Pereza.

Me detuve en el dintel de la puerta para apreciar su belleza. Las piernas entre abiertas exhibían un pubis espeso, sin pudor a las miradas; Su fragancia ocupaba todos los rincones de la habitación, en el velador, una vela dejaba de lanzar destellos para extinguirse en la oscuridad. Abrí las persianas para que los rayos del sol dibujaran las sinuosas curvas de su cuerpo.
Acunaba en su nido cada noche los deseos de un amante. Su blusa entreabierta, sujetaba sus senos para dejarlos caer a cualquier movimiento, hasta que por fin la luz del sol lo hizo. Al girar su cuerpo, uno de sus senos cayó hacia un costado, sus pezones emergieron entre los encajes maduros como cerezas. Su rojizo color me hacía recordar los brotes al empezar la primavera. Estuve tentado a dejar que mis dedos se dieran un placer, pero su cuerpo estaba tan tranquilo, que me senté en la silla para apreciar su desvergonzada y sublime belleza.
Sus dedos se habían adelantado a todo, el placer que drenaba sus pensamientos, era suficiente para vestir su piel de estrellas; La humedad en su vientre acusaba los placeres de la noche, el deseo puro, el amor propio. 
¿Quién era yo para interrumpir su pereza afable entregada a sus placeres?.
 
Gustab

Otros placeres.... 




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