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sábado, 28 de marzo de 2009

Isolina... ( Mi primera vez en el Burdel.)

Necesitaba escapar de estos barrotes, y la única manera, era a través de mis recuerdos. Y busqué entre mis pensamientos un lugar donde esconderme, y llegó Isolina a calentar mi cuerpo aún atado a los barrotes de la cama y me dormí pensando en ella.

" Isolina era la favorita de los que se querían iniciar en las artes de la sexualidad. Su cabello castaño oscuro y sus ojos profundamente verdes, que jugueteaban detrás de las tupidas pestañas pintadas de riguroso negro, hacían soñar a los jóvenes sélives de la ciudad.
Siempre estaba vestida de negro, guardando riguroso luto por la muerte de su marido, era una mujer joven, debía de tener entre 16 y 18 años, su cuerpo era menudo, delgado, muy suave, de senos pronunciados, nalgas voluptuosas y una entrepierna rigurosamente depilada. Su cara, humm, su cara, piel morena, esas pieles que sólo se ven en los campos chilenos, mezcla de españoles e indígenas, rasgos muy marcados, gruesas cejas y respingona nariz.
Ella fue sin lugar a dudas la que me inspiro, con ella me inicie en las artes de la sexualidad, con ella me hice hombre, todo lo que antes hube de pasar fueron ratos cortos de placer, pero ella era distinta y estaba ahí para hacerme un gran amante.
Cuando se acerco a mi, sentí que mis piernas temblaban, la mujer que estaba al mando de las chicas la había escogido para mi. Sus manos acariciaron mi cara con materna suavidad, sentía como limpiaba mis deseos al roce de sus dedos, largos y suaves como la seda. Me tomó de la mano llevándome a su habitación. Al desnudarme lo hizo con ternura y cariño, dejando deslizar la ropa sobre mi cuerpo. Sus manos frías recorrían mi cuerpo con suaves cariños, sus dedos iban dejando la huella sobre mi piel, mis bellos e erizaban al roce, mi verga se erigía como un bastión, sus labios recorrían mis pechos con dulces besos mientras sus manos iban descubriendo mi cuerpo. Al quedar desnudo, sus labios fueron surcando el camino al deseo, cada pliegue de mi piel se abría al depurado rozar de su piel contra mi piel, hilos de saliva iban vmarcando cuidadosamente su recorrido, como telarañas transparentes, se tejían queriendo atrapar mi sexo en una carcel de seda, palpitante mi verga se contraía a sus caricias, sin ella haberla tocado, como una rama azotada suavemente por las aguas de un riachuelo, que a su paso golpea el follaje de un árbol caído, buscando ser acariciado por las tranquilas aguas.
Su cuerpo se ergía ante mis ojos desnudando su piel, su corsé, que ahogaba sus senos voluptuosos, se habría tira a tira cuando sus dedos desenredaban el complicado laberinto de sujetadores, que con gran esfuerzo lograban contener los abultados senos, dejando ver las aureolas de sus pezones adornados por encajes de flores, que al soltarlo dejó rebotando los senos por un instante, que se remecían como gelatina al ser liberados. Los posó delicadamente sobre mis labios ofreciendo su néctar, semitransparente y blanquecino, dos gotas asomaban sobre sus puntas como perlas lácteas, los que fueron succionados por mi sedienta boca, jugueteaba con sus pezones duros como copas de mármol, oscuros y enrojecidos, las gotas brillaban contra la luz tenue de su cuarto, bebí de ellos succionando gota tras gota hasta liberar sus finos chorros que se disparaban sin dirección mojando mi cara, suave entre sus senos mi cara se retorcía de deseo. Tomando mi cabeza, me deslizó por su vientre, donde la suavidad de su piel acariciaba mis enrojecidas mejillas que se iban humedeciendo entre sudor y deseo, mis labios recogían sus salados sabores, los que temblaban cada vez que se rozaban entre sus carnosas pieles, hasta llegar hasta sus piernas, quise ir a su sexo, pero ella hábilmente me llevó entre sus muslos que deseaban ser besados antes que llegara ahí, - con calma replicó ella, no hay apuro, aprende lo que deseamos las mujeres.- Me desconcertaba, pero a la vez me fascinaba su forma de dirigir.
Su empalagosa piel me agitaba de sobremanera, disfrutaba cada uno de sus granos, cada surco entre sus estrías, que afloraban como delicadas lineas blancas, como marcando la frontera entre el goce y el placer, sus piernas se fueron abriendo lentamente empezando a revelar sus secretos más intimos, sus labios se engrosaban a cada embestida de mis labios sobre su piel, cada surco que dibujaba mi lengua entre la dermis del deseo, sus gotas de sudor bajaban por su cuerpo, las que eran recogidas suavemente por mis labios, como queriendo beber de sus pecados, su piel se erizaba marcando granos en su piel, los que brotaban uno tras otro, suplicando que me acercara a la miel de su intimidad, sentí como su sexo buscaba mis labios intensamente, resarciéndose entre jadeos y gemidos de Glamour, sus labios resoplaban, mientras sus fosas nasales expiraban a cada posible acercamiento, finalmente ante mi, brillaban sus labios vaginales despegándose entre hilos salivales, y densos hilillos de fluidos emergentes de su apretada vúlba, la que dilatándose dejo ver su interior, pardo rojizo, oscuro y bañado en miel, los que mediante sus brillos iban liberando su pequeña cabeza de oro, la que asomaba timidamente entre pliegues humedecidos por el deseo. Mi lengua terminó se romper los hilillos que quedaban vírgenes en su dilatada vúlba, dejando posar los labios deseosos de sorber el liquido empalagoso, rodié envolviendo la delicada cabecilla entre mis labios succionando suavemente, su cuerpo encrespado dejaba correr el sudor que chocaba con mis pestañas provocando un intenso ardor, sus bellos púbicos se enredaban entre mis dedos dibujando el promontorio monte de Venus, donde caían sus deseos palpitando al flujo sanguíneo que de ahí proveía a los inflamados labios vulbáres los que se apegaban mojando los surcos de mi cara, dejándolos untados de baba interior, mientras mi lengua jugueteaba entre sus carnosos deseos separando los labios con cuidado quirúrgico, lamiendo y recogiendo el manantial que emanaba de su interior, entre succiones, jadeos y gemidos su espalda se retorcía clamando para no detener el flujo de placer que brotaba de sus entrañas, sus manos sujetaban mi cabeza entre sus labio aplastando su sexo contra mi rostro, su espalda se dobló bruscamente liberando energía por su columna vertebral hasta reventar entre espasmos y gritos de placer. Me reincorpore enterrando mi sexo en ella, la que empujaba suplicando suavidad, pero embestí con fuerza hasta topar el último rincón de su caverna, separando con violencia sus piernas bañadas en sudor, y me deje caer con mi peso sobre su vientre mordiendo sus labios bañados en saliva seca, succionando lo que encontrara a mi paso, arrancando y ahogando con frenesí cada grito y gemido de sus orgasmos que batían su cuerpo sin piedad.hasta reventar dentro de ella liberando mi energía contenida y mis horas de espera, para aprender de sus muslos los mil secretos que escondían, hasta caer sobre sus pechos hinchados de los que aún brotaba leche a goteos intermitentes, batiéndonos entre jadeos y temblores de éxtasis. Finalmente tranquilizamos nuestros cuerpos entre besos caricias dormidas de placer.
Esa fue mi primera conversación intima con una chica del burdel, de ahí fueron saliendo secretos que les contaré en otros relatos, donde todos somos iguales, donde me fueron revelados sueños eróticos que fueron cumplidos en este burdel."


Gustab, unos minutos de mi vida... grabados en fuego para siempre.