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lunes, 3 de octubre de 2016

Bacanal...

"... y las desesperanzas fueron poniendo un plato en cada puesto, entonces se cubrió de recuerdos la mesa... nadie entendía porqué había sido invitado a esta fiesta. La verdad, poco importaba, estábamos juntos y teníamos que decirnos muchas cosas, entonces cada invitado fue relatando sus experiencias... nos habíamos quedado solos, sin nosotros provocarlo... las copas fueron levantadas para golpearse entre
nuestros dedos, y uno a uno, nos fuimos cortando los dedos.
En un ligero momento, suspendido en el aire, todos quedamos en silencio, las botellas estaban casi vacías, y no había porque brindar.Las copas entonces se fueron rellenando de tristezas, y aunque no parábamos de beberlas, ya estábamos todos embriagados. 
Y entonces hablamos de nuestros libros, eramos un despojo de la literatura sin sentido.. nunca recibiríamos un premio más que nuestro propio reconocimiento. Queríamos dejarlo todo, y borrar cada una de las historias que habíamos vivido, pero llevábamos años en esto, y nadie se atrevía a soltar la última letra.
Ya nos mostrábamos desnudos, sin pudor ni vergüenza, entonces alguien se levantó de sus silla a cerrar las cortinas, sus nalgas bailaban 

hacia la ventana y todos seguíamos sus pasos.
Alguien las azotó en el camino, todos los demás aplaudíamos, ella sonreía descaradamente... Se acercó al atrevido e hizo bailar sus senos cerca de su naríz, y él se perdió entre sus senos agitando la cara, oliendo entre los pechos. Cuando se pudo safar de sus manos y jugarretas, por fin alcanzó las cortinas cerrándolas a sus espaldas. Sus senos lucían hermosos, su monte de venus brillaba de la excitación, mientras los demás disfrutábamos el bello espectáculo que se abría a nuestros ojos, todos empezaron a lanzar su prendas al vuelo por la habitación, y mientras unas colgaban de la bella lámpara de lágrima, otras iban a caer en nuestras caras llenas de sorpresa y lujuriosamente encendidos del deseo que nos provocaba. 
¿Y qué podía hacer yo con el morbo que me agitaba?, y con los dedos de mi eventual compañera, que se escurría entre mis
pechos,abriendo con sus manos el cuello de mi camisa. 
Ahí estaban, Lisebe, Amanteceres, la de los tacones rojos, Nuke que no dejaba de mirar a la Mary la Venusina, y tantos más. Todos desnudos y libres de nuestros más íntimos deseos... Las copas iban a dar contra las murallas, y las botellas rodaban por el suelo. 
Sobre la mesa, y despojados de todo...hacía el amor una pareja alentándonos a todos a seguir la fiesta. En un rincón de la habitación lloraba otra gimiendo sus placeres, mientras algunas manos les recorrían.Alguien cantaba lírico a un costado del blanco piano de cola, y otro simulaba tocarlo.
Me fui animando mientras todos caían en estado de trascendencia y me hundí en el escote de mi compañera. Sus senos estaban tibios, su escote , totalmente abierto, y la calidez de su piel acariciaba amorosamente mi rostro. Yo, bebiendo del sudor de aquella mujer excitada, mientras sus manos , bajaban el cierre del pantalón, dejándome impúdicamente expuesto a sus placeres y a la curiosa mirada de los presentes que no dejaban de animarla en su locura.Hasta que una de las patas de la silla cedió al peso y fuimos a dar juntos al suelo,adornado con una exquisita alfombra persa. Lo demás se lo habrán de imaginar. Ya no había vuelta atrás, yo estirado en el suelo, tan largo era, ella a horcajadas abriendo sus piernas y balanceándose sobre mis caderas. 
A nuestro lado fue a dar un hombre que le besaba entre las nalgas y otra , que sin querer perderse el espectáculo, se acercó tanto a nosotros, que su sexo quedó justo sobre mis labios, y dejándose caer suavemente me pidió que le besara. Fue así como se fue perdiendo la cordura. Gemidos y jadeos, suspiros y risas histéricas se fueron apoderando de todo. El escenario era escandaloso, la actitud de los asistentes, hacían volar las cabezas, mil historias se disparaban en sus mentes, y más de alguno , pidió una pluma y un papel.
Así transcurrió la loca noche, el bacanal del puerto se había escapado más allá de la censura de la alta y cínica sociedad, La moral y las buenas costumbres, se perdían entre los cubiertos de la elegante mesa de la última cena, aquella que nunca íbamos a olvidar.
Al día siguiente un fuerte dolor de cabeza me torturaba, una mujer que jamás había visto, compartía mi cama, y aunque no sabía su nombre, su cuerpo desnudo me excitaba. Sus caderas eran suaves, sus senos de una fragancia exquisita, más nada podía hacer hasta que despertara. Entonces tome una pastilla de mi velador y me la eché a la boca esperando a que el dolor de cabeza se disipara, me acomodé a sus espaldas y rodeando con mis manos su delgada cintura me dormí disfrutando de su figura... "




Gustab, en la inconsciencia absoluta.