Los 24 Caprichos para violín de Niccolò Paganini, se centran en el virtuosismo técnico extremo, explorando arpegios, trinos, pizzicato de mano izquierda y cambios rápidos de posición. Aunque son estudios, expresan un cambio repentino de humor o comportamiento, y así en un rincón del sanatorio, afina su violín despejando su cabeza a través de la música.
El Capricho 24, que me llega por los pasillos colándose bajo la puerta de acero que me separa de la cordura, es una obra de técnica virtuosa y compleja, es considerado, la culminación del virtuosismo en el violín.
Aunque no muestra una narrativa emocional específica, asemeja al cuerpo de una mujer desnuda y todas sus curvas y volúmenes, es imposible no sentir la sensualidad del sonido de las cuerdas como un orgasmo sublime como al finalizar en la cúspide de una cópula .
Todo explota ante nuestros ojos salpicándonos de humedad y éxtasis, una droga estimulante y alucinógena. Sus efectos duran hasta horas con riesgos graves, pudiendo ser mortal. No es una exageración siendo interpretado por los dedos del diablo.
Cada chasquido, cada arpegio, trinos y pizzicatos, son interpretados tan cerca del cuerpo, de la humedad y sus formas, como si acariciaras el cuerpo de una mujer buscando el clímax, el gemido, el tronar de sus labios, los jadeos al rozar su piel sin siquiera tocarla. Entonces todo se acelera; el corazón, la angustia, el deseo, como las flores en primavera tras la caída inesperada del agua o la lluvia. Ellas guardan las gotas que soltó la noche perfumada, el petricor; el olor característico y agradable que emana la tierra seca cuando recibe lluvia, el cuerpo seco que recibe una caricia furtiva, pero esperada por un cuerpo deseoso de ser tocado.
Así, como florece el cuerpo de una mujer. Un símbolo poético de la Virtud Silenciosa representando la integridad, la modestia y la pureza del alma sin buscar el reconocimiento, el amor refinado de una belleza discreta que florece en la soledad, simbolizando sabiduría espiritual.
Ese es mi capriccio, mi sueño antes de despertar, ese rostro cuyo cuerpo viste de blanco y me cubre de besos y caricias diciendo:
- Hora de despertar Gustab, Paganini esta tocando tu Capriccio...
Gustab.
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