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lunes, 1 de junio de 2015

Otoño

Caminaba por los patios del jardín del sanatorio y divagaba entre mis escritos creados en lo más profundo de mi mente, las hojas se quebraban bajos mis pies, crujiendo y llevando el sonido hasta sus oídos...muchas mujeres, muchas vidas. Entonces los recuerdos volvían a surgir, otoños dorados y lluviosos, los distintos aromas a jazmines , a tierra mojada, y el frío que entraba por los pies, el rostro de la vecina brotaba chispeante entre las hojas,... alta y de constectura grande, una gran sonrisa, unos ojos café dorados y profundos.
 Solía mirarla mientras caminaba, de andar elegante y sinuoso, una hembra de tomo y lomo, juguetona como una chiquilla mimada, seducía a cada paso con su pañuelo envolviendo su cuello, mostrando su escote entre las telas desordenadas... un perfume dulce y con notas cítricas entraba por mi nariz, haciendo inevitable el seguirla con la mirada, cuando apenas se acercaba y pasaba por mi lado... luego su falda más arriba de las rodillas, sus caderas y sus nalgas turgentes que iban de lado a lado insinuando todos los placeres que uno podía soñar, luego volteaba disfrutando la mirada fisgona de adolescente que sabía encender cada vez que se me acercaba.
 En esa mirada el tiempo se detenía, pasaban siglos por tu cabeza, y sentías como tus piernas se doblaban, y se te humedecía el sexo con sólo pensarla. Todo entraba en tu mente como un gran tornado revolviéndolo todo, y así, cada día que salía a pasear esperando su llegada. Mmmm , la palabras se congelaban en tu boca, los labios parecían atados a tus pensamientos, y tu estomago serpenteaba dentro llevándote incluso a las nauseas... el deseo se hacía carne, y tu pantalón pitillo, no ocultaba la erección que te producía.
Ella disfrutaba las miradas de los adolescentes y les hacía imaginar justo lo que sabía que provocaba. Señia un ojo y juntaba sus labios para hacerlos más gruesos y carnosos. Todos nos escondíamos cuando por el barrio aparecía su marido, un caballero de sombrero y bastante mayor que ella, pero acaudalado, cosa que demostraba en cada cosa que lucía su vestuario, cadenas, espejuelos de oro, grandes puros apretados por sus labios, y esos dientes quebrados y fundidos en oro puro, el se pavoneaba cada vez que salía del brazo de su mujer... pero no escondía su rabia cuando todos le miraban... se sentía envidiado, pero además muy inseguro a los gestos de su mujer.
En mi época de adolescente, disfrutaba del otoño como ninguna estación, el ruido de las hojas secas, su caída de los Liquidámbar, sembrando el suelo del exquisito dorado y de algunas hojas rojizas que parecían sangrar entre las amarillas, me tiraba para descansar y acostarme mirando el cielo azul cubierto de nubes blancas. De ahí mi cabeza se disparaba en las más exquisitas alucinaciones y sueños despiertos sin que nadie me perturbara. Los matorrales hacían de mi descanso una guarida de donde nadie me podía ver, el viento frío de otoño y la humedad del cesped,hacía que todo se sintiera aún más agradable...Hasta que un día, en esos sueños imperturbables escuche el crujir de las hojas suaves cerca de mis oídos, tan cerca, que casi podía oler cuando se quebraban y abrí los ojos para encontrarme con unas piernas largas, y una enagua que serpenteaba ante mis ojos, unas pantorrillas tan dibujadas como la obra de un gran artista,... ahí estaba ella, mirándome fijamente a los ojos y sonriendo socarronamente... Sin pudor sus piernas se separaban buscando mi rostro, y dejando a la vista todo lo que podía ver de donde estaba... seguí cada centímetro de sus piernas, e inevitablemente terminé justo en ese triángulo oscuro y perfumado que dejaba caer el aroma más exquisito sobre mi rostro encendido de purpura escandaloso, y cuando quise reponerme y levantar mi cabeza, me vi prisionero por sus tobillos, y amenazado con sus filosos tacos aguja.
 -Te gusta mirar?.- preguntó
 -Si,.- respondí con una seguridad que no sabía de donde aparecía.
 -Entonces disfruta esto,. .. Así fué como sus piernas empezaron a separarse ante mis ojos tan abiertos, que parecían salir de sus órbitas, atónitos con lo poco pudoroso de sus palabras y pude ver en detalle como los encajes de su calzón se agitaban de un lado a otro, dejando escapar sus labios íntimos entre las costuras, los que se dibujaban suaves entre vellos que se quebraban entre los hilos...

 - Mira, si mira y dime que tan bello es.- temblaba su voz en cada palabra. Y yo sólo atine a levantar mi cabeza para alcanzar ese rincón tibio y húmedo que me embriagaba. Ella apretó sus piernas amarrando mi cara entre sus muslos y dejó que la tela se separara dejando entrar mi nariz y mi boca dejando que mi lengua entrara, sin vergüenza, afirmó mi cabeza para que se clavara dentro y mojarme de su esencia, impregnando su fragancia en mi rostro ya afiebrado de excitación.... mis ojos se nublarón y un calor entibió en frío que segundos antes sentía, agitó sus muslos y parte de sus nalgas sobre mi rostro hasta hartarse y terminó gimiendo y doblando sus piernas , para ahogarme contra el suelo, y refregarse hasta que un profundo quejido enmudeció el otoño,... se derramó sobre mi boca y dobló su cuerpo para alcanzar con su boca mis labios y besándome dijo... .
-Eres un niño exquisito, sigue así y me tendrás antes que el otoño llegue a su final y podrás conocer porque una mujer no puede vivir sin un hombre...

 -¡¡¡Vamos Gustab, vamos !!!!... hora de tus pastillas, ven acá viejo travieso. En que piensas este otoño, en que lugar de tu vida estas ahora...alguna mujer que no conozcamos?.- reían y gritaban las enfermeras desde el balcón del sanatorio mientras yo apretaba mi mano sobre el pantalón...
pero yo ya no escuchaba, mi mente divagaba en otoño.

Gustab.