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jueves, 29 de septiembre de 2016

Diálogo en segunda y tercera persona gramatical con Ameliè...

"... En esas calles adoquinadas donde un día el amor fue desechado, para introducirse en los callejones de la lujuria y perdición... Mis manos  liberaron su agonía para tocarlo todo sin pudor, mientras se deslizaba bajo  faldas de Ameliè e iba bajando  su ropa interior. Los dedos arrancaron el deseo a golpes suaves y caricias sedosas. Un dedo, sólo un dedo bastaba para arrancar lamentos y gemidos de su garganta, mientras mis labios recogían con hambre cada gota que destilaba desde el mismo corazón. El gemido se volvió beso, ahogando los fantasmas que habían permanecido colgados en algún rincón de la habitación, mientras leía una y otra vez las letras que me había dejado entre las hojas doradas caídas del viejo nogal .
Mi deseo vestía telarañas cuando te encontré vagando por Cerro Polanco. Los adoquines mojados por el sereno nocturno, te hacían resbalar y el reflejo de las farolas confundía a tus ojos, seguramente no me vistes cuando pasé justo frente a tus ojos y te fuiste conmigo a tropezar...
¿Cómo decirte lo que pasó ayer, si hoy yaces desnuda a mi lado y sólo puedo sentir tu alma satisfecha  y tu cuerpo tranquilo respirar?...
 Dormía, y una de mis manos bajo a sus nalgas, su enagua se había subido hacia las caderas. No resistía sentirlas desnudas. Dejé que mis manos las acariciaran suavemente con mis dedos, mientras su piel se estremecía. Su cuerpo, se acomodó a las caricias rezongando en delicados gemidos, sabía que le agradaría... luego, un dedo se escabullo entre ellas dibujando  la línea que las separaba y sólo se detuvo en el sudado y rugoso  espacio fragante de deseo. Disfrutaba todo el aroma que la noche había dejado en su piel.
 -Delicioso…. - dijiste somnolienta, con ojos dormidos y al voltear para mirarme, tus senos redondos cayeron firmes hacia los lados  abriendo  el escote para ser devorados por mis labios.
No había tiempo explicaciones, ni de disculpas, la deseaba tanto como el sol, después de un día de copiosa e incesante lluvia, y de haber pasado muchas noches de insomnia mirando las grietas oscuras y mohosas de mi habitación pensando en ella y en lo que había escrito para mi. Su juventud despertaba toda mi lujuria, su cuerpo era el cáliz sagrado, que a mi edad necesitaba para volver a sentir la energía pura de mi existencia sin razón. ”

Gustab, entre las piernas de Ameliè...