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lunes, 23 de marzo de 2009

Sanatorio...( Otra vez)

Llevaba meses sin trabajo, mi mente se secaba entre mis recuerdos, el agua ardiente sobre la mesa de centro y un cigarrillo humeando en el cenicero de cristal...Y el temor que sentía se hizo presente entre los párrafos de la hoja enquistada en la vieja royal. Sentí que mis rodillas se doblaban, y un grito atrapado en mi garganta que quería ser liberado... juro que lo intente... no podía hacerlo... y de pronto todo emergió saliendo a flote, el grito quebró el silencio de la noche, la música de la tanguería dejó de sonar y el farol del viejo prostíbulo se apagó... levanté la vieja royal y la lance por los aires cayendo sobre el mismo escritorio donde estaba, el estruendo de las maderas al romperse por el golpe alerto a mi vecina... la ambulancia hizo sonar la sirena sobre los adoquines de silenciosa calle rompiendo la tranquilidad del lugar...Ella sabía lo que tenía que hacer si volvía a entrar en crisis... de ahi nada supe hasta despertar encerrado entre las cuatro viejas murallas blancas cubiertas por suntuoso cuero para evitar los golpes en la cabeza... y aquellos barrotes que no dejaban escapar la luz... ni los sonidos que hacía mi cuerpo.
El primer rostro que vi, fue el de aquella enfermera de grandes senos, aquella que habría sido madre hace algunos días... aún su cuerpo guardaba las huellas de su cercano embarazo..traía una pastilla blanca entre sus dedos, y abriendo mis labios la puso bajo mi lengua...era una pastilla muy ácida, y parecía deshacerse pero no lograba tragarla...- Bienvenido Gustab... te dije que algún día volverías-, y desabrochó su delantal para dejar sus senos desnudos,- ¿no la puedes tragar?, anda, bebe... mi pobre Gustab-.
Tome el pezón entre mis labios, y de ellos brotó un dulce néctar transparente, y esta leche materna fue disolviendo la pastilla mientras de sus labios germinaban los más placenteros gemidos, luego de tragar, me abracé a sus caderas como un niño, y mi llanto silencioso dejó correr lágrimas sonbre sus pechos, - Mi pobre Gustab - repitió ella acariciando mi espalda desnuda tras las ataduras del delantal que me cubría. - Descansa, yo te cuidaré- y volvió a ofrecerme sus senos para que bebiera de ellos. Mientras yo succionaba sus leche dulzona empapada en húmedas lágrimas, ella subía el delantal que cubría mi sexo para acariciarlo. Luego desabotonó sus delantal para quedar desnuda frente mis ojos, y se tendió en la cama para que mis mejillas recorrieran su vientre excitado y tembloroso- Te necesito mi niño, te necesito- y abrió sus piernas pidiéndome que le chupara su sexo enmarañado entre crespos negros mojados por la ligera caricia que mis besos iban dibujando en su cuerpo. Como un caracol fui soltando una ruta de saliva que alcanzaba sus labios externos, mientras que de sus carnes, una suave cabecita asomaba inquieta... Mientras yo besaba su sexo, ella abría el delantal para tomar mi sexo entre sus dedos y moverlo agitando su piel de arriba abajo, y aunque estaba dormido por los tranquilizantes, despertó sin alboroto a la caricia de sus manos... sabía que ella se estaba aprovechando de mi condición, y de las drogas que había tomado... pero me gustaba sentir sus cálidos dedos en mis carnes, me gustaba el sabor de su cuerpo, y disfrutaba de su compañía en la fría celda del hospital. Me tendí en la cama mientras ella se lo llevaba a la boca, y dejando que el tiempo se detuviera, dejé que ella masturbara mi mente intranquila y enferma. Ella me había dado la libertad, y ahora me la quitaba una vez más... me había convertido en su esclavo en cautiverio y prisionero de sus caricias.
Cuando volví a abrir mis ojos pude ver como su cuerpo se hundía en el mío, y con ligeros vaivenes me fue enterrando dentro de ella, luego un espacio, una parada de sus músculos, y se dejó deslizar aprisionando mi sexo entre sus piernas, mudándose suspendida en el aire. Delicadamente entré en ella ayudado por el peso de mi drogado cuerpo, que no sentía como ella se enterraba. Otra vez estaba detenida, quieta sentada sobre mis caderas y gimiendo dulzona palabras que no podía traducir por mi condición, parecía que mi cuerpo estaba atrapado entre murallas cerosas y titubeantes, esas murallas que se acercaban y se alejaban de mi, luego giraban para achicarse y nuevamente agrandarse ante mis ojos. La visión era desagradable, parecía que mi cuerpo se alejaba por instantes de mi, para luego volver a atraparme. Había momentos en que recuperaba la conciencia, y sólo veía el cuerpo de Natalia moverse sobre mí, y quería safarme de ella tirando de sus caderas, pero las fuerzas me faltaban, y ella volvía a caer sobre mí pesadamente entre jadeos y gritos silenciosos pero descentrados, como si quisiera que nadie nos escuchara, yo no sabía por instantes donde estaba, la pastilla mordía mi mente una y otra vez creando lagunas de conciencia en mi mente, sentía como eyaculaba una y otra vez sin dejar que ella me soltara, su cuerpo se desformaba ante mis ojos y sus senos de pronto parecían gigantescos y un momento después, desaparecían entre mis dedos... no tenía conciencia del tiempo ni del espacio, estaba muerto en vida y sintiendo como un animal me hacía su presa para desarmarme entre gritos y jadeos de sudor, el agua corría por mi cuerpo, y no distinguía su sudor del mío... sentía como sus dientes se clavaban en mi miembro infructuosamente erecto y sin conciencia... luego el cuerpo pesado cayó sobre mi entre temblorosas contracciones sacudiéndose una y otra vez golpeando mi rostro con el suyo. Sentí correr un hilo dulzón sobre mis labios... y me desvanecí, había momentos en que despertaba, y podía ver como una mota blanca recorría mi rostro ensangrentado, pero no sentía dolor... entre nubes la vi vestirse y cerrar la puerta de sonido metálico acolchado por cueros blancos...
No cabía duda, estaba de vuelta entre sus manos...había vuelto mi locura...habían vuelto los abusos, pero estaba caliente y me alimentaban....mi cuerpo estaba semi desnudo tapado por una pequeña cobija blanca, y mañana me darían una nueva pastilla más...


Gustab, entre barrotes.