La rubia de las antigüedades...
Dentro de mi melancolía , acosado por la vertiginosa hoja en blanco enquistada en la vieja royal, los ruidos de las lineas del tranvía, el aroma a café que entra por mi ventana al amanecer, y las sirenas del los buques, decidí despedirme de mi vida de escritor saliendo a buscar mi última historia. Era domingo, las campanas redoblaban en la catedral, el sonido viejo y oxidado de las campanas me atrajo como hipnotizado por su melancólico sonido, pero cuando ya estaba por entrar al sagrado salón,, y al llegar a la plaza, vi como los anticuarios empezaban a montar sus puestos y como era de suponer, el pasado golpeó a mis ojos desviando definitivamente el camino. Recorría los puestos y la vi, entre candelabros , cuchillerías bellamente labradas, figuras de porcelana y juegos de tazas de la lejanas china, una señora de 60 y tantos años , montando una lampara de eternas lagrimas, que no dejaban de tintinear sobre un cableado preparado para la exhibición, de espaldas ...