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La rubia de las antigüedades...

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Dentro de mi melancolía , acosado por la vertiginosa hoja en blanco enquistada en la vieja royal, los ruidos de las lineas del tranvía, el aroma a café que entra por mi ventana al amanecer, y las sirenas del los buques, decidí despedirme de mi vida de escritor saliendo a buscar mi última historia. Era domingo, las campanas redoblaban en la catedral, el sonido viejo y oxidado de las campanas me atrajo como hipnotizado por su melancólico sonido, pero cuando ya estaba por entrar al sagrado salón,, y al llegar a la plaza, vi como los anticuarios empezaban a montar sus puestos y como era de suponer, el pasado golpeó a mis ojos desviando definitivamente el camino. Recorría los puestos y la vi, entre candelabros , cuchillerías bellamente labradas, figuras de porcelana y juegos de tazas de la lejanas china, una señora de 60 y tantos años , montando una lampara de eternas lagrimas, que no dejaban de tintinear sobre un cableado preparado para la exhibición, de espaldas ...

La despedida sin final.-

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La humedad lo inunda todo, la fragancia del moho se cuela por las ventanas, las escaleras gritan mi nombre anunciándome como el escritor del puerto.... Muchas me esperan al pasar para invitarme a acurrucarme bajo sus sabanas, ellas creen en el amor del escritor extraño, aquel que no pregunta, sólo se desnuda y se deja caer entre las sábanas revueltas de cuánta falta de amor encuentre en el camino, adoran sus embestidas y sus historias sin pudor. Saben que él siempre responde cuando alguien les ha abandonado en sus camas, llenando sus espacios y pensamientos ... tras cada orgasmo una historia, tras cada deseo una letra, tras cada polvo, un respiro. Al otro día vuelven a sonreír en silencio, acordándose del loco que se les metió entre las sábanas. No pide nada, sólo da. Abren sus ojos y el ha desaparecido, pero saben que se lo volverán a encontrar en cualquier momento subiendo las escalas de piedra, aquellas que se desmoronan entre los cerros, aquel que cuenta los adoquines uno a uno,...

A cambio de unas pocas palabras.

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“…Ella conduce su cuerpo con toda decisión, su culo es más sonoro que los mundos de Rubens y se parece a la esquina de las palomas de l´Avenue des Champs Elysées … habrá que ver cómo vivir sin ella…no me voy solo cuando salgo de tí, sólo busco otra para guarecerme del respingado culo que acabo de desenfundar, ya estaba húmedo y sus carnes descansaban sobre las fundas gastadas del viejo catre de bronce, hasta las bolas estaban negras por el paso inexistente del tiempo... es un bello culo, pero se me antoja otro ..” Nada hoy tiene sentido, lo que acabo de escribir no tiene principio ni fin, ni lógica alguna, a veces pienso que el sanatorio en algo había cambiado mi mundo de escritor, y aún cuando intento retomarlo, no logro encontrarle sentido...  Veo en mi ventana los últimos rayos tibios del Otoño que nos acaba de dejar... el sillón de paja seca medio desarmado , me invita a recostarme en él, el sol entra por la ventana y da de lleno, la manta de huaso que alguna vez me re...

Otoño

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Caminaba por los patios del jardín del sanatorio y divagaba entre mis escritos creados en lo más profundo de mi mente, las hojas se quebraban bajos mis pies, crujiendo y llevando el sonido hasta sus oídos...muchas mujeres, muchas vidas. Entonces los recuerdos volvían a surgir, otoños dorados y lluviosos, los distintos aromas a jazmines , a tierra mojada, y el frío que entraba por los pies, el rostro de la vecina brotaba chispeante entre las hojas,... alta y de contextura grande, una gran sonrisa, unos ojos café dorados y profundos.  Solía mirarla mientras caminaba, de andar elegante y sinuoso, una hembra de tomo y lomo, juguetona como una chiquilla mimada, seducía a cada paso con su pañuelo envolviendo su cuello, mostrando su escote entre las telas desordenadas... un perfume dulce y con notas cítricas entraba por mi nariz, haciendo inevitable el seguirla con la mirada, cuando apenas se acercaba y pasaba por mi lado... luego su falda más arriba de las rodillas, sus caderas y sus...

La mosca española.

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La depresión me hacía caer una vez tras otra en el sanatorio, y siempre era recibido con las caricias de las enfermeras, aquellas que aprovechando el uso de calmantes, abusaban de mí sin consideración alguna, pero esta vez curiosamente deseaba estar con ellas, ya llevaba algún tiempo sin sexo, y dentro de mis bolsillos llevaba un preparado de “La Mosca Española”, un afrodisíaco que guardaba para alguna ocasión especial. El afrodisíaco se elaboraba con el cuerpo disecado de la Cantharis Vesicatoria,una especie de escarabajo verde intenso, entre otros ungüentos y pócimas. Sus efectos eran, según se dice, diferente para cada sexo. En las mujeres, el afrodisíaco actuaba enervando la sensibilidad femenina, hasta el punto en que el ardor púbico las excitaba de tal manera que eran capaces de cualquier aberración. En los hombres, los efectos eran más bien sencillos: provocaban lo que los monjes llamaban animalis erectio, las cuales no se diluían hasta pasadas varias horas de la tertulia. ...

Borrando huellas.....

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Dos cuerpos fundidos por el deseo, reclamando atención, buscando destruir cualquier rasgo de historia... tratando de sanar viejas heridas que habían dejado viejos amantes. Las manos eran serpientes deslizándose por sus sexos, provocando contracciones involuntarias... Sus cuerpos quebrados por la pasión, no dejaban rincones sin descubrir... Sus mentes divagaban entre paisajes calientes, buscaban el deseo permanentemente; si este no se concretaba, provocaba la ira y la angustia, la inseguridad, y aparecían los fantasmas del pasado brotando la rabia en sus cabezas. Entonces las manos de ella tomaban el sexo de él, lo acariciaban y erguían para prepararlo para el gran viaje, él se retorcía por dentro, mientras buscaba entre los encajes y telas que los separaban .... sus dedos dibujaban en su vientre la ruta del deseo, hasta alcanzar la humedad que brotaba desde dentro. Dedos enredados entre parajes crespos y morenos buscando la tibieza entre sus labios que rodeaban la profundidad de su se...

Marginal

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Hoy camino solitario entre callejuelas oscuras y mal olientes, los adoquines parecen más opacos que de costumbre, los tambores de aceite usados de basurero aromatizan la noche, sólo en algunos rincones se pueden ver ligeros brillos, pero son los orines de algún borracho que no pudo llegar a algún lugar donde fuera permisivo desaguar esas cervezas baratas que bebió en algún bar de mala muerte, pues de esos abundan en este puerto, donde no todos tiene un buen pasar para beber algo de más categoría.  La noche esta fría, y en los rincones, lejos de las farolas, algunas muchachas de dudoso pasar, expelen bao de sus bocas calientes y cuerpos fríos. El invierno a sido duro, los clientes escasean, pero nunca falta algún marinero, que por algunos morlacos esta dispuesto a comprar un cuerpo tibio que le haga creer y sentirse amado, aunque este sentimiento dure, lo que su cuerpo sea capaz de resistir los embates de su amada, y finalmente eyacule entre embestidas contra la muralla, unos cuanto...