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lunes, 6 de abril de 2009

Delirios de placer...

No podía dejar de escribir, no debía, esa era la sensación que me angustiaba. La herida estaba abierta, debía de aprovechar esas gotas que salían. Ellas, ellas tiradas en mi cama, yo en mi rincón, mis ojos inyectados de sangre, ya no dormía. Don Juan de Marco era un hombre que tenía tanto que decir, tanto que contar, el libro debía ser un éxito...ellas desnudas revolcándose en mi cama, bebiendo una del sexo de la otra, mientras ella observaba desde la puerta. Sus senos caídos en el cuarto oscuro, ya sin luz, todo olía a sus malditas inyecciones, ese olor a hospital, esos químico que lo inundaban todo, pegados al muro, sin poder salir. La espalda la sentía fría, había llegado el otoño enfriando las tardes en aquel cuarto oscuro, oscuro... y esa luz del farol que entraba por la ventana, aquel que dibujaba a las dos amantes, se lamían y gemían sobre mis sabanas blancas, revueltas por el deseo de dos amantes que no dejaban de chuparse, besarse y gemir, si gemir sin respiro. Mi sexo estaba duro, dolía de deseo, aquejado de placer, ellas me buscaban todo el día, no dejaban que escribiera... Tomaban las servilletas escritas con sangre y se masturbaban, ellas sabían lo que yo contaba, les excitaba, por eso las pastillas, para que yo no siguiera, sus sexos ardían como el infierno, extraían cada gota de mi pene herido por el placer, angustiado por el deseo... tenía que seguir, debía escribir y ellas no me dejaban...
La de la puerta me pidió que abriera las piernas mientras tiraba de mi calzón... jalaba hasta romperlo y dejarlo echo girones, tomaba si sexo con desesperación, lo agitaba desprendiendo las carnes para dejarlo brillando entre sus dedos y lo movía sin dejar que respirara, lo chupaba y mordía hasta verlo sangrar... una y otra vez trataba de hundirme una pastilla entre mis labios cerrados, no podía dejarme vencer, tenía que terminar esta historia...
De pronto las otras tiraron de mi. Al no poder levantarme, una aguja se enterró en antebrazo... yo quería escribir, pero mis dedos ya no respondían.... los ojos se nublaron y tendido en la cama, sentía como se turnaban para montarse sobre mi, eran locas, locas... se seguían lamiendo sin pudor, apretaban los senos de las otras y ellas sujetaban sus cabezas entre sus piernas... una tiraba de mi piel, mientras la otra bebía de mis testículos los líquidos que corrían por mi piel, los gustos y las fragancias de sus compañeras se mezclaban en él... chupaban y chupaban, me hacían explotar, y antes de que mi sexo se rindiera, se montaba la otra , y para mantenerlo parado entre sus manos, lo agitaban con brutalidad... donde estaba la servilleta, quería alcanzarla, aún corría sangre de mis muñecas, era la única manera de escribir... donde esta.... donde esta... estaban lejos de mi la aguja con la que escribía, el dolor se hacía inmenzo, los testículos apretados y mordidos por sus bocas hambrientas no dejaban de morder, de lamer y chupar... donde está mi libro, donde están mis notas... y gritaban y gemían, azotaban sus nalgas contra mi cara, estaba excitado, muy excitado... donde están mis notas déjeme escribir.
Mi boca tenia un gusto amargo, no dulce, no... salado... no los podría distinguir... ellas a horcajadas se refriegan ahí, mueven sus culos dejando que mi lengua las roce, gritan de placer... trato de morderlas para separarlas, pero parecen disfrutarlo más... me amarran al catre de bronce, dios que oscuridad... y esa luz que había en la calle, y esa tela de araña que colgaba en aquel rincón... donde esta?... Una de ellas sujeta mi sexo , mientras la otra entre angustioso gemidos se entierra en mi, su ojete es pequeño, duro ... apretado... raspan mi piel.. se entierra... anal anal grita desesperada mientras la otra separa sus piernas para beber de ellas... Se levanta y deja caer como una bestia, resopla, sus narices se abren para tomar el escaso aire que hay en la habitación...un grito de placer lo congela todo, cae de fauses sobre las piernas abiertas de su compañera, mientras la tercera se monta una vez más sobre mí... cuando terminará esto ... cuando vendrán a abrir las rejas de esta prisión de deseo y lujuria bestial... cuando caerá otra pastilla en mi boca...

Gustab, encerrado entre sus piernas...