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miércoles, 9 de marzo de 2016

La despedida sin final.-

La humedad lo inunda todo, la fragancia del moho se cuela por las ventanas, las escaleras gritan mi nombre anunciándome como el escritor del puerto.... Muchas me esperan al pasar para invitarme a acurrucarme bajo sus sabanas, ellas creen en el amor del escritor extraño, aquel que no pregunta, sólo se desnuda y se deja caer entre las  sábanas revueltas de cuánta falta de amor encuentre en el camino, adoran sus embestidas y sus historias sin pudor. Saben que él siempre responde cuando alguien les ha abandonado en sus camas, llenando sus espacios y pensamientos ... tras cada orgasmo una historia, tras cada deseo una letra, tras cada polvo, un respiro. Al otro día vuelven a sonreír en silencio, acordándose del loco que se les metió entre las sábanas. No pide nada, sólo da.

Abren sus ojos y el ha desaparecido, pero saben que se lo volverán a encontrar en cualquier momento subiendo las escalas de piedra, aquellas que se desmoronan entre los cerros, aquel que cuenta los adoquines uno a uno, que piensa en quién sabe que, aquel que se angustia tras cada relación como si marcara su vida, pero luego olvida... y nunca sabe con quién estuvo la noche anterior. De vez en vez,  cae en el cuarto del manicomio, donde se alimenta de pastillas blancas, dónde las enfermeras vuelven a profanar su cuerpo, donde ellas saben que nunca quedará un recuerdo... él también lo sabe, y escribe y escribe sin nunca terminar un libro, él es un escritor con rasgos de esquizofrenico , pero con un deseo incontrolable que no lo deja respirar.... amar a cuantos pechos se le crucen por el camino, con la única esperanza de no olvidar... ellas lo desean en silencio mientras miran a escondidas por sus roídas ventanas carcomidas por la sal del puerto, por el olor de la pesca, la harina de pescado, el petroleo que aceita de azul el mar  y de los buques que no dejan de varar entre las tablas del viejo muelle, aquel que alimenta el morbo de la silueta triste y oscura del escritor, el viejo sombrero que tapa la luz que cubre sus ojos y que no dejan ver su color, el largo abrigo que excita la mirada de las desconocidas ninfómanas de la ciudad, de los cafés que fragantes perfuman las piedras y el ron que muchas veces no deja respirar, que lo quema todo. Ahí, vagando por las escaleras, caminando en silencio y mirando de reojo el viejo farol y las viudas del puerto que murmuran en silencio su nombre...Gustab...Gustab, mi loco amante solitario, el naufrago de pensamientos e historias, el ermitaño de desear.... aquel loco que no deja de amar.Luego bajan la vista, corren los visillos y nuevamente a laborar, a no ser que estén viudas de macho, pues es el momento de salir a su paso e invitarlo a pasar... las que están acompañadas , sólo se conforman con mirar la hora, para esperar al día de mañana e invitarlo a amar.
Si, es Gustab , el amante de las viudas momentáneas del puerto, aquel que nunca se negará a recostarse entre sus tibios muslos y degustarlas hasta verlas explotar.
La vida es dura y corta para saberlo todo, pero él se conforma con haber cubierto  de calor los tibios cuerpos de las viudas de amores. Éste es Gustab Volhonof, el que hoy guardará silencio, el que ha muerto entre lineas. el ya no escribe, porque nunca pudo terminar un libro..

Dios te bendiga Gustab.