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sábado, 6 de marzo de 2010

Terremoto

"El puerto se había convertido en un desastre del que era imposible evadirse, el mundo caminaba como zombie por las calles desoladas, y todos se agarraban a las primeras manos que se les estiraban.
Así fue como bajar por las escaleras , mientras aún temblaba y el terror se hacía presente, una mujer en ropa interior que alcanzaba a escapar, se aferraba a mis brazos para gritar que el mundo se acababa, y que era hora de liberar todo lo que ella había escondido por años de pudor.
Sentados a las escaleras esperamos que todo dejara de moverse, una vez tranquilos, entramos a lo que quedaba de su casa y a lo que quedaba parado en su habitación, y entre escombros desocupamos el viejo catre de bronce y nos tendimos a esperar la replica que sería el final de todo, podíamos ver a través de los adobes que no dejaban de caer, el polvo y la luz del sol, envolvían la habitación en un halo intimo y aterrador.
Sus manos me abrieron el pantalón, y sus dedos sacaron la verga confundida y lacia , para convertirla con suaves lamidas en el obelisco que aún no caía en la plaza del puerto. Y el corazón pasó de un temblor a otro, convirtiendo el terror en deseo. Y acomodándome en la alicaída cama, mientras los somieres reclamaban, alcance sus bombachas para deslizarlas suavemente entre mis dedos, mientras mi boca buscaba beber de la sabia que corría entre sus piernas, y aunque la tierra seguía moviendose, no nos distraía de nuestras pasiones.
Los cuerpos cubiertos de polvo , se convertían en miel, y la luz que entraba por las grietas mientras seguían abriéndose, nos dejaban ver la piel sudada y empolvada de nuestros cuerpos. De pronto ella gimió dejando escapar un rugido de placer y alegría, mientras de mis entrañas salía el néctar que mojaría sus secos labios. Yo aferrado a los barrotes me hundí en su sexo y lamí hasta el ultimo rincón de su carne abierta y gozosa... y todo el polvo que aún quedaba entre las sabanas voló por los gritos desesperados de un orgasmo que nacía, produciendo más movimiento que el terremoto que acabábamos de vivir.... separé sus piernas y me enterré en su abierta piel, que no dejaba de latir, de untarse de saliva, de apretar y soltar hasta atraparme dentro de ella para transformar todo el terror que sentíamos en placer... hasta quedar exhaustos y tirados en el viejo catre de metal.

Allí, esperamos el fin del mundo que nunca llegó, y entre replicas repetíamos el ejercicio una y otra vez, mientras nuestros cuerpos embarrados por el sudor y el polvo no dejaban de gemir..."
Gustab, entre polvos y sudor.

2 comentarios:

Francesc Xavier Martinez dijo...

Debe ser muy duro vivir y sufrir un terremoto...
Muchos ánimo y un abrazo muy fuerte desde España.

MaLena Ezcurra dijo...

Duele lo sucedido, duele y mucho.

Aun así la pasión fluye siempre.


M.




Pd. Siento que ya caminé por estos lares.