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sábado, 10 de mayo de 2008

Recuerdos de Gustab.

Era rara la sensaciòn con la que habìa amanecido ese dìa, la cama estaba tibia, sin embargo al abrir las sabanas, el frìo del departamento penetraba mis huesos. No se porque, mi cuerpo estaba excitado, algùn sueño que no recordaba con claridad, me habìa echo retroceder a mi adolescencia, donde la imagen de la empleada de mis abuelos entraba y salìa de mi cabeza. Acurrucado entre las sabanas, deje mi mente divagar, no tenìa ganas de levantarme, el frìo del departamento me congelaba.Con la sabana hasta el cuello, recordè un dìa en la casona del abuelo.
Me acuerdo que ese dìa, me habìa despertado orinado hasta el cuello, tenìa miedo de levantarme de la cama por miedo al castigo. Tendrìa unos trece o catorce años, y el miedo y la vergüenza, me congelaban en la cama como hoy, en eso entrò la nana en la habitaciòn, y abriendo de par en par las cortinas, me alento a recorrer el dìa hermoso que amanecìa afuera. Desistì con la cabeza, mientras ella se abalanzaba sobre mi llenàndome de cosquillas jugeteando conmigo. Al tirar las sabanas hacia atràs, la humedad de la sabana empapò sus manos. Me mirò, y asintiendo con la cabeza, me dijo:
- A su tata no le va a gustar.- mi cara de vergüenza, y las lagrimas que soltaron mis ojos la ablandaron, y abrazandose a mi, me dijo que no temiera, que arreglarìamos esto entre nosotros.
El calor de su cuerpo, y el sentir sus senos sobre mi pecho, encendieron, yo creo que por primera vez mi cuerpo. Entre las telas de mi pantalon, mi sexo se endurecìa, sin poder hacer nada contra eso. De alguna manera ella lo presintiò, y al levantar la vista y mirar el bulto que florecìa, se abrieron sus ojos como si el diablo se apareciera entre las sombras.
Muchas veces la habìa espiado mirando por el ojo de la oxidada cerradura del portalon de su cuarto. Muchas veces entre la tenue luz de las velas que iluminaban su figura, y la estrechez de la cerradura, habìa logrado ver sus senos desnudos, dulcemente bondadosos, carnes que al liberarse del sosten que las atrapaban, se descolgaban sin pudor, hasta entre temblores calmar sus rebotes. Al moverse dentro del cuarto para buscar el grueso camizòn, lograba ver sus carnosas nalgas, como aquellos que habìa visto en los cuadros de algùn renacentista, como la maja desnuda, o la venus del espejo. Carnes blancas y palidas que al verlas, me hacìan sonrojar, era una bella mujer. Tan maternal, como no lo habìa sido nunca mi madre.
- Uf! el niño esta creciendo- me dijo- ya es todo un hombrecito....
Sus regordetas manos, partidas y agrietadas por los lavados de kilos de ropa de mis abuelos al frìo, se hacìan sentir cuando suavemente se deslizaban bajo la gruesa tela de mi viejo pantalon de franela, aùn mojado por la orina de la noche.
- hummm, que celientito esta el señorito, y que duro esta esto, hummmmmmmm.....
Y su gorda mano lo rodeo con tal delicadeza, que lo hizo temblar. Como pude, torpemente metì una de mis manos por su pronunciado escote, donde las blandas carnes me dejaron entrar. Como un tonto aprete sus senos, y tirè de sus botones, aquellos que coronaban su piel. Tirè tanto de la elàsticada tela, que sentì como se rasgaba entre mis manos.
- Tranquilo niño, no se apures en probar.....dejeme a mì.- me dijo entre risas, y tiro de un hilo, que sin esfuerzo alguno, liberò su pecho, hasta dejarlo que se posara sobre mi boca, y tomandome del mentòn, me repitiò...
- Tranquilo mi niño, no vayas a morder, deje que sus labios beban como los de un bebe...
Mientras yo chupaba sus rozados pesones, sus asperas manos tiraban del cuerito de mi sexo, que sin aguantar la maniobra, lo sentì explotar... como si me volviera a orinar. Ella apretò con fuerza, y sin dejar de tirar, lo agitò repetidas veces, hasta hacerlo endurecer nuevamente, ya el liquido habìa brotado caliente, e hizo que la caricia, fuera màs suave.. Yo enloquecido por la sensaciòn, metìa mis manos temblorosas y torpes entre sus piernas, mientras ella apretaba sus muslos tratando de impedir la defloraciòn de sus deseos, hasta que alcance a tocar sus crespos y cortos cabellos que cubrìan su pudor, y entre tibios y suaves liquidos que brotaban entre sus carnes, mis dedos fueron apresados por una suave, pero mojada piel, que no alcanzaba a imaginar como serìa. Resbalò por los bordes de la cama entre gemidos, separando el deseo de la razòn, y llevò a su boca mi sexo para hacerme caer en una sensaciòn que llenò de estrellas mi cabeza, hacièndome caer en un estado casi de inconciencia, para luego explotar una vez màs, mientras mi corazòn agitado se apretaba impidièndome respirar, y soltè entre quejidos, una grata sensaciòn, donde todos mis sentidos se confundieron creando uno sòlo general. Sus labios recogieron hasta la ùltima gota que brotò de èl. Me diò un beso a la altura del ombligo, y sin dejarme reaccionar, se levantò, para sacar unas sabanas del alto ropero, subièndose en una banca de madera que habìa en mi habitaciòn, donde agachàndome, vi como sus piernas brillaban con la humedad que escapaba de su viejo calzòn, que metido entre sus nalgas, dejaba escapar algunos rizados y negros vellos que brillaban al llegarles la luz.
- Ya puè, ya tubo suficiente por hoy, ahora vaya a preparar el agua para que se bañe, ligerito le traigo el agua....
Mi mano se quiso meter por entre sus piernas una vez màs, pero ella apretandolas, y golpeando mis manos con las suyas, me hicieron retroceder...
El sol que entraba por las ventanas de mi departamento, y el aroma que subìa del cafè que estaba justo abajo, me hicieron despertar de mis recuerdos, mientras mis manos humedecidas, soltaban mi miembro, para estirar mis brazos y levantarme con una gran sonrisa en mis labios.
Al mirar por la ventana, una mujer que pasaba por la calle, me hizo recordar, que en una de esas escapadas que hacìa a la pieza de mi nana, una vez mi abuela habìa entrado sin golpear, encontrando a su empleada desnuda en la habitaciòn, mientras yo infructuosamente me trataba de esconder bajo las asomagadas sabanas de el viejo catre de bronce, donde dormìa la mujer que me iniciò. Ese dìa, aunque habìa amanecido frìo, los recuerdos me habìan echo entrar en calor.
Gustab