

Seducido por la muerte.



Son las 4:30 de la mañana, no he logrado pegar un ojo. Soñoliento me asomo por la ventana, el puerto esta en calma... Escucho algunos tacos golpear sobre los adoquines, van rápido, como huyendo de la oscuridad. tomo mi cuaderno y un lápiz, salgo de amanecida. Mis pasos se apuran en alcanzar las escaleras de piedra, no quiero mirar hacia atrás. Por los cerros busco el camino a los acantilados.
Hoy me siento tan débil, tan frágil... tan frágil, que un alfiler me quitaría la vida. Un simple alfiler. Estoy desnudo, hace frío, y el mar deja escapar su estruendoso vozarrón golpeando las rocas abajo, como si quisiera llevarlas mar adentro. Desnudo, si,... porque uno se viste cuando tiene que cargar algo en los bolsillos, yo no tengo nada que cargar. La soledad me acoge, si, muchos otros en estos momentos quisieran estar con sus padres, o algún ser querido, yo no. Me siento tan sólo Dios mío, hay tanta rabia en mi corazón, tanta frustración, tanta soledad. Vacío, si vacio..
Al acercarme a los acantilados, siento como el viento penetra mi piel. Silva sin compasión,... o con pasión... no sé. Me siento en una húmeda roca bañada por el rocío del mar, aquel que sueltan las olas cuando golpean y se levantan más allá de tu imaginación. Voraz, el mar esta voraz, ruge con fuerza bajo mis pies... el silencio de la mañana me embarga, más las olas no dejan escuchar nada más. El mar seduce, abajo los remolinos se tornan verde profundo, gris, y la espuma lo cubre todo.
¡¡¡Dios, que soledad!!! ... que triste soledad.
Se levanta niebla a lo lejos, en los cerros, allá, donde el acantilado cambia de nombre. Algo camina hacia mí, una silueta hermosa. Entre nubes la logro distinguir, es una mujer morena.
Viste un neglillé negro, su pelo negro flota en el aire, el viento la peina y despeina, sus redondas caderas, sus grandes senos, su piel salpicada de gotas , rizada por el frío. Sus grandes ojos negros, y las pestañas que los cubren. Sus rojos labios brillantes, su apagada voz.
El viento silva, y va levantando las telas delante de sus piernas, dejando entrever los vellos pubianos, su escondido sexo.
Majestuosa soledad,... y yo desnudo sentado en estas mojadas rocas,heladas, frías como la nevera del viejo café.
Al llegar a mi, se detiene, mientras el viento, sigue jugando con su vestido negro. Sus traslúcidas telas dejan ver los endurecidos pezones, sus firmes senos, y su delicado vientre moreno. El viento la dibuja como un pincel, y sus labios vaginales se asoman tras las jugarretas del viento. él trae su aroma hasta mis narices, mientras mis dedos se deslizan por sus pantorrillas tratando de alcanzar su sexo. Al llegar a sus muslos, puedo sentir la tibieza que arranca de su interior.
El mar me llama, me acerco a los acantilados, ella me toma de la mano y me invita a saltar. Puedo sentir el agua bajo mis pies fríos, ella sonríe... no siento mis genitales... mil rostros saltan a mi mente, mis dedos se cierran, siento como mis uñas se clavan en mi piel. Algo nace en mi vientre,sube por mi cuerpo agolpándose en mis pulmones, mi garganta no lo deja salir.... de pronto mis labios se abren y un grito quiebra el silencio...........
Estoy sólo, sólo... vuelvo a los acantilados ... miro el mar... abro mis brazos, y vuelvo a gritar... siento como mi cuerpo tambalea, se mece con el viento...siento la sal entrar por mis poros y el frío por mis huesos...tomo vuelo y me voy hacia el vacío.... mi cuerpo se moja tirándome hacia atrás y un golpe cierra mis ojos, mientras mis labios guardan silencio, todo es oscuro, todo silencio... ya no hay frío, no hay dolor............
No siento mis genitales....no, no los siento... sin embargo puedo sentir que a lo lejos, ellos están tibios.... y un gemido los acompaña.
Escucho algo, si, dos palabras... que es...que...

-Estuvo cerca.
Vuelvo a sentir tibio mi cuerpo después de un tiempo indeterminado... mis genitales vuelven a latir, una suave caricia lo despierta...una mano suave lo calienta, unos dedos largos los dibujan.
Mis ojos se cierran... sólo puedo escuchar los latidos de mi corazón.


Gustab, seducido por la muerte.

3 comentarios:

malena dijo...

Vaya, vaya... tal parece que te estuve visitando y no lo recuerdo... mmmm...
jaja!
Pasa por mi blog que hay algo para ti.
besitos.

Ayanay dijo...

La soledad duele... lo se

Cada noche esta en mi cama riendose de mi, esta en os besos que le doy a un desconocido en el bar, esta en las caricias que rechazo porque no son las que busco, porque no son sinceras.

La soledad quema, congela, te mata, y todo eso junto, te enseña a vivir, te enseña a morir.

Besos

rodrigo dijo...

Ayanay, ya no eres una niña, eres una mujer, y como tal debes buscar el placer sin depender de otros. Eres sensual por naturaleza. Eres una mujer que arde en deseo y como tal, sólo necesitas escoger bien, con la cabeza y el corazón.
busca lo que tu corazón necesita, no lo que otros necesitan de tí, ahí esta la clave de la felicidad.
Deja este mundo de fantasmas, y busca en ese mundo de ilusión.

Gustab. ( no hay perras en este mundo más que las que conocemos como las parejas del perro, lo que hay son muchas mujeres insatisfechas buscando eternamente un principe azul.)