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lunes, 20 de abril de 2009

Brutal " libertad "...

He buscado explicación del sentido de ser libre en un país como éste... llevo una semana fuera del hospital, todos los días leo entre los avisos de trabajo buscando una oportunidad y no alcanzo a entender porqué no habría oportunidad para un escritor culto y deshinivido un trabajo decente.
Y no me van a decir que no es humillante golpear tanta puerta para recibir un ¡¡¡NO HA SIDO SELECCIONADO!!!. Tras cada una de estas respuestas y un gracias por postular, de lo único que tengo ganas es de darle una trompada al gil que me agradece... ¡¡¡infeliz!!!... burócrata indecente...¿ que nivel de ignorancia necesito para trabajar?....
El subir y bajar escaleras me trae muerto, dos o tres diarios para una ciudad de 3 millones de habitantes... Mi vida esta en mis letras, en mis libros que no puedo publicar por la escacéz de mente de algunos sujetos...¿ qué debo hacer...volver al hospital y olvidarme de que estoy vivo?...
Ya es tarde. sólo quiero una botella de agua ardiente para emborracharme y olvidarme que estoy vivo.
Los adoquines están rebasados por el agua que no deja de caer, como si el cielo se hubiera ensañado con los escritores, las farolas quieren apagarse, el kerosene no es suficiente para mantenerse encendido, el viento y la lluvia atentan contra el día nocturno de esta ciudad. Los letreros de las viejas botillerías no dejan de acompañar mis pasos, los cigarrillos de las prostitutas siguen encendidos bajo los portales dando calor en las bocas de los amantes... y ese tajo que nos muestra el muslo humedecido por la lluvia ahoga los pensamientos... no tengo un centavo...
Entro al bar de costumbre, donde el botillero me deja beber tres vasos de agua ardiente a cambio de algún cuento picante, cada sorbo derrite mi garganta haciendo entrar el calor a mi cuerpo cansado y tengo que tomar una de esas dichosas pastillas blancas que me dieron en el hospital.
No una no es suficiente, y de tres en tres por cada vaso nublo mis sentidos para olvidarme que en el departamento no hay que comer, ni luz que alumbre mi nostalgia.
Cuando logro salir del bar, una botella a quedado sujeta en mis manos, ¿cuántas historias tuve que contar?... no sé... en la calle una vez más Ibón me espera en la oscuridad... hola pobre escritor, ¿necesitas calor para esta noche?... y tomándome de las manos me dirige a su ínfimo departamento de la escalera del astillero... es el último ascensor de la noche... y nos perdemos en la oscuridad al ascender llenando de gruñidos los viejo rieles y los casi cortados cables de acero... estoy mareado y vomito lo que no he comido en el viejo piso encerado mil veces el ascensor... Al llegar arriba , ibón me arrastra a su departamento, me desnuda, y palmo a palmo recorre mi cuerpo muerto... sube sus faldas y juguetea con su sexo sobre mis carnes, no esta muerto, no esta muerto , repito para mi... y el sexo empieza a tomar volumen entre sus dedos... gemidos...gemidos...gemidos... y siento el calor de unos labios sexuales envolver mi carne suavemente humedecida por los labios de la estrella de antaño... sus senos están erguidos y las medias producen electricidad en mis piernas... y raspa mi sexo con agradable sensación, lo bultos son posados sobre mi boca y yo... sólo bebo sin pensar. Son carnes suaves y endurecidas a pesar del tiempo que ha pasado... aún destilan gotas de miel... a la fricción de mis dedos... su cintura se refriega sobre mis carnes, el hedor del agua ardiente me produce una extraña sensación... quema aún en mi garganta... destroza todo lo que toca al entrar por mis labios,... lo último que recuerdo, es el grito de Ibón... y sus piernas apretadas tratando de impedir que siguiera en movimiento... he dormido muchas horas, y los labios de ibón sorben mi sexo de tiempo en tiempo, su deseo es la vida que la mantiene viva... y son mis fluidos los que la alimentan... esto es un desastre... tengo que vivir para terminar ese libro, pero los labios de Ibón no me dejan salir, es membresìa y ambrosía en su vida.. es deseo, Ibón es vida... los vidrios están sucios y empañados, el frío no llega a esta habitación, y el calor de su entrepierna, me mantiene los labios rozados y no morados como en el exterior. Ibón sigue cocinando... unos huevos fritos al calor de la estufa, y ese arroz pegoteado de la olla... de beber, agua, agua ardiente de 120 º , para cocinar en ella... estoy tratando de salir, pero sus piernas me encierran en este tibio cuarto de los astilleros... los adoquines reclaman mi presencia, la lluvia no deja de golpear los cristales, y el olor a humedad lo llena todo...



Gustab