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jueves, 10 de marzo de 2016

La rubia de las antigüedades...


Dentro de mi melancolía , acosado por la vertiginosa hoja en blanco enquistada en la vieja royal, los ruidos de las lineas del tranvía, el aroma a café que entra por mi ventana al amanecer, y las sirenas del los buques, decidí despedirme de mi vida de escritor saliendo a buscar mi última historia.
Era domingo, las campanas redoblaban en la catedral, el sonido viejo y oxidado de las campanas me atrajo como hipnotizado por su melancólico sonido, pero cuando ya estaba por entrar al sagrado salón,, y al llegar a la plaza, vi como los anticuarios empezaban a montar sus puestos y como era de suponer, el pasado golpeó a mis ojos desviando definitivamente el camino.
Recorría los puestos y la vi, entre candelabros , cuchillerías bellamente labradas, figuras de porcelana y juegos de tazas de la lejanas china, una señora de 60 y tantos años , montando una lampara de eternas lagrimas, que no dejaban de tintinear sobre un cableado preparado para la exhibición, de espaldas asemejaba a la sinuosa figura de la estrella de Hollywood, quizás , la chica del tranvía, que alguna vez les hable; de frente una señora de muy buena familia, educada y dama, una verdadera dama. Tras la delgada tela de su vestido, se dibujaba un hermoso derrière enmarcado por una delicada prenda que no alcanzaba a cubrir sus hermosas nalgas redondeadas y mantenidas por los mejores cirujanos del país y un profundo escote que sugería todo el deseo que llevaba oculto en su alma. Impávido y medio muerto en el tiempo quedaron mis ojos mirándole, como la más hermosa de las piezas de colección de antigüedades, y aunque su rostro reflejaba el paso del tiempo no en vano, su cuerpo despertaba al más exquisito de los espectadores. Cada vez que se movía entre los tambaleos de la vieja silla de batro, su empinado culo volvía a emerger, enmarcado en la delicada prenda oscura que le "cubría" tras el vestido azul , insinuando la rosada piel que le envolvía, hasta que por fin cedieron las patas de la vieja silla para lanzárla justo a mis brazos, como si fuera una ofrenda a mi despedida, y un regalo de Dios, que no guardaba rencores por haber desviado mi camino.
- Gustab, el famoso Gustab.... que colchón divino a puesto Dios a mi caída, he leído todo lo que has escrito.- y no terminó de hablar hasta las 16 horas, cuando ya el fresco viento del puerto, arremetía sin piedad sobre sus delicadas prendas de vestir, congelando sus brazos y haciéndole tiritar de frío... Mientras hablaba y tiritaba , sus senos no dejaban moverse envolviéndome en los más oscuros pensamientos de mi cerebro maltratado por las pastillas del sanatorio. Y sus nalgas no dejaban de traslucir el oscuro vestido que las cubrían. Su perfume se impregnaba en el aire hasta caer sensualmente en mi nariz y volverse pastoso en mis labios.
- Recojan chicos, es hora de migrar, mientras tomaré un café con el señor.- Y sin más nos perdimos entre las calles , para seguir hablando en el "bar Inglés"... Sus manos me acariciaban tras cada palabra, mientras que el tiro de mi pantalón, perdía la forma clásica, para convertirse en un inmenso iceberg a punto de estallar.Todas sus palabras y conversaciones se escuchaban lejos, huecas y muy difusas, mis sentidos se perdían en el espectáculo de su belleza y atractivo, a pesar de su edad. No estuvimos más de media hora, según lo marcaba en longines de cadena adosado a mi bolsillo del chaquet, y su perfume me tenía embrujado, apoderandose definitivamente de mi mente y alucinado despierto... esos senos no dejan de temblar, esas pecas que lo cubren todo, ese abismo que no llegó a imaginar la profundidad.
- vamos al hotel, te deseo.- fué lo único que lograron pronunciar mis morados y cafesosos labios, el aroma a café terminaba por coronar mi fantasía, tiré unas monedas sobre la mesa y acerque mi mano para levantarla de su embobada expresión. Sólo se colgó de mi brazo y se dejó llevar sin pronunciar palabra.
Lo siguiente que llegamos a ver, fueron las hermosas manillas labradas del hotel , y un dormitorio que se abría para acogernos en su mullido colchón vestido de sábanas negras de seda, que no dejaban de brillar para sugerirnos envolvernos en ellas.
Sus ojos no dejaban de mirar los míos, su piel empezaba a enrojecer con el calor de la habitación , mientras mis labios se acercaban para sellar la cita inesperada que ella nunca habría imaginado. Mis manos no estaban tranquilas , envolvían su cintura como el más preciado tesoro , para escurrirse por sus caderas hasta sujetar su derrière atrayendola hacia mí con violencia sutil, hasta unir mi poco pudoroso sexo, que apenas rozaba la delicada tela del vestido azul, con el suyo, que se acomodaba, como si le hubiera deseado siempre con ardiente e infernal pasión.
Suavemente deslice mis dedos por los tirantes delgados de su vestido , para verlo caer acariciando su cuerpo, los casquillos de sus senos se endurecían tras la tela , el vestido cayo vertiginosamente siguiendo la forma delicada de su cuerpo, hasta dejarlos al descubierto, para mostrarme cada retazo de piel, su cintura, su ombligo, para finalmente deslizarse por sus muslos dejándola completamente desnuda a mis ojos, y sólo cubierta por la delicada prenda que me había hipnotizado tras las telas. La tome de su cintura ,para alcanzar sus nalgas y dejarla caer sobre la mullida cama hasta dejarla tendida mirándome profundamente a mis ojos, temblaba de deseo, y sus ojos no dejaban de sorprenderse ante lo que la vida le había puesto por delante, tantas veces había soñado con él imaginándole a través de sus escritos, que no dejaba de jadear profundamente, mientras su corazón acusaba sus ganas de salir por la boca. Me arrodille frente a ella, dejando que mis dedos la recorrieran suavemente, dibujando con ellos todos los rincones que alcanzaban a acariciar, cayendo desde su rostro por el cuello, para esculpir sus senos con mis dedos deteniendose en los enquistados casquillos, que duros de excitación, dejaban escapar un liquido cremoso por las puntas ennegrecidas por un agradable calor, para liberar sus temblores y seguir bajando por la forme de su vientre, deteniéndose delicadamente con besos en la profundidad de su ombligo y así gozar las gotas de sudor que se perdían en su interior. Mis dedos se engarzaron en los costados de la delicada prenda de ropa interior para deslizarlo por sus muslos lenta y suavemente, mientras mis ojos se regocijaban con la escena de la liberación de sus vellos crespos emergiendo tras los elásticos finos que le adornaban, como si naciera la primavera en ese delicado rincón de su cuerpo..., la tela acusaba la humedad que emergía dentro, soltando los más exquisitos néctares para alimentar los hambrientos labios de Gustab. Erguido frente a ella , ya de pie, empecé a desnudarme para ella, mientras mis ojos no se dejaban de sorprenderse por las pecas y manchas de su piel, de los aguzados casquillos que temblaban sin dejar de jadear, quintando el aire a tan excitado cuerpo desnudo y expuesto como maravilla a mis ojos... el color de los rizos entre sus piernas, con tintes colorines y brillos mágicos, y esas largas piernas que no lograban encontrar comodidad, agitándose a cada movimiento, mientras sus ojos angustiados no perdían momento de ver cada detalle del delicado y delgado cuerpo de escritor dejando a la vista cada detalle imaginado en sus lecturas.
Me recosté junto a ella , la acomode entre las sábanas delicadamente , mientras ella me daba la espalda para dejar que la recorriera trazo a trazo, mostrándome la delicada curva que mantenía su cuerpo joven, mientras mis dedos se hundían entre sus nalgas buscando retener la dulce fragancia que les cubría. Fui volando entre su perfume y la suavidad de su piel, hasta volverla cara a cara, y perderme entre sus labios, bajando a sus senos para degustar la delicada piel que le cubría, extraer el néctar de sus casquillos , y guardar en mi memoria su aroma endulzante y embriagador, estuve mucho tiempo disfrutando de su vientre, todo era gemidos en la antigua y perfumada habitación. Mis dedos se apoderaban de cada espacio de piel, mientras mis labios se acercaban sinuosamente a su sexo ya vivo de almibares y húmedo deseo. Cuando por fin alcance sus labios vaginales , los jadeos nos envolvieron en un agudo silencio, donde sentía como ella contenía su respiración , para soltarla con suaves silbidos, mientras su vientre agitado, se movía como las olas del mar , gemidos y jadeos , era todo lo que podía escuchar, lejos quedaban las sirenas de los buques, el agitado taconeo sobre los adoquines , y el campanario de la catedral.
Las sábanas se fueron empapando de nuestra pasión, el deseo fluía como las profundidades del mar, todo parecía en silencio, hasta que sus jadeos y gemidos anunciaron la resurrección, y sus piernas se apretaron para soltar un gran balido , que se fue ahogando entre los muros de la habitación.. quedo tendida y entregada a que mis manos separaran sus piernas , para entrar suavemente entre ellas, dejarme mover con embestidas y entregarse a todos mis caprichos, mientras era yo quién tomaba el timón para dirigir el navío al fondo y perderme sólo en lo que sentía mi cuerpo, sin pensar en nada y hundirme en lo más profundo, hasta soltar todo el deseo que llevaba dentro.... ella gemía y jadeaba a solas, hasta que se derramó el vino contenido sin perder ni una gota del néctar que se se había acumulado desde que la vi empinada en esa silla que la trajo a mis brazos para hacerla mía para siempre,y volver a mi departamento para escribir mi última aventura literaria que cerraba el ciclo de mi vida como escritor. Ahí nos quedamos sin hablar, con nuestros cuerpos desnudos y suaves como los de un niño recién nacido, acariciándonos sin hablar y mirándonos a los ojos como si fuera la última vez.



Gustab, y la rubia de los anticuarios. Dedicados a todas aquellas que me han seguido durante este último viaje