Adoquines Mojados.


El petricor se evapora entre los adoquines, la fragancia y la humedad se pegan a la suela de mis zapatos . Ahora no llueve, pero los cerros de Valparaíso siguen llorando. En el estero Marga Marga el agua baja negra y arrastra colillas, tickets de tranvía y trolley..., muebles, maderos y una promesa que alguien hizo borracho a la ciudad, ¡¡Volveré!!.
Camino sin apuro por la Calle Templeman de Cerro Alegre. Los adoquines brillan como si alguien los hubiera pulido para que yo me resbale y me acuerde que estoy vivo. Los ascensores rasguñan, los rieles oxidados masticando el acero, mientras danza la noche. Cada farola hace un charco de luz amarilla palpitante, donde se juntan dos gatos y una puta... y yo, un fumador que lucha por mantener el pucho encendido  frotando  las manos para disparar el calor entre los dedos; La puta llora lastimosamente y me acerco para preguntar:
- Tan mala esta la noche que lloras?...- y sonrío sarcástico entre dientes que castañean de frío, mientras deslizo los dedos por las medias de media seda y por las ligas buscando el calor de la piel...
- hola Gustab; nooo... Acaba de acercarse un hombre que dijo ser alienígena, y me acarició igual que tu. Me pidió que pasáramos la noche juntos, era tan extraño y deforme, que le dije que no me apetecía... insistió y como lo volví a rechazar, disparó un rayo de luz en mis piernas y me obligó a hacerle un extraño ritual que me dejó llorando sin desconsuelo....
-Que lamentable y triste noticia..- pienso-.¿quién me recogerá esta noche?- me despido de ella, con los dedos tibios por el calor de sus muslos, como si nunca la hubiese visto, aunque conoce cada una de mis cicatrices dejadas por los años y la edad.- 
En algún piso sin ascensor, donde los granitos devuelven los pasos en las escaleras, alguien pone a Piaf  muy bajito en un viejo fonógrafo que raspa aún más su voz. O quizá es el viento metiéndose por las rendijas de las maderas gastadas. Da igual, todo huele a mohocidad. En estas horas, Valparaíso llora, y no lo puedo creer, la vida miente trágica y bonitamente.
Zapateando los charcos y pateando la puta piedra que se me cruce... me acuerda a ella. Veo un bar que no tiene nombre en la puerta. Huele a vino tinto, a madera vieja y a perfume que ya se apagó. Pido un agua ardiente y repito una y otra vez. El camarero no pregunta, sirve. Afuera pasa un tranvía nocturno y moja la vereda otra vez, aunque ya no llueve, pero toca sus campanas con alboroto y sus luces rebotan en los vitrales del bar. 
- otro platillo volador más- grita el mesero cuando una de las piedras levantadas por el tranvía rebota llevándose los cristales de los vitrós...
Pienso que las noches porteñas no son románticas, son sufrimiento y miseria, son terquedad. Es la ciudad insistiendo en quedarse despierta solo para ver quién más no puede dormir y quienes esperan que algo fuera de lo común pase, ya nadie permanece sobrio. Los cristianos duermen aferrados a la mesa, mientras las sirenas de los mercantes lloran con sus sirenas a Ivón. Tras las bocinas, un golpeteo, uno que otro, entre vasos pidiendo salud. Las luces rojas de los quilombos permanecen apagadas, han de estar con el rosario en la mano en el velorio pidiendo por Mademoiselle Ivon.
El viento sopla como un carajo, todos borrachos en el puerto y sólo dan ganas de mear. Me voy antes de que amanezca y los del sanatorio vengan por mi. Los adoquines siguen mojados, y yo también... 
Al entrar a mi viejo apartamento, salgo a fumar a mi balcón y al mirar al frente, la mujer siempre de negro que creía conocer, sin saber quién era, vigilaba con la mirada perdida no se qué. 
La vi en silencio mirardo desde la oscuridad, tratando de entender si era feliz... incansablemente...Pensé en lo que veía y para donde miraba...
Su mirada vagaba perdida, al parecer preguntándose muchas cosas, quizás en un alienígena, como las otras; Abajo, el puerto empezaba a apagar las farolas y esconderse entre escaleras y en los adoquines, brillos de la lluvia que acababa de caer... El petricor no era  a tierra, era a piedras resbalosas esperando ver caer a algún cristiano rodando por las escaleras... empezaba a amanecer.
En algún momento se cruzaron nuestras miradas, distantes, lejanas, pero podíamos respirar el mismo aire... las farolas destilaban pequeños rayos de luz antes de apagarse por completo y sus destellos parecían rebotar en los adoquines... fue un día largo... apenas nos miramos de balcón a balcón... Entró al verme perdiéndose detrás de las cortinas, podía ver su silueta, seguía mirando a través de ellas. 
Sólo sonreí y largue el pucho al aire dejando una estela de destellantes chispas al rebotar entre las piedras, para apagarse en los regueros que habían formado las lluvias. Sé que, de alguna manera, ella también lo hacía... 
Los compases de los boleros habaneros se escuchaban de una ventana a otra devolviéndonos la vida y la nostalgia, había logrado escapar de esas cuatro murallas y respirar el aire del puerto en libertad, pero ellas me buscaban incansablemente entre las tinieblas para devolverme al hospital.
Gustab
"Después de leer este relato, creo que alguien realmente resbaló cayendo escalera abajo y azotando la cabeza en los adoquines... quizás haya sido yo, o ¿¿¿ fueron ustedes ???. Quizá un loco puede darse estas libertades..."


Reto de la Veleta.


Comentarios

  1. Hola Gustab,
    Un relato muy bonito en el que nos sumerges en el ambiente porteño. Haces mención a un extraterrestre, que no es el protagonista y que no cuenta sus impresiones sobre la tierra y los humanos, a no ser que sea esa mujer de negro sea también otro alien que intenta ser empática con el protagonista. Pero como en este universo cabe de todo, me quedo con la historia y me atrevo a decir que los extraterrestres, aunque puedan vestir de negro, también resbalan por las escaleras.
    Un saludo.

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  2. Gustab, consegues trazer bem todo clima dos boleros e tudo que acontece na noite entre a escuridão, bebidas ,fumaça de cigarros... Bem interessante que deixas a dúvida ao final...Mais uma boa participação! abraços, chica

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  3. Valparaíso no es solo el escenario, sino un personaje vivo que respira melancolía, decadencia y belleza al mismo tiempo. La mezcla de realismo, humor negro y elementos surrealistas —como la aparición del supuesto alienígena— invita a cuestionar qué es realidad y qué nace de la mente del protagonista. Su lenguaje poético y cargado de imágenes convierte cada calle, cada farola y cada adoquín en un reflejo de la soledad, la nostalgia y la fragilidad humana. En mi opinión el desenlace deja una inquietante duda que permanece en el lector mucho después de terminar de leerlo.
    Excelente.
    Un abrazo

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    1. No todo tiene que tener un desenlace en la literatura, quizás le pertenece a los lectores terminar esta historia, o quizás alguien lo hará por nosotros. Besos.

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  4. Un extraterrestre en medio de esa noche. Cargado de deseo y teniendo que recurrir a un artilugio para tener sexo con esa mujer. Un tanto hostil.
    Y el misterio de e sa muer de negro.
    Saludos.

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    1. Hay un poco de confusión son personajes diferentes.libertades de un loco

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  5. Sería interesante saber qué piensa ese alienígena después de vagar por lis rincones de la noche de Valparaiso. La impresión de Gustab quedan bien claras. Saludos

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