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sábado, 30 de agosto de 2008

Colapso....

La angustia del frío y sombrío invierno en el puerto habían sumergido a Gustab en una profunda depresión. Las reiteradas embriagadas con agua ardiente y el fuerte tabaco que fumaba día a día, habían deteriorado la salud del escritor. Un mundo repleto de desenfreno erótico habían llevado al personaje a un mundo oligofrénico, casi tan distante como su razón. La soledad que le acompañaba lo iba arrinconando en un pasaje de su vida, donde los laberintos se sucedían uno tras de otro, donde las puertas se iban cerrando a su paso, hasta sumergirlo en una angustia que le arrancaba de cuajo cualquier atisbo de creatividad.
La empolvada Royal, con hoja enquistada, parecía predecir el rumbo donde el desaparecería hasta convertirlo en un alma delirante y congestionada de ideas inconclusas. Un alma sin rumbo determinado.
Sensuales imágenes ocupaban su mente, cuerpos desnudos que habrían sus piernas para ofrecerle cálidas caricias húmedas. El mundo del bacanal encuentro amoroso con el erotismo y la vulgaridad, lo convertían en un cuerpo sin alma, en un cerebro seco y sin vida. El prostíbulo mantenía las puertas abiertas para recibir noche a noche a este cuerpo ungido en sudor de hormonas que revoloteaban sin dirección determinada, listo para satisfacer las excentricidades de este lunático escritor. Las chicas se peleaban la figura indómita y salvaje para recrearse en los más bajos instintos que su mente pudiese crear. Dos, tres y hasta cuatro damas acompañaban sus locas noches de desvarío y desazón. Sus deseos eran cumplidos por difíciles y raros que pareciesen. Tres a cuatro bocas que recorrían su cuerpo haciendo temblar su alma, seis a ocho manos dispuestas a acariciar todo cuánto el cuerpo invalido les pidiese. Las chicas eran traspasadas en el límite de su imaginación, mientras la noche caía sobre el muelle maltratado por las olas tormentosas que se peleaban por romper, castigando los viejos tablones de roble enmohecido.
Sumergido en su erotismo desenfrenado, Gustab no dejaba de acudir a las vigilias orgiásticas del burdel. Buscaba respuesta a su loca necesidad de amar sin compromiso, de justificar su descuidada vida y su sequía literaria. Sólo los ojos verdes de aquella escritora lograban calmar su sed cuando se dignaba a acceder alguna de las invitaciones que el escritor le hacía. Pero su cuerpo siempre pedía más, terminando sin conciencia en las puertas del puterío local que se escondía entre las estrechas calles adoquinadas del puerto.
Una vez más me encontré sin rumbo al bajar las empinadas escaleras de piedra, donde perdí el paso, caí entre piedras afiladas rodando sin parar, ni poder defenderme de los golpes que se sucedían cortando con afilada precisión cada rincón de piel que no estaba protegido por alguna prenda de ropa. Los cortes y la sangre me bañaron de rubí el rostro curtido por el frío y la descarriada vida que llevaba. No entendía nada, la vida pasaba frente a mis ojos reflejando cada momento con exquisita precisión. Mis ojos ensangrentados, bañaban las imágenes de mi vida, dándole un marco rojo a cada momento....... desperté entre sabanas blancas, mientras los ojos de Teresa me miraban con desconsolada pena. Su escote abierto me dejaba ver la redondéz de sus endurecidos senos, donde una gota transparente, resbalaba hasta perderse en el infinito, aquel que no terminaba de sorprenderme. Su mano bajo desde mi rostro, recorrió el velludo pecho y se perdió entre mis piernas. Al cerrar nuevamente mis ojos, pude sentir sus cálidos labios acariciando mi endurecido sexo. Mi cuerpo tembló por unos instantes hasta caer en la inconsciencia absoluta.
Hoy entiendo que mis dedos no se pueden detener, ni la royal dejar de teclear. Trabajo en un nuevo libro, le titularé, "Don Juan De Marco, romanticismo y sensualidad sin límites".
Gustab.