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jueves, 5 de diciembre de 2013

La mosca española.

La depresión me hacía caer una vez tras otra en el sanatorio, y siempre era recibido con las caricias de las enfermeras, aquellas que aprovechando el uso de calmantes, abusaban de mí sin consideración alguna, pero esta vez curiosamente deseaba estar con ellas, ya llevaba algún tiempo sin sexo, y dentro de mis bolsillos llevaba un preparado de “La Mosca Española”,
un afrodisíaco que guardaba para alguna ocasión especial. El afrodisíaco se elaboraba con el cuerpo disecado de la Cantharis Vesicatoria,una especie de escarabajo verde intenso, entre otros ungüentos y pócimas. Sus efectos eran, según se dice, diferente para cada sexo. En las mujeres, el afrodisíaco actuaba enervando la sensibilidad femenina, hasta el punto en que el ardor púbico las excitaba de tal manera que eran capaces de cualquier aberración. En los hombres, los efectos eran más bien sencillos: provocaban lo que los monjes llamaban animalis erectio, las cuales no se diluían hasta pasadas varias horas de la tertulia. Al pasar por el pasillo donde estaban las enfermeras, las veía sonreír tras el escaparate, a mi paso, y yo les devolvía la sonrisa con mis ojos enrojecidos por los efectos de las pastillas. Sin pensarlo, vacié parte del sobre en la cafetera de las enfermeras, y el resto los guardé en mi bolsillo para beberlo junto con las pastillas de la noche. Al control nocturno llegaron dos de las tres enfermeras que acostumbraban a revisar las fichas y dar las patillas blancas. Una regordeta, pero bien dibujada de amplias caderas y senos maternales, sus pezones se podían apreciar, a pesar del grosor de la tela, la otra, una chiquilla muy fina, de senos de adolescente y un derriére delicado y grácil. La más joven traía sus mejillas muy rojizas, y sus ojos parecían perturbados, la gorda parecía indiferente, pero solía llevarse los dedos a la entrepierna de cuando en vez. Al levantar las faldas de la camisola que me ponían para dormir, se encontraron con los efectos de la Mosca española en pleno, mi sexo estaba muy duro y muy enrojecido, las venas parecía empujar hacia fuera, queriendo liberar todo esa energía que llevaba días acumulada en mi… la gorda pidió lidocaína a la segunda enfermera, la aplico sobre mi sexo y masajeo por algunos instantes, hasta que sentí el cuerpo del pene completamente dormido. La joven enfermera preguntó, que qué hacía y la gorda respondió muy exaltada: -¿te excita? ¿te gusta este pedazo de porro que tengo en mis manos?, ven tócalo y siente como pulsa… - pero le estas durmiendo, tonta, déjame tocarlo mientras permanezca así- replicó la chica , con su voz entrecortada, déjame por favor… - anda, ven, tócalo, esta tibio.. y esta crema evitará que sus ansias le lleven pronto a un desenlace que no queremos, porque ¿no lo queremos verdad?. Dejé de sentir sus manos, me dieron las pastillas blancas, me dejaban una vez más indefenso ante ellas, sin embargo, mi sexo seguía tan erecto como antes de esa crema. La pequeña enfermera no dejaba de cogerme el pene y lamerlo suavemente, y aunque no sentía nada, la sensación de verla disfrutar, me envolvía en sensaciones íntimas que no puedo explicar. La gorda se saco su calzón y me ordeno que le masajeara mientras maullaba como una gata en celo, le exigía a la pequeña enfermera, le dejara ver como saboreaba mi sexo. Y empezó a tirarle las manos a la entrepierna de la excitada joven. -Sácate eso y muéstrame como estas de mojada, ven quiero tu tierno chochito empapado- y le saco la ropa intima a la otra para llevársela a sus narices, exhalaba tomando todo el aire de la habitación y seguía con sus maullares contrayendo su vientre cual bailarina árabe, mis dedos y ese olor le apretaban el pecho, dejándola sin aire … Mis caricias cada vez fueron más profundas , mis dedos se perdían en su sexo a un ritmo furioso, como si la estuviera cepillando por dentro, hasta que un grito escapo de su boca y se derramó entre mis dedos, parecía una niña caprichosa que se orinaba luego de una pataleta… sus piernas se apretaron y suplicaban para que no me detuviera. Le ordenó a la otra que se desnudara, y mientras lo hacía engullía mi pene hasta hacerlo desaparecer en su boca, hasta las arcadas, ahogada en su deseo loco y me agarraba la mano para que no se la sacara de su hambrienta y angustiada vajina que no dejaba de pulsar y derramar todo lo que había adentro como un río desbocado. Luego la chica se monto en mi, y empezó a jadear dando aullidos, mientras la otra aprovechaba de de chupar todo lo que el sexo de la chica expulsaba, parecían dos locas más enfermas que yo. El tiempo se hizo infinito, mi corazón parecía que no respondería, y mi cabeza gravitaba dentro de mi, nublando mis ojos, creando mil oleajes en mi vientre, y el aire parecía no salir, pasaron muchos minutos en eso, una tras otra se turnaban para montarme y desgarrarse sobre mi, hasta que los gritos se perdían en la oscuridad de la salvaje noche del hospital, sólo se podía escuchar a través de las murallas blancas y acolchadas, los gemidos de los demás enfermos, que gritaban y se tapaban los oídos a cada aullido de las enfermeras, golpes sin motivo ni razón, todo daba vueltas en mi cabeza y no dejaban de llorar, los otros no dejaban de llorar. Mi cuerpo volvió al sentir el efecto desvanecido de la lidocaína que cedía entre los jugosas carnes de las enfermeras, y de pronto sentí mi cerebro estallar, y un efecto salvaje se desbocó en mi cabeza recorriendo todo mi cuerpo, para pulsar hacia mis genitales, el oleaje bruto y enloquecido , movió mi estomago para pasar a través de mí y estallar en una eyaculación violenta, que pulsando escupió sobre los rostros calientes de las enfermeras que se apresuraron en enterrarse en mi para quemarse por dentro sin dejar de aullar como unas perras en celo, y lo que cayera fuera, era recogido por la boca de la otra que no dejaba de moverse y meterse los dedos en lo más profundo de su sexo, desbordándose en pegajosos ríos de espuma y orinándose sobre las baldosas…
Mis ojos se cerraron, mi cuerpo pulso por un espacio de tiempo que lo lograría definir, los techos y murallas se vinieron encima y la oscuridad lo cubrió todo, mis oídos sólo escuchaban aún los gemidos ardientes de las enfermeras, y podía sentir como seguía mojándose mi vientre, como la suave voz de la joven se apagaba, dejando caer su cuerpo desnudo sobre el mío, tibio y jadeante… todo fue silencio al fin. Los locos descansaban, y pude sentir el frío que entraba por la ventana una vez que la chica se desmontaba de mi… luego una fría sabana me cubría, y podía sentir los labios y las manos regordetas de la otra mientras me dormía…. Gustab, una larga agonía….

sábado, 6 de abril de 2013

Borrando huellas.....

Dos cuerpos fundidos por el deseo, reclamando atención, buscando destruir cualquier rasgo de historia... tratando de sanar viejas heridas que habían dejado viejos amantes.
Las manos eran serpientes deslizándose por sus sexos, provocando contracciones involuntarias... sus cuerpos quebrados por la pasión, no dejaban rincones sin descubrir... sus mentes divagaban entre paisajes calientes, buscaban el deseo permanentemente; si este no se concretaba, provocaba la ira y la angustia, la inseguridad, y aparecían los fantasmas del pasado brotando la rabia en sus cabezas. Entonces las manos de ella tomaban el sexo de él, lo acariciaban y erguían para prepararlo para el gran viaje, él se retorcía por dentro, mientras buscaba entre los encajes y telas que los separaban .... sus dedos dibujaban en su vientre la ruta del deseo, hasta alcanzar la humedad que brotaba desde dentro, dedos enredados entre parajes crespos y morenos buscando la tibieza entre sus labios que rodeaban la profundidad de su sexo... ella gemía en silencio, botaba el aire que le provocaba sentirlo, entre sus labios silentes y apretados, nadie debía escucharlos, la oscuridad que había en la habitación los cubría, y se hacía cómplice en esas horas de angustia. Él le provocaba ese deseo incontrolable, salvaje de ser poseída; ella, y su piel morena inquieta, le provocaba saltarse los protocolos de los amantes y desnudarla con sus manos embrutecidas por la excitación; entonces se abalanzaba sobre sus senos endurecidos por el deseo, hasta que sus labios llegaban a morder suavemente los casquillos oscuros... su lengua los acariciaban con ternura, los rodeaban provocando angustias en su mente y oleajes en su vientre, entonces, ella se entregaba a las manos suaves y dulces del maduro amante que la trastornaba.
 Ella no dejaba de agitar el sexo endurecido por sus manos, de buscar que su cuerpo temblara descontroladamente   ante sus ojos... le disfrutaba en deseo, y reía por lo que provocaba. él desesperado se retorcía hasta que lograba soltar la correa que sujetaba ese pantalón de tela que les separaba, y sin preguntar, los sacaba, desnudando el pudor que ella trataba de controlar y mantener oculto. Una vez desnuda, lograba liberar su sexo de las manos de la mujer, para deslizarse por su vientre hasta alcanzar su sexo grueso y sus hinchados labios mojados, que apretados eran chupados por los labios del hombre frenético y audaz, que sin respetar a los que dormían cerca, la hacía a su cuerpo y apretaba su sexo con el de ella, provocando jadeos y gemidos ahogados entre las telas de la almohada, entonces y sólo entonces, los fantasmas del pasado desaparecían mientras dos cuerpos sudaban y se agitaban en la oscuridad de la habitación... las manos del hombre buscaban agarrar sus caderas y acomodarla para penetrarla en silencio, apretando sus labios para no jadear ni gritar en medio de la noche, ella, volvía a tomar el sexo de su amante para agilizar y apurar la penetración que tanto le angustiaba.. él no dejaba de que le aprisionara, y tomándola de las caderas, la arrastraba hasta el borde de la cama , para recostarla y entrar a sus espaldas, buscando una acción salvaje,  sodomizar su cuerpo entumecido por el deseo y saciar la angustia que estos cuerpos sentían al no poder gritar en cada acto que sus orgasmos provocaban... luego se deslizaba suavemente entre sus carnes hasta alcanzar el último rincón que enmarcabas sus perfectas nalgas... ella mordía las telas de la almohada para ahogar sus gemidos, él se apretaba a su cuerpo provocando contracciones ahogadas.... sus embestidas eran cada vez más salvajes, parecían desgarrar las carnes internas en gozoso vaivén, y cada entrada se hacía eterna, sus mentes divagaban y se dejaban llevar por el calor de sus cuerpos... gritaban en silencio, gozaban en la oscuridad, mientras los otros dormían y el sólo echo de ser descubiertos, aumentaban las probabilidades de un orgasmo infinito, de pronto, mientras ella sentía que su cuerpo despegaba, el se deshacía por dentro dejando escapar un gemido ausente, y lo hacía sentir en sus manos que se aferraban  a los senos de ella empujando con rabia hacia el fondo de su  paraíso mojado y candente, hasta alcanzar la profundidad más vertiginosa de sus jadeos, apretándose a sus nalgas y dejando su cuerpo pendiendo de un espacio infinito, sin tiempo ni lugar... ella era bañada por dentro del licor más espeso y dulce, más caliente y jugoso.... el cuerpo de ella no dejaba de jadear, el de él, temblaba...y en silencio se deslizaba por su espalda, para voltearla y quedar cara a cara con el cuerpo de su amante, bajaba por sus senos hasta su vientre, y se perdía entre sus piernas besando el sexo mojado de la mujer... Viviana experimentaba la más exquisita de las sensaciones, rodrigo,  buscaba impregnarse de la miel de ambos en su sexo, para luego llevarla a los labios de ella y reirse en silencio como dos chicos traviesos... así terminaba la noche, así la rabia, y dejaban difusas las imagenes del pasado, para disfrutar del presente imperfecto y dichoso.


Gustab, historias de amantes.