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jueves, 6 de septiembre de 2007

El Burdel....

Esa mañana estaba fría, el frío se colaba por mis vestimentas congelándome, tome el viejo ascensor de los astilleros, las tablas se apretaban gruñiendo al abrazarse, el intenso olor a cera mareaba mi mente creando una suspención en el tiempo. Afuera la intensa neblina no dejaba ver el puerto, un metro quizás de miradas me separaban con el vacío, y si caía jamás sabría de que altura.
Al llegar abajo y tomar el oscuro callejón de luminarias a medio encender, pase frente al burdel de la japonesita, la comadrona empezaba a cerrar las aldabas despidiendo a los marino que habían bajado del Royal, un buque inglés que transportaba desechos radiactivos, hacia el golfo.... Los ojos enrojecidos de los marineros delataban el largo trasnoche de juerga y licor. Al pasar frente al portal su voz susurrante y llena de carraspeos provocados por el tabaco barato que consumía, me invitaban a pasar...

- Mi dulce Gustab, te olvidaste de mi?
-Hoy no Amanda- besé su mejilla y continué caminando para alcanzar el puerto....

Amanda era la dueña del burdel, aquella capaz de llevar a la cama, las fantasías más arrebatadas que podría imaginar la mente humana. Le decían la japonesita por la forma que tomaban sus ojos cuando cumplía el deseo de un hombre al tener sexo anal. Conocida por su preferencia con las mujeres, pero de separar sentimientos a la hora de cumplir eróticas pesadillas... lesbiana por elección ... podía en una noche compartir el bronce de su cama con la chica de moda del burdel coronada con un marinero excitado, y hasta recibir a sus concubinas cuando necesitaran de su ternura... el sólo mirar sus ojos hacía soñar y desear fizgonear sin que ella te viera mientras hacía el amor... yo ya había pagado por eso, y creía que no me quedaba nada por ver... pero sus rozadas carnes me volvían encender cada vez que la veía... ese día en particular, había encendido la mecha al pasar, sabía que esa noche terminaría entre las sabanas de su burdel.
Al llegar a la calle Arturo Prat, frente al viejo caserón me detuve para encender un cigarrillo... miré hacia el campamento y me pregunté... ¿ qué hago aquí, es que me dejaré llevar por las fantasías de una chica que no conozco?
No demoré en contestar a la más estúpida de las preguntas que me había hecho.... y apagando el cigarro en los adoquines, me alejé del lugar para dirigirme a tomar un café negro en el Inglés..... y pensando en que sorpresa me tendría para esa noche Amanda en el burdel.