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viernes, 7 de septiembre de 2007

Seducción...

Camine largas cuadras bajo la lluvia, a pesar del viento que corría ese día, el músico tocaba en la esquina del café, abrí mi paraguas para dirigirme a casa, al pasar frente a él, hizo un guiño con su sombrero, el capriccio n° 7 de Paganini sonaba un poco destemplado, los entumecidos dedos del músico no se rendían aún, solté unas chauchas en el estuche del violín y corrí para guarecerme de la lluvia en el portal del edificio, la maldita cadena del llavero se había enredado una vez más con la cadena del reloj que había heredado de mi padre.

Al subir las escaleras, frente a mi puerta, las botellas de leche que había dejado el lechero en mi portal, destilaban por los suelos el dulce manjar, el gato de mi vecina lo había echo otra vez. Cansado de lo mismo, golpeé en su puerta tratando de exigir una explicación... al abrirse , la vieja puerta raspo los baldocines hinchada por la humedad...

- Gustab... que sorpresa, había esperado mucho por conocerle- Alejandra, la chica de sociedad, de apellidos emperifollados... García Montes, susurraba mi nombre como una canción...- leí su libro "Las manos de Elena".. me sedujo como la miel a la abeja, y desde ese día me propuse conocerle...
- Si, mire, la verdad es que yo quería hablar....
- Claro pase, pase.¿ una copa de Ron?. - La verdad, es que sus ojos verdes me sedujeron desde el primer día en que la vi, acostumbraba fizgonear por la cerradura de mi puerta cuando salía a recoger la leche cada mañana.
- No, la verdad es que es muy tarde, me iba a acostar-
-No no no no, beba una copa conmigo, me cambiaré, mientras podría dar cuerda a la vitrola...

Se abalanzó sobre el biombo de caoba de tres hojas, mientras yo daba cuerda al aparato, de donde la trompeta de Luis envolvería el ambiente. El departamento olía a perfumes, frascos vacíos y otros en un maletín, liberaban sus aromas hasta la embriaguez... La cola de mi abrigo al pasar hizo rodar algunos frascos.. la torpeza me confundía.. mientras ella agitaba sus ropas tras el aparador.
- ¿A que se dedica Alejandra?- pregunté...
-A la venta de perfumes- la obvia respuesta me hizo avergonzar.

Al salir del biombo, una bata de raso rosa la cubría, tras las telas sus senos bailaban libremente. La imagen era sobrecogedora, su belleza deslumbraba por el sólo echo de existir. El cabello cayó sobre sus hombros luego de una sensual sacudida de cabeza. En sus manos dos vasos de Ron. Al pasar a mis manos a la distancia, su bata no pudo sostener la forma de sus pechos, una rozada aureola se asomó... sin vergüenza alguna, los volvió a acomodar.

-Tome asiento Gustab- Al sentarme, los cojines de cuero soltaron el aire, y algunas plumas volaron de él.
Se acomodó sentándose en el piso sobre el parque, y su cuerpo se apoyo sobre mis piernas suavemente.
- ¿No le importa verdad?- sus ojos me miraron coquetamente, mientras sus labios sonreían luego de morder sugerente sus labios.
-n... no!, no se preocupe - respondí temblando de excitación.

Mientras me hablaba, sus manos resbalaban sobre mis muslos sin pudor, hasta que finalmente abrió sus dedos en forma de tijera y los deslizó por mi bragueta, desabrochando cada botón. Su mano tibia se posó sobre mi sexo, hasta soltar el último botón, lo tomó con suavidad, pronto la tibieza de su boca lo envolvió. Caí pesadamente sobre el respaldo del bergier, perdiéndose mi mente en el limbo de los deseos... mis ojos divagaban por la habitación, grabando cada rincón donde se detenían, al caer sobre el biombo pude ver, que de su borde, la delicada bombacha de seda colgaba sin pudor.
Cuando desperté del trance, sus caderas serpenteantes montaban sobre las mías creando ondulantes sensaciones en mí. Su vientre en oleadas ayudaba a empujar hasta hundirse nuestros cuerpos suavemente en el bergier, el que a cada movimiento, liberaba cortinas de plumas de ganso, pero ya era tarde para fijarse en él. Sus gemidos eran delicados, muy sutiles, mis ojos se cerraron dejándose llevar, el silencio se apoderó del cuarto, el disco se había acabado, y la vitrola zigzagueaba, sin encontrar un pista que tocar, ella sostuvo mi cabeza apretándola contra sus pechos, y conteniendo la respiración, liberó un sutil gemido, la petit mort le había alcanzado, con la misma sutileza con que me había echo el amor, los fluidos se enlazaron para terminar con la sinfonía que el disco había dejado de tocar.
Luego de un rato sosteniéndola de sus nalgas la dejé caer suavemente sobre el sofá, y abotonando la bragueta de mi pantalón, me levanté para abrir la puerta que me liberaba de cualquier responsabilidad.
Al entrar en mi habitación, me asomé por la ventana, el último tranvía anunciaba la hora de dormir. Encendí un cigarrillo y me tendí en la cama para disfrutar del perfume que me había dejado esa extraña situación.
Alejandra García Montes, lindo nombre para una escritora de marca mayor. Miré una vez la Royal, la hoja seguía enquistada en el rodillo sin una letra que leer.

Magazine... en el Biógrafo.



LLevaba muchos días sin ir al biógrafo. Pero ese día domingo no había nada más que hacer, el invierno nos calaba cada vez más ondo, las calderas del edificio estaban en reparación,cansado de pasar frío, me encamine bajando por colón a la nueva sala del Plaza, la que prometía una gran inauguración con la película "Casa Blanca", la magia del cine acaparaba por estos días toda mi atención. Bajé caminando las interminables escaleras que me llevaban al centro.
La boletería estaba llena, la filas interminables para el gran estreno daban vuelta a la esquina, todos comentaban las elegantes terminaciones de marmol blanco que excibía el frontis del teatro.
Como siempre me escabullí por el callejón, ahí estaba Martín, el acomodador que siempre pedía mil pesos por el mejor lugar. Hicimos a un lado la bella cortina de terciopelo que anunciaba elegantemente el escape, mis pies se undían en la mullida alfombra del Corte Inglés, y ubicandome al centro de la sala me preparé.
Las Elegantes cortinas se abrieron ante mis ojos transportandome en tiempo y espacio, el magazim anunciaba la Inauguración del Nuevo Teatro Colón, y como invitado estelar a dicho evento,el más grande de los tenores, Enrico Caruso, un lujo que en este pais no se podía dar, creo que fué lo más cerca que estube de Caruso en mi vida.
Las calderas del biógrafo me alejaban de mi triste realidad.