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domingo, 25 de septiembre de 2016

El ensayo de Ginebra...


Esa mañana había amanecido con una niebla que tendía a desaparecer en la medida que despertaba el día, tras ella , el sól amenazaba con despejar un día hermoso. El tiempo de encierro había congestionado mis pulmones que no dejaban de respirar tortuosamente por efecto de los cigarrillos. Decidí salir a tomar ese aire marino que en primavera calienta el sol aminorando los dolores, tomé la Rolley de dos lentes y cargue mi cámara prometiéndome no volver hasta rescatar ese dolor y falta de inspiración que me perseguía. Al pasar por la academia de danza, me detuve, recordando que Edgar encontraba una atracción inexplicable en ellas. No entendía nada, de pronto una figura bailaba con mis fantasías, detrás de la mampara de cristal, de aquellos marcos salpicados de pintura por el paso del tiempo, una imagen hacía explotar mis neuronas provocando el rastro intenso más allá del paso de los años en la mampara. Me sentía embriagado tras cada quiebre de cintura, tras cada mirada intensa que amenazaba con encarcelar mis ojos.... Había un abismo entre ella y yo, un cristal envejecido, donde se movía atrás su figura , como la de un cisne moviendo sus alas y embriagando mi consternada mente que parecía, no saldría nunca de su locura.
La ninfa de los cristales era grácil en cada una de sus contorsiones se mueve lentamente, a veces como una gata , otras como mariposa, imita corriendo de puntillas y deteniéndose de golpe de cuando en cuando , como si estuviera encima de una flor , agitando los brazos arriba y abajo con gracia.. podría envenenar el alma de cualquier ángel encomendado a salvar el mundo... hasta convertirlo en el más sumiso de los pecadores... si la sensualidad cambiara de nombre... ¿cómo se me ocurriría llamarla?...
-Hola... hola, ¿puedo tomar unas fotografías?
- si claro, mientras no estorbes... soy Ginebra ¿y tu?

y sólo un nombre se venía a mi cabeza... Ginebra.. la ninfa de los bosques sensuales de Beethoven.... ese loco compositor que para encontrar la inspiración, salía al bosque en pleno invierno , volteando sobre su cabeza baldes de agua fría para hilar las notas de sus sinfonías... hasta que fue quedando sordo, y aún así , no dejaba de componer sus letras....
- Gustab, sólo Gustab.
Y sin interrumpir su baile, deje a mi dedo disparar hasta agotar el rollo. Cada movimiento generaba un nuevo disparo, su sensualidad y delicadeza enbobecía mis ojos, enredándolo en una danza incontrolable de pestañeo y disparos sin objetivo...
- ¿Quieres probar?...
Y me tomó de los dedos, empujándome a realizar unos giros libres de pudores . Su cuerpo era delgado y delicadamente suave, no existía gasas de colores, solo una malla y un cuerpo abajo, tras la lycra, desnudo. Su delgada tela acusaba la forma de sus pezones, y por atrás no habían marcas que encerraran las formas exquisitas de sus nalgas... y si te detenías, podías notar un monte de venus tupido y delicado tras los hilos... En ese estado de embriaguez, asombrado por la belleza y la pasión que daba a sus giros, fui a tropezar pesadamente con sus zapatillas, y caí al suelo azotando mi cabeza contra la vieja madera, ya astillada por los roces eternos de las bailarinas, y un polvo de magnesio voló por los aires nublando mis ojos...
-Eres torpe, pero lindo.- me consoló.
Pasó un dedo entre los pelos de mi barba desordenada, y dibujó con sus dedos el contorno de mi cara... sus manos estaban mojadas, su pelo, lucía desordenado, y un moño a medio hacer, fue liberado por sus dedos dejando caer el pelo sobre mi rostro, luego abrió sus piernas dejándose caer sobre mi cara...
- mmmm, si , eres lindo.
Podía ver desde abajo , correr gotas de sudor entre sus piernas, la entrepierna de la malla, se sentía húmeda... posó su sexo delicadamente sobre mis labios, casi al entrar en contacto con el, pude sentir un delicado perfume que se escapaba entre los tejidos...
-te gusta lo que ves?... goloso.

Uno de sus dedos hizo a un lado el borde de la malla , para liberar los vellos castaños que se se desenredaban como un papiro mojado ante mis ojos. Balanceando el pubis y apenas rozando mi boca, se dejó probar escapando los primeros gemidos... mis labios habían probado el sabor sublime del sudor y el deseo mezclados en perfecta armonía... entregado a ella , dejé que atrapara mis manos sobre la cabeza, mientras no dejaba de rozar mi boca. Mi lengua se escabullía dentro buscando liberar toda su pasión, hasta que sus jadeos fueron llenando todo el salón y las tablas reclamaban crujiendo bajo mi cabeza... sentía la fuerza de su deseo aprisionándolo todo, hasta que luego de unas contracciones , y alejando mis manos de mi cabeza, se dejó deslizar atrapando su vientre mi cabeza, mientras todo el néctar se derramaba dentro de mi boca, sollozando entre orgasmos y gemidos, Ahí quedó, tirada sobre mi cabeza dejando atrapado todo mi deseo entre barrotes del sentimiento y un sexo palpitante bajo el pantalón, al más excitado de los guerreros por un largo instante, quieto, eterno y abismante. Sus labios pubianos no dejaban de temblar, su sexo de sumir, y su boca de gemir.
Luego se levantó dejando sus piernas separadas hasta acomodar la malla en su lugar, destilo una gotas desde lo alto, tomó su bolso y desapareció entre las mamparas, dejándome sumido en una confusión inexplicable.
En ese momento entendí lo que provocaban las bailarinas en Edgar Degas. Entendí, lo que provocaba el sexo en mí, como me tranquilizaba y me alejaba de mis depresiones. Ni siquiera era necesario a veces una eyaculación, sino sólo el provocar orgasmos en ellas, algo así, como el perro de Pavlov.
Al voltear la vista, mi cámara estaba botada al otro lado del salón, y como mudo testigo, me invitaba a salir de toda esta confusión.

Gustab, condicionado como el perro de Pavlov